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Huella fugaz de nuestros sueños

[ 15/15/15 aldizkariaren webgunetik hartua]

Huella fugaz de nuestros sueños
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En los surcos del invierno
sembró el hechicero tuerto
una semilla dañina
enemiga del esfuerzo.
Brotó en la ciudad cemento,
en los pueblos el silencio de cementerio.
Silencio de trinos
silencio de niños
silencio de ranas
silencio de grillos,
de balidos y ladridos.
Golondrina del antropoceno
¡cuenta otra vez la historia
del hechicero tuerto!
Protestaron los chiquillos:
¡cómo me voy a dormir
sin lumbre ni chimenea,
sin los cuentos calentitos
de la abuela!
Sin leña que acarrear
ni ceniza que limpiar,
con estufas que se enchufan
creció otro calor de hogar
y el dinero de pagar.
Entre relojes que marcan
la hora de despertar
la de regresar a casa
la de volver a empezar,
adiós propiedad del tiempo:
se pierde la libertad
Cuenta otra vez la historia,
repite el viento,
entre las hojas ausentes
del olmo muerto.
¡Torpe vuelo que porta la oscuridad y el duelo!
Los negros emisarios del hechicero
reclaman la cosecha del cementerio,
de la tierra enterrada bajo el cemento.
Solo dos sobrevuelan el cielo inmenso
alternan el cuidado de tres polluelos
en la cuna de barro adherido al tiempo.
Sin parva ni trillo,
nunca le faltó al verano
de los chiquillos
la golondrina viajera
en la primavera.
Vuela y mientras vuela
con el aire juega
y la noche llega.
Ojos que ven sin ser mirados,
huella fugaz de nuestros sueños
en el cielo del antropoceno.

Tratamiento digital de un fragmento de una fotografía de Walter Baxter (fuente: Wikimedia Commons).

Sobre el colapso

Sobre el colapso

(Artículo previamente publicado en el web del autor.)
Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo (Los Libros de la Catarata)
Acabo de publicar un libro titulado Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo (Los Libros de la Catarata). Me permito resumir aquí, con vocación fundamentalmente pedagógica, algunas de las tesis que defiendo en esa obra. Lo hago, por lo demás, desde la certeza de que el debate relativo a un eventual colapso general del sistema que padecemos falta llamativamente tanto en los medios de incomunicación como entre los responsables políticos. Dicho esto, agrego que no estoy en condiciones de afirmar taxativamente que se va a producir ese colapso general, y menos lo estoy de adelantar una fecha al respecto. Me limito a señalar que ese colapso es probable. No sólo eso: que los datos que van llegando invitan a concluir que es cada vez más probable, algo que, por sí solo, invitaría a asumir una estrategia de reflexión, de prudencia y, claro, de acción.

1. ¿Qué es el colapso?

El colapso es un proceso, o un momento, del que se derivan varias consecuencias delicadas: cambios sustanciales, e irreversibles, en muchas relaciones, profundas alteraciones en lo que se refiere a la satisfacción de las necesidades básicas, reducciones significativas en el tamaño de la población humana, una general pérdida de complejidad en todos los ámbitos —acompañada de una creciente fragmentación y de un retroceso de los flujos centralizadores—, la desaparición de las instituciones previamente existentes y, en fin, la quiebra de las ideologías legitimadoras, y de muchos de los mecanismos de comunicación, del orden antecesor.
Importa subrayar, de cualquier modo, que algunos de los rasgos que se atribuyen al colapso no tienen necesariamente una condición negativa. Tal es el caso de los que se refieren a la rerruralización, a las ganancias en materia de autonomía local o a un general retroceso de los flujos jerárquicos. Esto al margen, es razonable adelantar que el concepto de colapso tiene cierta dimensión etnocéntrica: es muy difícil —o muy fácil— explicar qué es el colapso a un niño nacido en la franja de Gaza; no lo es tanto, por el contrario, hacerlo entre nosotros.

2. ¿Cuáles son las previsibles causas de un colapso general del sistema?

