Estragoceno




El día 6 de junio pude ver en la página web de una cadena televisiva las imágenes de un orangután corriendo sobre un gigantesco árbol talado para desafiar valientemente a la excavadora que trabajaba en la retirada de lo que ya era una simple mercancía. Este suceso es una pequeña muestra de lo que, desde hace décadas, está sucediendo en Indonesia. Una tala continuada de los bosques y selvas (en otras ocasiones, incendios provocados) para obtener tierras fértiles donde poner en marcha plantaciones de palma africana en régimen, nunca mejor dicho, de monocultivo. El fruto de la palma africana permite la extracción del aceite de palma, muy utilizado en la industria agroalimentaria y como ingrediente fundamental del biodiésel con el que llenamos los depósitos de nuestros automóviles.

La noticia referida aparece en una sección denominada ‘curiosidades’. ¿Seguro? En realidad, y científicamente hablando, lo correcto sería hablar de curiosidades muy habituales. De hecho, terriblemente habituales.

Como podemos leer en el informe ‘La distribución de la biomasa en la Tierra’ del Instituto Weizmann de Ciencias y del Instituto de Tecnología de California, publicado el pasado 21 de mayo, el surgimiento de la civilización humana ha causado la desaparición del 83% de los mamíferos salvajes que ahora solo representan el 4% del total de mamíferos terrestres. El otro 96% se reparte entre el ganado, que son el 60%, y el propio ser humano, que somos el 36%. Lo doméstico, al servicio de lo humano, ha acabado con lo salvaje.

La caza de grandes mamíferos cómo el mamut desde tiempos cavernarios para la alimentación de nuestra especie, hasta la caza actual para sesiones fotográficas pasando por el exterminio de los bisontes, es uno de los factores. Otro, fundamental, y el más beligerante en los últimos 50 años, es la expansión de la agricultura industrial, que a base de monocultivos como el de la palma, o el del maíz y el de soja para alimentación del ganado están acabando con el hábitat de las especies salvajes. Y no solo de mamíferos. El abuso de pesticidas en esta trágica manera de entender la producción de alimentos es responsable de la desaparición de muchos otros animales, como muchas especies de insectos y de aves. La pesca industrial, copia fidedigna de la agricultura industrial, es corresponsable de la pérdida del 80% del total los mamíferos marinos.

Pero, ¿y el árbol talado sobre el que vemos al orangután? Ese árbol en breve hecho celulosa o quemado en una central eléctrica también es una especie en extinción. El estudio contabiliza la pérdida del 50% de la biomasa total de las plantas.

Esta época geológica, donde el ser humano es el mayor condicionante de la vida en el planeta se la conoce como Antropoceno. Algunos autores buscan nombres que definan la raíz de esta situación y hablan del ‘Capitaloceno’, en referencia al capitalismo o ‘Faloceno’, pensando en el modelo patriarcal de dominación de la naturaleza. Yo me aventuro con otro muy realista, el ‘Estragoceno’, porque somos una plaga que todo lo destruye.


Gustavo Duch

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EL ETNOCIDIO COMO FUNCIÓN DE ESTADO. El exponente argentino, de Perón a los Kirchner

EL ETNOCIDIO COMO FUNCIÓN DE ESTADO. El exponente argentino, de Perón a los Kirchner

1. Estado etnocida. Del «pogrom» al «programa»
Denominamos «pogrom» a la tecnología primaria (virulenta, impregnada de violencia física) de erradicación de la diferencia, que se ha concretado históricamente en la sedentarización forzada, en la expulsión, en el apresamiento general, en la esclavización, en la masacre y en el genocidio. En sentido ampliado, el «pogrom» recayó sobre los pueblos originarios a la llegada de los europeos. Antes de la Conquista, los moriscos, los gitanos y los judíos fueron objeto de un «pogrom» en la Península Ibérica, desatado por el novísimo Estado de los Reyes Católicos. Tras la Conquista, andando el tiempo, los indígenas soportaron de nuevo el «pogrom», esta vez organizado por los flamantes Estados-Nación latinoamericanos. El «pogrom», tal y como lo conceptuamos, fue siempre una práctica de Estado: a él le incumbía, él lo justificaba y bajo su responsabilidad militar y jurídica quedaba todo el tiempo.
 
El «programa» sobreviene cuando se reconoce al diferente la entidad de «persona», sujeto de derecho, ciudadano, referente de garantías constitucionales en una sociedad de iguales ante la ley. Es entonces cuando se le erige en objeto de un sinfín de proyectos, iniciativas, disposiciones, estrategias («programas»), tendentes a facilitar su «inserción» entendida como adaptación, como integración no conflictiva en la sociedad mayoritaria. El «programa» sucede y sustituye al «pogrom», sancionando definitivamente le logro de sus objetivos altericidas.
 
Entre ambos polos, cabe distinguir un espacio intermedio, una zona de transición, en la que el ataque a la idiosincrasia del otro se aleja de los horrores del «pogrom» manifiesto, sin alcanzar todavía la doblez e hipocresía del «programa». Hemos preferido designar esa tierra de nadie asimiladora como «pogrom difuso», para recalcar con más nitidez la etapa del «programa», en la que todavía nos hallamos inmersos fase de la escolarización obligatoria, de las eventuales discriminaciones positivas, del trabajo social intensivo, de la retórica multiculturalista o interculturalista, de la disolución «civilizada» de la diferencia, en definitiva.
 
Para no incurrir en aquella «crítica sustancialmente terminada» a que aludía Marx, siempre legitimadora, por contraste, de un orden que se presume a salvo de la deconstrucción, hablaremos poco del «pogrom» y nos centraremos en la vigencia del «programa». A día de hoy, en las sociedades democráticas, el Programa tiende a resolverse como integracionismo multiculturalista…
 
2. Integracionismo multiculturalista
 
Bajo el concepto de «integracionismo» englobamos las diversas líneas de reflexión y de praxis política reformista que, escudándose en la necesidad de promover, para todos los ciudadanos, una efectiva igualdad ante la ley (combatiendo discriminaciones reales, posiciones de partida desventajosas, estereotipos que cunden en la opinión pública e incluso en los aledaños de la Administración, enfoques ideológicos o prejuiciados, etc.), alientan en realidad la «adaptación» de la alteridad psicológica y cultural a las pautas hegemónicas en la sociedad mayoritaria; es decir, la cancelación de la diferencia en el carácter y en el pensamiento, la supresión de la subjetividad y de la filosofía de vida otras, en beneficio de la mera «incorporación» a los valores y a las estructuras socio-políticas de las formaciones democráticas occidentales consideradas, de modo tácito o explícito, ora superiores, ora preferibles.
 
Estos autores y estos legisladores parten de dos «postulados» absolutamente cuestionables:
 
1) El prejuicio de que es una constante humana universal aspirar a la integración en el orden liberal capitalista; de que los hombres y mujeres de todo el globo terráqueo corren de hecho, unos con más dificultades que otros, hacia la centralidad del sistema, habiendo convertido la «incorporación» y la autopromoción dentro de lo dado en la condición de su libertad y de su felicidad. Pero sabemos que se están dando «carreras hacia el margen»…
 
2) El presupuesto de la compatibilidad estructural de todas las civilizaciones y la interpretación partidista de las sociedades liberales occidentales como ámbito «neutro» en el que las distintas culturas pueden coexistir sin agresión ni menoscabo. Desde diversas tradiciones críticas (reparemos, p. ej., en el llamado Pensamiento Decolonial) se ha señalado justamente lo contrario: el modo en que el universalismo expansivo de la civilización occidental, por la determinación de sus categorías epistemológicas fundamentales, arroja una nocividad, si no una providencia de muerte, sobre toda cultura localista o particularista que se permita la temeridad de no darle la espalda.
 
Para poder mantener la falacia de una «integración» en el orden capitalista occidental sin mutilación paralela de la condición indígena, por ejemplo, estos autores han puesto mucho interés en no definir explícitamente el nódulo de dicha identidad, los componentes de la especificidad originaria, suscribiendo de modo latente lo que D. Provansal designó «concepto museístico o folclorizado de cultura» (músicas, danzas, vestimentas, adornos, preferencias gastronómicas, costumbres menores, ritos y leyendas trivializados, etc.). Solo así cabe levantar, para los pueblos originarios, contra los pueblos originarios, el espejismo floral de una inserción sin merma en el sistema mayoritario. Porque ¿qué fue de la oralidad, de la educación comunitaria, del derecho consuetudinario, de la «democracia india», del comunalismo, en ocasiones del nomadismo,…?
 
Partiendo de aquel doble artículo de fe, los legisladores y los teóricos pueden, en definitiva, reivindicar la adaptación socio-cultural de los indígenas y el fin de su marginalidad desde la engañifa de la preservación simultánea de su identidad y de su cultura («multiculturalismo»). Solicitarán, como Patricio Doyle, el apoyo no-directivo de la capa indígena occidentalizada («malinches»); la astucia y buena disposición del Estado, programando y subsidiando; la escolarización absoluta en términos intrerculturalistas; la provisión de empleos bien remunerados, o de estrategias dignas de subsistencia, y de viviendas apropiadas; un despliegue eficiente del trabajo social y de los servicios asistenciales; el acercamiento cauteloso de los partidos políticos y de las organizaciones de la sociedad civil; medidas administrativas contra la eventual concentración residencial indígena…
 
Y esta praxis, de índole cínico-perversa (conseguir que los marginales, «por su propio convencimiento y de modo autónomo», contando con la «ayuda» no paternalista de los integrados y de la Administración, caminen, soberanos de sí mismos, hacia la plena incorporación), habrá de alcanzar, sin remedio, un gran predicamento nuestro tiempo, pues dice, a los indígenas asimilados y a los mestizos progresistas, precisamente lo que desean escuchar: que obraron bien al aculturizarse y que en el Estado Pluri-Nacional caben todos, a los primeros; y que es una suerte para la Humanidad contar con actores tan consciencidos y solidarios, a los segundos.
 
