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La Prisión Electrónica, Sin Muros Sin Barrotes, Pero La Misma Dominación

  image_content_23986710_20150805164818La Prisión Electrónica, Sin Muros Sin Barrotes, Pero La Misma Dominación

¡El mundo es una inmensa cárcel! Sin contar los campos de “refugiados” cerrados donde no se puede salir, o los centros de “reeducación” de niños, jóvenes o adultos, sin contar los presos extrajudiciales, sin contar esclavos ni las víctimas de organizaciones de proxenetismo… sin contar los CIE ‘s… en el mundo hay más de 11 millones de personas encarceladas, si fuera posible contabilizar la totalidad, ¿cuántos serían?

El país ganador en esta fúnebre liga son los EEUU que, con 2.239.7851 sobresale muy por delante de sus “competidores”, seguidos para China con 1.640.000 (pero si sumamos 650.000 detenidos administrativos, sería la primera con un total 2.290. 000), los seguirían la Federación Rusa con 681.600, Brasil con 548.000 e India con 385.135. Europa, sumando todos los países nos da una nada despreciable cifra de casi 500.000 personas encarceladas.

Si nos fijamos en la tasa de presos por cada 100.000 habitantes también, ganan los EEUU, con 716, mientras que China baja hasta 121, Rusia sube a 475, Brasil tiene 274 y la última es la India que sólo tiene 30 prisioneros por cada 100.000 habitantes. Curiosamente, en tasa de encarcelamiento, quienes siguen a EEUU son, en muchos casos, pequeños estados insulares, muchos de ellos con fuertes vínculos coloniales, como St. Kitts, con 714, Seychelles, con 709, Barbados, con 521, Cuba, con 501, las Islas Vírgenes, tanto las de USA, con 539, como de UK , con 460, Guam (EE.UU.), 432… ¡Estados pequeños, pero con mucha mala leche!

En el  año 2013, en España había 68.220 prisioneros (el número ha seguido creciendo) y la tasa por cada 100.000 habitantes era de 147. El Estado Español está por encima de la media europea, lo superan los estados del este, especialmente los Bálticos. 

Parece ser que el sistema de Estados y de corporaciones (corporaciones que también pueden ser estatales y/o de las burocracias) necesita esta gran masa de cautivos para su correcto y eficaz funcionamiento, parece que el sufrimiento carcelario lubrica los engranajes de la máquina de la desdicha. La idea “decimonónica” de la redención y la reeducación no ha servido más que para hacer más llevadero un hecho monstruoso, todo ello hace más eficaz el sistema y mayor el sufrimiento.

Como en cualquier cosa que funcione en este mundo, todo está contabilizado y uno de los dolores de cabeza de alcaides, carceleros supremos y otros contables son los costes, los gastos de mantener a tanta gente sufriendo, atada y degradada. Estos costes están en la base del trabajo forzado, los presos encadenados picando piedra… y los modernos y benevolentes sistemas como el CIRE de la Generalitat de Cataluña.

LA VIGILANCIA ELECTRÓNICA O COMO AUMENTAR EL CONTROL Y REBAJAR COSTES

Hacia 1960, un grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad de Harvard, para su trabajo final de carrera, tuvieron una idea luminosa, elaborar un artefacto portátil (pesaba 1 kg. aproximadamente) que permitiera controlar a distancia a las personas (presos o “enfermos mentales “).

La idea era buena (o rentable), pero hubo que esperar a que madurara tecnológicamente y a que se implantara en la mente de los jueces, para poder ser una realidad. En 1983 un juez de Nuevo México dictó la primera sentencia donde se prescribía el control electrónico de un criminal. A partir de aquí la metodología se implantó rápidamente en EEUU y de allí en el Reino Unido y enseguida en otros países europeos, americanos y asiáticos. Hasta llegar, ahora, a abarcar seguramente hasta un millón de personas.

En sus 30 años de evolución, los sistemas de monitoreo electrónico de personas presas ha evolucionado muchísimo y de sencillos aparatos a radiofrecuencia se ha pasado a sofisticados brazaletes con GPS y sensores cada vez más pequeños.

MIL Y UNA EXCUSAS PARA LA VIGILANCIA ELECTRÓNICA

Cuando se quiere defender la vigilancia electrónica se suelen emplear dos argumentos:

1.- El hipócrita, que parte de la imposibilidad de un mundo sin cárceles y sin el sistema que las hace posibles, que busca un “encarcelamiento benevolente” para determinados delitos. Que afirma que no quiere desarraigar al condenado (como si ir con una pulsera electrónica arraigara a algo), que quiere facilitar la integración (que el condenado trabaje y se vaya a dormir pronto…) y que el panóptico se extienda a toda la vida cotidiana.

2.- El económico, según el cual las inversiones para la adquisición de un aparato de vigilancia electrónica son mucho más bajas, del orden de cientos de veces, que las de construcción de un módulo carcelario, los costes de mantenimiento y de personal para verificar son unas 10 veces más bajos que los de mantener a la misma persona en una prisión convencional. De hecho en México se plantea hacer pagar al prisionero el costo del brazalete, para poder vivir fuera de la cárcel … ¡¡Todavía será negocio!!

