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Audios de las charlas del “II Encuentro anarquista contra el sistema tecnoindustrial y su mundo”

Audios de las charlas del “II Encuentro anarquista contra el sistema tecnoindustrial y su mundo”

Smart Cities

– “LUDDITAS, MÁS ALLÁ DE LA DESTRUCCIÓN DE MÁQUINAS”. A cargo del colectivo “Moai”
Ludditas

– “FUKUSHIMA, LA ENERGIA NUCLEAR Y SU MUNDO: UNA EPIDEMIA DE IGNORANCIA”, a cargo de Thierry Ribault
Fukushima

-“LAS NUEVAS FRONTERAS DE LA MERCANTILIZACIÓN DE LO VIVO Y DE LA BIOLOGIA REPRODUCTIVA” a cargo de
compañeras italianas de los colectivos “Resistenze al nanomondo” y “Le Ortiche”
Sobre la reproducción artificial y asistida

-“EXPERIENCIAS EN LA LUCHA CONTRA LA NOCIVIDAD Y EL DESARROLLO TECNO CIENTIFICO. UNA MIRADA AL CONTEXTO ITALIANO” a cargo de compañeras italianas de los colectivos “Resistenze al nanomondo” y “Le Ortiche”
Experiencias de lucha en Italia

-“TECNO-CIENCIA Y SOCIEDAD INDUSTRIAL”. A cargo del colectivo “Cul de Sac”
Porque no hay que salvar la investigación científica

[ Madrilen lehengo urtean izan zen `]

Acusación a la Sociedad Industrial: la deshumanización del universo.

Acusación a la Sociedad Industrial: la deshumanización del universo.

"Los caucásicos tienen una visión más positiva de ofrecer a la humanidad que la cultura europea. Lo creo sinceramente. Pero para la consecución de esta visión es necesario que los caucásicos den un paso fuera de la cultura europea, junto al resto de la humanidad, y vean a Europa por lo que es y lo que hace."

Águila Valiente, Wanbli Ohitika, o Russell Means, es considerado uno de los líderes indígenas más importantes, a la par de Caballo Loco y Toro Sentado, guerreros Sioux Lakotas como él.


A pesar de que las Colinas Negras se pactaron como territorio pertenecientes a los Sioux, los Estados Unidos incumplieron el tratado del fuerte Laramie, que ellos mismos habían redactado. Y es que el sacerdote católico Jean de Sniet, se introdujo ilegalmente en territorio lakota y publicó en el periódico Sioux Falls Times de Dakota del Sur el descubrimiento de oro, lo que provocó la Guerra de Black Hills en 1876 y 1877. Más de un siglo después, en 1980, la Corte Suprema de los Estados Unidos otorgó una millonaria indemnización a los Sioux por la usurpación de Black Hills (Colinas Negras). A la fecha, ellos no han aceptado ese dinero, pues buscan la restitución de su territorio.
El presente discurso fue dado por Means en julio de ese año. El discurso sólo cuenta con una edición en español que apareció bajo el nombre “Acusación a la Sociedad Industrial”. 

He aquí algunos fragmentos:

"La única forma posible de comenzar una declaración de este tipo es decir que detesto escribir. El proceso en si mismo resume el concepto europeo de pensamiento “legítimo“. Lo que está escrito tiene una importancia que se le niega a lo hablado.
Mi cultura, la cultura Lakota, cuenta con una tradición oral, por lo que normalmente rechazo escribir.
Es uno de los caminos del mundo blanco para la destrucción de las culturas de los pueblos no europeos, la imposición de una abstracción sobre la relación oral de un pueblo." 