3. El exponente argentino
 
 
Peronismo
 
En Argentina, la plena incorporación del Programa acontece bajo el peronismo (1945-1955). A partir de la Constitución de 1949, el indígena entra por fin de modo explícito en la categoría de los «ciudadanos». Recae entonces sobre él una mirada que ya no es puramente despreciativa y excluyente. Ya no se trata de «arrebatarle sus tierras allí donde nos interesen y dejarlo estar en paz, a su modo miserable, allí donde no nos moleste». Tampoco del simple «tolerar las comunidades indígenas, las localidades de los originarios, porque, sin crear problemas sociales, funcionan como vivero de mano de obra barata y desprotegida para las empresas de alrededor, ya que su agricultura de subsistencia, con sus huertos familiares, permite pagarles salarios más bajos». Esta doble perspectiva, propia de los regímenes conservadores de toda América Latina, será corregida por los gobiernos «populistas» o «socializantes».
 
En este punto, el peronismo recuerda las estrategias político-sociales desarrolladas por Cárdenas, en México, y que analicé en La bala y la escuela. Ahora, por primera vez, el indígena es objeto de atención: la Administración siente que «algo hay que hacer por él y para él». Despliega entonces una práctica estrictamente pedagógica: «intervenir en la subjetividad del otro, para alterarla o reformarla, alegando que se hace por su propio bien».
 
La dimensión «etnocida» de este acercamiento se manifiesta en un punto subrayado por algunos estudiosos del peronismo: pareciera que el indígena se diluye en una categoría más amplia, en la que se borra su especificidad y que merece una atención casi «amorosa» por parte del gobierno la categoría del «pueblo», de «los humildes», de los «desfavorecidos», de los «marginados». Es decir, bajo un prisma de origen europeo, y que compartieron los liberalismos, los socialismos y hasta los corporativismos fascistas, la alteridad es absorbida como «problema social» discriminación económica, marginación, pobreza, desigualdad…
 
Este reduccionismo economicista y sociologista se acompaña de una considerable miopía ante la dimensión «cultural» de la cuestión indígena, ante la problemática de la diferencia… En aras de una promoción material, de una igualación social y jurídica, la cultura sería destruida en sus aspectos fundamentales (oralidad, derecho consuetudinario, anti-productivismo, sentimiento comunitario, educación comunitaria, democracia india, anti-política,…).
 
El etnocidio se trasluce en una segunda dilución del «en sí» indígena: queda igualmente subsumido bajo el concepto de Nación, de Patria, de Argentina como Estado-Nación. El Peronismo habla a la Nación, habla a un Todo que se desea lo suficientemente homogéneo como para emprender, sin dislocaciones internas, sin deserciones, un camino de Progreso. Para nada puede admitir, dentro del territorio que asume como de «soberanía argentina», un localismo anti-estatal, un secesionismo regional. Pero la idea de «Estado» es extraña a la cosmovisión indígena, basada en un localismo trascendente; como tampoco se aviene a su concepción no-lineal del tiempo, «presentista» y enemiga del Proyecto, la mítica del Progreso… En tanto Estado benefactor, el Peronismo procura mejorar las condiciones de vida de los sectores sociales «deprimidos», entre los que ubica a los pueblos originarios; pero esa promoción deberá siempre darse con una paralela, si no previa, «homogenización» psíquico-cultural (proceso altericida), pues así lo requiere todo proyecto unitario de progreso de la Nación…
 
Como bajo todas las experiencias políticas «progresistas» o avaladoras de un Estado Social, con el Peronismo se acomete la recuperación y provisión de tierras, las expropiaciones puntuales y, en general, la concesión de terrenos a los grupos indígenas. Se evitarán, por supuesto, conflictos «innecesarios» con los Grandes Intereses, provocaciones a la Oligarquía, mermas significativas en las tasas de beneficios de los principales negocios agropecuarios… Y se produjeron expropiaciones en Jujui (departamentos de Tumbaya, Tilcana, Valle Grande, Humahuaca, Cochinoca, Rinconada, Santa Catalina y Yavi). Las recuperaciones de tierras en Rodero y Negro Muerto (Humahuaca), y tambien en Yavi, acompañando a un discurso que declamaba por la Justicia Social, despertaron grandes esperanzas en el mundo indígena. Y se produjeron «malones de Paz», como el de los collas de la Puna en 1946, infructuosos.
 
En cierto sentido, la concesión de tierras es un caramelo envenenado: no se entregan «sin más» a la comunidad, permitiendo una gestión autónoma, incondicionada, sin interferencias del Estado. Se encuandran, por el contrario, en proyectos institucionales, con provisión de subsidios en ocasiones, que involucran a agentes de la Administración y a «promotores» no-indígenas, bajo el esquema de una ayuda paternalista, más bien caritativa, que contempla al originario casi como «menor de edad», sujeto pasivo, destinatario y no actor del programa. Este fue el caso de las nueve colonias fundadas, a modo de «granjas», en Formosa, Chaco, Jujuy, Salta y Neuquen, con el fín explícito de «educar y adaptar» a los indígenas.
 
Como se comprenderá, concedidas las tierras y agrupados los originarios, el siguiente paso consistía en proveerlos de escuelas, de estación sanitaria, de opciones de sobrevivencia vinculadas fuertemente al mercado y al Estado… Donde estas «nuevas colonias» fructificaron, el resultado atenta directamente contra la idiosincrasia indígena, contra la oralidad, el comunalismo, la democracia directa, el derecho consuetudinario, la auto-suficiencia sustancial… La comunidad se soldaba al mercado, pero tambien al Estado, empezando a depender de organismos y agencias que las más de las veces marcaban el rumbo de la experiencia: ellas suministraban herramientas imprescindibles, concedían los préstamos insalvables, facilitaban la adquisición de ganado… Este fue el caso de la Comisión de Rehabilitación de los Aborígenes, con un nombre suficientemente expresivo, y también de la Dirección de Protección de los Aborígenes.
 
Se procuró estimular el acceso de los indígenas a estas instituciones, como asimismo a otras de orden provincial y nacional. Paralelamente, los partidos políticos, las elecciones, las autoridades nacionales o provinciales, etcétera, «desembarcaron» en las nuevas localidades, sancionando una «metodología de la asimilación» que desde el principio requirió de «colaboradores», «promotores», «asistentes», «burócratas», «educadores», «voluntarios»…, desplazados a las colonias con el mencionado Síndrome de Viridiana a cuestas. Las obras de Patricio Doyle ilustran magníficamente, y a un nivel absolutamente concreto, casi fenoménico, todo este proceso, si bien para fechas posteriores.
 
 
Kirchnerismo
 
Bajo el Kirchnerismo (2003-2015), la asimilación cambia de naturaleza, como quiere el discurso «interculturalista» en boga. Las burocracias y los profesionales «ocupados» en la cuestión indígena emprenden una autocrítica semejante a la registrada en México con Natalio Hernández y otros. Se denosta el asimilacionismo directo, desnudo, irrespetuoso con la cultura-otra; y también se desacredita el paternalismo manifiesto, satisfecho de sí, de las etapas precedentes. Los políticos adoptan la ideologia de la interculturalidad (una Argentina en la que caben todos los pueblos, todas las etnias, todas las culturas) y procuran estimular la «participación» de los indígenas en los proyectos diseñados para ellos.
 
Con esta mera cosmética, apenas se trastocaban los datos del asunto, aunque se «suavizaban» los métodos y se enmascaraba el dirigismo estatal. En una línea decididamente «demofascista», podrá dibujarse el espejismo de un «protagonismo» de los indígenas en la progresiva resolución de sus problemas, aunque el resultado ya lo hemos adelantado: «asimilacionismo psíquico-cultural que puede acompañarse tanto de una inclusión como de una exclusión socio-económica». Esto por un lado; por otro, dependencia absoluta del mercado y de la lógica del Capital y control estatal de los procedimientos y las materializaciones de esta supuesta «auto-organización» indígena. Por último, y como tercer terrible ingrediente: represión física de los sectores originarios descontentos o refractarios a la logística integradora del Estado Social…
 
Dos clases de «políticas públicas», unas generales y otras específicas, afectaron en este período a los colectivos indígenas, fraccionándolos definitivamente. Entre las «políticas públicas generales» encontramos la Asignación Universal por Hijo; el programa Manos a la Obra y la iniciativa de los «microcréditos»; el proyecto Argentina Trabaja, favorecedor del cooperativismo, y el del Monotributo Social, para dar respuesta a reclamos sanitarios; y, finalmente, el programa Progresar y el del plan Envión. Entre las «políticas específicas» destacan la instauración de la Educación Intercultural Bilingüe; el impulso y la legalización de los medios de comunicación establecidos en los poblados indígenas; la Ley de Bosques Nativos; la Ley de Emergencia, prorrogada dos veces, para frenar el expolio de las tierras detentadas por los originarios; y las inscripciones en el RENACI (Registro Nacional de Comunidades Indígenas), que confieren personalidad jurídica ante el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas.
 
Con Cristina, se prorroga la «ley de emergencia» de 2006, que venció a fines de 2017; y, a la vez, se incrementa la violencia contra la población originaria (qom de Formosa y Chaco), ya inaugurada bajo el mandato de Néstor (Formosa, Neuquén). Dos «ausencias» le serán reprochadas: la de la cuestión indígena en la Ley de Hidrocarburos y la de los derechos indígenas en la Reforma del Código Civil.
Al final del período, sancionando la «integración» y la dependencia del Capital y de la Administración, una fractura se abre en el universo indígena… Para una fracción del mismo (representada por el Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios), opuesta hoy a las políticas del gobierno de Macri y defensora de la gestión kirchnerista, partidaria del FPV, durante ese llamado «populismo» se avanzó en la ampliación de derechos, en la inclusión social, en la integración regional y en la soberanía argentina. En el ENOTOPO de 2012, se clamó por una Patria Grande Plurinacional e Intercultural… Vocabulario político perfectamente «occidental», de cuño liberal-reformista; y asimilación cumplida, pues, en los marcos de un Estado Social de Derecho…
 
Otra fracción, reconociendo «avances en la cuestión territorial, salud y educación», denuncia el incumplimiento de leyes nacionales e internacionales, déficits en la regulación territorial, continuación de la ofensiva contra las tierras de los originarios, con evidentes complicidades administrativas, criminalización de la protesta y violencia represiva estatal (Formosa, Neuquén). Se abre aquí un abanico que va desde la resistencia mapuche (Cushamen) hasta el colaboracionismo con el régimen de Macri de algunos líderes resabiados contra el kirchnerismo.
 