La monitorización o vigilancia electrónica es un “servicio” fácilmente privatizable, fácil de externalizar, es muy factible contratar con una empresa que se haga cargo de suministrar los brazaletes de muñeca o de tobillo, de las entrevistas a los condenados, de hacer el mantenimiento y realizar el control informático… resolver las incidencias reales sería labor de los funcionarios de prisiones… o de los trabajadores de alguna empresa de seguridad. La tendencia hacia la prisión neoliberal iniciada en EEUU (prisión negocio) tiene un campo abonado en la “cárcel electrónica”.

Para hacer menos repulsiva esta invasión, los sistemas de vigilancia electrónicos se han aplicado a delitos especialmente repugnantes: la violación, la pederastia y la violencia contra niños, niñas y mujeres en el ámbito doméstico. Pero donde ha sido especialmente desarrollado se ha extendido solapadamente al vandalismo juvenil, el uso de alcohol y otras drogas, a delitos contra la seguridad del tráfico… y finalmente a todo tipo de condenas que puedan ser cumplidas en el domicilio. De hecho, recientemente el inefable Sarcozy ha propuesto poner el brazalete electrónico a todos los “radicales”, desde los islámicos a los activistas contra en cambio climático.
Para endulzar más aún la tecnología, se habla de otros usos no penales… pero también de control, control de personas ancianas o con Alzheimer, control de niños y menores, control de “enfermos mentales”… quien alguna vez haya perdido un familiar con Alzheimer u otra cosa parecida sabrá cómo la angustia de la pérdida podría hacer aceptar cosas que en un momento “normal” no aceptaríamos.

En la misma línea, pero más pegajoso, esta navidad, Movistar presenta como gran novedad (ya se veía en EEUU) el SmartWatch FILIP, dirigido a un público de 3 a 8 años. Se trata de un reloj/teléfono “inteligente” que además de tener restringidas las llamadas (5 números programados por los padres o tutores), permite detectar siempre la posición del niño o de la niña (suponiendo que lo lleve puesto o que no saque la pila) y se pueden programar “zonas seguras” o “zonas prohibidas”, el reloj avisa al móvil de los controladores cuando salga o entre en ellas. Una pulsera como la que llevan los presos, pero de colores llamativos, supuestamente del gusto infantil.

EL FUNCIONAMIENTO DE LOS SISTEMAS DE VIGILANCIA ELECTRÓNICA DE PERSONAS

Han evolucionado lo suficiente y, si no fuera por los costes, ahora todos tendrían con GPS. Dejando de lado los detalles de las tecnologías, estos aparatos se pueden clasificar según el funcionamiento en tres grandes grupos:

1.- Aparatos de “toque de queda”, que no permiten salir de una zona determinada (vivienda y a veces zonas muy cercanas), pueden ser de todo el día (arresto domiciliario9 o sólo por unas horas, generalmente por la noche (prisión atenuada), puede también restringir los movimientos en determinados días de la semana (generalmente, el fin de semana).

2.- Aparatos de restricción de una zona o zonas, que son los que se aplican en violencia doméstica, pero tienen más usos: alejar a las personas de bares donde hayan tenido incidentes, alejarlas de zonas de juego…

3.- Aparatos con GPS, que almacenan rutas, con los cuales se puede seguir el itinerario de una persona en tiempo real o, posteriormente, se puede ver si ha ido de casa al trabajo, si ha pasado por zonas restringidas… Serían los más sofisticados y pueden combinarse con los otrs dos tipos.

LA VIGILANCIA ELECTRÓNICA EN LA ACTUALIDAD

El alcance de la vigilancia electrónica no se conoce de cierto y las estadísticas son bastante variables, a menudo el período vigilado es corto (de menos de 6 meses) y en las estadísticas, muchas veces, se contabilizan el número de presos controlados a finales de año o a principios y no se muestran los valores acumulados.
Muchos países tienen varios códigos y sistemas judiciales y sólo se utilizan los sistemas electrónicos en algunas zonas o estados. En otros no se considera una sanción penal sino un control administrativo. En algunos países se utilizan masivamente para los menores y éstos muchas veces quedan fuera de la estadística. También quedan fuera los vigilados cuando están catalogados como enfermos mentales o dementes.
Un caso aparte es el de los controles de proximidad a las víctimas, donde son ellas quienes reciben la alarma, convirtiéndose así en prisioneras sin condena judicial, encerradas dentro de los límites impuestos a un tercero por los instrumentos electrónicos.

Los dos países con un mayor número de vigilados globales y con una tasa mayor son los EEUU e Inglaterra y Gales, el primero con 300.000 vigilados y una tasa por cada 100.000 habitantes de 97, y el segundo con 122.000 y una tasa de 227. En el resto del mundo, se suelen colocar en un rango que va entre los 60 y unos pocos o ninguno. Por ejemplo Holanda tiene una tasa de 60 por cada 100.000 habitantes, Polonia de 20, Francia 17, España 7 e Italia 3… Para el conjunto de Europa no se conoce una cifra fiable, pero debe estar alrededor de los 200.000.