Conforme a una visión muy extendida, y controvertida, habría que identificar dos causas principales del colapso, en el buen entendido de que en la trastienda operarían otras que llegado el caso podrían adquirir un papel prominente u oficiar como multiplicadores de tensión. Las dos causas mayores son el cambio climático y el agotamiento de las materias primas energéticas que empleamos.
En lo que al cambio climático se refiere, parece inevitable que la temperatura media del planeta suba al menos dos grados con respecto a los niveles anteriores a la era industrial. Cuando se alcance ese momento nadie sabe lo que vendrá después, más allá de la certeza de que no será precisamente saludable. Conocidas son, por otra parte, las consecuencias esperables del cambio climático: además de un incremento general de las temperaturas se harán valer —se hacen valer ya— una subida del nivel del mar, un progresivo deshielo de los polos, la desaparición de muchas especies, la extensión de la desertización y de la deforestación, y, en fin, problemas crecientes en el despliegue de la agricultura y la ganadería.
Por lo que respecta al agotamiento de las materias primas energéticas, lo primero que hay que subrayar es nuestra dramática dependencia en relación con los combustibles fósiles. Si renunciamos al petróleo, al gas natural y al carbón, no quedará nada de nuestra civilización termoindustrial. Según una estimación, sin esos combustibles un 67% de la población del planeta perecería. Antonio Turiel sostiene que el pico conjunto de las fuentes no renovables se producirá en 2018, de tal suerte que inequívocamente la producción de aquéllas se reducirá y los precios se acrecentarán en un escenario en el que habrá que aportar cada vez más energía para obtener cada vez menos energía. Aunque se pueden imaginar cambios en la combinación de fuentes que hoy empleamos, con un mayor peso asignado, por ejemplo, a las renovables y al carbón, no hay sustitutos de corto y medio plazo para las fuentes presentes. Cualquier cambio reclamará, inequívocamente, transformaciones onerosísimas.
Entre los elementos acompañantes del colapso que podrían adquirir, en su caso, un relieve principal no está de más que mencione los que siguen: (a) la crisis demográfica; (b) una delicadísima situación social, con más 3.000 millones de seres humanos condenados a malvivir con menos de 2 dólares diarios; (c) la esperable extensión del hambre, acompañada, en muchos casos, de una escasez de agua; (d) la expansión de las enfermedades, en la forma de epidemias y pandemias, de multiplicación de los cánceres y las enfermedades cardiovasculares y de reaparición de dolencias como la tuberculosis; (e) un entorno invivible para las mujeres —son el 70% de los pobres y desarrollan el 67% del trabajo, para recibir sólo un 10% de la renta—; (f) el presumible efecto multiplicador de la crisis financiera, con sus secuelas en forma de caotización, inestabilidad, pérdida de confianza e incertidumbre; (g) la quiebra de muchos Estados, estrechamente vinculada con las guerras de rapiña asestadas por las potencias del Norte; (h) las secuelas de la subordinación de la tecnología a los intereses privados;(i) una huella ecológica disparada —el espacio bioproductivo consumido hoy es de 2,2 hectáreas por habitante, por encima de las 1,8 que la Tierra pone a nuestra disposición—, y (j) una inquietante idolatría del crecimiento económico.

3. ¿Cuáles son los rasgos previsibles del escenario posterior al colapso?

Antía Barba Mariño
Antía Barba Mariño
Cualquier respuesta a esta pregunta tiene que ser por fuerza especulativa. Para que no fuese así deberíamos conocer las causas mayores del colapso, si éste tiene un carácter repentino o no, sus eventuales variaciones geográficas o la naturaleza de las reacciones suscitadas. Aunque tampoco es posible fijar el momento del colapso, no está de más que señale que muchos analistas se refieren al respecto a los años que separan 2020 y 2050.

Aun con ello, y si se trata de identificar los rasgos generales de la sociedad poscolapsista, bien pueden ser éstos: (a) una escasez general de energía, con efectos visibles en materia de transporte, suministros y turismo, y al amparo de una general desglobalización; (b) graves problemas para la preservación de muchas de las estructuras de poder y dominación, y en particular para las más centralizadas y tecnologizadas; (c) una aguda confrontación entre flujos centralizadores, hipercontroladores e hiperrepresivos, por un lado, y flujos descentralizadores y libertarizantes, por el otro; (d) inquietantes confusiones entre lo público y lo privado, con una manifiesta extensión de la violencia de la que serán víctimas principales las mujeres; (e) una trama económica general marcada por la reducción del crecimiento, el cierre masivo de empresas, la extensión del desempleo, la desintegración de los llamados Estados del bienestar, la subida de los precios de los productos básicos, la quiebra del sistema financiero, el hundimiento de las pensiones y retrocesos visibles en sanidad y educación; (f) un general deterioro de las ciudades, con pérdida de habitantes y desigualdades crecientes; (g) un escenario delicado en el mundo rural, resultado de la mala gestión de los suelos, del monocultivo, de la mecanización y de la mercantilización, y (h) una reducción de la población planetaria.
En el caso preciso de la península Ibérica, los antecedentes son malos, como lo testimonian el abandono de las energías renovables, el despilfarro y la escasa eficiencia energética, la lamentable apuesta por la alta velocidad ferroviaria y por las autopistas, la baja producción de materias primas energéticas, el alto consumo de petróleo y, en fin, en la trastienda, la deuda. El cambio climático se traducirá ante todo en una subida notable de las temperaturas en la mitad meridional de la península, con efectos graves sobre la agricultura y una insorteable crisis de la industria turística. Esto al margen, se harán valer fenómenos planetarios como los vinculados con la quiebra de empresas, la explotación laboral, el empobrecimiento, la crisis financiera, la desnutrición, el deterioro de la sanidad y el descrédito de las instituciones.

4. ¿Qué proponen, como alternativa, los movimientos por la transición ecosocial?

