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USA: Scott Warren podría pasar 20 años en prisión por ofrecer agua y comida a dos inmigrantes indocumentados


USA: Scott Warren podría pasar 20 años en prisión por ofrecer agua y comida a dos inmigrantes indocumentados
 
El juicio al profesor universitario Scott Warren, miembro de la organización No Más Muertes, comenzó este miércoles en la Corte Federal de Tucson, Arizona, y podría marcar el futuro de la ayuda humanitaria en la frontera de Estados Unidos con México.

Warren enfrenta tres cargos criminales por ofrecer agua, comida, ropa limpia y una cama para dormir a dos inmigrantes indocumentados dentro del campamento del grupo humanitario No Más Muertes, en la población de Ajo, en Arizona. En caso de ser declarado culpable, el voluntario podría enfrentar una sentencia de hasta 20 años de prisión.

El juicio, que se espera termine el próximo 7 de junio, comenzó esta tarde con la selección del jurado.

«Es un acto de simple humanidad, no solo se vive una crisis migratoria en la frontera, sino una crisis humana, una crisis moral», dijo el reconocido lingüista y filósofo Noam Chomsky durante una conferencia de prensa en las afueras de la Corte Federal en Tucson.

Chomsky indicó que los cargos por «albergar inmigrantes indocumentados» impuestos a Warren le recuerdan el conflicto que hubo en la década de 1980 en los países centroamericanos. Catedrático de la Universidad de Arizona, Chomsky enfatizó que Estados Unidos debe reconocer el papel que jugaron en el desplazamiento masivo y la migración forzada de tantas personas de Centroamérica.

También, alabó el trabajo humanitario que grupos como No Más Muertes llevan a cabo en la frontera. «Debemos emprender esta tarea con buena voluntad y dedicación, no solo para compensar lo que hemos hecho, sino porque es un acto de humanidad simple», dijo Chomsky.

«Esto sería cierto incluso si no tuviéramos la responsabilidad de crear las condiciones a partir de las cuales personas huyen desesperadas. Más aún cuando compartimos la responsabilidad de estas tragedias», remarcó el filósofo.

Por su parte, Alison J. Harrington, pastora de la Iglesia Presbiteriana del Sur en Tucson, dijo que el juicio es un «ataque directo» a los grupos de ayuda humanitaria en la frontera por parte de la Administración de Donald Trump.

«Esperábamos que después de tantas llamadas y firmas provenientes de personas de todas partes del país la fiscalía retirara los cargos antes de comenzar el juicio», anotó Harrington.

Warren, profesor de la Universidad del Estado de Arizona, fue arrestado en enero de 2017 durante una redada al campamento de No Más Muertes, donde los agentes de la Patrulla Fronteriza encontraron a dos inmigrantes indocumentados

Liberado posteriormente, el profesor enfrentó otro juicio el mes pasado por ingresar en un automóvil al Refugio Nacional de Vida Salvaje de Cabeza Prieta, Arizona.

También se sentó en el banquillo de los acusados por «abandono de propiedad», debido a que dejó en el desierto galones de agua y comida enlatada para salvar vidas de inmigrantes que cruzan el desierto de Arizona. El juez en este otro caso aun no ha dado a conocer su veredicto.
 
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Telaraña: El $egundo Imperio Británico

Telaraña: El $egundo Imperio Británico 



                                                                                                     Activar subtítulos en español ↑


«Mossack Fonseca es el cuarto bufete de abogados más grande de paraísos fiscales, los otros nueve de los diez más grandes están registrados en jurisdicciones británicas de ultramar.
Cuando los países se quejan con Gran Bretaña acerca de las actividades que se desarrollan en sus paraísos fiscales, la respuesta británica es que son independientes y que no hay nada que pueda hacer. He oído una y otra vez a funcionarios en Berlín, en París, en Washington y en otros países, a quienes el gobierno británico les ha respondido: "Sí, son muy conscientes de lo que está pasando en Jersey y piensan que es lamentable, pero no tienen las facultades para intervenir".

Bueno, esa es una absoluta mentira. Ellos tienen las facultades para intervenir, pero eligen no hacerlo. Gran Bretaña usa el truco de fingir, cuando le conviene, que estos lugares son independientes. La realidad es que Gran Bretaña nombra al gobernador y un montón de otros cargos importantes en estos lugares. Son responsables de las relaciones exteriores y la defensa, y también pueden vetar su legislación. Por lo tanto, Gran Bretaña tiene un grado enorme de control; básicamente controla estos lugares otorgándoles un margen mínimo de espacio político.

Cuando hablo con los políticos en Bruselas, dicen que han tenido más grupos de presión de Londres, incluyendo políticos, que vienen a proteger los intereses de la City de Londres, que de todos los otros estados miembros de Europa juntos. Lo que da una idea de la medida en la que los políticos británicos se ven a sí mismos esencialmente como grupos de presión de la City de Londres.»

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Cuando los bárbaros invadieron la periferia (Miquel Amorós)

Cuando los bárbaros invadieron la periferia ——— Miquel Amorós
El proceso de capitalización de la montaña pirenaica



Mercantilización y destrucción del Pirineo catalán

En un mundo globalizado, luego en una sociedad urbanizada, donde buena parte de la población tiene bastante capacidad adquisitiva, vehículo propio y suficiente tiempo “libre”, los servicios de relax y evasión llegan a ser el sector de la economía más expansivo. En la sociedad de consumo el ocio ocupa un lugar cada vez más importante en la vida alienada. En la periferia, al colapsarse la producción industrial por falta de competitividad y escasa innovación tecnológica, la economía se refugia en otras actividades con menor valor añadido, por ejemplo, la logística, la construcción y por encima de todo el turismo de masas. Este es el caso del Estado español, y como corolario, el de Cataluña. Una vez pasada la crisis de 2008-2014, concretamente en el ámbito catalán, el turismo industrial se ha convertido en el motor económico principal, lo que supone inevitablemente un impacto y una alteración profunda del territorio, cualitativamente superiores a todo lo sucedido hasta ahora. Una huella ecológica superlativa. 