"Cada una de las revoluciones intelectuales son para abstraer la mentalidad europea aún más, para eliminar la maravillosa complejidad y la espiritualidad del universo y reemplazarlo con una secuencia lógica: uno, dos, tres. Respuesta!
Esto es lo que ha dado en llamarse “eficiencia” para la mente europea. Lo que sea si es mecánico es perfecto, lo que sea que parezca funcionar al momento –es decir, si prueba que el modelo mecánico es el correcto– se considera correcto, incluso cuando es claramente falso. Este es el por qué la “verdad” cambia tan rápido en la mente europea, las respuestas que resultan de dicho proceso son sólo paliativos, sólo temporales, y deben ser desechados de forma continua en favor de nuevos paliativos que soportan los modelos mecánicos y los mantienen (a los modelos) vivos." 
"La tradición materialista Europea de desespiritualización del universo es muy similar al proceso mental de deshumanizar a otra persona. ¿Y quienes son los mayores expertos en deshumanizar a otras personas? ¿Y por qué? Los soldados, los asesinos, los guardias nazis de las SS, los policías, los líderes empresariales, los políticos... Y todos esos grupos deshumanizantes tienen en común que el proceso hace que sea aceptable el matar o destruir a otras personas. (...) el truco está en convertir mentalmente a las víctimas en no humanos.  

En cuanto a la desespiritualización del universo, el proceso mental hace que destruir el planeta se transforme en algo virtuoso. Términos como progreso y desarrollo se utilizan como eufemismos, de la misma forma en que términos como victoria y libertad son usadas como pretexto para justificar la carnicería en el proceso de deshumanización. Por ejemplo, un especulador inmobiliario puede referirse al “desarrollo” de una parcela abriendo una cantera de grava, el desarrollo significa aquí destrucción permanente, total, con la tierra misma siendo removida. Pero la lógica europea ha ganado unas cuantas toneladas de grava, con la que más tierra se “desarrolla” a través de la construcción de carreteras y urbanizaciones. En última instancia, todo el universo está abierto –desde el punto de vista europeo– a este tipo de demencia. 
Lo más importante aquí, tal vez, es el hecho de que los europeos no sienten ninguna sensación de pérdida en todo esto. Después de todo, sus filósofos han desespiritualizado la realidad, así que no hay satisfacción (para ellos) en ser ganados en la simple observación de las maravillas de una montaña, o un lago, o de un pueblo simplemente siendo. No, la satisfacción se mide en términos de ganancia material."

"Así que la montaña se convierte en grava, y el lago se convierte en líquido refrigerante de una fábrica, y a la gente se la agrupa para procesarla a través de los molinos de adoctrinamiento que a los europeos les gusta llamar escuelas". 

"Como los gérmenes, la cultura europea atraviesa convulsiones ocasionales,

Aun quizá comparar la cultura europea con una ameba no sea realmente justo para con la ameba. Quizá sea más acertada la comparación con las células cancerígenas, ya que la cultura europea ha destruido históricamente todo alrededor de ella, y eventualmente se destruirá a sí misma."
incluso divisiones en su seno a fin de continuar viviendo y creciendo. No estamos hablando de revolución, sino de una forma de continuar lo que ya existe. Una ameba seguirá siendo una ameba aún después de que se reproduzca.

"No se puede juzgar una doctrina revolucionaria con base a los cambios que propone introducir en la estructura de poder y en la sociedad europea. Sólo se puede juzgar por los efectos que tendrá sobre los pueblos no europeos. Esto se debe a que todas las revoluciones en la historia europea han servido para reforzar las tendencias y capacidades de Europa, para exportar la destrucción a otros pueblos, otras culturas y al propio medio ambiente. Desafío a cualquiera a señalar un ejemplo en el que esto no sea cierto"