En sustancia lo que proponen no es otra cosa que una recuperación del viejo proyecto libertario de la sociedad autoorganizada desde abajo, desde la autogestión, desde la democracia y la acción directas, y desde el apoyo mutuo.
Si se trata de identificar, de cualquier modo, algunos de los rasgos de esa transición ecosocial, y del escenario final acompañante, bien pueden ser los que siguen: (a) la reaparición, en el terreno energético, de viejas tecnologías y hábitos, en un escenario de menor movilidad y de retroceso visible del automóvil en provecho del transporte público; (b) el despliegue de un sinfín de economías locales descentralizadas; (c) el asentamiento de formas de trabajo más duro, pero en un entorno mejor, sin desplazamientos, con ritmos más pausados, con el deseo de garantizar la autosuficiencia, y sin empresarios ni explotación; (d) la progresiva remisión de la sociedad patriarcal, en un escenario de reparto de los trabajos y de retroceso de la pobreza femenina; (e) una reducción de la oferta de bienes, y en particular de la de los productos importados, en un marco de sobriedad y sencillez voluntarias; (f) la recuperación de la vida social y de las prácticas de apoyo mutuo; (g) una sanidad descentralizada basada en la prevención, en la atención primaria y en la salud pública, con un menor uso de medicamentos; (h) el despliegue de fórmulas de educación/deseducación extremadamente descentralizadas; (i) una vida política marcada por la autogestión y la democracia directa; (j) una general desurbanización, con reducción de la población de las ciudades, expansión de la vida de los barrios y progresiva desaparición de la separación entre el medio urbano y el rural, y (k) una activa rerruralización, con crecimiento de la población del campo en un escenario definido por las pequeñas explotaciones y las cooperativas, la recuperación de las tierras comunales y la desaparición de las grandes empresas. Cinco verbos resumen, acaso, el sentido de fondo de muchas de estas transformaciones: decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar y descomplejizar.

5. ¿Qué es el ecofascismo?

Aunque el prefijo “eco-” se suele identificar con realidades saludables, no está de más que señale que en el partido nazi, el partido de Hitler, operaba un poderoso grupo de presión de carácter ecologista, defensor de la vida rural y receloso ante las consecuencias de la industrialización y de la tecnologización. Cierto es que este proyecto se volcaba en favor de una raza elegida que debía imponerse, sin pararse en los medios, a todos los demás…
Carl Amery ha subrayado que estaríamos muy equivocados si concluyésemos que las políticas que abrazaron los nazis alemanes ochenta años atrás remiten a un momento histórico singularísimo, coyuntural y, por ello, afortunadamente irrepetible. Amery nos emplaza, antes bien, a estudiar esas políticas por cuanto bien pueden reaparecer entre nosotros, no defendidas ahora por ultramarginales grupos neonazis, sino postuladas por algunos de los principales centros de poder político y económico, cada vez más conscientes de la escasez general que se avecina y cada vez más decididos a preservar esos recursos escasos en unas pocas manos en virtud de un proyecto de darwinismo social militarizado, esto es, de ecofascismo. Este último, que en una de sus dimensiones principales responde a presuntas exigencias demográficas, reivindicaría la marginación, en su caso el exterminio, de buena parte de la población mundial y tendría ya manifestaciones preclaras en la renovada lógica imperial que abrazan las potencias occidentales. Cierto es que el escenario general de crisis energética puede debilitar sensiblemente los activos al servicio de un proyecto ecofascista.

6. ¿Qué es lo que la gente común piensa del colapso?

El colapso suscita reacciones varias. Una de ellas se asienta, sin más, en la ignorancia, visiblemente inducida por el negacionismo que proponen las grandes empresas con respecto al cambio climático o al agotamiento del petróleo. Una segunda reacción bebe de un optimismo sin freno, traducido en una fe ciega en que aquello que deseamos se hará realidad, en la intuición de que los cambios serán lentos, predecibles y manejables, en la certeza de que todavía tenemos tiempo o, en fin, en la confianza en los gobernantes. Una tercera posición es la de quienes estiman que inexorablemente aparecerán tecnologías que permitirán resolver todos los problemas. No faltan, en un cuarto estadio, quienes prefieren acogerse al carpe diem y, al efecto, consideran que sólo debe preocuparnos lo más inmediato y lo que está más cerca. Hay quien se acoge, en suma, al concepto de culpa y aduce, bien que no tiene obligación alguna de resolver los problemas que crearon otros, bien que la especie humana se ha hecho merecedora, por su conducta, de un castigo severísimo.
En este mismo orden de cosas, Elisabeth Kubler-Ross ha identificado cinco etapas en el procesamiento del colapso: la negación, la angustia, la adaptación, la depresión y la aceptación. Por detrás de muchas de las reacciones mencionadas se aprecia, de cualquier modo, el designio, en buena parte de la población del Norte opulento, de no renunciar a su modo de vida presente, y de preservar los niveles actuales de consumo y de status social. Y se aprecia también una firme negativa a pensar en las generaciones venideras y en las demás especies que nos acompañan en la Tierra.

7. ¿Esquivar el colapso?