El turismo “es una fuente de riqueza” y un “impulsor del crecimiento”, dice un tecnócrata de la Generalitat, pero también es una industria que ocasiona trastornos inmediatos; es un factor de desequilibrio y de trivialización de primera magnitud, además de un yacimiento de trabajos basura y un promotor vigoroso de la construcción y de la alimentación industrial. Las inversiones foráneas, la edificación de nuevas urbanizaciones, equipamientos e infraestructuras, la sobreexplotación del patrimonio histórico, cultural y paisajístico, el despilfarro de energía, la contaminación y la acumulación de residuos a gran escala, etc., son los heraldos de una nueva realidad territorial. Estas señales tan bárbaras revelan el verdadero significado de lo que los dirigentes, técnicos, expertos y asesores llaman “poner en valor” el territorio, “optimizar” sus recursos, “rentabilizarlo”, y como colofón, “fomentar tejido emprendedor” y “ejercitar liderazgos”. Este léxico, pedido prestado al márketing, revela claramente la transformación del territorio en mercancía. En consecuencia, patrimonio, costumbres, historia y naturaleza constituyen un capital de nuevo tipo. Cuando acabe el proceso de valorización, que también es de reglamentación, cualquier otra actividad que no encaje en la “oferta” territorial, o sea, que no acarree beneficios pecuniarios, como por ejemplo, la agricultura y la ganadería tradicionales, la cooperación desinteresada, el trueque, la hospitalidad y el esparcimiento gratuito, tienen los días contados. Pagaremos por todo, tanto por las setas recogidas, como por acampar o contemplar de cerca un salto de agua. La rentabilidad del negocio del esparcimiento obligará a ello si es que no lo ha hecho ya. La gestión del territorio como si se tratara de una empresa, o dicho de forma más técnica, su transformación en “marca”, dejará a sus habitantes fuera de las decisiones, expropiados, puesto que las únicas necesidades que importan son las exigidas por la acumulación de capitales y las dinámicas de poder, no las del vecindario. La vida en las comarcas de montaña quedará entonces totalmente redefinida por las jerarquías políticas, administrativas y financieras que determinan en cada momento el uso del territorio, uso fijado por continuos planes de desarrollo, a cada cual peor.

La cosa viene de lejos. Lo que contemplamos hoy no es más que la integración de un mercado regional en un mercado global. El proceso de mercantilización en las montañas pirenaicas empezó durante los años sesenta con la construcción de las estaciones de esquí de Baqueira-Beret y La Masella (ya existían las de La Molina y Vall de Núria). Dicho proceso no tomó nuevos bríos hasta mediado los años ochenta con el boom de las segundas residencias, disparándose una década más tarde con la apertura de nuevas pistas (actualmente son diecisiete), la nieve artificial, la popularidad de los deportes de aventura y la práctica del alojamiento rural. 

La primera fase no tuvo gran impacto, pues el coche utilitario no daba para mucho y el televisor, que hacía su aparición en los hogares proletarios, mantenía pegados los individuos a sus sillones. 

La segunda fue peor, ya que la motorización general acrecentó sobremanera la movilidad ciudadana y la frecuentación multitudinaria. El ocio se “democratizaba”; un primer plan de ordenación de las estaciones trataba de perfilar el negocio de la montaña mientras la despoblación se detenía en esas alturas. La decadencia de la ganadería y la agricultura de siempre, la crisis definitiva del textil y el cierre de la minería, abrieron la puerta de par en par a la explotación intensiva de la nieve, los ríos, los prados, los bosques, las cumbres, las masías y los senderos. 

La tercera fase, correspondiente a la creación de la marca Pirineos, requirió la ayuda del Estado y la inyección de capitales. La conectividad con los centros emisores de turistas se volvió esencial. Por eso eran necesarios grandes gastos en carreteras, pistas, accesos, líneas de alta tensión, canalizaciones, vertederos, túneles, viaductos, etc. Hoy, miles de vehículos circulan a diario por la zona provocando embotellamientos durante los fines de semana y los periodos vacacionales, lo cual exige perentoriamente nuevos carriles, desdoblamientos, variantes, nuevos enlaces y mejoras diversas. Urgían desembolsos de consideración en equipos, suministros y servicios complementarios, como por ejemplo aparcamientos, telesillas, gasolineras, depósitos de agua para los cañones de nieve, caballerías, garajes, almacenes, hangares, comercios, etc. El tramo de autopista Barcelona-Manresa quedó dispuesto en 1994 y la autovía Manresa-Berga, en 1999, favoreciendo como nunca la llegada del alud urbanita. Barcelona engullía a Cataluña: las condiciones barcelonesas de vida se habían extendido por todas partes. En las comarcas, la población entera se convertía en rehén de una economía caníbal irradiada desde la metrópolis. 

La cuarta fase, la de la internacionalización de la marca, está relacionada con la llegada masiva de turistas de otras regiones españolas y extranjeros (el 40% del total). Comenzó en 2004 con el Plan estratégico del Turismo de la Nieve y la creación de la Eurorregión Pirineos-Mediterráneo, una estructura transnacional, constituye un salto cualitativo en el desarrollo desequilibrado y violento del territorio, fundado en un incremento superior de instalaciones, la ampliación de la red de transporte y una desintegración social calculada. El proyecto disparatado del macrocomplejo de la Vallfosca, una especie de Eurovegas pirenaico, ilustra si necesidad había el delirio desarrollista de los dirigentes actuales. El crecimiento no puede demorarse. Gracias a la aportación interesada de capital exterior, el territorio montano está siendo “ordenado” con planes territoriales para soportar la llegada de un montón suplementario de turistas venidos de otra parte. Los billetes de avión, la visita a los casinos y el paseo por la playa irán incluidas en el lote. El objetivo no puede ser otro que la completa transformación de las comarcas pirenaicas en un grandioso parque temático, una disneylandia alpina.