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LA VIGILANCIA ELECTRÓNICA EN CATALUÑA

En Cataluña, el número de personas en videovigilancia también es difícil de concretar, dada la superposición con el sistema penitenciario gestionado por el gobierno central. Según las estadísticas de la Generalitat, son un centenar (no hemos podido saber si son datos anuales acumulados), otras fuentes los sitúan alrededor de 300, pero no hay tanta diferencia, en principio, Cataluña se situaría en la parte baja del abanico.
Dejando aparte el tema estadístico, la Dirección General de Servicios Penitenciarios de la Generalitat de Cataluña queda claramente retratada en sus contratos de vigilancia electrónica.

Entre 2004 y 2015 la Generalidad ha hecho contrataciones de monitorización por valor de 1.402.806 de euros, sin IVA (1697395 € con IVA), la última adjudicación ha sido en agosto de 2015 y durará hasta el 2018.
Los adjudicatarios han sido, en todos los casos menos uno, la empresa “3M Electronic Monitoring LTD” con sede en Tel Aviv (Israel), fundada en 1994, que en 2011 ganó el concurso con el nombre de de “ELMO Tech LTD” y poco después de ganar el concurso cambió el nombre a “3M Electronic Monnitoring” está especializada en tecnología carcelaria.

Tan sólo el concurso de 2013 fue ganado por otra empresa, aunque parece que la tecnología era la misma de 3M. Fue la “Compañía Integral de Seguridad” (CIS) una compañía española que se dedica a servicios generales de seguridad más clásicos. El contrato conseguido con CIS fue de sólo 119.825 € (144.988 con IVA), el más pequeño de todos, el resto (1.552.407 € ) fue a parar a 3M o a su antecesora.

El concurso concreta tres servicios básicos, el de “toque de queda domiciliario” por radiofrecuencia y radiobaliza en el domicilio, el de seguimiento continuo con GPS y el de control del consumo de alcohol. En total, se pedía un mínimo de seguimiento simultáneo de 150 “internos”.

Cabe decir que el nuevo Código Penal se preocupa mucho de la seguridad de los medios de vigilancia electrónica, se ha añadido un párrafo al artículo 468: “3. Los que inutilicen o perturben el Funcionamiento normal de los dispositivos técnicos que hubieran sido dispuestos para controlar el cumplimiento de penas, medidas de seguridad o medidas cautelares, no los lleven consigo u omitan las medidas exigibles para mantener sucorrecto estado de funcionamiento, serán castigados con una pena de multa de seis a doce meses”.

EL FUTURO DE LA VIGILANCIA ELECTRÓNICA

La tendencia, a pesar de los impedimentos legales que protegen la privacidad (al menos nominalmente), es dotar a las pulseras electrónicas de varios sensores. De hecho actualmente ya las hay que miden el contenido de alcohol en sangre a través del etanol exudado por la piel; en EEUU, hay 50.000 en funcionamiento. También se está trabajando para detectar otras drogas ilegales. La temperatura, el ritmo cardíaco, la tensión arterial y el contenido de oxígeno en la sangre ya están disponibles, aunque sólo se han implantado experimentalmente en “enfermos mentales”. Bajo la excusa de la salud, ictus, crisis respiratorias… del sujeto, se pretende prevenir episodios de violencia, sexuales… Un paso más sería dotar al aparato de vigilancia de la posibilidad de actuar en caso de que el programa lo considerara necesario: una alarma acústica, una “leve” descarga eléctrica… o la inyección de calmantes… En este aspecto, la vigilancia electrónica de personas converge con la moda de los “wearables”, que podemos ver puestos en los deportistas de calle, con el agravante de que en el caso de los fanáticos del ejercicio físico su uso es voluntario. La vigilancia electrónica se extenderá cada vez más, ya que permite castigar eficazmente a un coste más bajo y, además, tiene un efecto estigmatizador que disuade a los “buenos ciudadanos”: todos conoceremos a alguien que lleve un brazalete de control, alguien que tenga una condena corta por temas fiscales, alguien que haya conducido un vehículo pasado de copas, alguien que haya tenido una o varias peleas, los holigans futboleros extremos, maltratadores… algún radical, islámico o de los otros… no parece un buen futuro y de alguna manera habrá que diferenciar entre los portadores involuntarios y los siervos voluntarios (quienes llevan wearables por temas de salud y “comodidad”). Para crear sistemas más fuertes, se empieza a combinar la vigilancia electrónica con biometría; por ejemplo, leer la huella dactilar en un lector en la pulsera en momentos determinados, utilizar el reconocimiento facial en el uso de alcoholímetros a distancia… el límite es la imaginación de los tecno-carceleros.

UNA PRISIÓN GLOBAL Y UBICUA

El objetivo de todo esto se encarcelarnos a todos, a los condenados en juicio, a los sospechosos, a los incapacitados, a los dementes, a los menores… a los infractores de todo tipo, un panóptico electrónico global más económico y más eficiente que el actual, un sistema penitenciario del siglo XXI, no como el actual heredero del siglo XIX.