El capitalismo es un sistema que ha demostrado históricamente una formidable capacidad de adaptación a los retos más dispares. La gran pregunta hoy es la relativa a si, llevado de un impulso incontenible encaminado a acumular espectaculares beneficios en un período de tiempo muy breve, no estará cavando su propia tumba, con el agravante, claro, de que dentro de la tumba estamos nosotros.
Ante el riesgo de un colapso próximo, en el mundo alternativo las respuestas son, en sustancia, dos. Mientras la primera entiende que no queda otro horizonte que el de aguardar a que llegue ese colapso —será el único camino que permita que la mayoría de los seres humanos se percaten de sus deberes—, la segunda considera que hay que salir con urgencia del capitalismo y que al respecto, y a título provisional, lo que se halla a nuestro alcance es abrir espacios autónomos autogestionados, desmercantilizados y, ojalá, despatriarcalizados, propiciar su federación y acrecentar su dimensión de confrontación con el capital y con el Estado. Si unos interpretan que estos espacios nos servirán para esquivar el colapso, otros creen que es preferible concebirlos como escuelas que nos prepararán para sobrevivir en el escenario posterior a aquél. Lo más probable, de cualquier modo, es que no consigamos evitar el colapso: lo que está a nuestro alcance es, antes bien, postergar un poco su manifestación y, tal vez, mitigar algunas de sus dimensiones más negativas.
Parece claro, de cualquier modo, que no hay ningún motivo serio para depositar nuestra esperanza en unas instituciones, las del sistema, sometidas a los intereses privados, jerarquizadas, militarizadas y aberrantemente cortoplacistas. Una de las estratagemas mayores del capitalismo contemporáneo se beneficia de la enorme habilidad que el sistema muestra a la hora de evitar que nos hagamos las preguntas importantes. Y es que un empeño principal del capitalismo de estas horas consiste en buscar desesperadamente materias primas y tecnologías que nos permitan conservar aquello de lo que hoy disponemos, sin permitir que nos preguntemos por lo principal: ¿realmente nos interesa conservar esto con lo que hoy contamos, o con lo que cuentan, mejor dicho, unos pocos?

Miguel Brieva. Fragmento de la portada del disco 'Un mal día lo tiene cualquiera' para el grupo Las Buenas Noches
Miguel Brieva. Fragmento de la portada del disco ‘Un mal día lo tiene cualquiera’ para el grupo Las Buenas Noches

Repercusiones económicas y ecólogicas del encarcelamiento masivo

Espetxeen inguruan hitz egitean hauek gabeko munduaren aldekoen hitzak interesatzen zaizkidaNK errepresio sisteman ez diNadalako sinesten beste batzuk sinesten dinateNan moduan. Ukazio osoataz hitz egiten ez badiNK ere gaiari buruz hitz egiteko nahiko modu desberdin-interesgarria iruditu zaidanez ren ondorengo testuarekin husten zaituztet: Espetxeen edo errepresioaren jaitsiera (decrecimiento represivo) edo...



Repercusiones económicas y ecólogicas del encarcelamiento masivo

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2015-09-30
(Publicado originalmente en Diagonal.)
Es bastante habitual en estos días encontrar declaraciones acerca del populismo, si bien nunca queda claro a qué se refieren con este término. Una peyorativa definición de populismo señala que son populistas aquellas políticas que prometen solucionar problemas complejos con recetas simplistas y poco meditadas. De acuerdo con esta definición, hay un ámbito en donde, sin duda, lleva décadas triunfando el populismo: me refiero al ámbito de la política criminal y la reforma penal. Las cerca de 30 reformas que ha sufrido el Código Penal desde 1995 han ido siempre en la línea del endurecimiento de las penas de prisión, tratando de atajar múltiples problemas sociales como la pobreza, la inmigración, la drogadicción o la enfermedad mental, con una sola respuesta: cárcel, cárcel y más cárcel. Se le ha llamado a este fenómenopopulismo punitivo, la utilización desmedida del derecho penal como receta mágica para solucionarlo todo, y se puede decir sin género de dudas que los dos partidos políticos gobernantes lo han practicado sin mesura, hasta convertirnos en uno de los países europeos con mayores tasas de encarcelamiento, pese a tener uno de los menores índices de criminalidad.
Polo.
Polo.
Hemos pasado de 41.900 personas en prisión en 1997 a 68.600 en 2012, o lo que es lo mismo, de una ratio de 106 a 146 presos por cada 100.000 habitantes (Noruega tiene una ratio de 65, Francia de 91, Italia de 97). Encarcelar a 26.700 personas más en 15 años no se ha debido a un aumento de la criminalidad, ha sido una opción política bipartidista de consecuencias terribles. Las consecuencias más severas las han sufrido las propias personas encarceladas y sus familias pues, pese a que el ideal constitucional reclama que las penas de prisión se orienten hacia la rehabilitación, lo cierto es que constituyen, principalmente, una imposición legal de privaciones y dolor por parte del Estado, con graves perjuicios sobre la salud física y psicológica de las personas.
Esta imposición organizada de sufrimiento sería democráticamente cuestionable, pero quizás aceptable, si contribuyera a alcanzar otros fines sociales dignos de protección. Sin embargo, es más que evidente que ni siquiera eso ocurre. Con la política de encarcelamiento masivo también pierde la ciudadanía, pues no se reduce la reincidencia ni se protege y repara a las víctimas. Si queremos vivir en una sociedad más pacífica, con menos delitos y con menos sufrimiento, debemos abandonar la idea de que la prisión lo soluciona todo y darnos cuenta, más bien, de que no soluciona nada y que hay respuestas mejores para esos problemas. Además debemos darnos cuenta de que, aunque nunca hayamos sufrido ni cometido un delito, el populismo punitivo nos perjudica directamente, pues también aumenta los recortes en políticas sociales y menoscaba las bases ecológicas de nuestra existencia.
Analizar las implicaciones ambientales y presupuestarias del populismo punitivo no supone menospreciar los dramas humanos que se encuentran detrás de cada persona entre rejas, sino que pretende abrir el debate sobre las consecuencias del encarcelamiento masivo a otros ámbitos, no estrictamente jurídicos, como los estudios del decrecimiento y la transición socioecológica o las indagaciones sobre la reconfiguración del Estado del Bienestar. También desde el punto de vista ecológico y económico, la política penal de la democracia ha sido un desastre insostenible.