La industrialización de la economía catalana primero, seguida de la terciarización, habían creado un monstruo, el área metropolitana barcelonesa, que formaba un sistema urbano con otras conurbaciones menores conectado por autovías, autopistas y circunvalaciones. Y aquel monstruo albergaba a una extensa clase media con unas ansias de consumir territorio a tener muy en cuenta. Mientras tanto, la vida en la metrópolis había llegado a ser tan pobre, tan claustrofóbica, que las ganas de desconectarse auque fuera sólo un poco, de escapar hacia la naturaleza como antes hacían los burgueses y los aristócratas, fueron irreprimibles. Para esta clase, y para el proletariado que la imitaba en lo que podía, la ociosidad no era descanso e inactividad, sino ponerse en movimiento y hacer cualquier cosa que estuviera de moda para llenar su vacía existencia. Así pues, el aburrimiento y el hastío de las nuevas clases medias dieron lugar a la mercantilización del ocio, mediante la cual éste se volvía trabajo. El tiempo “libre”, gracias al estrés y al vacío de la vida privada en la conurbación, se convirtió en la materia prima de una industria capaz de empujar hacia arriba la demografía comarcal pirenaica, desarticular el territorio, orientar la vida de su gente hacia el consumismo, halagar el mal gusto de los visitantes y arruinar la belleza del entorno. El bronceado de montaña se volverá entre los metropolitanos un detalle de distinción, un trofeo, el rasgo diferencial de la marca Pirineos. El régimen capitalista tenía en los fugitivos de la metrópolis a su base social más ferviente, dispuesta a votar disciplinadamente a cualquier candidato pro turismo, y todos lo eran. Mientras esto sucedía, los grandes beneficiarios de la invasión de los excursionistas motorizados domingueros venidos de todas partes se relamían por el éxito en FITUR y por el reconocimiento de la zona pirenaica como destino turístico de excelencia por parte de la Unión Europea. Los Pirineos se sumergían en el mercado europeo y Barcelona compartía con otras conurbaciones transfronterizas la función colonizadora que antaño tenía en exclusiva. Era la plasmación última de la idea de progreso: el dominio nocivo y maligno de la naturaleza y la sociedad montañera por la ciencia, la tecnología, la economía y el Estado.

Todo el deporte de montaña, de la helibike al barranquismo, del trekking al snowboard, del parapente al esquí nórdico, es una concreción de la mentalidad capitalista primigenia: gusto por la competición, superación del obstáculo, resiliencia, culto al esfuerzo, atracción por el riesgo, exhibicionismo… No obstante, a los directivos síquicamente agotados por el trabajo el comercio montaraz dispone una cura a base de hidroterapia y tratamientos sicofísicos (wellness). El espíritu del capitalismo renace a partes iguales con la imagen del deportista y la del ejecutivo neurótico, pero todavía más en los especuladores: Los negocios inmobiliarios de la costa y el área metropolitana se dan con menos trabas en las comarcas del interior, ya que no hay oposición local efectiva, así que la ganancia es lo único que cuenta y el beneficio económico del turismo, comparado con el de cualquier otra actividad anterior, es de una superioridad aplastante. Hoteles, cámpings, campos de golf, promociones, discotecas, locales de comida basura, centros comerciales y automóviles a espuertas, reproducen las condiciones del hábitat urbano e imponen los valores de una vida prisionera del consumo. Suben los precios de la tierra y de los alquileres de las casas, el folklore local se degrada en espectáculo, las fiestas adquieren un toque superficial y carnavalero; el pasado se museifica y en definitiva los nexos morales se cambian por otros comerciales. El turista no tiene ningún interés en conocer los lugares que pisa y menos aún sus habitantes, por lo que se conformará con estereotipos. No es demasiado partidario de la autenticidad: con unos pocos elementos de color local y unos cuantos productos típicos tendrá suficiente. El ángel del kitsch le acompaña y protege de una originalidad excesiva: la vulgaridad y el mal gusto mandan. Podemos decir que la metrópolis proporciona una nueva forma material y espiritual al territorio; lo uniformiza, lo debilita y lo corroe sin que éste pueda defenderse, falto de fuerzas y medios. El turismo deja la sociabilidad local en una situación mucho más frágil que antes. Fin del espíritu comunitario, de la mano solidaria, de la mismísima noción de pueblo. 

Cuando el coche se convierte en una especie de prótesis del habitante de la gran urbe, el territorio se encuentra sometido absolutamente por ella y acaba por reflejarla en todos sus aspectos. Es ya un espacio periurbano, un satélite de la aglomeración metropolitana. La vida parasitaria ahora desempeña en él un papel decisivo y de rebote nacen nuevas clases emprendedoras y neorrurales ligadas directa o indirectamente al desarrollo unidireccional establecido. Para cambiar las cosas en el campo habría que cambiarlas en la ciudad. Para rehacer una vida sin apremios económicos en la periferia sería necesario desmantelar el centro. Nada liberador será posible si no salimos del capitalismo, pero no saldremos de él si dejamos atrás intactas todas sus estructuras.

A medida que las fuerzas destructivas del entramado turístico ganan terreno, se diversifican y se desestacionalizan, los espacios agrestes se masifican y despersonalizan, el paisaje se erosiona y la naturaleza retrocede; la flora se marchita pronto y la fauna se contrae y emigra a donde puede. Las contradicciones del desarrollismo se manifiestan en forma de urbanización desbocada, crisis ecológica, agotamiento de recursos y malestar social. Aunque la conciencia del carácter eminentemente devastador del crecimiento económico no surja de forma clara como oposición frontal fuera de minorías que se empeñan contra viento y marea en la defensa del territorio, la inquietud de quienes dependen económicamente del turismo ante las pérdidas debidas a la saturación, ha despertado una determinada sensibilidad por la conservación y la protección del medio. La expresión mágica de “turismo sostenible” se halla en boca de los representantes de los denominados “actores sociales”: organizaciones de empresarios, administración, grupos ecologistas, sindicatos y partidos políticos. Si bien el modelo de mercado permanece incuestionable, en paralelo sale la propuesta de “desarrollo local alternativo”. Esta clase de desarrollo quiere ligar consumo, estropicio y crecimiento con reposición y equidad, a base de “instrumentos de intervención y transformación de la economía”, es decir, con leyes, ordenanzas, tasas, contratos y programas promovidos o apoyados por las instituciones. No se pretende una desmercantilización del territorio, sino una explotación menos agresiva, recurriendo a una red económica marginal que sirva de paliativo y haga contrapeso al saqueo imparable del desarrollo puro y duro. Nada se cuestiona, ciertamente no el sistema capitalista. Se reivindica un uso sostenible del suelo sin pensar en desurbanizarlo; se pondera el derecho a escoger y cultivar los propios alimentos sin tocar la industria agroalimentaria; se piden normas racionales sin derogar las directrices actuales bastante permisivas en lo que se refiere a negocios dudosos; se reivindica un derecho consuetudinario sin menoscabar el derecho mercantil; en resumen, se reclama un turismo menos convencional, más ecológico, ignorando que ecología y turismo son términos antitéticos. 