En definitiva, el canibalismo etnocida del Estado argentino conoce, dentro de los parámetros del Programa, una doble modulación: con el Peronismo, rudimentario y poco eufemístico, el proyecto integrador exhibe sin pudor una índole «paternalista», «benefactora», «despótico-ilustrada», en la línea de lo que hemos nombrado «pedagogía gris». Bajo el kirchnerismo, la nueva ideología auto-justificativa y estrictamente «cínica» del interculturalismo permite concluir a efectos prácticos el etnocidio bajo la manta de lo «políticamente correcto» progresista. Con esta «pedagogía blanca» (reservamos el color negro para las recidivas del Pogrom) se ratifica, al fin, la extinción de la idiosincrasia indígena en todos sus aspecto, uno por uno, punto por punto, con menos balas que escuelas, con menos trabajo policial o militar que social, con menos uniformes y más chaquetas de burócrata, con menos torturadores de comisaría y más socio-psicólogos de salón, con menos rejas que ciencias, suscitando menos ira y recaudando más aplausos…
 
De un tiempo a esta parte, cuando lo bello perece, lo hace rodeado de sonrisas y congratulaciones. Entre aplausos, está muriendo la diferencia indígena…
 
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Pedro García Olivo
Buenos Aires, 22 de octubre de 2018
http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com


[Pedro Garcia Olivo-k idatziriko beste testu kritiko bikaina jaso duzue hemen behean]

El fascismo se nutre del miedo a ‘la ultraderecha’ precisamente

El fascismo se nutre del miedo a ‘la ultraderecha’ precisamente
Valencia, 1981: los tanques en la calle
Volvemos una y otra vez con variaciones sobre el mismo tema, frente a quienes pretenden inculcarnos que “la ultraderecha” son esos (y sólo esos) partidos xenófobos y matones callejeros. No; alguien tiene que ponerles en el centro del escenario para que los espectadores les voten.

Se llama prensa, medios de comunicación, cadenas de radio y televisión, internet, redes sociales y tertulianos, a su vez dirigidos por empresas de imagen, publicidad y relaciones públicas, es decir, por capitalistas que invierten su dinero en negocios rentables.

Donde hay un fascista hay también una capitalista y un “experto” en comunicación que fabrica una marca política como quien fabrica una marca comercial. Luego el votante va a las urnas como el consumidor al súper del barrio.

En el mundo moderno, pero muy especialmente en el periodismo, no importa la calidad sino la cantidad; no importa que hablen mal de “la ultraderecha”. Lo importante es que hablen, aunque sea de algo insignificante como Vox, de quienes nadie se acordará dentro de muy poco tiempo.

Uno de los aspectos más importantes de la intoxicación informativa son las maniobras de distracción, llevar la atención hacia los aspectos anecdóticos de la realidad. En un escenario abrumado por la cantidad, es algo muy sencillo.

La intoxicación es como el dios bíblico, capaz de crear a partir de la nada. ¿Cómo se convierte la nada en “algo”? También es bastante sencillo: “la ultraderecha” es un peligro, luego ya es “algo”.

En España hemos conocido experiencias de ese tipo, de la mano de Carrillo y el PCE que inmediatamente después de la transición ocultaron su pacto con UCD, el partido de gobierno, con una alarma fraudulenta hacia lo que entonces era AP, Alianza Popular, calificada de “franquista”.

Para ocultar la realidad presente no hay nada mejor que inventar un peligro futuro. La falta de memoria histórica consigue lo demás. Reconvertidos en PP, aquellos “franquistas” de los que nos hablaba el PCE no gobernaron hasta 20 años después, pero entonces nadie se acordó de que eran “franquistas”, es decir, que ya no eran un peligro sino una realidad.

Por eso tuvieron que inventar otros peligros y otros franquistas y neofranquistas que hacen buenos a los anteriores porque el miedo, esos grandes peligros que nos acechan, guardan la viña. Es mejor no despertar al monstruo franquista; quedémonos como estamos.

El miedo al franquismo es la historia misma de la transición. Para sacar a aquella generación de la calle hubo que inventar toda clase de peligros, riesgos y miedos, como el “ruido de sables”, es decir, la amenaza permanente de un golpe de Estado militar. “¿No os gusta esta Constitución?, ¿no os gustan los Pactos de la Moncloa?, ¿no os gusta UCD?” Entonces recurrían al 23-F, a Tejero, y a lo que calificaban como “búnker”.

Era mentira; nunca hubo una cosa (transición) o la otra (franquismo). Era todo parte de lo mismo. De ahí que el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 haya sido justamente calificado como un “autogolpe”. En la transición todo se lo guisaron y se lo comieron entre los mismos: los franquistas.

Igual que la transición, el “autogolpe” cumplió su papel: no sólo no desestabilizó sino que ayudó a consolidar el fraude político, mientras la “oposición domesticada” enterraba la cabeza bajo tierra de manera definitiva.


Este fin de semana los fascistas convocaron un acto para honrar la memoria del coronel Yagüe, el asesino en masa de Badajoz, para lo cual no se aferran a la imagen de Franco, ni a la Hitler sino a la del rey Felipe VI. 

[Movimiento Político de Resistencia webgunetik hartua]

UGLY BASTARDS

Ugly Bastards [Spain]

[post updated on Novemver 13th 2012]



2004-2011[RIP?]
7 piece band from Madrid, Spain. Their music is a mix of hardcore, ska, punk and dub. They use a vary of musical instruments (sometimes even 2 saxophones and violin) and five of them sing. Sing in spanish. That's complete discography.

Members: Pablo - guitar, trumpet, vocals; Alejandro - guitar, vocals; Carlos - bass, vocals;
Carlos - clarinete, violin; Pablo - saxophone; Alberto - tenor saxophone; Miguel - drums.

UGLY BASTARDS ON MYSPACE



2005 - Ugly Bastards [Demo]
160kb/s, 23 mb, 9 tracks
DOWNLOAD (with LYRICS)
Here you can hear some tracks that are not included in 2007 release.

2007 - Ugly Bastards

192kb/s, 49 mb, 16 tracks
DOWNLOAD
16 tracks. Mostly fast ska-core. And some good dub.

2010 - Diá A Diá

128kb/s, 12 mb, 7 tracks
DOWNLOAD
Great catchy album!


[ Des-Gaztea webgunetik hartua, aurretik aspaldi gauzak igotzeari utzitako Angry Ska izeneko blogean bazegoen ere. Nire talde fetitxeetako bat delako jartzen diNat hemen]

Mujer y aborto en la Unión Soviética (Juan Manuel Olarieta)

Mujer y aborto en la Unión Soviética

Juan Manuel Olarieta

Como todo lo que concierne a “la mujer” (a secas), la burguesía conduce el aborto a una galaxia de normas de todo tipo, que van desde las religiosas y morales (“es un pecado”, “un crimen”) a las jurídicas (“es un derecho”). Los movimientos seudofeministas, pues, no tienen una perspectiva diferente de la Inquisición sobre el aborto; es la misma posición pero invertida.

Es el discurso que predomina ampliamente en los círculos posmodernos y, como es evidente, siempre que se habla de “derechos” la realidad se resume en leyes, sentencias y reglas formales, cuya conexión con la realidad no siempre está clara.

Por lo demás, el mundo de los derechos conduce al individualismo porque los titulares de ellos son personas y, en el caso del aborto, mujeres. Es propio de quienes se llenan la boca de frases como “cada cual hace con su cuerpo lo que quiere” y otras parecidas.

Una vez metidos en ese universo jurídico, la primera confusión histórica que hay que aclarar es que todo tiene que empezar por la despenalización del aborto, es decir, por impedir que las mujeres sean encarceladas por ello. Pues bien: la Unión Soviética fue un país pionero en este punto.

Cuando en 1917 los bolcheviques llegan al gobierno, una de sus primeras medidas ya fue suficientemente revolucionaria: una mujer, Alejandra Kolontai, fue nombrada ministra, por primer vez en la historia, un punto a partir del cual todas y cada una de las políticas implementadas fueron igualmente revolucionarias: supresión del matrimonio religioso, abolición de la autoridad marital y paterna, derecho al divorcio, igualdad entre los niños legítimos y extramatrimoniales...

En la misma línea, el 18 de noviembre de 1920 el gobierno soviético despenaliza el aborto y concede a las embarazadas la posibilidad de hacerlo de manera legal, gratuita y a cargo del servicio público de salud: “El aborto, la interrupción del embarazo por medios artificiales, se podrá llevar a cabo de manera gratuita en los hospitales públicos, donde la mujer disfrutará de las mayores garantías de seguridad en la operación”, decía el decreto, anticipándose 60 años a cualquier otro país del mundo en el que con posterioridad se ha establecido.

No obstante, se hace preciso aclarar que, como decía el propio decreto, la legalización se hacía con carácter temporal: el Estado soviético “lucha contra el aborto fortaleciendo el régimen socialista y la propaganda desarrollada en su contra entre las mujeres trabajadoras y dotándose de los medios para proteger la maternidad y la infancia. Esto lleva a la desaparición gradual de esta práctica”, en referencia a la interrupción artificial del embarazo.