Fuente: Contramadriz, traducido del catalán de negre y verd

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Tras los muros que encierran a la bestia: Reflexiones sobre la prisión

Tras los muros que encierran a la bestia: Reflexiones sobre la prisión


La dramática realidad en la que viven los internos en las cárceles españolas, contada por un estudiante de medicina, en prácticas durante mes en una de ellas

No sé como empezar a escribir. Llevo un mes pasando consulta en prisión y saber que se acaba me hace sentir una mezcolanza de sentimientos extraña. Se me forma un nudo en la garganta mientras escribo. La pena que me presiona los ojos y se me anuda en la nuez se mezcla con la impotencia y la rabia. Antes podía imaginarlo: ahora lo he vivido, lo he visto por mi mismo. La miseria humana, hecha institución. Supongo que tiene que ver con que la experiencia ha apelado a lo más profundo de mi ser, a lo que me empeño en llamar “humanidad”, por profesar la fe de los que piensan que esto es un principio común a toda la raza humana. Aunque después de esto, quizás sea el peor momento para seguir creyéndolo. Humanidad que surge de contemplar el sufrimiento ajeno, humanidad que me atormenta al saber que poco puedo hacer para aliviarlo. Humanidad que se pregunta cuantos más tienen que ser enterrados en vida en estas tumbas de hormigón armado para que esta sociedad en descomposición comprenda que la barbarie no es cosa del pasado, sino que está muy presente, pagada por nuestros impuestos. Como dicen los Koma: “2 años, 4 meses y un día, justicia: castigo”. La venganza que antaño se cebaba en patíbulos a la vista del pueblo ahora se condensa entre cuatro paredes, materializada en la opacidad de la institución “democrática”. Pero no somos más “civilizados”, sigue siendo venganza, refinada, pero irracional, al fin y al cabo.

Profesionalmente la cárcel ha resultado ser un lugar interesante. Casi que no puedes aburrirte, casi que nunca se hace rutinario. Un individuo privado de libertad en un antro como es un centro penitenciario pierde mucho más que esta. Se considera, ya de por sí, dentro de “un grupo de riesgo” como dicen los epidemiólogos. Riesgo de padecer tuberculosis, VIH, hepatitis, micosis múltiples, problemas gastrointestinales variados, cánceres, toxicomanías, traumatismos, pérdida de dentadura, defectos sensoriales, envejecimiento prematuro. Riesgo de morir colgado de una soga, riesgo de morir por sobredosis, riesgo de morir desangrado, riesgo de marcarte de por vida, riesgo de perder la cabeza. Riesgo de no volver a ver a los tuyos, riesgo de perder todo lo que eras. Riesgo de acostumbrarte a vivir sin vivir, y nunca más poder sentirte realmente vivo. No. No puedes aburrirte. Falta tiempo, falta tiempo para pensar en como hacer saltar por los aires esta mierda de lugar.

He visto un chico de 20 años a punto de un coma cetoacidósico pretendido, arrollado por quien sabe qué angustias personales. He visto gente drogada, colgada de benzodiacepinas, recetadas por los propios médicos, en un intento de “quitarse condena”, de “robarle algunos días al juez”. He visto personas enganchadas a la metadona, que nunca habían sido toxicómanas, solo porque el abogado de oficio les dijo que estar en el PMM (Programa de Mantenimiento de Metadona) reduciría la pena impuesta por el letrado. He visto multitud de roturas del 5º metacarpo, provocadas por un ataque de ira, un momento de lucidez inminente que te destroza por un segundo la cabeza, y te hace golpear la pared del chabolo, la puerta de tu celda. Aquí, los médicos lo llaman desfogar. A mí me parece que a través del dolor el preso se libera de la alienación que todo el mundo sufre en estos centros de exterminio, y toma posesión de lo único que el estado no les ha robado: su propio cuerpo. Ese que se cortan para hacer casi cualquier reivindicación, “chinándose” las venas, para que un médico llegue y cosa, y la herida cierre, pero quede la cicatriz. Brazos llenos de cortes. Llenos de feas cicatrices, que recuerdan. Recuerdan el trankimazín que no les dieron, el permiso que le denegaron, la conducción que no pidieron, la instancia que nunca llegó a su destino. Cicatrices que nunca curarán, por muy cerradas que estén. Cicatrices que confirman que ya no eres persona, sino preso.

“Mierda. Se me derraman las lágrimas. Maldito mundo enfermo”

He visto una radiografía del tracto digestivo de Mohamed, en la que se mostraba una pila. Un intento desesperado de presionar al “señor director”, para que le pida el traslado a la cárcel de Ceuta, donde sus familiares pueden ir a verlo. He visto a un funcionario hacer esperar a una madre que viene de tener un vis a vis con su hijo tras una puerta, a cinco metros de la entrada de la prisión, simplemente por “darle una lección”. El funcionario alega socarrón que la mujer “llama mucho al timbre” (el que hay delante de las puertas, para avisar al funcionario de que alguien espera que las abra, una vez este se ha cercionado de que no es un intento de fuga) y que “se va a quedar ahí un rato para que aprenda”. Capullo.

Puertas que solo se abren si la anterior está cerrada. Puertas inquebrantables. De metal y cristal de seguridad, de seguridad, de seguridad, de seguridad. El carcelero se mete en la garita, fabricada con estos mismos materiales y con el color distintivo de las zonas de funcionariado: el amarillo. Para comunicarte con él, una de las zonas de cristal de unos 5×10 cm situada entre dos barrotes metálicos transversales está separada en dos ojales, uno de ellos corredizo. Para hablar, tienes que doblarte, pues la escotilla está a la altura de la cintura. Postrado, así tienes que hablar con el representante de la institución. Como la configuración de una ciudad, sus calles, parques, plazas reflejan el carácter y cultura de una población, la configuración carcelaria refleja el sometimiento del preso a la institución, y el desprecio que la sociedad le procura.