Prisiones infinitas en un mundo finito

El presupuesto de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias de 2014 ascendió a 1.122 millones de euros. Dicho presupuesto es 83 veces superior al del Plan Nacional sobre Drogas y el doble del que recibió el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Empleamos aproximadamente el mismo dinero en prisiones que en Dependencia y 300 millones más que en política de vivienda. Un preso en España cuesta unos 23.725 euros al año mientras que la beca estudiantil media es de 2.500 euros por curso y el gasto en Educación Primaria es de 6.400 euros por alumno. Es decir, por cada persona en prisión podríamos tener casi a 10 personas estudiando con beca o cubriríamos el gasto de casi 4 alumnos de primaria. Pero es que, además, en el presupuesto de la Secretaría General de II. PP. no se incluye el gasto en construcción de infraestructuras penitenciarias.
Si analizamos el periodo de 1997 a 2012, la construcción de prisiones en España ha seguido el vertiginoso ritmo de la burbuja inmobiliaria y se han edificado 60 inmuebles destinados a la reclusión de ciudadanos y ciudadanas. La promoción de estas obras recae en la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios (SIEP), una empresa pública que subcontrata la ejecución a las grandes de sector de la construcción (ACS, OHL, FCC, Sacyr…), que acostumbran a obtener gran parte de sus beneficios del presupuesto público en infraestructuras. Dada la tradicional falta de transparencia de nuestra Administración resulta difícil hacer un cálculo del dinero que se ha empleado en construir prisiones en los últimos años.
Centrándonos en las infraestructuras más costosas económica y ecológicamente, los llamados centros tipo (macrocárceles con capacidad para más de 2.000 internos), podemos certificar un coste total de 1.575 millones de euros de dinero público que ha sido invertido en la construcción de 20 centros tipo en 15 años. Algunos de estos Centro Tipo, como el de Archidona o Ceuta, permanecen cerrados pues no hay dinero para su apertura, recordando nuestra triste tradición de infraestructuras infrautilizadas como el Aeropuerto de Castellón. Si añadimos el coste de construcción de las prisiones al coste de mantenimiento de un preso en prisión, nos vamos acercando al coste del sistema penitenciario en su conjunto. Pero aún estamos lejos del coste real. Para ello deberíamos prestar atención a un coste que no suele tenerse en cuenta, y es el coste medioambiental.
Las macrocárceles son ecológicamente insostenibles no sólo porque suponen una infraestructura onerosa y sin beneficio social claro, sino también porque están situadas cada vez más lejos de las ciudades, incrementándose exponencialmente el coste energético por el transporte de personas y suministros. Algunos de los últimos Centros Tipo, como Castellón II, Sevilla II o Madrid VII, están a más de 60 kms del centro urbano más cercano, con lo que los traslados de funcionarios, presos y avituallamiento multiplican su huella ecológica, sin que este gasto en combustible y contaminación sea cuantificado en ninguna parte. Una persona que recorre 120 km en coche produce unos 19.200 gramos de C02y es obvio que en prisiones donde trabajan más de 500 personas y hay una ocupación media de 1.500 internos, se producen varios cientos de desplazamientos al día. El coste, en este caso, es aún más difícil de calcular pero vuelve ser medioambientalmente inasumible.
Cuando, a lo largo de estos 15 años, crecía el número de personas encarceladas a un ritmo de más de 1.500 al año, no nos preguntábamos como sociedad si este crecimiento era social, económica y ecológicamente sostenible. La vorágine constructora de la época dorada del ladrillo acompañaba y era más fácil edificar prisiones que hacernos preguntas como: ¿faltan prisiones o más bien sobran presos y presas?, ¿para qué sirve una prisión?, ¿es necesario y razonable encarcelar a cada vez más ciudadanas y ciudadanos?, ¿es sostenible esta manera de organizar nuestra sociedad? Quizás ha llegado el momento de intentar contestar estas preguntas.