Pero la burguesía ignora que la historia no se hace con decretos ni reglas formales, del tipo que sean, jurídicas o morales. Al mismo tiempo hay que cambiar las condiciones materiales para que los “derechos” se conviertan en realidades. “Una cosa es predicar y otra dar trigo”, dice el refrán. Precisamente en referencia a la situación de la mujer en los primeros años de la URSS, Lenin escribió:

“Por supuesto, las leyes no son suficientes, y no estamos satisfechos con los decretos. Pero, en el ámbito legislativo, hemos hecho todo lo necesario para que las mujeres alcancen el nivel de los hombres y podemos estar orgullosos de ello. La situación de las mujeres en la Rusia soviética puede servir como un ideal para los Estados más avanzados. Sin embargo, esto es sólo el principio. El ama de casa sigue oprimida. Para que sea verdaderamente emancipada, para que sea verdaderamente igual al hombre, debe participar en el trabajo productivo común y el hogar privado debe dejar de existir. Sólo entonces estará al mismo nivel que el hombre [...] Aunque la mujer pueda disfrutar de todos los derechos, de hecho sigue oprimida, porque es responsable de todos los cuidados del hogar [...] Creamos instituciones modelo, comedores, guarderías, para liberar a la mujer del hogar. Hay que reconocer que en la actualidad en Rusia estas instituciones, que permiten a las mujeres dejar su condición de esclavas domésticas, son muy raras. Su número es muy pequeño y las actuales condiciones militares y alimentarias son un obstáculo para su aumento. Sin embargo, hay que decir que surgen siempre que existe la menor posibilidad. Decimos que la emancipación de los trabajadores debe ser el trabajo de los propios trabajadores. Del mismo modo, la emancipación de las mujeres trabajadoras será obra de los propios trabajadores. Las mujeres trabajadoras deben asegurar el desarrollo de estas instituciones por sí mismas; de esta manera podrán cambiar completamente su destino en la sociedad capitalista”.

Respecto al aborto, el Partido Bolchevique combatía el malthusianismo y las políticas antinatalistas, como cualquier otra organización marxista. Además, la política soviética estuvo condicionada por las guerras y, por lo tanto, por el descenso demográfico que eso supuso. Antes de la Primera Guerra Mundial, Rusia tenía uno de los mayores índices de natalidad del mundo, muy próximo al 50 por ciento, un porcentaje paralelo al de mortalidad infantil: antes del primer año de vida morían la tercera parte de los recién nacidos.

La alta mortalidad infantil, consecuencia de la miseria extrema, no fue óbice para un fuerte crecimiento demográfico que, como consecuencia de las guerras, primero mundial y luego civil, dejó a muchos niños huérfanos y abandonados por las calles y los campos, una situación ampliamente conocida gracias a las obras de Anton Makarenko.

Además de las “condiciones militares y alimentarias” a las que se refería Lenin, existían muchas circunstancias económicas y sociales de las que, tanto entonces como ahora, dependen cualquier tipo de “derechos”. El decreto que en 1920 legalizó el aborto ni siquiera lo consideraba como un “derecho” sino como un remedio, consecuencia de la herencia del pasado: “Los supervivientes de las condiciones económicas pasadas y actuales todavía llevan a las mujeres a recurrir a esta operación. La Oficina del Comisionado de Salud del Pueblo y la Oficina del Comisionado de Justicia del Pueblo, si bien protegen la salud de la mujer y en interés de la especie, considerando que la represión en esta esfera no da los resultados esperados, decreta” la legalización del aborto.

Sobra añadir que las circunstancias y necesidades que dan lugar al reconocimiento de los “derechos” cambian con el tiempo, lo que hace que cambien esos mismos “derechos”. Para todos aquellos que se interesan por la construcción del socialismo en la URSS los cambios en la situación interna desde 1917 hasta la época de los planes quinquenales son muy conocidos. En los años treinta la situación había dado un vuelco total y no sólo porque la política del Partido Bolchevique lo había decidido, sino porque la demografía también había cambiado y con ella la sitación de la mujer e incluso de las familias.

En los primeros años de la URSS, continuaron las mismas tasas de natalidad, mientras que la mortalidad se redujo por las mejoras en la atención sanitaria, las condiciones de trabajo, la vivienda y la alimentación, lo que tuvo como consecuencia un enorme crecimiento demográfico, que en la URSS estuvo vinculado a la emigración a las ciudades.

El crecimiento demográfico estuvo acompañado de un fuerte crecimiento en el número de abortos, aunque es posible que dicho crecimiento no sea tan grande o no se corresponda a la realidad sino consecuencia de un registro estadístico mucho más estricto. En cualquier caso, en 1926 los datos oficiales registraron 400.000 abortos en la URSS, cifra que se disparó a los 700.000 en 1934, una cifra gigantesca en relación con los tres millones de nacimientos de ese mismo año.

A partir de la colectivización la tasa de natalidad disminuye bastante rápidamente, entrando en esa etapa que se suele llamar de “transición demográfica” que, como es natural, cambió la política social del gobierno soviético en un sentido que la burguesía califica como “conservadora” e incluso de “marcha hacia atrás” y que se relaciona de manera tópica con Stalin.

El 27 de junio de 1936 la legislación soviética sobre la familia cambia y con ella cambia, como es lógico, la legislación sobre la mujer, poniendo el acento de las necesidad de tutelar a la infancia. El año anterior se habían divorciado un 44 por ciento de los matrimonios, a los que seguían segundos matrimonios y luego terceros, y así sucesivamente, con los consiguientes cambios de vivienda, pensiones alimenticias y demás.

Los servicios y las ayudas sociales y familiares favorecían esa situación. Con el tiempo se fueron introduciendo más restricciones. Por ejemplo, se favorecía el matrimonio imponiendo una tasa a los solteros y se aumentaron las de los divorcios, que pasaron a 3 a 50 rublos para el primero, 150 rublos para el segundo y 300 para el tercero.

Lo mismo ocurrió con el aborto, al que desde 1924 se fueron imponiendo restricciones porque los presupuestos sobre los que se había legalizado el aborto eran erróneos. El poder soviético había supuesto que a medida que la posición económica y social de la mujer soviética fuera mejorando, disminuiría el número de abortos.

Pero sucedió todo lo contrario: quienes abortaban con mayor frecuencia eran aquellas mujeres que tenían una mejor posición social, por lo que gobierno empezó a dar prioridad a las mujeres de los sectores sociales más desfavorecidos. Primero las desempleadas que estaban solteras, luego las que trabajaban solteras con un hijo, a continuación las que trabajaban en la industria y ya tenían varios hijos y luego las demás.

Dichas restricciones ponían de manifiesto que entonces aún no había suficientes medios materiales para llevar a cabo los abortos con las debidas garantías de atención sanitaria.

Finalmente, en 1936 y en 1944 se prohibió (con excepción del aborto terapéutico) ya que empezaron a poner la vista en una inminente guerra mundial, volviéndose a restablecer el 23 de noviembre de 1955, primero gratuitamente y luego de manera onerosa.

En este punto a la burguesía hay que volverle a recordar de nuevo que la prohibición del aborto fue tan formal como su opuesto, el “derecho”, ya que en realidad se siguieron practicando abortos, entre otras razones porque los médicos los avalaban con excusas terapéuticas.

Por lo tanto, si el feminismo burgués busca un modelo, no lo va a encontrar en la URSS, donde las concepciones eran las opuestas, empezando por la inexistencia de una política sobre “la mujer” en abstracto, al margen de las clases sociales. El aborto en la URSS tampoco fue nunca un “derecho” en el sentido en el que predican actualmente los movimientos pequeño burgueses.

La política soviética fue lo más opuesto que cabe imaginar al malthusianismo que la burguesía sostiene y, en consecuencia, fue una política natalista, de donde se desprende que no ponía el acento en “la mujer” sino en la infancia, a la que no se consideraba como una “carga”, sino todo lo contrario, porque el Estado soviético puso toda clase de medios materiales para que no fuera así y, como se dice ahora, la mujer pudiera compatibilizar la vida laboral con la familiar.

Una política basada en la infancia es una política para el futuro. Cuando la burguesía propugna políticas malthusianas es porque es plenamente consciente de que el capitalismo no tiene ningún futuro.
 
[ Movimiento Político de Resistencia izeneko webgunetik hartua ]

Usos rudimentarios de la selva


Ilustración de la portada de Enric Satué
Jordi Soler, Usos rudimentarios de la selva, Alfaguara, 2018.

“A skeleton judashand strangles the light” (Una esquelética mano de Judas estrangula la luz)
James Joyce, Ulises

Era una rabia que daba miedo, una fuerza sorda que absorbía toda la luz.
porque yo era un niño del campo que todo lo asociaba a los usos rudimentarios de la selva.

Doce relatos distintos y una sola historia verdadera constituyen lo que su autor ha dicho en una entrevista que alguien definió acertadamente como una “autobiografía cuántica”. Una historia autobiográfica mágica en la que la realidad se asemeja a la fantasía, porque la realidad de la vida en medio de una selva tropical ni siquiera parece real de lo real que es. Porque la vida en la selva era una “vida tan viva que estaba al borde de la muerte” y sobre ese mismo borde camina el autor.
Siendo independientes, los doce relatos conforman una única historia en la que el protagonista no es tanto quien la cuenta como el entorno en el que transcurre. La violencia siempre presente, la luz deslumbrante que da paso de golpe a la más absoluta oscuridad, la permanente humedad, la violencia de las lluvias torrenciales, de las aguas desbordadas, los cadáveres arrastrados por la corriente, los asesinatos a machetazos, las constantes amenazas de insectos y toda clase de animales salvajes, la escabrosidad de una sexualidad feroz, la presencia siempre amenazante de los otros, la lucha por la subsistencia… son los auténticos protagonistas. En medio de la naturaleza primigenia, sin civilizar, rudimentaria… la vida está tan viva que siempre está al borde de la muerte, y sólo es posible si se adapta a los “usos rudimentarios de la selva” basados en la lucha y en la violencia.
Quienes vivimos en el mundo civilizado, lejos de la selva, somos espectadores que no entramos en contacto con la naturaleza, la vemos como un espectáculo y por eso la idealizamos. La naturaleza rudimentaria, sin civilizar, no encaja en nuestros esquemas racionales. Sin embargo, el gran mérito de Jordi Soler es que, con su peculiar y extraordinaria forma de narrar, consigue introducir al lector en la magia de esa realidad ruda y violenta haciéndole pasar de mero espectador a formar parte de la misma.
Es precisamente el exceso de realidad y el exceso de memoria lo que convierten la lectura de estos relatos-historia, que podrían haber sido totalmente inventados igualmente, en una experiencia realmente mágica y mágicamente real.