En cualquier caso, ese turismo de algodón nunca alcanzará más que una parte minúscula de la demanda; nada comparable con el turismo de masas. Sin embargo, las nuevas clases medias de las comarcas pirenaicas observan la destrucción del territorio con preocupación, puesto que sus intereses salen a la larga perjudicados, pero no desean enfrentarse con los responsables. Son románticas y materialistas al mismo tiempo, burguesas y populistas. Están sentadas entre dos sillas. Quieren desarrollo y progreso sin las consecuencias que se derivan de los mismos. Quieren relaciones equilibradas con el medio sin sacarlo de la economía de mercado ni de la tutela del Estado: quieren a fin de cuentas la lluvia (o mejor la nieve) y el buen tiempo.

Ni la regeneración del territorio, ni la restitución a sus auténticos pobladores, pueden hacerse a medias, ni tampoco pueden llevarse a cabo legítimamente desde la administración, la política o la propia economía. La cogestión entre autoridades, sindicatos, clubes juveniles y empresarios, sólo es un mecanismo para armonizar el desarrollo más catastrofista con los intereses de la población medio domesticada, con el fin de hacer innecesarios los conflictos. Los típicos clichés de “sostenibilidad”, “responsabilidad”, “participación”, “democracia transversal”, “calidad”, “proximidad”, etc, lo demuestran bien a las claras. La democracia territorial es algo completamente diferente y tiene más que ver con la capacidad vecinal de organizarse autónomamente y de vivir en común sin mediaciones mercantiles ni dirigentes. Para revitalizar el territorio hay que desparasitarlo, lo que equivale a sacarlo de la economía mediante una acción descentralizadora, desindustrializadora y desurbanizadora que comportaría por un lado, un enfrentamiento con las clases dominantes y sus servidores políticos, y por el otro, una ruralización salvaje. Los ruralistas han de sostenerse en base a un compromiso sólido, pues necesitan objetivos claros y estrategias a medida. Las ocupaciones y movilizaciones en defensa del territorio han de permitir una correlación de fuerzas favorable a la autonomía campesina, lo justo para animar otro tipo de huida de las conurbaciones, de modo que no solamente se puedan repoblar los lugares abandonados o a trance de serlo, sino que además se pueda articular una red campesina y ganadera resistente a las normas, los reglamentos y los controles administrativos. A pesar de que cerca de quinientos municipios catalanes están en peligro de extinción al caer fuera de los circuitos turísticos, cada vez resulta más difícil una repoblación libre y una agricultura independiente. El Estado se mete por en medio cuando no lo hacen las fuerzas vivas municipales o los hombres de negocios, proscribe la ocupación de tierras y casas abandonadas, registra el ganado, cuenta los árboles y los cultivos, vigila las simientes, detecta a los huéspedes, en fin, regula de toda actividad. Obliga a etiquetar los productos, fotografía los edificios y propiedades, prohíbe la venta directa, fija cuotas y precios, especifica pagos y cobra impuestos. Pocos son los que se quejan abiertamente y su voz no se oye de lejos. Otros prefieren ser “pragmáticos” y pasar por el aro. A pesar de todo, la lucha continúa.

Dada la opinión mayoritariamente favorable al turismo de la vecindad, la defensa del territorio ha de empeñarse seriamente en una campaña de información. Por otro lado, convendría remarcar sus dos vertientes, la desmanteladora y la reconstructora. Es una doble lucha por liberar el territorio de la economía y por impulsar una vida libre en el campo, arraigada, en equilibrio con el entorno y ajena tanto a la normativa como a la mística. Es una pelea constante por frenar los grandes proyectos inútiles de las constructoras y los gobiernos y por cerrar el paso a las frenéticas hordas urbanas y a las complacientes administraciones locales. Un combate para crear formas de autogobierno y de trabajo colectivo, para volver a los concejos abiertos (en el Berguedà había dos, Fígols y Sant Jaume de Frontanyà), a las las juntas vecinales, los campos abiertos y los bienes comunales. Por consiguiente, también es una lucha por reencontrar la ciudad, por darle dimensiones humanas y ponerla en marcha desde el ágora. No puede existir un territorio libre envolviendo a una urbe esclava, ni una ciudad emancipada dentro de un territorio subordinado.

Miquel Amorós - Charla del 24 de febrero d 2018 en el casal d’avis de Berga, celebrando el séptimo aniversario del grupo Piolet Negre.

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La voz de la rebelión, Agustín García Calvo

Conviene recordarlo de vez en cuando... y tenerlo siempre presente.


“La voz de la rebelión”, por Agustín García Calvo

Stanislav Plutenko

Reproducimos [BABAB] un texto de Agustín García Calvo que ha compartido el Grupo de Estudios José Domingo Gómez Rojas. Originalmente se publicó en mayo de 2012, en la edición n°20 de BICEL, boletín interno de la Fundación Anselmo Lorenzo.