"Pero hay otro camino. Está el camino tradicional de los Lakota, y los caminos de los otros pueblos Indios Americanos. Es el camino que sabe que los humanos no tienen derecho a degradar a la Madre Tierra, que hay fuerzas más allá de todo lo que las mentes europeas han concebido, que los humanos debemos estar en armonía en todas las relaciones, o dichas cosas terminarán eliminando la disarmonía. El desequilibrado énfasis en los humanos por los humanos –la arrogancia europea de actuar como si estuvieran por encima de la naturaleza de todas las cosas– puede solo resultar en total disarmonía y en un reajuste que corte de tamaño la arrogancia del ser humano.
Los pueblos naturales de este planeta lo saben, y no necesitan teorizar sobre ello. La teoría es un abstracto; nuestro conocimiento es real"
"Cuando uso el término europeo, no me estoy refiriendo a un color de piel o a una estructura genética particular. A lo que me refiero es una forma de pensar, una visión del mundo que es un producto del desarrollo de la cultura europea. Las personas no están codificadas genéticamente para sostener este punto de vista, son aculturadas para sostenerlo. Lo mismo es cierto para los Indios Americanos y de los miembros de cualquier cultura.
Es posible, para un Indio Americano compartir valores europeos, una visión del mundo europea. Tenemos un término para esa gente, los llamamos “manzanas” –rojos por fuera (la genética) y blancos por dentro (sus valores).
Otros grupos tienen términos similares: los negros tienen las galletas “oreos”, los hispanos tienen “cocos” y así sucesivamente. Y, como he dicho antes, hay excepciones a la norma blanca: gentes que son blancas por fuera pero no por dentro. No estoy seguro que otro término deberíamos emplear 
con ellos más que “seres humanos.”
Lo que estoy poniendo aquí no es una propuesta racial sino una propuesta cultural."


"Más allá de eso, trabajo con cualquiera quienes hayan experimentado la opresión colonial de Europa y quienes resisten su totalidad cultural e industrial. Obviamente, esto incluye caucásicos genéticos que tienen que luchar para resistir a las normas dominantes de la cultura europea. Los irlandeses y los vascos vienen inmediatamente a la mente, pero hay muchos otros."
"Es evidente que individuos blancos pueden participar en esto, siempre que hayan alcanzado la conciencia de que la continuación del imperativo industrial de Europa no es una visión, sino una especie de suicidio. El blanco es uno de los colores sagrados del pueblo Lakota – rojo, amarillo, blanco y negro. Las cuatro direcciones. Las cuatro estaciones del año. Las cuatro etapas de la vida y el envejecimiento. Las cuatro razas de la humanidad. Mezcla rojo, amarillo, blanco y negro juntos y consigues marrón, el color de la quinta raza. Se trata de un orden natural de las cosas. Por lo tanto, me parece natural para trabajar con todas las razas, cada una su propio significado especial, su identidad y su mensaje."

"Pero hay un comportamiento peculiar en la mayoría de los caucásicos. Tan pronto como llego a ser crítico con Europa y su impacto en otras culturas, se ponen a la defensiva. Comienzan a defenderse a ellos mismos. Pero yo no estoy atacándoles personalmente, estoy atacando a Europa. Al personalizar mis observaciones sobre Europa, están personalizando la cultura europea, identificándose con ella. Al defenderse ellos mismos en este contexto, están defendiendo en última instancia la cultura de la muerte. Ésta es una confusión que debemos superar, y debemos superarla deprisa. Ninguno de nosotros tiene energía que gastar en tales luchas falsas.
Los caucásicos tienen una visión más positiva de ofrecer a la humanidad que la cultura europea. Lo creo sinceramente. Pero para la consecución de esta visión es necesario que los caucásicos den un paso fuera de la cultura europea– junto al resto de la humanidad– y vean a Europa por lo que es y lo que hace."
"Una cultura que regularmente confunde revolución con continuación, que confunde ciencia y espiritualidad, que confunde rebelión con resistencia, no tiene nada útil que enseñarte y nada que ofrecerte como estilo de vida. 
Los europeos hace mucho que perdieron todo contacto con la realidad...
... si alguna vez tuvieron contacto con ella"




 No sólo se apropiaron en su día de este lugar sagrado para los lakotas, sino que entre 1927 y 1941, esculpieron en él los rostros de 18 metros de altura de los presidentes estadounidenses George Wasington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln.