Decrecer en represión: propuestas de moderación penal para el siglo XXI

Vivimos una época de crisis multidimensional (económica, ecológica, política, ética, de cuidados…), pero también es un momento de gran creatividad colectiva. Del mismo modo que nos atrevemos a plantear nuevas formas de hacer política, de consumir o de valorar las tareas reproductivas, podemos atrevernos a diseñar otras maneras de resolver esos conflictos que denominamos delitos. Las asociaciones y los movimientos sociales (de drogodependencias, de intervención contra la exclusión social, de familiares de personas presas, de lucha contra la represión…), apoyados por expertas de los ámbitos jurídicos y criminológicos, llevan años insistiendo en que otro derecho penal es posible. Para comenzar a delinear un sistema de actuación frente a los conflictos penales que sea acorde con la dignidad humana y con los límites del planeta, propongo partir de estos tres ejes:
  1. Relocalizar la Justicia. Estamos relocalizando la producción de alimentos y de energía, estamos potenciando lo local, pues sabemos que el desarrollo a escala humana es más eficiente y nos hace más felices. Ha llegado la hora también de resolver gran parte de nuestros conflictos a nivel local y comunitario. Países como Noruega o Reino Unido han establecido centros de mediación comunitaria y programas de rehabilitación en la comunidad, que han demostrado ser más eficaces en evitar la reincidencia y sobre todo en empoderar a la propia ciudadanía. Por el contrario, un sistema como el actual, centralizado y que desarraiga a las personas de su lugar de residencia, no sólo es caro e ineficaz, sino también incapaz de fomentar unas comunidades responsables y que cuiden de sus miembros más vulnerables.
  2. Reinvertir en la comunidad. Cada euro que gastamos en encarcelar a alguien es un euro que dejamos de invertir en solucionar las carencias que le llevaron a delinquir. Podemos revertir esta dinámica haciendo lo contrario: cada euro que ahorremos en represión, lo emplearemos en prevención y atención a la drogodependencias, en cuidado de las personas con enfermedad mental, en integración laboral, en política de vivienda, o en educación en el respeto al otro y en la igualdad de género. Si hubiéramos mantenido la misma tasa de encarcelamiento que en 1995, hoy tendríamos unos 500 millones de euros anuales más que invertir en aquello que sabemos que verdaderamente reduce el crimen: acabar con la desigualdad y la exclusión social.
  3. Adoptar el paradigma de la Justicia Restaurativa. Todos estos cambios suponen, en definitiva, transformar la manera en la que afrontamos el problema de la delincuencia. En vez de preguntarnos cómo castigar al infractor, debemos preguntarnos cómo arreglar el daño causado y cómo evitar que se repita. El paradigma de la Justicia Restaurativa, que está reconocido por la ONU y la Unión Europea, supone colocar las necesidades de las víctimas en primer lugar, y en facilitar que las personas infractoras se responsabilicen de sus propios actos, al tiempo que la sociedad también se preocupa de eliminar las carencias que le llevaron a delinquir. Las múltiples experiencias de mediación penal, que llevan años teniendo éxito en todo el Estado, demuestran que es posible conseguir un sistema de justicia humano y centrado en las necesidades de las personas.
Ahora se trata de articular estas y otras piezas para construir otro modelo de Justicia para otro modelo de sociedad.

Egiazko ipuinen gaua

FOTO: Ariadna Villate Jiménez

Egiazko ipuinen gaua


- Hiri-ondorengo baso eta zelaietan gaudenoi, ongi etorri gaueroko ipuin kontaketa-ttipi saiora...! Ze ipuin entzun nahiko zenukete gaur?

- Kontaiguzue zuen gaztaroko ipuina!!

- Bada, geure Historia ez da ipuin arrunt bat... eskatzen ari zareten kontakizuna gizakion iragana dela jakin behar duzue... geure jatorria, gaurko momentua ulertzeko jakin behar dituzuen gertaerak, hain zuzen ere.

- Jakin nahi dugu!!

- Ongi da... Duela hamabost bat urte... 2015 urte inguruan, oker ez banaiz... Historiaren ume kuttunak ginen: Historia osoan ez zen ezagutu horrelako ongizaterik!! Askok, nahi genuena lor genezakeen: kalitate ezinhobeko ur gardenak, milaka toki urrunetako janari exotikoak, izugarrizko luxuzko etxe eta garraioak... laburtzeko, mota guztietako erosotasunak... imagina dezakezuen guztia, oso esfortzu txiki batekin, geure esku zegoela ematen zuen. Baina ez zen inungo aztikeriarik... erosotasun guzti horien atzetik bi gauza ezkutatzen ziren. Lehena, milioika urtetan zehar lurazpian gordetako eguzki-energia fosila zen, geure garaian petrolio izenez ezaguna zena. Energia kontzentratu guzti horri esker oso lan gutxi egin behar genuen. Asma zenezaketen eginkizun bakoitzerako metalezko makina bat erabiltzen genuen, argindarra dela medio martxan jartzen genuena. Horrelako makinekin Ilargira ere joan ginen gizakiok!! Baina hori beste kontu bat da... Beno. Petrolioaz gain, nahi genuen guztia lortzeko beste gauza garrantzitsu bezain triste bat dago... horren izena Desberdintasuna zen. Gizakion arteko desberdintasunak, alegia... Kontraesan bat dirudi, Historia osoko momentu energetikorik aberatsenean milaka pertsona gosez, egarriz, gaixotasunez edo hotzez hil zitezkeela egunero...