A ver si se puede oír esto:
Por la razón y el sentido común podemos decirle a este régimen que padecemos, a todos esos planes de economía futurista que nos invaden desde lo alto, desde donde Estado y Capital (que son lo mismo en todas partes) mandan y nos mandan encima que estemos informados y preocupados, como si nos fuera la vida en lo mismo que les va a Ellos: en el futuro de su dinero, de su euro o de su dólar o de su yen o como se llame, en el futuro de las ventas demenciales de sus averiados productos, de esos que están llenando de basura los sitios donde se podría –quién sabe– vivir.
Podemos porque se puede decirle que no, simplemente que no, sin necesidad de proponer nada a cambio (ya la gente sabe por lo bajo cómo apañarse sin Ellos o puede irlo sabiendo a medida que tenga que hacerlo): sólo hay que perder un poco el miedo personal y dejarse decirlo, porque ya está bien de que nos traten como a idiotas acojonados, que tiemblan por su futuro, que no piensan más que en la seguridad (¡ja!) que puede darles una cuenta corriente, en tener para pagar y seguir comprando chismes inútiles a costa de venderse y matarse por un puesto de trabajo de los que Ellos promocionaron y crean y nos obligan a tener o no tener, como a idiotas que están llenos de eso que tanto nos animan a tener: sueños e ilusiones personales (¡ejem!), y que por tanto, no se enteran de nada de lo que están haciendo. Todos los días por todos los medios, tratan de demostrarnos que eso es lo que somos: unos auténticos individuos (Ellos dicen “personas”, que es una cosa muy santa), y que no hay más en la gente que eso.
La penuria de cada día, la miseria que vemos dentro y fuera, hay que verla –nos dicen– como si fueran el bienestar y la riqueza mismos por el miedo a perderlas, a quedarse sin ello. No hay más que ver esos lamentos que se promocionan por ahí, que hacen a tantos salir indignamente a reclamar más empleo, más educación, más sanidad pública a las calles, olvidados de que tal vez no hace mucho, antes de que les informaran sobre recortes y demás amenazas futuras, ellos mismos podían haber estado echando pestes de todo eso que llaman empleo, educación o sanidad, lo mismo públicos que privados. Es lo que está mandado pensar: que hay que dar gracias al señor y seguir así, progresando en lo mismo, porque, si no, podríamos volver a las cavernas. Pero qué pasa si en vez de engañarnos sin lo que ellos nos venden, que bien mirado, no puede ser nada de verdad bueno ni deseable para nadie. Todo el mundo sabe que son sustitutos. Sirven para llenar unas vidas contabilizadas previamente, que consisten en un tiempo vacío en que temer o esperar un futuro y otro futuro, que eso no merece llamarse ni vida, que es una existencia abstracta y sosa a más no poder. El dinero acaba con las cosas.
Para perder ese miedo, no hace falta más que dejarse pensar y decirlo, el alivio y el ahorro que sería para todo el mundo no tener que seguir contribuyendo a sostener tanta insensatez, que no haya papeles que hacer a todas horas, que no haya que ir a ningún sitio por obligación, ni trabajo ni vacaciones ni semana laboral que engorden los bancos, que no haya oficinas ni bancos ni ministerios ni más ventas de pisitos, automóviles y demás inutilidades. ¡Eso sí que sería economía de la buena, sin estados ni fronteras, la de la gente viviendo en la tierra, libre de todos esos estorbos de Estado, Trabajo, Dinero, Familia, libres del Hombre y su Historia! ¿No sentís cómo tiemblan los padres de la patria eterna, los ejecutivos creyentes en el Futuro? Quien diga que no se puede será que tiene algún interés en mentir, porque poderse, claro que se puede, que nada de verdad lo impide.
Sólo que a la gente le han dicho que algún gobierno de lo alto, algún orden tiene que haber, hecho de leyes y policías, porque si no, el caos, la ley de la selva y el comerse los unos a los otros. Pero no puede ser tan tonta la gente para creerse eso ni dejar que nadie se lo crea ¿no?, porque eso nunca se ha visto más que en fantasías o películas: el único caos y la única jungla que conocemos son éstos que han producido la administración de los estados al servicio del Dinero con toda violencia impuesta, los tenemos delante cada día sus horrores, sólo con fijarnos en el tráfico mismo. El miedo a los fantasmas de lo que podría pasar si no nos defendieran las leyes y sus fuerzas armadas de esos fantasmas que ellos mismos fabrican para asustarnos, sólo ese miedo vano, esa fe en que estamos seguros contra los fantasmas de las guerras y hambrunas que salen por televisión, parece ser más que nada lo que permite que la pesadilla real continúe.
Pero no puede hacerse creer por siempre a la gente que el terror en que “vivimos” es normal. Como decíamos al principio, aparte del miedo personal que nos han metido, vive entre la gente la razón y el sentido común que pueden decirle que no a toda esa organización del Dinero sin miedo ninguno, porque es horrible y mentirosa, y caiga quien caiga. Algún día habrá que despertar y decirlo ¿no?: pues que sea ahora. ¡Abajo la mentira!
¿O es que no se piensa que a lo mejor las mujeres y sus hombres, libres del dinero, podrían vivir y dejar vivir? Porque lo que es con Él…
Otro día seguiremos razonando, que ya se sabe que no se derriba el régimen de un soplo, pero mientras tanto cabe acá abajo corroer la fe en las mentiras que lo sostienen y dejarlo que se hunda.

¡Salud y a ello!



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Cuando todo el mundo ama súbitamente a la policía, es que el terror ha triunfado.

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Cuando todo el mundo ama súbitamente a la policía, es que el terror ha triunfado.


Artículo de colaboración para Borrokagaraia da! 