La cárcel ofrece una imagen dura, pero justa. El olor a detritus de alcantarilla que se desprende ya al llegar al aparcamiento parece anunciar sutilmente, o no tan sutilmente (no hay que estar muy fino para percibirlo), lo que realmente se esconde en el interior. Pasados unos días allí dentro a poco que rasques descubres lo que se oculta tras esa asquerosa fachada (los cristales de las plantas superiores no pueden limpiarse debido a que no hay ventanas que se puedan abrir, ni mecanismo que se le parezca, así que se muestran llenos de la suciedad acumulada durante largos años). Las plantas e incluso la fuente situadas en el patio distribuidor y en los patios de algunos módulos hacen incluso amable la visión del recinto. Por el contrario, las caras de los internos, sus bocas desdentadas, sus arrugas prematuras, sus brazos chinados y sus tatuajes “talegueros” desmienten las primeras impresiones. Claro que cegados por los prejuicios seguramente pocos visitantes accidentales serán capaces de apreciar esto, sin tomarlo como una curiosidad más de ese complejo y extraño mundo aparte que es la cárcel.

Al volver de su primer permiso un interno, uno de los ordenanzas (presos que curran en determinados destinos: lavandería, cocina, limpieza…) de enfermería, con los que he tenido la suerte de relacionarme bastante, me comenta: “no veah como ha cambiao la calle, vieo”. Otro más de los tantos que pierden su juventud en este centro de exterminio meticulosamente calculado por la mente humana. Elaborado tras la imposición de la convención: tiempo = trabajo = dinero, delito ≈ pérdida de dinero, por la que se conmuta un delito “contra la sociedad” (más bien, contra la sociedad que nos imponen) por un periodo de tiempo que se pagará con la pérdida de libertad. La idea más absurda y perfectamente implantada en la mente de la gente ideada por la maquinaria capitalista, en su afán por reducir los interminables matices de la vida humana al patrón oro. Es por esto que el rico se pasea por la prisión, y el pobre “paga a pulso” (expresión carcelaria para referirse a los años de pena cumplidos sin salir a la calle, sin permisos, 3er grado ni libertad condicional, algo bastante común por que estos privilegios pueden anularse por muchos años solo por un parte disciplinario, que te pueden poner por casi todo) largos años de condena. Por eso, entre otras cosas, ¾ de la población carcelaria no supera la renta básica (datos del ministerio del interior, de hace un par de años. Acabo de entrar en la web y la han reformado. La búsqueda de estadísticas por renta ya no esta. Estado corrupto. Putos políticos).

Hoy me ocurrió un ilustrativo episodio. Un interno se queja de que se le hincha la mano. Dos días antes había aparecido por urgencia en el módulo de enfermería, colocado de “benzo” (miosis leve e hiporreflexia a los estímulos luminosos directos y hablando como si tuviese frenillo, sin pronunciar bien la R, atontaillo), con la mano derecha hinchada y dolor a nivel del 5º metacarpiano (puñetazo a la puerta). Se le hizo una radiografía y no hay rotura, así que se le dieron antiinflamatorios y se le entablilló con una férula de Prim (de estas acolchadas por un lado y de aluminio por a otra, prohibida en la prisión, por cierto, como casi todo – seguridad – aunque a los médicos les importe un carajo). Ahora, mientras pasamos consulta en su módulo (módulo 5) aparece con la mano hinchada, y amenaza con denunciar al médico, porque no quiere tratarlo en el momento (el protocolo que este suele seguir es que los internos que no se apuntan a las consultas semanales del módulo son atendidos al final, cuando se terminan los apuntados. Esto permite arreglar solo cosas puntuales, puesto que no se dispone de la historia clínica del paciente en su módulo, ya que está en enfermería por no haberse inscrito con antelación – o porque al funcionario no le ha parecido inscribirlo, o se le ha olvidado… -). El médico le ofrece tratarlo al final, pero el preso insiste en que va a denunciarlo y le pide el nombre completo al médico. Este le dice que tiene derecho a no decírselo, pero le da su número de identificación penitenciaria, suficiente para ponerle la denuncia. El preso se va. De vuelta al módulo de enfermería el médico me comenta que las cosas en el módulo 5 están revueltas (parece que algunos internos se están organizando… y se han encontrado varios “pinchos”) y que es mejor no entrar al trapo, porque entre otras cosas, con el aluminio de las férulas los colegas se hacen armas. Ya en enfermería, estando en la consulta, aparece el funcionario del módulo 5. Le dice al médico “tenía que comentar… sabes que el interno del módulo te ha puesto una denuncia…”. El médico le responde “sí, sí, que haga lo que quiera, está en su derecho”. El funcionario replica “no, era por si querías que le pusiese un parte o algo…”. El médico, distraído escribiendo una historia clínica, le hace gestos con la mano, como para que se vaya. Muy justo todo. ¿Quién dijo abuso?