Algunos fragmentos:
“… así eran las cosas en la selva. Ahí todo se ganaba o se perdía por la fuerza.” (p. 18)
“porque yo era un niño del campo que todo lo asociaba a los usos rudimentarios de la selva.” (p. 38)
“Era una rabia que daba miedo, una fuerza sorda que absorbía toda la luz.” (p. 43)
“Quizá, ahora que lo pienso, el amor es precisamente eso: resistir, cada tarde, los cuchillos que te lanza una mujer.” (p. 44)
“vivíamos en un mundo hostil donde todos querían arrancarnos la cabeza” (p. 44)
“La selva nos había enseñado, desde siempre, que matar era un error a menos que lo hicieras para que no te mataran a ti.” (p. 70)
“con esa lejanía que impone el aguardiente entre los ojos y aquello que miran” (p. 136)
“del penetrante olor de la materia descompuesta, de esa vida tan viva que estaba al borde de la muerte, sobre ese mismo borde iba caminando yo…” (p. 137)
“porque en aquella jungla, donde todo estaba excesivamente vivo, no había ningún respeto por la vida, se mataban insectos y animales grandes por cualquier motivo, pero sobre todo porque se sabía que, de otra forma, ese insecto o ese animal acabarían matándote a ti, se mataba de manera preventiva, en defensa propia y en nombre de la propia integridad, y también se mataba porque sí…” (p. 147)
“Recordé una línea que había leído, hacía poco, en un cuento: ‘una fuerza sorda que absorbía toda la luz’, y pensé que esa fuerza sorda era la selva.” (p. 168)

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Acabar con el Antropoceno

Acabar con el Antropoceno


La aparición de los humanos ha cambiado la faz de la Tierra. El proceso de transformación de la superficie planetaria ha tenido episodios de rápido incremento en la Revolución neolítica y, siglos más tarde, en las revoluciones industriales. En las últimas décadas la población humana y el consumo de recursos se han disparado de tal modo que, en términos ecológicos, Homo sapiens se ha convertido en una plaga biosférica. Es “La Gran Aceleración”, llamada así por Will Steffen y colaboradores (2015) del Programa Internacional Geosfera-Biosfera, IGBP, y el Centro de Resiliencia de Estocolmo.
En un continuo que probablemente comenzó hace milenios con la extinción de las megafaunas de mamíferos y otros vertebrados, los humanos estamos provocando una crisis de biodiversidad ―es decir, una pérdida de diversidad genética, de especies y de ecosistemas― de magnitud comparable a la de las cinco grandes extinciones masivas del Fanerozoico (los últimos 541 millones de años de la historia de la Tierra). El proceso se ha acelerado de tal modo que algunos científicos hablan ya de la “Sexta extinción” en la historia de la vida (consúltese a este respecto el libro titulado “La sexta extinción. Una historia nada natural” de la periodista y escritora norteamericana Elisabeth Kolbert, Editorial Planeta, Crítica, 2015).
Puede que el ritmo de pérdida actual de especies sea ya comparable con el de finales del periodo Cretácico, cuando, hace unos 66 millones de años, se extinguieron los dinosaurios no aviares y otros muchos organismos en la tierra firme y en los mares. En su magnífico libro titulado “Medio Planeta. La lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinción” (Errata naturae editores, 2017), el eminente biólogo norteamericano Edward O. Wilson afirma con rotundidad que “a menos que la humanidad aprenda mucho más acerca de la biodiversidad ―todavía solo conocemos una pequeña parte de la misma― y actúe con rapidez para protegerla, en poco tiempo perderemos la mayoría de las especies que conforman la vida en la Tierra”.
No parece haber ya demasiadas dudas de que la Tierra está sufriendo un rápido calentamiento climático, provocado o acelerado por la actividad humana. La actividad industrial está modificando los ciclos geobioquímicos del planeta. Los humanos nos hemos convertido en una fuerza geológica y nuestra huella sobre la Tierra está ya incorporada al registro geológico reciente. Por esta razón, en el año 2000 el premio Nobel de química Paul Crutzen y el ecólogo Eugene F. Stoermer propusieron una nueva época geológica para la historia de la Tierra, que denominaron Antropoceno, término anteriormente acuñado por científicos rusos.
Un grupo de trabajo internacional (Working Group on the “Anthropocene”) de cerca de 40 especialistas investiga desde hace años los fundamentos de esta propuesta. El pasado mes de agosto de 2017, dentro del Congreso Internacional de Geología celebrado en Sudáfrica, y con amplia repercusión mediática, el grupo de expertos aprobó finalmente proponer el Antropoceno como nueva época geológica. Por acuerdo dentro de este plantel de científicos el comienzo del Antropoceno se situaría en alguno de los primeros años de la Era nuclear, hacia 1950, y vendría marcado por el registro en los sedimentos de todo el globo de los residuos radiactivos del plutonio, consecuencia de las primeras explosiones atómicas. Se ha barajado incluso como posible estratotipo del Antropoceno (el corte geológico de referencia mundial para esta nueva época geológica) un afloramiento de sedimentos de origen industrial de la ensenada de Tunelboka, en el municipio vizcaíno de Getxo (Salas, El País, 9-9-2016).
La decisión definitiva sobre si se incorpora o no oficialmente el Antropoceno a la Tabla cronoestratigráfica internacional será tomada en los próximos meses o años por la Comisión Internacional de Estratigrafía, de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (International Union of Geological Sciences, IUGS), subcomité científico cuyo objetivo principal es definir las unidades globales de la Tabla cronoestratigráfica internacional que, a su vez, son la base de las unidades o divisiones (eras, periodos, épocas) de la Escala internacional de tiempo geológico (http://www.stratigraphy.org/).
Sinceramente, desearía que la decisión final de los miembros de la Comisión Internacional de Estratigrafía fuera la de no incluir el Antropoceno entre las épocas de la Tierra. No creo que tenga demasiado sentido o utilidad geológica (cronoestratigráfica y geocronológica, en nuestra jerga especializada) una serie o época de solo algo más de 60 años de duración, mucho menos que un instante en la larga historia de la Tierra. Dividir el tiempo futuro no sirve de gran cosa. Es indudable que los cambios geobiológicos producidos por los humanos en nuestra corta historia están quedando registrados en los depósitos sedimentarios, pero de momento solo constituyen, geológicamente hablando, un “evento” o rápido episodio en el registro geológico más reciente del planeta.
Se dice que el concepto de Antropoceno propicia la discusión entre los gremios del conocimiento, tanto desde la ciencia como desde las humanidades. Algunas personas piensan que el debate sobre el Antropoceno, al margen de su dudosa utilidad geológica, es bueno porque puede crear conciencia sobre nuestra agresiva presencia en el planeta y la necesidad de un cambio hacia una nueva cultura más respetuosa con la naturaleza y, en definitiva, más beneficiosa a largo plazo para la supervivencia de nuestra propia especie.
Sin embargo, el tema y la eventual aceptación por la comunidad científica del Antropoceno puede tener otra vertiente, justamente contraria a la arriba mencionada, un lado negativo que llega, además, en unos momentos en los que el mensaje del medioambiente, más allá de ciertas frases hechas, está bajo mínimos, casi borrado de los discursos políticos locales y globales. Porque aceptar el Antropoceno como división del tiempo geológico parece, de alguna manera, admitir, aceptar, que el desastre climático que estamos provocando, la contaminación y destrucción de los ecosistemas, el esquilme de recursos y los problemas humanitarios que estos procesos provocan, son algo inevitable; que han venido para quedarse y propagarse, que van a continuar produciéndose. Puede conducir, en mi opinión, a una peligrosa actitud subyacente de aceptación, de inevitabilidad de estos cambios.
A los agentes que están liderando esta catástrofe —desde luego, con nuestra activa participación occidental; rodeados de pantallas, vehículos contaminantes e infectados de la enfermedad del turismo— a algunas multinacionales, empresas del petróleo, compañías mineras, grandes corporaciones de la alimentación, constructoras, empresas de armamento, líderes políticos sin escrúpulos y medios de información a su servicio, les interesa que esto siga así; les viene bien el deshielo ártico para poder saquear en lugares donde antes no podían hacerlo, el ascenso del nivel del mar para poder construir masivamente en las nuevas costas, el desplazamiento de poblaciones, la guerra por el agua y los alimentos, la inestabilidad y la violencia, para vender armas y enviar tropas pacificadoras. A quienes están enfermos de riqueza les viene bien la consagración del Antropoceno y seguramente desearán que el grupo de expertos consiga su objetivo, que la Comisión Estratigráfica Internacional acepte esta nueva e innecesaria época geológica.
Al margen del debate estrictamente geológico del Antropoceno (su aceptación oficial o no como una nueva época geológica), como indica Wilson en el libro anteriormente mencionado, la óptica antropocénica del mundo, esa creencia de que la humanidad “ya ha cambiado el mundo vivo de manera irreversible y que debemos adaptarnos a la vida en un planeta dañado”, donde la naturaleza salvaje ha dejado de existir, está generando lo que el gran naturalista califica como “la visión más peligrosa del mundo”, una ignorante política ecológica que algunos denominan “nueva conservación” y que en la práctica no hace sino acelerar el proceso de destrucción de la naturaleza, conduciéndola hacia un ya cercano punto de no retorno.
Todavía estamos a tiempo. Wilson plantea que la salvaguarda de solo medio planeta para la vida salvaje sería suficiente para mantener la esperanza de salvar la mayor parte de la biodiversidad de la Tierra. Si pudiéramos minimizar el desastre que estamos produciendo —en realidad que nos estamos produciendo; al planeta “le da igual”, pues seguirá evolucionando hasta que dentro de miles de millones de años desaparezca, engullido por el Sol convertido en una gigante roja—, y encaminarnos hacia una nueva cultura de la Tierra, que ponga en marcha la imprescindible transición energética y la superación de la globalización capitalista, la historia del Antropoceno quedaría tan solo en un episodio más del cortoplacista egoísmo antropocéntrico. Realmente, creo que por lo que deberíamos investigar, educar y luchar es, en todo caso, por acabar con el Antropoceno.