“Las sagradas Montañas Negras tienen dos descripciones en la lengua lakota: Paha Sapa y Kȟe Sapa." explica Means. "La palabra Pa-ha contiene dos significados: Pa describe a la montaña emergiendo de la tierra.  El término Paha Sapa, todo junto, ofrece una imagen descriptiva de nuestras montañas sagradas vistas a la distancia. Te proporciona la ilusión de ser negra desde la distancia, las montañas emergiendo de la tierra. Paha Sapa.
Las palabras Kȟe Sapa te dan la descripción de las montañas sagradas vistas de cerca con sus blancos riscos, praderas, árboles y valles.
Así, todo lo que ves y todo lo que conoces es sagrado.
Piensa en lo profundo que es Paha Sapa.”


[Aspaldian bertatik pasatu ez nintzen Una Antropologa en la Luna proiektu interesgarritik hartua]

Una crítica social de la tecnología

Una crítica social de la tecnología

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Pocas personas cuestionan ya, hoy día, la tecnología que nos rodea. Si bien en otras latitudes y continentes se sigue realizando una defensa contra las agresiones al territorio de los estados y grandes empresas, en occidente estas luchas son más bien marginales. En un momento rebosante de conflictos sociales en los que se censura el régimen político o el modelo económico, la crítica de la técnica y del desarrollo están prácticamente ausentes en las protestas de la izquierda y se la mantiene fuera del pliego de reivindicaciones que suele empuñar.
Quienes abogan por adoptar una postura crítica frente a los cambios producidos por la tecnología, suelen suscitar rechazo e incomprensión, siendo calificados indistintamente de «tecnófobos», «ludditas», «reaccionarios» o «cavernarios». Recientemente, pude escuchar a dos personas hablando de un amigo común al que, por no tener ni microondas, ni congelador, se referían como hombre de Cromagnon. Este tipo de reacciones es síntoma del profundo arraigo que posee en las conciencias la fe en el progreso tecnológico: se trata probablemente del único gran dogma ideológico moderno cuyo peso no se ha visto mermado, a diferencia del debilitamiento de otras verdades con mayúscula como Dios, Revolución, Comunismo. Nos enfrentamos por tanto a una de las tendencias históricas más poderosas de los últimos dos siglos, y en aras de desarrollar una crítica social de la tecnología es necesario realizar unas consideraciones para aclarar esta postura.
Tecnófobos. Aunque etimológicamente significa ‘miedo a la técnica’, este término se suele asociar más bien con una posición de rechazo total a la Técnica. Esto es un sinsentido. Estar «en contra de la técnica» sería como estar en contra de respirar o caminar. Por técnica no entendemos sino los procesos que median entre el ser humano y su entorno, el modo que posee el ser humano de relacionarse con la naturaleza, sus semejantes, y él mismo; lo cual no implica que la técnica sea la esencia del ser humano (no más que el lenguaje, el pensamiento simbólico, o nuestro deseo de dar y recibir afecto), ni que todas las técnicas sean iguales.
Técnica, por otra parte, no es lo mismo que tecnología. Aunque en un principio este término designaba la disciplina que tenía la técnica como objeto de estudio, desde los tiempos de la revolución industrial pasó a ser sinónimo de tecnociencia, es decir, de la aplicación de los conocimientos científicos sobre los procesos técnicos. Pese a que el sufijo ‘logos’ le dota de un halo de racionalidad, la tecnología no es sino la técnica de la que menos comprendemos su funcionamiento, en la que menos podemos intervenir y participar, una técnica de la que estamos desposeídos, y para cuyo funcionamiento delegamos en expertos y científicos.