Como cuando llaman del módulo de aislamiento: “que se han peleado dos internos”. La médica va y al final son cuatro los lesionados. En el módulo de aislamiento, como su nombre indica, están los presos en régimen de 1er grado (viven en el módulo en celdas de aislamiento, con régimen de visitas y patio especiales) y los sancionados, que pueden estarlo por varios motivos (art. 108 del Reglamento Penitenciario del 96) teóricamente hasta 14 días como máximo, también solos en una celda de aislamiento. ¿Cómo se pelean cuatro tíos sancionados en aislamiento si salen solos al patio y el resto del día lo pasan en celdas cuyas puertas son de 5 cm de hierro forjado? ¿Magia? No, instituciones penitenciarias. Seguro que los alrededor de 8 funcionarios que están en el módulo para vigilar a unos 20 presos como máximo, con las medidas de seguridad más punteras y cámaras hasta en la sopa, no tienen nada que ver. Curioso comentar que en el módulo de aislamiento, una verdadera ratonera de cemento, el suelo es antideslizante. Cuestiones de seguridad, no vaya a ser que el funcionario se resbale con los zapatos al “tener que” reducir a un salvaje presidiario.

He visto un módulo completo, albergando de 120 a 140 presos (el módulo 12), completamente lleno de personas con enfermedad mental. Ilegal, completamente ilegal. Una persona con una enfermedad mental no debería estar en prisión, y así lo establece la ley. Pero aquí las ilegalidades no importan a nadie, y menos cuando se justifican socialmente al formular la pregunta “¿y si no, que hacemos, lo dejamos libre para que vuelva a agredir o a matar a alguien?”

En la cárcel todo funciona con trapicheos. Entre los presos sí, pero también en la administración. Un papel, una instancia, una petición de traslado, una petición del art. 196 (excarcelación por motivos médicos) puede tardar en tramitarse media hora, varias horas, o tres meses. Todo depende de a quién conozcas, quien te haga un favor, y quién te tiene manía. A veces estas “cosillas” se traspapelan, ya se sabe, y puede que por casualidad acaben cayendo a la máquina que tritura los documentos inservibles en algún despacho. Cosas que pasan.

Podría seguir contando tantas y tantas paradojas de la institución de justicia y reinserción (reinserción penal: entras y te vas, y vuelves a entrar, y te vas y vuelves, y así hasta que te mueres – media de reingresos de un 60 % según datos del ministerio del interior en 2008-) pero no quiero acabar este escrito sin mencionar la tragedia que queda fuera. La de las familias, que pagan condena como el presidiario. Esta mañana, en la entrada, antes de que comprueben que hay una orden que me permite entrar hasta el día x a hacer prácticas de sanitario, etc. (como todos y cada uno de los días durante un mes) me encontré a una madre que venía de Alicante, a un vis a vis con su hijo. 15 años de condena. Se coge un bus desde su tierra que tarda unas 5 horas y pico. Llega a la penitenciaria a eso de las 6 y media de la mañana, y tiene el vis a vis a las 11. A las 8 (y con mucha suerte) le abren la puerta de la prisión, y se resguarda del frío mañanero. En la cafetería, no hay nadie que le atienda: se cerró, no era rentable. Demasiados pocos clientes. Tristes máquinas de chocolatinas sustituyen el servicio. Entré, y allí quedó. Ahora le quedan otros 500 kilómetros de vuelta a casa, por estar hora y media con su hijo. Muy humano todo, muy humano.

Otro de los “derechos” que los presos ven conculcados por el robo de su libertad.

Un funcionario, comenta al médico: “este… este está pidiendo el pase” “puede que termine… babeando”. Se refería a un preso agitado y bastante agresivo, que yo personalmente había tratado. Estuvo en enfermería. Había pasado por tres chabolos (término taleguero para celda) y en los tres había acabado a ostias. No sabían donde ponerlo. Babeando porque cuando ocurren cosas así, a veces el médico lo achaca a trastorno psiquiátrico y le enchufa un “aguacate” (se refieren a un Modecate, un antipsicótico depot – inyectable, de larga duración: varias semanas – que tiene un efecto sedante muy fuerte, seguramente el más fuerte de entre los antipsicóticos de este tipo).