[ Nabarralde aldizkarian Humberto Astibia Aierrak idatzia ] 

16 claves sobre “madres alquiladas en las granjas de fetos vendidos”

16 claves sobre “madres alquiladas en las granjas de fetos vendidos” 

Además del Triángulo de Oro del opio, otras fábricas mundiales de “bebés ganga” son Nepal, India, Georgia, Israel, Kenia o Guatemala.



¿Conoce usted a alguna mujer que voluntariamente “desde la generosidad” querría quedarse embarazada con el embrión de una pareja desconocida y después de nueve meses de llevar el feto en sus entrañas, entregue el bebé a una empresa intermediaria que hasta le impide mirar o dar un beso de despedida al bebé que gestó?

Salvo en excepcionales casos de “solidaridad entre conocidos”, el vientre de alquiler altruista es un cuento. Se trata de un nuevo negocio organizado por los viejos traficantes de bebés, quienes inseminarán a las mujeres pobres y desesperadas con el embrión de las parejas ricas, para que a cambio de unas monedas arriesguen su salud y su vida, gestando un ser humano para luego abandonarlo.

El crimen organizado se ha disfrazado de caridad para convertir el útero de las mujeres en la fábrica de bebés convertidos en objeto de transacciones mercantiles. Ninguna sociedad ha tolerado la venta de los recién nacidos hasta hoy, que los think tank patrocinados por las compañías de “salud” han conseguido camuflarla bajo un halo de “altruismo”. Son los mismos que han inventado el término de “trabajadoras del sexo” para llamar a millones de mujeres y niñas prostituidas y explotadas por las mafias de la industria de la trata de seres humanos.

Han adulterado hasta las palabras con el fin de vender este nuevo negocio: en Oriente Próximo se llama “Madre sustituta” a las amas de crianza. El lazo que tienen los niños con estas “amas” es tal que las llaman “tía” y les devolverán este favor de adulto, cuidando de ellas.

 
India: Una granja de bebés

Ambos negocios ponen en alquiler, no la fuerza de trabajo de la mujer, sino su propio cuerpo, y consolidan las profundas desigualdades entre los seres humanos a nivel mundial.

Nos tratan como al ganado” revela Alina, una de las Mujeres que Alquilan su Vientre (MAV) en Ucrania: confinadas durante un año en pisos (¡a veces dos mujeres embarazadas compartiendo la misma cama!), gestionados como cuarteles, donde las mujeres no pueden salir a partir de las cuatro de la tarde y la multa por infringir las normas alcanza los100 euros [mucho dienro en Ucrania]. Encerradas bajo el pretexto de poder cuidar de ellas, proporcionarles alimentos nutritivos y atención prenatal de alta calidad, a estas mujeres les arrebatan, en realidad, la poca autonomía que les quedaba. La mayoría proceden de pequeñas aldeas, son humilladas, insultadas. “Pasamos la primera semana simplemente tumbadas, llorando. No podíamos ni comer”, cuenta Alina, a la que han prometido unos 9.000 míseros euros de los cerca de 30.000 que cobran los intermediarios. El fin del socialismo primero y el conflicto actual después [tras el golpe de Estado fascista], han destruido la protección social que gozaban las mujeres y los niños ucranianos, sumiéndolos en una pobreza extrema. Hoy, cerca de 100.000 niños abandonados abarrotan sus orfanatos.

El propio hecho de firmar un contrato (aunque no haya dinero de por medio), convierte a los bebés y a las MAV en esclavos, según la definición de la Convención de Esclavitud del 1956: las mujeres están siendo utilizadas (usus) y obligadas a ceder su útero para incubar un fructus (hijo) que será entregado a otra persona que se convierte en su dueño.

Aquí están los vientres de alquiler

El antiguo Triángulo de Oro del opio, formado por Tailandia, Laos y Camboya, es hoy uno de los paraísos de tráfico de recién nacidos.

Otras fábricas mundiales de “bebés ganga” son Nepal, India, Georgia, Israel, Kenia o Guatemala, comparando con los casi 100.000 dólares que cuestan estos bebés en EEUU. ¡Esta es la clave de maximizar los beneficios de las multinacionales en el capitalismo: minimizar los costos!

 
Desmantelado un “piso granja” en Camboya con 37 mujeres, julio del 2018. ¿Qué pasará con ellas? ¿Qué pasará a sus bebés?

Tras la denuncia de la prensa sobre los aberrantes abusos a las mujeres pobres, el Gobierno indio fue forzado a prohibir en 2015 la gestación de bebés para extranjeros. Se estima que, hasta entonces, unos 25.000 niños habían sido “transaccionados”.

Mujeres “vientres de alquiler”

1. Tienen entre 19 y 25 años, y siempre son de los estratos más pobres de la sociedad, forzadas por la necesidad o por la familia: son como Fantine, el personaje de Los Miserables, que se prostituyó y vendió su pelo y hasta sus dientes para dar de comer a su hija Cosette. Hay cientos de millones de mujeres como ella. Ninguna se convierte en MVA “libremente”, la pobreza es incompatible con la libertad. La joven vietnamita Wuhan fue trasladada a Tailandia para gestar un bebé destinado a una pareja china y así ganar un dinero para el tratamiento de su padre enfermo. Pero él murió a pocos meses y la agencia ni le permitió a la mujer embarazada asistir al funeral.

2. Muchas de las MVA son engañadas: decenas de vietnamitas han denunciado que fueron a Tailandia con promesa de un trabajo bien remunerado y confiscaron sus pasaportes: habían sido secuestradas, amontonadas en pisos lúgubres, violadas y embarazadas. Les quitaron a los bebés. Estos hechos suceden porque la demanda de bebés fabricados excede a la oferta. En febrero de 2011, la policía tailandesa liberó de un piso a 15 mujeres vietnamitas, la mitad embarazadas, reclutadas por la empresa Baby 101.

3. Son escogidas por el color de piel, edad, nacionalidad, religión y atractivo. A la mujer india de piel oscura se le paga menos que a otra de clase media y blanca.

4. Al ser el embrión un objeto extraño para el cuerpo de la mujer, deben recibir medicamentos con efectos adversos para su salud. Están sometidas a tratamientos para la fertilidad, nocivos a largo plazo, y expuestas a enfermedades relacionadas con numerosos embarazos.

5. Sufren durante todo el embarazo un tremendo estrés, y no sólo por vivir semisecuestradas en pisos clandestinos, sin recibir cariño y mimos, sino también por si sufren un embarazo ectópico, un aborto espontáneo, o dan a luz un bebé muerto. En tales casos, tendrían que devolver parte del dinero recibido y a veces incluso pagar una multa.

6. Si el 99% de las cerca de 1.000 mujeres que cada día mueren en el mundo viven en los países del Sur, está cifra se dispara por las condiciones en las que viven y paren las MVA. En 2012 se supo de la muerte de una india después de dar a luz a un niño para una pareja estadounidense. Dejó huérfanos a sus dos hijos. Meses después fallecía otra cuando traía al mundo a los gemelos pedidos a la carta por otra pareja.

7. Sus partos suelen ser por cesárea (con lo que implica), ya que los contratantes extranjeros deben pedir visado para ir a recoger a los bebés [por lo que deben nacer en una fecha determinada].

8. Las MVA son vistas, en muchos países de Asia y África, como prostitutas o malas mujeres. Los indios que creen en la reencarnación piensan que las parejas infértiles han sido castigadas por las divinidades a causa de sus pecados en las vidas anteriores y las MVA interfieren en la decisión de los dioses. Este estigma social, y la identidad oculta de estas mujeres, son dos de los factores que dificultan una investigación exhaustiva sobre el efecto de este negocio en las partes implicadas.

9. La mayoría, tras entregar al bebé, sufre remordimiento y trastornos emocionales. Ni por éstos ni por una posible depresión posparto recibirán atención médica alguna, ya que la totalidad de los cuidados estaba dirigidos a obtener un bebé perfecto, no a ella. Será su problema si sufre una hemorragia o su depresión le conduce al suicidio.

10. Les prohíben crear lazos emocionales con el feto. Algo, no sólo imposible, sino nocivo para el desarrollo del niño en el futuro. Tras el parto, impiden cualquier contacto “piel con piel” y ni les dejan ver al bebé siquiera. ¿Verdad que no se trata de ganar un “dinero fácil”?

11. Al contrario de la adopción, en la que la madre biológica decide lo que es mejor para ella y para el bebé, en la “subrogación” es la pareja pagadora quien determina el destino del recién nacido.

12. Se está creando un verdadero “proletariado reproductivo”, mercantilizando el cuerpo de mujeres cuyo número sube en paralelo al incremento de las injusticias sociales. Detrás de cada bebé comprado hay un drama de mujer. ¿Cómo reaccionará este niño una vez adulto, cuando conozca su propia historia?

13. Cerca del 11% de estos bebés nacen prematuros o con bajo peso. Algunos mueren en las clínicas semiclandestinas, otros son abandonados, sobre todo si tienen alguna discapacidad o enfermedad. El caso del “Bebé Gammy” fue sólo el más sonado: en 2014 una pareja australiana se llevó de Tailandia a la niña Pipah, que habían logrado con una MVA tailandesa, abandonando a su hermano gemelo Gammy con el síndrome de Dawn. Luego resultó que el padre biológico había sido encarcelado por pedófilo. La madre tailandesa está reclamando la custodia de Pipah y el juez australiano se la niega. ¡Que los adultos preparen alguna explicación medianamente humana para Gammy y Pipah!

14. En 2016 la barbarie de este sórdido negocio tomó una nueva dimensión cuando un multimillonario japonés de 24 años fue detenido por engendrar a 16 niños mediante las MVA en Tailandia: pretendía tener entre 300 y 1.000 hijos, afirmaba. La pregunta no es solo ¿para qué? sino ¿qué clase de monstruos son los que dirigen esta forma de destrucción de tantas vidas? En otro caso, en EEUU, Allen dio a luz a dos gemelos. No se le permitió ver a los recién nacidos, aunque le mandaron sus fotos por el móvil. Dos meses después descubrieron rasgos “extraños” en uno de ellos: ¡se descubre que era el hijo propio de Allen concebido durante el embarazo con el esperma de su marido! Ella reclamó a Max, su hijo, pero la agencia y los padres pagadores se negaron, pidiéndole los costos y otros 7.000 dólares por “daños”, si no pondrían a Max en adopción. Ella pagó y recuperó a su hijo.