Ludditas. Utilizado siempre con un tono peyorativo, su significado se asimila al de tecnófobo, implicando una completa animadversión y oposición hacia la técnica. Esto falsea no obstante la realidad histórica. Los ludditas eran obreros manuales cualificados de la industria de la lana -tejedores, cardadores, hiladores, tundidores- que, en la década de 1810, combatieron la mecanización de los procesos productivos de la lana y el algodón, destrozando sistemáticamente la nueva maquinaria introducida por los patrones. Aunque la destrucción de máquinas había sido desde hacía tiempo algo habitual en las fábricas inglesas, los ludditas constituían un movimiento obrero, armado y muy bien organizado, con una fuerza y extensión inéditas -con un «carácter de osadía y ferocidad sin precedentes entre las clases bajas de este país», según decía el Annual Register de 1812. Ello motivó que el gobierno inglés desplegara en el país más tropas que las movilizadas en la guerra contra Napoleón cuatro años antes, utilizando espías, torturas, guerra sucia, infiltrados, ejecuciones extrajudiciales, etc. Fue una guerra en toda regla, y quizá la industrialización se jugó ahí su futuro. Los ludditas, tal y como ellos lo explicaban a menudo en cartas o bandos, luchaban contra «the machinery hurtful to Commonality», las máquinas dañinas con la comunidad: las que amenazaban no únicamente sus puestos de trabajo, sino su forma misma de existencia.
Un sistema técnico. Oponerse a la postura que exime a la tecnología de cualquier responsabilidad en la marcha de los cambios sociales no debe conducirnos a abrazar el enfoque opuesto, a saber: que la tecnología sea la principal responsable en fijar el rumbo de la sociedad, dictaminar su estructura, dirigir el aparato de dominación del capitalismo y obstaculizar la causa de la libertad. Recurrimos a la noción de «sistema técnico» para incidir en que la tecnología forma parte de un sistema que es a su vez económico, político, social y cultural. Investir a la Técnica de un aura superior o un espíritu inexpugnable, asimilarla, en fin, a una divinidad, supone alejarse de la comprensión de los condicionantes no-técnicos, factores en última instancia humanos que participan en la conformación de una sociedad. Y, del mismo modo que no todas las técnicas son iguales, ha habido sistemas técnicos que han dejado más autonomía a los individuos que otros sistemas. A la pregunta de si el sistema industrial y su extensión a todos los ámbitos de la vida cotidiana ha supuesto una pérdida única en la autonomía de los seres humanos, aduciremos únicamente que plantear o no esta cuestión conlleva ya una respuesta.
Comunidad, individuo y elección. La capacidad de los individuos y las comunidades para ejercer control sobre las tecnologías que atraviesan su existencia no ha sido la misma en todo lugar y momento. El margen de decisión será mayor cuanto menor sea el arco de dominio de un sistema técnico sobre la población, cuanto más autonomía posea ésta para administrar sus recursos. La fuerza de los ludditas residía en gran medida en que sus vidas no dependían, o lo hacían muy poco, del Estado o del Mercado, y su configuración en comunidad les proporcionaba unos firmes lazos (materiales y afectivos) desde los que combatir, precisamente, los esfuerzos del capital y el estado para rendirles dependientes. Hoy día vivimos en un mundo que es la consecuencia de un largo proceso, iniciado en tiempos de los ludditas, de creciente sumisión a estructuras de poder y decisión que nos imposibilita una vida al margen. Meses atrás, la palabra «luddita» resonó de nuevo por las calles de Inglaterra: los trabajadores del metro de Londres paralizaron su funcionamiento con una huelga general dirigida a detener la introducción de máquinas automáticas expendedoras de billetes que suponía la eliminación de centenares de empleos. Sin embargo, su lucha tenía lugar en el seno de un mundo en que la automatización abarca la práctica totalidad de la existencia ―incluida la de esos trabajadores, cuyo mundo no está al margen del Estado y la Técnica, sino en su mismo núcleo. Y, así y todo, la existencia aún hoy de comunidades ajenas a la lógica estatal y mercantil no garantiza la supervivencia de las mismas, ni su capacidad para impedir la penetración de elementos ajenos a sus culturas; los pueblos indígenas en Latinoamérica o en otros continentes ven cómo sus entornos desaparecen por el avance de infraestructuras, carreteras, presas, o la tala masiva de bosques, o por la introducción de la electricidad y el agua corriente en sus poblados. En este caso, sus comunidades se encuentran rodeadas de una mancha de asfalto que amenaza con sepultarlos. Así, la puerta de acero de la modernización se va cerrando en todo el planeta, obstruyendo los escasos intersticios de libertad y autonomía.
