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Anarquismo y lucha antialcohólica en la Guerra Civil Española (1936-1939)

Anarquismo y lucha antialcohólica en la Guerra Civil Española (1936-1939)


A día de hoy, serían pocos los datos que obtendríamos sobre el movimiento libertario al abrir un libro de historia de los que, por ejemplo, se usan como manuales en educación secundaria o bachillerato. Efectivamente, al realizar tal ejercicio apenas si encontraríamos un par de epígrafes que ocupan una posición marginal en el contexto explicativo general del movimiento obrero y los cambios sociales ligados a la industrialización. A esto ha contribuido el papel hegemónico que las historiografías marxista y liberal ostentan en la institución universitaria; hegemonía que, por otro lado, ha contribuido a divulgar una visión histórica del anarquismo caracterizada por su sensacionalismo, simplicidad y falta de rigor. Sin duda alguna, son varios los mitos que, a modo de clichés, se utilizan de manera recurrente en las clases de historia para explicar la esencia del movimiento libertario desde su aparición en el siglo XIX hasta nuestros días. Nosotros no vamos a dar pábulo a lo que no dejan de ser tópicos y, por el contrario, intentaremos ―ese el propósito de esta colección― mostrar una visión histórica que abunde en la complejidad intrínseca de los movimientos sociales.

Precisamente, es con esa intención con la que hoy ponemos en circulación este libelo:Anarquismo y lucha antialcohólica en la Guerra Civil Española (1936-1939). Un texto que, pensamos, ayuda a comprender mejor la especial sociología del anarquismo organizado en el Estado español. En ese sentido, la lucha antialcohólica formó parte del ámbito de acción política de un movimiento, el libertario, caracterizado históricamente por la puesta en práctica de un discurso anticapitalista de carácter regenerador.

Para finalizar, desde Piedra Papel Libros queremos agradecer la gentileza de los dos autores de este texto ―Mariano Lázaro Arbués, historiador, y Manuel Cortés Blanco, médico― a la hora de cedernos desinteresadamente el texto que hoy os presentamos. En este  caso, tanto autores como editorial coincidimos en la necesidad de divulgar este tipo de artículos por canales de distribución poco permeables a los movimientos sociales, lo que puede contribuir, aun de manera indirecta, a cuestionar las versiones de la historia puestas en pie por los ingenieros del consenso. Por nuestra parte, si con la edición de esta obra hemos contribuido mínimamente a ese fin, nos daremos por satisfechos.

El orden reina en Berlín

El orden reina en Berlín.


El 15 de enero de 1919, aplastado de forma irremediable el levantamiento espartaquista en Berlín, un grupo de soldados descubre a Rosa Luxemburgo escondida en el número 53 de la calle Maninheim. Junto a ella se halla Karl Liebknech, el histórico dirigente comunista. Ambos son el objetivo prioritario de la contrarrevolución germana. Apresados y separados, el teniente Vogel, un oficial de la Caballería de la Guardia del Gobierno, asesina a Rosa Luxemburgo de un tiro en la sien. Otras versiones aseguran que murió a culatazos propiciados sin piedad por sus captores. De una manera o de otra, su cuerpo fue arrojado a un canal cercano con intención de no dejar rastro de él. Karl Liebknech corrió una suerte similar.

Una horas antes, consciente del inminente peligro que corría su vida, Rosa Luxemburgo escribió El orden reina en Berlín, un texto breve, pero de gran intensidad y un mayor valor histórico, donde la revolucionaria polaca analizaba las causas de la derrota obrera y dejó de manifiesto su fe inquebrantable en la Revolución y en el avance de la causa del pueblo.

No obstante, su asesinato no fue sino uno más entre los cientos que dejó la represión del levantamiento espartaquista; una represión, no lo olvidemos, orquestada por los dirigentes socialdemócratas que gobernaban la joven República de Weimar y que no dudaron en echar mano de los Freikorps (voluntarios de extrema-derecha) para hacerla efectiva.

Con el aplastamiento de la insurrección obrera encabezada por la Liga Espartaquista, la división del movimiento obrero alemán no hizo sino ir en aumento, lo que abonó el terreno para que los nazis se hicieran cada vez más fuertes, primero en las calles y luego en las urnas.

En marzo de 1933, el Partido Nazi, tras recibir el apoyo de la burguesía alemana y acusar a los comunistas del incendio del Reichstag, logró ganar las elecciones casi con mayoría absoluta. Poco después, miles de militantes comunistas, socialistas, anarquistas o sindicalistas de cualquier signo, eran internados en los primeros campos de concentración. Se iniciaba así uno de los periodos más oscuros de la historia alemana y, por extensión, de todos aquellos pueblos dominados bajo el yugo nazi. Un periodo de la historia que no debemos recordar como una pesadilla, sino como una advertencia real.

- Introducción a la edición de El orden reina en Berlín publicada por Piedra Papel Libros.