Ez da harritzekoa desberdintasun itzel hori daukan zibilizazio baten baloreak guztiz buruz-behera egotea. Esan beharra dago pertsonen pentsamolde eta jarreran danetarik aurki zitekeela, baina aniztasun horren baitan joera gogor bat nagusitzen zen: balore sakonen ahulezia. Aitzitik, balore hutsalak edonon topa zitezkeen, eta nola ez, geure bizimodu guztia balore hauen erakusgarri zen... Gure gaztaro garaian 7 mila miloi bat pertsona izango ginen. Pertsona arteko erlaziotan aurreritziak nagusitzen ziren. Norbaitek ahoa ireki gabe ere, janzkera, orrazkera, sexua edo adinagatik bere izaeraren laburpen bat egiteko ohitura genuen. Elkarrizketatan behin eta berriro gaizki-ulertuak, mesfidantzak, susmoak, lehia izkutuak edota beste pertsonen idealizazioak ere agertzen ziren. Gizabanako bakoitzaren nortasuna aurkezterakoan, esaterako, abizen bat bailitzan, honek lortutako ikaskuntza tituluak edo burututako lanak aipatzen ziren, horiek gabe pertsona kaskarragoa balitz bezala... Sekulako hantuste kaltegarria zegoen gizartean. Norbanakoak bere erroreak onesteko, barkamena eskatzeko, besteen trebetasunak ikusi eta sendotzeko, oso esfortzu handia egin behar genuen, normalena batzuek besteei kritikatzen aritzea baitzen, ez ordea norberaren edota besteen dohainak aintzat hartzea...

Kolektiboki ere ez ginen atseginagoak... milioika pertsona bizi baldintza hobeengatik korrika, baliabideen jabe bakarra izateko lehian. Jaiotako herrialde edo familiak erabat baldintzatzen zuen geure bizimodua; hezkuntza eta kultura gutxi batzuontzako aberastasunak ziren, mendeetan zehar batzuk besteei lapurtutako eskubide, baliabide eta denboran oinarriturikoak. Desberdintasun hau belaunaldiz belaunaldi larritu egiten zen, konpondu beharrean... Erabaki politikoak gutxi batzuei murriztuta zeuden. Gutxi hoiek erabakitzeko poterea beraientzat gordetzeko legeak asmatzen zituzten; hain zen eskasa geure erabakiak hartzeko ohitura ze erabaki bat hartzeko gonbitea jasotzen genuenean partaidetza ia ikustezina izaten zen... Ordezkari politikoek nahi izanez gero, lurralde oso bat nazioarteko guda batetan sar zitekeen, biztanleria ados egon ez arren.

Espazio edota baliabide kolektiboak kritikatu egiten genituen, eta ez genituen zaintzen bertako materialak ezta pertsonak ere. Geure jabetza ziren gauzak soilik zaintzen genituen... Konsumitzearen akzioa ekoizpen kateen azken helmuga zen heinean, gauza piloa erosten genuen, gero etxean metatzeko, eta azkenik, zaharkitzean, zabortegira botatzeko. Eredu honen modura ere pertsona arteko erlazioak kontsumitu genitzakeela uste genuen... Denbora baterako erlazioak nagusitzen ziren. Testuinguru hontan ulertzekoa da naturarekiko begirunea ia guztiz galduta edukitzea... Kontsumitutako produktuen hondarrak zabortegietara zuzentzen genituen birziklatu beharrean. Erregai fosilak energia eredu nagusi gisa aukeratzean, eta hurrengo belaunaldiak klima aldaketa bortitzak jasatera zigortuko genituela jakin arren, aurrera jarraitu genuen geure erosotasun guztiekin. Ohiko erregai fosilak bukatzean, askok ezohiko hidrokarburoen bila zihoaztenei lurra saldu genien, bide batez lur, ur eta aire kopuru zenbatezinak denbora geologikoetarako kutsatuz. Laburbilduz, naturako elementu bakoitza aberastasuna lortzeko baliabide gisa erabiltzen genuen... Bizitzari eta honen zikloei inungo adeitasunik eskaini gabe.