Un muerto por sobredosis. Días antes había estado en la consulta, aquejado de una infección de orina. Esa noche se quejó al funcionario de que no podía dormir (en los módulos, el calor es insoportable. Los presos con peculio – forma en que se le llama a la cuenta bancaria de un interno, por tener unas condiciones especiales y que por narices es del Banco Satan-der, por cierto – compran ventiladores, y a veces lo sobrellevan. En todos los módulos hay aire acondicionado, pero no se pone, ya se sabe, por no contaminar y de paso ahorrarse unas pelillas, así da pa’contratar más funcionarios reinsertores) y dijo que tomaría más medicación (en la cárcel el consumo de ansiolíticos benzodiacepínicos es norma a la entrada – para superar el “trastorno de adaptación”- y a menudo de toda la estancia, por necesidad o no: trankimazín, lexatín, tranxilium, rivotril, valium, sedotime, noctamid, dormicum…). El compañero dice que a las siete de la mañana le escuchó roncar: seguramente, escuchó sus estertores de muerte, agonizando antes de fenecer. Cuando el médico, a eso de las 8 de la mañana, es llamado porque el individuo no se presenta a recuento, el preso está ya rígido, encogido en su catre, ardiendo. El termómetro no es capaz de medir la Tº del cuerpo inerte, lo que significa que seguramente es de 43º o algo superior. Ya van trece este año. Demasiado calor, demasiado calor en el chabolo. Demasiada cárcel.
Allí todos me han tratado bien. Los médicos, los presos y casi todos los funcionarios. Espero imprimir este escrito y podérselo pasar a los internos que he conocido. Me han enseñado mucho, y en algún momento hasta me han hecho dudar de que sufrieran realmente con su condena, por sus bromas, su compadreo y su jovialidad. El ser humano es maravilloso, capaz de adaptarse a situaciones demenciales hasta tal punto, que parece que casi no las está padeciendo. Pero no es verdad. Las padecen. Y sufren, y lloran, y enferman y sienten. Y se muerden los nudillos para no romperse el 5º metacarpiano. Y pierden la vida, como el resto de los encerrados. Se les escapa entre los barrotes. Se queda esperando al otro lado de esa puerta giratoria que yo puedo cruzar… y ellos no. Una jodida puerta. Solo una puerta. Y son disciplinados y sus cabezas se adaptan a esta disciplina mezcla de cuartel e instituto de secundaria para no morir, para no desconectar y acabar mal de la sesera, como tantos otros en este oscuro agujero. Y ocupan su cabeza con cosas fútiles, pasajeras, enfrascados en su trabajo como ordenanzas o en partidas de póker apostando tabaco (todo un privilegio por estar destinados donde están), para no comerse demasiado la olla. Y se afanan en mantener relaciones externas, que bien saben, no podrán durar mucho. O sí. El ser humano es maravilloso. Y seguirán encerrados. Ellos son los que el sistema, la sociedad, califica como presos. Asesinos, homicidas, fraticidas, abusadores, ladrones, estafadores, camellos… Etiquetas que ponen precio a sus vidas, al resto de sus vidas. ¿Delincuentes? Habría mucho que divagar sobre este concepto (que le pregunten a Foucault). Yo solo diré lo que he podido comprobar por mi mismo, como todo lo que he escrito hasta ahora: son personas. Podrían ser mi prima, mi hermano, mi padre, mi tía. Podría ser yo. Podría ser cualquiera de mis colegas de la infancia. Podrían ser el peor de mis enemigos. Ni mejores ni peores que todos: castigados. Atrapados. Enjaulados.

Un irreverente, en tierras andaluzas.

[Nada aldizkari digital nihilistaren webgunean gaur argitaratutako testua. duela 5 urte Tokatan agertua]

CORAJE#1 Reflexiones y Reacciones a partir de la operación Piñata

CORAJE#1 Reflexiones y Reacciones a partir de la operación Piñata

Los días pasan y ya son muchos los que han trascurrido lejos de nuestros cinco compañeros presos desde el día 2 de abril de 2015, en el marco de la llamada operación Piñata. Con esta recopilación de textos que tienes en tus manos pretendemos informar de lo que sucedió ese día y compartir la realidad de lo ocurrido, alejándolo de las malversaciones de los medios de comunicación y su estrategia de criminalizar las ideas anarquistas y a lxs que luchan. Pretendemos también aportar una visión política que nos ayude a entender el porqué de la represión, porqué se encierra, detiene u hostiga a lxs compañerxs que luchan, e intentar también infundir ánimo, templanza y aliento ante la coyuntura en que nos encontramos....

https://mega.co.nz/#!CcRkBYoZ!xOrC4G1RO-Xbpp7hOQI5lifwIiAyDeeMo1mjek7IzYg
Así empieza esta interesante revista, echarle un ojo y difundir

Coraje

Junto con la publicación hemos recibido el siguiente mensaje:

Con esta recopilación de textos pretendemos ir informando de lo que ha estado sucediendo desde el día de las detenciones que se produjeron por esta operación y la entrada en prisión de 5 compañeros. Alejándolo de las malversaciones de los medios de comunicación, aportando una visión política que nos ayude a entender el porqué de la represión e intentando infundir ánimo, templanza y aliento ante la coyuntura en la que nos encontramos.

La idea es ir sacando mas números cada poco tiempo. Así que como cada número tendremos poco tiempo para moverlo hasta que salga el siguiente, y por que sabemos que entre todxs podemos llegar bastante mas lejos, os animamos a que imprimáis ejemplares para repartir en centros sociales, universidades, institutos, la calle, bibliotecas… allá donde consideréis que puede ser útil.
Y que de igual manera lo difundáis por redes sociales, facebook, twitter… todo lo que podáis. Así como mandarlo por emails a vuestras listas de correo, colgarlo en paginas o donde se os ocurra.
Más información sobre los presos de la “operación piñata”: 

La Audiencia Nazional Embarga Las Cuentas Solidarias Con Presas Y Presos Anarquistas