Desde hace una semana no deja de asombrarnos cómo se está manejando el atentado de Barcelona en lo que respecta a la policía. Nos causa sorpresa no sólo la gente que se abraza a los antidisturbios (¿por qué, por no hacer su trabajo?), sino las declaraciones de numerosos cargos políticos, sobre todo de las llamadas «izquierdas» (Podemos, CUP, Barcelona en Comú…), que alaban a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y que se unen al ya coro único que demanda un aumento de dotaciones policiales, amén de las medidas de videovigilancia, restricción de movimientos, aumento de identificaciones arbitrarias por motivos de seguridad, etc.
Hoy mismo hemos sabido que ayer (24/08/2017) Bildu se sumó a una declaración institucional de la Cámara de los diputados impulsada por Ciudadanos para reconocer y agradecer la labor de todas las fuerzas policiales y de seguridad por su labor tras los atentados de Barcelona. Atrás quedaron las denuncias de las asociaciones contra la tortura (Coordinadora contra la Tortura y Comité para la Prevención de la Tortura del Consejo de Europa) contra uno de los cuerpos (Mossos d’Esquadra) que más denuncias ha recibido en los últimos diez años desde que Euskal Herria fuese «pacificada» (en este decenio Catalunya ha liderado los rankings en cuanto al número de denuncias presentadas en el Estado español por torturas, vejaciones, palizas, malos tratos, amenazas, encañonar a detenidos, etc., con multitud de policías acusados y condenados, superando, aunque cueste creerlo, a otros cuerpos avezados en lo que podríamos considerar prácticas policiales al uso —Guardia Civil, Ertzaintza, todas las policías locales y también funcionarios de prisiones).
Olvidado ha quedado el discurso que señalaba a la policía por ser lo que es y lo que no puede sino ser: una organización militar y militarista que ejerce la violencia, la tortura, los abusos, la mentira, que se sirve del poder para cometer todo tipo de atropellos y tropelías, que sólo está cuando no se la necesita, para pegar, para detener, para acusar, para multar, para golpear, para fichar, para invadir nuestra privacidad… ¿Dónde estaban, por ejemplo, cuando debían defender a todas las mujeres asesinadas por maltratadores? ¿Dónde cuando se producen violaciones sexuales? ¿Dónde estaban el 11M de 2004 (y que conste que no defendemos su existencia ni siquiera en estos casos)? ¿Para qué sirven tantos dispendios policiales si son incapaces de detectar a un numeroso grupo de personas (al menos 12) que almacenaban un centenar de bombonas de butano, cientos de litros de productos químicos para fabricar explosivos, tornillos y otros metales para ser utilizados como metralla, dinero a espuertas, pasaportes falsos, que amenazaban a través de las redes sociales como si tal cosa, que tenían la intención de realizar un atentado bestial? Se dice ahora que es muy difícil anticiparse a este tipo de atentados, pero entonces, ¿para qué están? ¿A quién protegen? ¿A quién sirven? ¿Tenemos que pensar que el atentado bien pudiera ser otra vuelta de tuerca que encaja en ese proyecto de largo recorrido que busca ejercer un todopoderoso control social mediante el miedo generalizado?
Recordemos, de pasada, un episodio no muy lejano… Según la (h)inteligencia policial, en 2013 dos anarquistas chilenos (en este caso sí eran una célula terrorista) viajaron desde Barcelona (mira tú qué coincidencia) hasta Zaragoza para colarse en la basílica del Pilar con una bombona de camping gas con la intención de cometer un terrible atentado contra una figura de yeso y unos bancos de madera (la propia Audiencia Nacional consideró acreditado que la acción afectó al patrimonio histórico y artístico de los bancos y la zona del coro y la sillería), causando lesiones leves en un oído y en la mandíbula a una persona. Desde el principio se afirmó que pertenecían a una enorme y peligrosa organización criminal de corte anarquista que pretendía tumbar el Sistema: el Comando Insurreccionalista Mateo Morral, integrado en los Grupos Anarquistas Coordinados (GAC), equivalentes a la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional (FAI/FRI)… El ridículo comando Mateo Morral apestaba desde el primer minuto a montaje policial; sólo hay que leer el comunicado para detectar algunos tics de la policía. Las consecuencias de dicho atentado implicaron detenciones e identificaciones, acusaciones injustificadas, amenazas a personas y grupos anarquistas acusados de terrorismo…  ¿Para qué tanto Centro Nacional de (H)Inteligencia, tanto Centro contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, tanta videocámara, tanto policía y tanto presupuesto militar/policial? Pues para eso, para defender un determinado orden, un orden en el que se defiende a los de siempre y donde mueren los de siempre, como en Siria, Iraq o Somalia, donde muere cualquiera menos quien debería. «Proteger y servir»: no nos cabe duda de que así es.
En estos días se repite que no podemos flagelarnos con el discurso de la responsabilidad por lo que está ocurriendo allende nuestro primer mundo porque eso implica dar alas a quienes ya nos señalan y porque el discurso implica, de facto, una separación entre ellos y nosotros, cuando no debería darse tal separación. Pero lo que nadie explica es cómo resulta posible que los atentados no los cometa un iraquí que ha perdido a su madre y a sus hermanas cuando estaban comprando en un mercado y un dron que vuela a 10 km de altura, teledirigido, ha lanzado un pepino que no discrimina entre inocentes y culpables, como un atropello no lo hace entre musulmanes e infieles. No; el atentado lo comete un puñado de jóvenes en cierta medida integrados, que hablan catalán y castellano, que incluso trabajan, que habitan en viviendas no precisamente precarias, que tienen móviles de alta gama, con perfiles en las redes sociales, amantes del Barça, que conducen Audis, que acuden a la peluquería con regularidad para estar a la moda, que visten ropa de marca, que están encantados con Occidente y todo lo que él representa, que adoran al Dios dinero. Estos infelices, que han sido seducidos por una ideología mezclada con una interesada interpretación religiosa, que no han padecido los efectos más sangrantes de las condiciones de posibilidad de nuestro modo de vida (sí, también de la socialdemocracia), no son muy diferentes de cualquiera que se sienta vacío, ninguneado, engañado por pertenecer a una sociedad de mierda que sólo puede ofrecer frustración, soledad y miedo. Cualquiera, aunque nos duela, es un potencial terrorista en este mundo que estamos construyendo. Desde hace tiempo, y en adelante, ya no pod(r)emos vivir con tranquilidad en ningún sitio, y dad por seguro que ningún policía, ninguna videocámara ni ley que se precie podrá defendernos de tamaña irracionalidad.
Y esto también viene a cuento de cómo la policía ha sido aclamada por restablecer la pena de muerte (ésa que teníamos con Franco y que aún está vigente en lo que pudieran disponer las leyes penales militares en tiempos de guerra, tiempos en los que podríamos hallarnos con una simple orden ministerial) cargándose a tiros, «dando caza», «abatiendo» a unos cuantos terroristas… A partir de ahora que nadie se resista, porque puede ser asesinado con total impunidad y con méritos policiales. Son males menores, como diría algún que otro filósofo, como la tortura, que es bienvenida, dicen, si es para evitar males mayores. ¿Evitar? Ja. Son los fundamentos del Estado de Derecho, del estado de las cosas en que nos encontramos.
¡Vivan esos militares demócratas, esos guardias civiles, esos agentes de policía que quieren poner las esposas a los corruptos!, decía Pablo Iglesias en un mitin; la CUP amagó con no asistir a la manifestación de mañana si a la misma acudía el Rey, a quien considera «culpable del ataque» de los atentados por «los tratos económicos, armamentísticos y geopolíticos que propicia con países como Arabia Saudita y Catar, fuentes de financiación del Daesh», pero al final va a ir y además aplaude a su policía, a los Mossos, por su actuación en los atentados; la Autoridad Portuaria de Bilbao, integrada por la Ertzaintza, la Guardia Civil, el Cuerpo Nacional de Policía, Capitanía Marítima, Aduanas y la Subdelegación del Gobierno se coordina (lo que están pidiendo todos los partidos) para que desde allí, y rumbo a Arabia Saudí, hayan salido en diez meses un total de 312 contenedores marcados con el sello de «explosivos» (nada menos que un total de 8.656 toneladas de armas). Sigamos disociando lo que pasa y sigamos comportándonos como se espera que hagamos, seamos «gente de bien», aunque un poquito contestona.
Al final resulta que eso que llaman «gobernar» implica todas estas servidumbres, como pasar revista a las tropas, felicitar a todas las policías por su eficacia (¡?), saludar de buen grado el trabajo conjunto de todos los cuerpos… que tan bien hace la nueva casta anticapitalista, independentista o populista, qué más da.
¿Desde cuando la policía se ha convertido en el aliado de «los de abajo»? ¿Acaso es imposible tratar sucesos de esta magnitud sin aceptar todos los trágalas que impone el poder? Si en tan poco tiempo nos hemos olvidado de todas las ofensas, palizas, detenciones ilegales, torturas, amenazas, de todas las mentiras, montajes, detenciones arbitrarias y de todas las manipulaciones ¿qué nos cabe esperar? Dais mucha vergüenza.
Si hacemos un esfuerzo por no olvidar y hablamos mal de la policía, ¿qué nos va a pasar?, ¿qué nos vais a hacer? ¿En serio os habéis creído que debemos luchar desde dentro para conseguir que esta policía fascista —el que ejecutó a 4 de un golpe viene de la Legión— se convierta en la policía del pueblo? ¿Debemos animarnos a ingresar en el cuerpo, como en tiempos decían algunos con la mili para aprender a disparar?
Lo dicho: ¡dais una profunda vergüenza!
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La desmemoria histórica, esa sí que hace daño.