15. Estos niños pueden encontrarse confusos emocionalmente, tener problemas de identidades y con muchas preguntas de difícil respuesta. El vientre de alquiler divide la maternidad entre la biológica, la genética y la legal, desmontando el dicho latino de “Mater sempre certa est”. ¿Cómo hará su árbol genealógico? Al registrar como lugar de nacimiento del bebé el mismo que el de la pareja pagadora en sus documentos, se viola el derecho del niño a conocer su origen e identidad, como está garantizado en la Convención sobre los Derechos del Niño.

16. Un niño adoptado puede llegar a creer que sus padres le querían y le entregaron a otra familia porque deseaban lo mejor para él, mientras los hijos de la “subrogación” sabrán que 1) su abandono se decidió incluso antes de que se formara como feto, y 2) fue objeto de una transacción financiera entre unos adultos. La adopción está centrada en los intereses del niño, la subrogación, en los intereses de la pareja pagadora. Países como Alemania y Austria han prohibido no solo esta fórmula sino también la donación de óvulos para proteger la cuestión de la identidad del niño. La dignidad de las personas debe estar por encima del capricho de quienes creen que todo tiene un precio y con su fortuna pueden comprarlo. Buscan “hijos de su propia sangre” ignorando que el feto está regado por el líquido vital de la madre que lo gesta. Hay millones de niños huérfanos en el mundo esperando un abrazo y un hogar. ¿Qué estúpida necesidad hay de causar tanto daño a tantas personas?

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Cuando los bárbaros invadieron la periferia (Miquel Amorós)

Cuando los bárbaros invadieron la periferia ——— Miquel Amorós
El proceso de capitalización de la montaña pirenaica



Mercantilización y destrucción del Pirineo catalán

En un mundo globalizado, luego en una sociedad urbanizada, donde buena parte de la población tiene bastante capacidad adquisitiva, vehículo propio y suficiente tiempo “libre”, los servicios de relax y evasión llegan a ser el sector de la economía más expansivo. En la sociedad de consumo el ocio ocupa un lugar cada vez más importante en la vida alienada. En la periferia, al colapsarse la producción industrial por falta de competitividad y escasa innovación tecnológica, la economía se refugia en otras actividades con menor valor añadido, por ejemplo, la logística, la construcción y por encima de todo el turismo de masas. Este es el caso del Estado español, y como corolario, el de Cataluña. Una vez pasada la crisis de 2008-2014, concretamente en el ámbito catalán, el turismo industrial se ha convertido en el motor económico principal, lo que supone inevitablemente un impacto y una alteración profunda del territorio, cualitativamente superiores a todo lo sucedido hasta ahora. Una huella ecológica superlativa. 

El turismo “es una fuente de riqueza” y un “impulsor del crecimiento”, dice un tecnócrata de la Generalitat, pero también es una industria que ocasiona trastornos inmediatos; es un factor de desequilibrio y de trivialización de primera magnitud, además de un yacimiento de trabajos basura y un promotor vigoroso de la construcción y de la alimentación industrial. Las inversiones foráneas, la edificación de nuevas urbanizaciones, equipamientos e infraestructuras, la sobreexplotación del patrimonio histórico, cultural y paisajístico, el despilfarro de energía, la contaminación y la acumulación de residuos a gran escala, etc., son los heraldos de una nueva realidad territorial. Estas señales tan bárbaras revelan el verdadero significado de lo que los dirigentes, técnicos, expertos y asesores llaman “poner en valor” el territorio, “optimizar” sus recursos, “rentabilizarlo”, y como colofón, “fomentar tejido emprendedor” y “ejercitar liderazgos”. Este léxico, pedido prestado al márketing, revela claramente la transformación del territorio en mercancía. En consecuencia, patrimonio, costumbres, historia y naturaleza constituyen un capital de nuevo tipo. Cuando acabe el proceso de valorización, que también es de reglamentación, cualquier otra actividad que no encaje en la “oferta” territorial, o sea, que no acarree beneficios pecuniarios, como por ejemplo, la agricultura y la ganadería tradicionales, la cooperación desinteresada, el trueque, la hospitalidad y el esparcimiento gratuito, tienen los días contados. Pagaremos por todo, tanto por las setas recogidas, como por acampar o contemplar de cerca un salto de agua. La rentabilidad del negocio del esparcimiento obligará a ello si es que no lo ha hecho ya. La gestión del territorio como si se tratara de una empresa, o dicho de forma más técnica, su transformación en “marca”, dejará a sus habitantes fuera de las decisiones, expropiados, puesto que las únicas necesidades que importan son las exigidas por la acumulación de capitales y las dinámicas de poder, no las del vecindario. La vida en las comarcas de montaña quedará entonces totalmente redefinida por las jerarquías políticas, administrativas y financieras que determinan en cada momento el uso del territorio, uso fijado por continuos planes de desarrollo, a cada cual peor.

La cosa viene de lejos. Lo que contemplamos hoy no es más que la integración de un mercado regional en un mercado global. El proceso de mercantilización en las montañas pirenaicas empezó durante los años sesenta con la construcción de las estaciones de esquí de Baqueira-Beret y La Masella (ya existían las de La Molina y Vall de Núria). Dicho proceso no tomó nuevos bríos hasta mediado los años ochenta con el boom de las segundas residencias, disparándose una década más tarde con la apertura de nuevas pistas (actualmente son diecisiete), la nieve artificial, la popularidad de los deportes de aventura y la práctica del alojamiento rural. 

La primera fase no tuvo gran impacto, pues el coche utilitario no daba para mucho y el televisor, que hacía su aparición en los hogares proletarios, mantenía pegados los individuos a sus sillones. 

La segunda fue peor, ya que la motorización general acrecentó sobremanera la movilidad ciudadana y la frecuentación multitudinaria. El ocio se “democratizaba”; un primer plan de ordenación de las estaciones trataba de perfilar el negocio de la montaña mientras la despoblación se detenía en esas alturas. La decadencia de la ganadería y la agricultura de siempre, la crisis definitiva del textil y el cierre de la minería, abrieron la puerta de par en par a la explotación intensiva de la nieve, los ríos, los prados, los bosques, las cumbres, las masías y los senderos. 

La tercera fase, correspondiente a la creación de la marca Pirineos, requirió la ayuda del Estado y la inyección de capitales. La conectividad con los centros emisores de turistas se volvió esencial. Por eso eran necesarios grandes gastos en carreteras, pistas, accesos, líneas de alta tensión, canalizaciones, vertederos, túneles, viaductos, etc. Hoy, miles de vehículos circulan a diario por la zona provocando embotellamientos durante los fines de semana y los periodos vacacionales, lo cual exige perentoriamente nuevos carriles, desdoblamientos, variantes, nuevos enlaces y mejoras diversas. Urgían desembolsos de consideración en equipos, suministros y servicios complementarios, como por ejemplo aparcamientos, telesillas, gasolineras, depósitos de agua para los cañones de nieve, caballerías, garajes, almacenes, hangares, comercios, etc. El tramo de autopista Barcelona-Manresa quedó dispuesto en 1994 y la autovía Manresa-Berga, en 1999, favoreciendo como nunca la llegada del alud urbanita. Barcelona engullía a Cataluña: las condiciones barcelonesas de vida se habían extendido por todas partes. En las comarcas, la población entera se convertía en rehén de una economía caníbal irradiada desde la metrópolis. 

La cuarta fase, la de la internacionalización de la marca, está relacionada con la llegada masiva de turistas de otras regiones españolas y extranjeros (el 40% del total). Comenzó en 2004 con el Plan estratégico del Turismo de la Nieve y la creación de la Eurorregión Pirineos-Mediterráneo, una estructura transnacional, constituye un salto cualitativo en el desarrollo desequilibrado y violento del territorio, fundado en un incremento superior de instalaciones, la ampliación de la red de transporte y una desintegración social calculada. El proyecto disparatado del macrocomplejo de la Vallfosca, una especie de Eurovegas pirenaico, ilustra si necesidad había el delirio desarrollista de los dirigentes actuales. El crecimiento no puede demorarse. Gracias a la aportación interesada de capital exterior, el territorio montano está siendo “ordenado” con planes territoriales para soportar la llegada de un montón suplementario de turistas venidos de otra parte. Los billetes de avión, la visita a los casinos y el paseo por la playa irán incluidas en el lote. El objetivo no puede ser otro que la completa transformación de las comarcas pirenaicas en un grandioso parque temático, una disneylandia alpina.

La industrialización de la economía catalana primero, seguida de la terciarización, habían creado un monstruo, el área metropolitana barcelonesa, que formaba un sistema urbano con otras conurbaciones menores conectado por autovías, autopistas y circunvalaciones. Y aquel monstruo albergaba a una extensa clase media con unas ansias de consumir territorio a tener muy en cuenta. Mientras tanto, la vida en la metrópolis había llegado a ser tan pobre, tan claustrofóbica, que las ganas de desconectarse auque fuera sólo un poco, de escapar hacia la naturaleza como antes hacían los burgueses y los aristócratas, fueron irreprimibles. Para esta clase, y para el proletariado que la imitaba en lo que podía, la ociosidad no era descanso e inactividad, sino ponerse en movimiento y hacer cualquier cosa que estuviera de moda para llenar su vacía existencia. Así pues, el aburrimiento y el hastío de las nuevas clases medias dieron lugar a la mercantilización del ocio, mediante la cual éste se volvía trabajo. El tiempo “libre”, gracias al estrés y al vacío de la vida privada en la conurbación, se convirtió en la materia prima de una industria capaz de empujar hacia arriba la demografía comarcal pirenaica, desarticular el territorio, orientar la vida de su gente hacia el consumismo, halagar el mal gusto de los visitantes y arruinar la belleza del entorno. El bronceado de montaña se volverá entre los metropolitanos un detalle de distinción, un trofeo, el rasgo diferencial de la marca Pirineos. El régimen capitalista tenía en los fugitivos de la metrópolis a su base social más ferviente, dispuesta a votar disciplinadamente a cualquier candidato pro turismo, y todos lo eran. Mientras esto sucedía, los grandes beneficiarios de la invasión de los excursionistas motorizados domingueros venidos de todas partes se relamían por el éxito en FITUR y por el reconocimiento de la zona pirenaica como destino turístico de excelencia por parte de la Unión Europea. Los Pirineos se sumergían en el mercado europeo y Barcelona compartía con otras conurbaciones transfronterizas la función colonizadora que antaño tenía en exclusiva. Era la plasmación última de la idea de progreso: el dominio nocivo y maligno de la naturaleza y la sociedad montañera por la ciencia, la tecnología, la economía y el Estado.