Egoera tamalgarri honen ondorio gisa, guganako, besteekiko eta munduko edozertarako errespetu falta, maitatzeko ezjakintasuna, bakea lortzeko edota arazoak konpontzeko ezintasuna topatzen genituen. Gauzak honela, gutariko asko ez ginen maitale iraunkor izateko gai, ezta lagun, senide, biztanle iraunkor... Zergatia ere jakin gabe, bakardade samingarri batetan murgilduta geunden, ingurugiroarengandik isolaturik; hormigoi eta adreiluzko etxebizitza zurrunetan sartuta, eguzkia ta zerua ahaztuz, haizea ta euria ukatuz, gaueko izar ta udaberriko loreen plastikozko ordezko merkeak erosita eta bainugelako ispiluari irribarre triste eginez... ahoa hitz politez betea; eskuak, aldiz, erabat hutsik.

Soilik gure zibilizazioak baliabide naturalak erre zituenean konturatu ginen bakardade horretaz. Urte gutxi batzuen baitan gure irudimeneko bizimoduak existitzeari utzi zion. Janaririk ez supermerkatuetan, kutsatu gabeko urik ez ibaietan. Negu hotzari aurre egiteko berogailurik ez... ezta lanparak pizteko argindarrik. Osasun, hezkuntza, garraio eta bestelako sistema publikoak lehendabizi jabetza pribatuan erori ziren, gerora gutxinaka desagertzen joateko... Konfusio orokor hontan askok norabidea galdu zuten eta han-hemenka zebiltzaten, guztiz noraezean. Hiriak husten joan ziren, hormigoizko basamortuen legez...

Garaiko egite eta pentsamolde orokorrei ihes egin zieten pertsonei zor dizkiegu gaur egun lortutako aurrerapenak. Pertsona askoren lan nekagaitzari ari esker bizi gara gaur... Gizabanako askok bere ahalmenen kontzientzia hartu zutelako, hain zuzen ere. Bide okerretik gindoazela ulertu eta sentitu behar izan genuen... Nork bere burua, besteen burua eta naturaren izaera nola ez gutxietsi, edo neurriz kanpo nola ez balioztatzen ikasi genuen... Giza komunitate berdintsuak eta biltzarkideak lortzeko baketsu borrokatzen ikasi genuen. Naturaren zaintzaren alde baketsu borrokatzen ikasi genuen. Gizartearen deshazkunde bat gertatu zen... munduko biztanleria txikitu zen, pertsona bakoitzaren erosotasunak eta lan-orduak gutxitu ziren, baita baliabideen kontsumoa ere... Lurraldeen antolaketa eskalak murriztu ziren, auzo ezberdinen biltzarrak eratu zirelarik. Guk geure elikagaiak ekoiztera ikasi genuen, ingurugiroarekiko eta gure osasunarentzako onuragarriak ziren tekniken bitartez: orain hain ezagunak zaizkizuen agroekologia eta permakultura, hain zuzen ere.

Kritika suntsikorra eraikitze prozesu kontziente eta heldu batetan moldatu genuen. Xumeki, baina kementsu, gure erabakiak hartzen ikasi genuen, buru, bihotz eta eskuei dagozkien arloak orekatuz. Partaidetza eta elkar lana sustatu genituen, guztion ideiak aintzat hartuz, ideien alderdi onenak aurrera eramanez. Ikaskuntza-arlo bakoitzak eskeintzen digun alde ona gordetzera ikasi genuen. Geure sinismenekin bat ez zetozen zientzia, erlijio, politika eredu zein ideologiak sistematikoki ez ukatzera ikasi genuen, gauza guztien gainetik besteekiko errespetuan. Jokabide baketsua ikasi genuen. Gurekiko ezberdinak diren beste izaki bizidunen larruan sartzen ikasi genuen, enpatia, maitasuna, hitzak baino askoz gehiago zirela... Baina garrantzitsuena... benetan barkatzen, maitatzen ikasi genuen...! Eta zuek, haur txikiak, aldaketa honen seme-alabak zarete. Garai berrien ikurra. Oraindik asko falta zaigu ikasteko, baina bide zuzenetik goazela uste dugu. Zer iruditzen zaizue?

- Ba nik gauza asko ikasi nahi ditut!! Lan asko dago oraindik egiteko... Baina ideia berri asko bururatu zaizkit gaur. Zuek bezalakoxea izan nahi dut.. Xumea eta kementsua!! 

Ariadna Villate

Clasicos de la Gran Transición (post-petroleum)

Hemen behean irakurtzeko moduko `petrolioaren ondorengo´ mundurako testuak


Clásicos de la Gran Transición

Guía para o descenso enerxético. Publicado pola Asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen petróleo   O fim do petróleo. Publicado pola Asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen petróleo    The Oil Crash. Recopilación de artículos 2010-2012    

The Oil Crash. Recopilación de artículos 2010-2011    The Oil Crash. Recopilación de artículos 2012-2013     Teoría de Gaia orgánica. De Carlos de Castro 

Nosotros, los detritívoros. De Manuel Casal Lodeiro 

(Ficción)

El Oráculo de Gaia. De Érawan Aerlín    Un futuro sin más. De Antonio Turiel