Absueltos los dos mossos acusados de reventar el ojo a Ester Quintana durante la huelga general de 2012
brutalitat mosos d'escuadra carrer aurora


Enlaces relacionados:

http://canarias-semanal.org/not/20886/la-trampa-de-la-unidad-contra-el-terrorismo-/


http://socialistapopular.blogspot.com.es/2017/08/la-extincion-de-la-zona-gris.html

https://www.nytimes.com/es/2017/08/25/otro-triunfo-del-terrorismo/amp/

Monopolio

MONOPOLIO

El Estado tiene el monopolio absoluto y arbitrario de:

La ley
Las normas
Las armas
Lo justo
Lo injusto
La violencia
El crimen
La verdad
La mentira
El fraude
La riqueza
El dinero
El saqueo
La medida
El reparto
Los fines
Los medios
El horario
El secreto
La información
El futuro
El presente
La realidad
La historia
La vigilancia
El orden
El desorden
La moral
La necesidad
El lujo
El gusto
El ocio
El trabajo
El territorio
Los límites
Las fronteras
Los alimentos
La salud
La medicina
La educación
La lengua
La ciencia
El pensamiento
El premio
El castigo
El vicio
La virtud
La seguridad
La inseguridad
La vida y
La muerte
Estado:
El Estado es una maquinaria mediante la cual se hace efectivo el poder político; y el gobierno es quien, en una primera aproximación, detenta ese poder, ya que está constituido por el conjunto de personas que manejan dicha maquinaria.
arbitrario, ria.
Del lat. arbitrarius.
adj. Sujeto a la libre voluntad o al capricho antes que a la ley o a la razón.
absoluto, ta.
Del lat. absolūtus.
adj. Independiente, ilimitado, que excluye cualquier relación.
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“Ser gobernado significa ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, regulado, inscrito, adoctrinado, sermoneado, controlado, medido, sopesado, censurado e instruido por hombres que no tienen el derecho, los conocimientos, ni la virtud necesarios para ello. 
Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, controlado, grabado, sellado, medido, evaluado, sopesado, apuntado, patentado, autorizado, licenciado, aprobado, aumentado, obstaculizado, reformado, reprendido y detenido. 
Es, con el pretexto del interés general, ser abrumado, disciplinado, puesto en rescate, explotado, monopolizado, extorsionado, oprimido, falseado y desvalijado, para ser luego, al menor movimiento de resistencia, a la menor palabra de protesta: reprimido, multado, objeto de abusos, hostigado, seguido, intimidado a voces, golpeado, desarmado, estrangulado por el garrote, encarcelado, fusilado, juzgado, condenado, deportado, flagelado, vendido, traicionado y por último, sometido a escarnio, ridiculizado, insultado y deshonrado. 
¡Eso es el gobierno, esa es su justicia, esa es su moral!”
Pierre-Joseph Proudhon

 [ https://arrezafe.blogspot.com/ tik hartuta ]