Todo el deporte de montaña, de la helibike al barranquismo, del trekking al snowboard, del parapente al esquí nórdico, es una concreción de la mentalidad capitalista primigenia: gusto por la competición, superación del obstáculo, resiliencia, culto al esfuerzo, atracción por el riesgo, exhibicionismo… No obstante, a los directivos síquicamente agotados por el trabajo el comercio montaraz dispone una cura a base de hidroterapia y tratamientos sicofísicos (wellness). El espíritu del capitalismo renace a partes iguales con la imagen del deportista y la del ejecutivo neurótico, pero todavía más en los especuladores: Los negocios inmobiliarios de la costa y el área metropolitana se dan con menos trabas en las comarcas del interior, ya que no hay oposición local efectiva, así que la ganancia es lo único que cuenta y el beneficio económico del turismo, comparado con el de cualquier otra actividad anterior, es de una superioridad aplastante. Hoteles, cámpings, campos de golf, promociones, discotecas, locales de comida basura, centros comerciales y automóviles a espuertas, reproducen las condiciones del hábitat urbano e imponen los valores de una vida prisionera del consumo. Suben los precios de la tierra y de los alquileres de las casas, el folklore local se degrada en espectáculo, las fiestas adquieren un toque superficial y carnavalero; el pasado se museifica y en definitiva los nexos morales se cambian por otros comerciales. El turista no tiene ningún interés en conocer los lugares que pisa y menos aún sus habitantes, por lo que se conformará con estereotipos. No es demasiado partidario de la autenticidad: con unos pocos elementos de color local y unos cuantos productos típicos tendrá suficiente. El ángel del kitsch le acompaña y protege de una originalidad excesiva: la vulgaridad y el mal gusto mandan. Podemos decir que la metrópolis proporciona una nueva forma material y espiritual al territorio; lo uniformiza, lo debilita y lo corroe sin que éste pueda defenderse, falto de fuerzas y medios. El turismo deja la sociabilidad local en una situación mucho más frágil que antes. Fin del espíritu comunitario, de la mano solidaria, de la mismísima noción de pueblo. 

Cuando el coche se convierte en una especie de prótesis del habitante de la gran urbe, el territorio se encuentra sometido absolutamente por ella y acaba por reflejarla en todos sus aspectos. Es ya un espacio periurbano, un satélite de la aglomeración metropolitana. La vida parasitaria ahora desempeña en él un papel decisivo y de rebote nacen nuevas clases emprendedoras y neorrurales ligadas directa o indirectamente al desarrollo unidireccional establecido. Para cambiar las cosas en el campo habría que cambiarlas en la ciudad. Para rehacer una vida sin apremios económicos en la periferia sería necesario desmantelar el centro. Nada liberador será posible si no salimos del capitalismo, pero no saldremos de él si dejamos atrás intactas todas sus estructuras.

A medida que las fuerzas destructivas del entramado turístico ganan terreno, se diversifican y se desestacionalizan, los espacios agrestes se masifican y despersonalizan, el paisaje se erosiona y la naturaleza retrocede; la flora se marchita pronto y la fauna se contrae y emigra a donde puede. Las contradicciones del desarrollismo se manifiestan en forma de urbanización desbocada, crisis ecológica, agotamiento de recursos y malestar social. Aunque la conciencia del carácter eminentemente devastador del crecimiento económico no surja de forma clara como oposición frontal fuera de minorías que se empeñan contra viento y marea en la defensa del territorio, la inquietud de quienes dependen económicamente del turismo ante las pérdidas debidas a la saturación, ha despertado una determinada sensibilidad por la conservación y la protección del medio. La expresión mágica de “turismo sostenible” se halla en boca de los representantes de los denominados “actores sociales”: organizaciones de empresarios, administración, grupos ecologistas, sindicatos y partidos políticos. Si bien el modelo de mercado permanece incuestionable, en paralelo sale la propuesta de “desarrollo local alternativo”. Esta clase de desarrollo quiere ligar consumo, estropicio y crecimiento con reposición y equidad, a base de “instrumentos de intervención y transformación de la economía”, es decir, con leyes, ordenanzas, tasas, contratos y programas promovidos o apoyados por las instituciones. No se pretende una desmercantilización del territorio, sino una explotación menos agresiva, recurriendo a una red económica marginal que sirva de paliativo y haga contrapeso al saqueo imparable del desarrollo puro y duro. Nada se cuestiona, ciertamente no el sistema capitalista. Se reivindica un uso sostenible del suelo sin pensar en desurbanizarlo; se pondera el derecho a escoger y cultivar los propios alimentos sin tocar la industria agroalimentaria; se piden normas racionales sin derogar las directrices actuales bastante permisivas en lo que se refiere a negocios dudosos; se reivindica un derecho consuetudinario sin menoscabar el derecho mercantil; en resumen, se reclama un turismo menos convencional, más ecológico, ignorando que ecología y turismo son términos antitéticos. 

En cualquier caso, ese turismo de algodón nunca alcanzará más que una parte minúscula de la demanda; nada comparable con el turismo de masas. Sin embargo, las nuevas clases medias de las comarcas pirenaicas observan la destrucción del territorio con preocupación, puesto que sus intereses salen a la larga perjudicados, pero no desean enfrentarse con los responsables. Son románticas y materialistas al mismo tiempo, burguesas y populistas. Están sentadas entre dos sillas. Quieren desarrollo y progreso sin las consecuencias que se derivan de los mismos. Quieren relaciones equilibradas con el medio sin sacarlo de la economía de mercado ni de la tutela del Estado: quieren a fin de cuentas la lluvia (o mejor la nieve) y el buen tiempo.

Ni la regeneración del territorio, ni la restitución a sus auténticos pobladores, pueden hacerse a medias, ni tampoco pueden llevarse a cabo legítimamente desde la administración, la política o la propia economía. La cogestión entre autoridades, sindicatos, clubes juveniles y empresarios, sólo es un mecanismo para armonizar el desarrollo más catastrofista con los intereses de la población medio domesticada, con el fin de hacer innecesarios los conflictos. Los típicos clichés de “sostenibilidad”, “responsabilidad”, “participación”, “democracia transversal”, “calidad”, “proximidad”, etc, lo demuestran bien a las claras. La democracia territorial es algo completamente diferente y tiene más que ver con la capacidad vecinal de organizarse autónomamente y de vivir en común sin mediaciones mercantiles ni dirigentes. Para revitalizar el territorio hay que desparasitarlo, lo que equivale a sacarlo de la economía mediante una acción descentralizadora, desindustrializadora y desurbanizadora que comportaría por un lado, un enfrentamiento con las clases dominantes y sus servidores políticos, y por el otro, una ruralización salvaje. Los ruralistas han de sostenerse en base a un compromiso sólido, pues necesitan objetivos claros y estrategias a medida. Las ocupaciones y movilizaciones en defensa del territorio han de permitir una correlación de fuerzas favorable a la autonomía campesina, lo justo para animar otro tipo de huida de las conurbaciones, de modo que no solamente se puedan repoblar los lugares abandonados o a trance de serlo, sino que además se pueda articular una red campesina y ganadera resistente a las normas, los reglamentos y los controles administrativos. A pesar de que cerca de quinientos municipios catalanes están en peligro de extinción al caer fuera de los circuitos turísticos, cada vez resulta más difícil una repoblación libre y una agricultura independiente. El Estado se mete por en medio cuando no lo hacen las fuerzas vivas municipales o los hombres de negocios, proscribe la ocupación de tierras y casas abandonadas, registra el ganado, cuenta los árboles y los cultivos, vigila las simientes, detecta a los huéspedes, en fin, regula de toda actividad. Obliga a etiquetar los productos, fotografía los edificios y propiedades, prohíbe la venta directa, fija cuotas y precios, especifica pagos y cobra impuestos. Pocos son los que se quejan abiertamente y su voz no se oye de lejos. Otros prefieren ser “pragmáticos” y pasar por el aro. A pesar de todo, la lucha continúa.

Dada la opinión mayoritariamente favorable al turismo de la vecindad, la defensa del territorio ha de empeñarse seriamente en una campaña de información. Por otro lado, convendría remarcar sus dos vertientes, la desmanteladora y la reconstructora. Es una doble lucha por liberar el territorio de la economía y por impulsar una vida libre en el campo, arraigada, en equilibrio con el entorno y ajena tanto a la normativa como a la mística. Es una pelea constante por frenar los grandes proyectos inútiles de las constructoras y los gobiernos y por cerrar el paso a las frenéticas hordas urbanas y a las complacientes administraciones locales. Un combate para crear formas de autogobierno y de trabajo colectivo, para volver a los concejos abiertos (en el Berguedà había dos, Fígols y Sant Jaume de Frontanyà), a las las juntas vecinales, los campos abiertos y los bienes comunales. Por consiguiente, también es una lucha por reencontrar la ciudad, por darle dimensiones humanas y ponerla en marcha desde el ágora. No puede existir un territorio libre envolviendo a una urbe esclava, ni una ciudad emancipada dentro de un territorio subordinado.

Miquel Amorós - Charla del 24 de febrero d 2018 en el casal d’avis de Berga, celebrando el séptimo aniversario del grupo Piolet Negre.

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