Por ello el individuo aislado que pretenda hacer frente al cambio tecnológico se encuentra condicionado por dos siglos de desposesión y pérdida de saberes. Su capacidad de elección no es la misma que la de un obrero manual del condado de Nottinghamshire a principios del siglo XIX, o el de un campesino gallego o navarro en los años sesenta del siglo pasado. El individuo, en cuanto tal, podrá moverse en un terreno de elección limitado, circunscrito a las renuncias que, más o menos, nuestra sociedad todavía permite: decisiones como no tener móvil, no utilizar transporte motorizado, cultivar sus propias hortalizas, puede que constituyan una salida frente a la artificialización de nuestras existencias, pero no es ninguna solución. Ésta debe partir desde lo colectivo, y para ello es fundamental la búsqueda de la autonomía ligada de modo inseparable a la construcción de una comunidad.
Crítica, creación, y resistencia. Nuestra tarea debe abarcar, por tanto, varios frentes. En primer lugar, debemos enarbolar la bandera de la crítica para enfrentarnos a las preguntas ¿Cómo vivimos? y ¿Cómo queremos vivir? Para responderlas, debemos cuestionar nuestras condiciones de existencia y reflexionar sobre la naturaleza de la transformación social que perseguimos. Si somos capaces de juzgar ciertas formas de organización política como incompatibles con una sociedad igualitaria, libre, y sin rastro alguno de opresión, debemos tener la valentía de preguntarnos lo mismo en lo que respecta al grado de desarrollo técnico compatible con ese tipo de sociedad que anhelamos. Si consideramos que el sistema tecnológico e industrial nos ha arrebatado las herramientas y los saberes para construir una vida libre y autónoma; si consideramos que nuestro modo de vida conlleva el expolio y la destrucción de la naturaleza y sus recursos ―acuíferos, minerales…―, la dominación y el exterminio de millones de personas en todo el planeta, nuestra sumisión al mundo del trabajo y del consumo; si pensamos que para mantener este tipo de existencia es indispensable que ese régimen de tiranía siga en pie; si estimamos, por último, que para que construir otro tipo de mundo y de relaciones no podemos partir de este mundo, nuestros pasos deben ir orientados a la creación de espacios de autonomía en los que autogestionar la mayor parte posible de los aspectos de nuestras vidas, así como practicar la insumisión y oponer resistencia ante los embates de la modernización que pretendan ahondar en nuestra dependencia e imposibilitar una relación menos artificial con nuestro entorno y nuestros semejantes. Así, es en la lucha contra infraestructuras, el AVE, el fracking, las líneas de alta tensión, la modificación genética de los alimentos, en definitiva, contra todo tipo de «máquinas dañinas con la comunidad», así como en la búsqueda de la autogestión y la autonomía, donde se juega la causa de la libertad.

1ª reimpresión de La sociedad industrial y su futuro


1ª reimpresión de La sociedad industrial y su futuro

Recientemente una primera reimpresión de La sociedad industrial y su futuro ha sido publicada dado que sigue despertando el interés de nuevos lectores. En ocasiones anteriores, ya quedaron señalados en este blog las cuestiones más importantes que trata este libro, así que sólo queda animar a los nuevos visitantes a que indaguen en las entradas que pueden buscar en la parte derecha de su pantalla. Si además desean leerlo, en Puntos de distribución podrán averiguar cómo encontrarlo.