La Audiencia Nazional Embarga Las Cuentas Solidarias Con Presas Y Presos Anarquistas
A través de un auto de la Audiencia Nacional nos hemos enterado de la orden, firmada por el juez Eloy Velasco y solicitada por la Brigada de Información de la Policía Nacional, de bloquear y embargar las cuentas solidarias que se abrieron en los días siguientes de las detenciones. Un nuevo capítulo en esta farsa del Estado español contra el movimiento anarquista, que en este caso quiere ahogar los gestos de solidaridad sobre todo materiales y económicos, pero también afectivos, con los entornos represaliados.
Como bien sabemos, la represión, en este caso el paquete de punición y amedrantamiento conocido como “antiterrorismo” (que abarca un espectro cada vez más amplio y no dejará de crecer) que conlleva el castigo clásico y físico con el encierro, el aislamiento, la incomunicación y la tortura, se complementa —y en esto el Estado español se encuentra a la vanguardia— con el castigo a los entornos de los presos con su dispersión y sus limitaciones de contacto con el exterior.
A esto se suman el envío de mensajes (esporádicos y subliminales algunas veces, constantes y explícitos otras): no existen entornos y amistades sino “entramados”; no existen compañeros y compañeras sino cómplices. ¿Qué busca el poder y la represión con esto? Desgastar y debilitar a los presos y presas y a sus ámbitos afectivos y políticos. Conseguir que todo el peso de la ley y la represión los aplaste.
Son conscientes de que existe una fuerza mucho más pesada y efectiva que la de todo el hormigón y el acero que constituyen las cárceles. Esa fuerza es simbólica.
“Si eres amigo de los terroristas eres terrorista” es otro de los mensajes. A medio camino entre la lepra y la brujería, el diagnóstico y la acusación de terrorismo buscan espantar.
Una vez más el domador de leones, látigo en mano, abre las cortinas de su circo y nos invita —de manera forzada, claro está— a entrar. ¿A quién harán meter la cabeza dentro de la boca del león o debajo de la pata del elefante? ¿A quién meterán en un cañón y dispersarán a modo de hombre o mujer bala hacia una jaula lo más alejada posible? ¿A quiénes investigarán y seguirán los payasos de la brigada de información de la Policía Nacional? Y los escupe-fuegos de los medios de comunicación, ¿contra quién o quiénes lanzarán sus llamaradas? ¿A quién meterán en una caja y cortarán por la mitad los magos de Instituciones Penitenciarias? Además de humillantes, los espectáculos del circo clásico son muy predecibles.
Volviendo a los bloqueos y embargos de las cuentas bancarias, el juez ordena además investigar los movimientos bancarios, la titularidad de las cuentas, las transferencias, etcétera. ¿Qué cree el juez que hacemos con el dinero, enviarlo a Suiza como sus amigos políticos yespeculadores?
Lamentablemente, una de las contradicciones más grandes, y quizás también error, fue la creación de una cuenta de banco para afrontar los gastos que provocó la represión, principalmente ante la posibilidad de tener que recolectar dinero proveniente de individuos y colectivos solidarios de diferentes lugares de forma rápida para costear una posible fianza (cosa que sucedió un mes y medio más tarde), al igual que sufragar los gastos que de un momento a otro tuvimos con varios compañeros entre rejas (abogados, peculios y viajes para visitas).Creemos importante comunicar esto al resto de los compañeros no afectados directamente, para que sepan y vean hacia donde se mueve la represión con este nuevo paso. Cabe señalar que procedimientos de este tipo ya se están utilizando contra otros sectores también acosados por el “antiterrorismo” en su conjunto. También para que tengan presente que a partir de ahora ya no existe ningún número de cuenta de solidaridad con los compañeros y compañeras anarquistas.
Es importante que estos nuevos pasos de la represión no consigan debilitarnos y asustarnos, y que podamos aprender algo de ellos.
¡Libertad anarquistas presas!
¡Si tocan a unas nos tocan a todas!
Barcelona, 1 de junio de 2015
Más información sobre presos y presas anarquistas:

[ Tokata espetxeen aurkako buletinaren webgunetik hartua]

Santiago Rodríguez Ángel, En Huelga De Hambre Dese El 18 De Octubre En La Cárcel De Topas (Salamanca), Desde Ayer, Además, Con La Boca Cosida

Santiago Rodríguez Ángel, En Huelga De Hambre Dese El 18 De Octubre En La Cárcel De Topas (Salamanca), Desde Ayer, Además, Con La Boca Cosida

Santiago Rodríguez Ángel inició el pasado 18 de octubre en la cárcel de Topas (Salamanca) una huelga de hambre y sed, para protestar por el saqueo de sus pertenencias mientras estaban confiadas a la “custodia” de los carceleros al estar él cumpliendo una sanción de aislamiento, y para exigir que le sean devueltas, ya que los funcionarios carcleros le han respondido hasta ahora eludiendo cínicamente su responsabilidad. A fecha de hoy, el compañero continúa en huelga de hambre y ayer a las 14:00 horas se cosió la boca. Exige que se le devuelvan sus cosas o que la administración carcelera le indemnice por su pérdida asumiendo su responsabilidad. Pide apoyo por medio de faxes, llamadas telefónicas y cartas a la cárcel de Topas, cuya dirección y demás datos ponemos a continuación.
Prisión de Topas
Ctra. N-630, km. 313,4.
37799 Topas (Salamanca)
Fax: 923 12 71 36
Teléfono: 923 12 71 00