POEMA - Mary Kelly

P O E M A 
Declaración judicial de Mary Kelly, activista irlandesa juzgada por causar considerables daños a un avión de guerra norteamericano.
"Entré en el aeropuerto de Shannon el 29 de enero de 2003 a las 4 de la madrugada porque considero que es mi deber como ciudadana responsable liberar un aeropuerto civil de los aviones de guerra de los Estados Unidos. La presencia de dichos aviones viola la constitución [irlandesa], en su artículo 28 (3) (1), que es la ley suprema de nuestro país. Me niego a ser cómplice de que se suministre combustible a esa máquina de guerra. No estoy dispuesta a explicar cómo entré en las pistas de aviación. Estuve allí yo sola, vi que había tres aviones, vi un avión del ejército de los Estados unidos al que ocasioné daños. Vi los nombres de varias compañías aéreas y servicios auxiliares de transporte aéreo. Atravesé la pista de aterrizaje hasta el avión de combate estadounidense. Golpeé el morro del avión con un hacha. Dañé los cables próximos al tren de aterrizaje delantero y dañé la cubierta de uno de los motores. Acudí al aeropuerto de manera deliberada con el fin de realizar esta acción y he declarado las razones que me movieron a ello. Me niego a permanecer impasible mientras nuestro gobierno permite de manera ilegal que los aviones de guerra estadounidenses utilicen nuestras instalaciones para repostar combustible en el aeropuerto de Shannon. El hacha que llevaba era mía y estoy dispuesta a decir si la compré o no la compré. Me arrestó el detective / garda [policía de la República de Irlanda] John Geoghegan en el avión. Esta declaración ha sido leída y es correcta".

[Arrezafe-tik hartua]

No hay una, sino dos Al Qaeda

[Arrezafe-tik hartutako elkarrizketa] 

No hay una, sino dos Al Qaeda
Este es, de los 19 que lo componen, el capítulo 6 de la tercera parte del libro Yihad made in USA, de Grégoire Lalieu y Mohamed Hassan.



Capítulo 6
No hay una, sino dos Al Qaeda

Grégoire Lalieu –Dijiste que el pensamiento de Sayyid Qutb iba a encontrar cierta audiencia en Arabia Saudí, ese bastión del wahhabismo. Dicen que Mohammed Qutb, el hermano pequeño de Qutb, hubiera tenido como alumno a Osama Bin Laden y a Ayman al-Zawahiri. ¿El pensamiento de Sayyid Qutb inspiró a Al Qaeda?
Mohamed Hassan –Claramente. Por eso puede verse que los Hermanos Musulmanes y los yihadistas comparten una base ideológica común.

–Pero no concuerdan en todo. Zawahiri redactó una denuncia particularmente mordaz en contra de los Hermanos Musulmanes, ya que él estimaba que la solución política era una traición.
–Es principalmente en el método en lo que los Hermanos Musulmanes y los yihadistas no concuerdan. Sus dirigentes salen de las mismas clases sociales: pequeña burguesía, pequeños terratenientes, comerciantes, etc. y su principal enemigo son los Estados nacionalistas y laicos del mundo árabe. Ese enemigo es incluso el primero en importancia, por delante de las potencias imperialistas. Tanto es así que para combatir a los primeros no vacilan en aliarse con los segundos.

–¿Como en Afganistán, en los años 80, donde la CIA entrenaba a los yihadistas?
–Sí. Esa guerra de Afganistán ilustra la teoría del «Rollback» inventada en Estados Unidos en los años 50. Para el presidente Eisenhower y su Secretario de Estado, John Foster Dulles, ya no bastaba con contener la expansión del comunismo por el mundo; en adelante era necesario derribar a los gobiernos que eran cercanos a la Unión Soviética. Y ése era el caso del gobierno afgano en los años 70. La técnica se aplicó con éxito rotundo en Afganistán, donde la CIA enroló a la juventud musulmana no solo para echar al gobierno afgano, sino también para precipitar la caída de la Unión Soviética. El principal artífice de esa hábil maniobra fue Zbigniew Brzezinski, verdadero responsable de la política exterior de la Casa Blanca. Como él mismo confesó, la idea que acompañaba el entrenamiento de los yihadistas era soltar una bandada de mosquitos para forzar la intervención del oso soviético. «Haremos de Afganistan el Vietnam de los soviéticos», profetizaba Brzezinski.

–Y los jóvenes musulmanes ¿eran sensibles a los cantos de sirena de la CIA?
–Hubo una propaganda abundante sobre el tema: en nombre del Islam, hay que tumbar a un gobierno laico y por ello impío. Ese mensaje encontró cierto eco por varias razones. Primero, porque, aunque no tenían representación oficial en Afganistán, los Hermanos Musulmanes estaban presentes en la universidad de Kabul, donde difundían su ideología. Los servicios secretos de Pakistán estaban al tanto, pero veían la cosa con mucha benevolencia.
En Afganistán, los Hermanos Musulmanes no se contentaban con contrarrestar la influencia soviética en los campus. Participaban también en la destrucción de todas las infraestructuras creadas por el gobierno en materia de educación, de derechos de las mujeres, etc. Era una empresa muy reaccionaria. Eso creó un caldo de cultivo muy propicio a la llegada de wahabíes del estilo Bin Laden, que entonces pudieron introducir su atrasada religión en el conflicto afgano.

–Los combatientes no solo venían de Afganistán sino que provenían un poco de todas partes. ¿Cómo fue posible que el llamamiento  tuviera tanto éxito?
–Los Hermanos Musulmanes habían preparado el terreno, en Afganistán, pero la CIA y sus aliados  reclutaron en todo el mundo árabe e incluso en Occidente. Arabia Saudí y su red de mezquitas fueron una ayuda inestimable.
Para entender por qué tantos jóvenes respondieron a aquella llamada, también tenemos que considerar lo ocurrido en el mundo árabe durante los años anteriores a esa guerra de Afganistán. Para quitarse de encima el nacionalismo árabe, las marionetas de la región pusieron en marcha un proceso de islamización. Paralelamente, aplicaron una política de apertura económica que trajo consigo el empobrecimiento de una gran parte de la población. Entonces teníamos dentro del mundo árabe a un montón de jóvenes desocupados, totalmente ignorantes de la lucha de clases y a quienes solo se les hablaba de Dios y de la sharia. No solo no tenían nada que perder, sino que cuando se les llamaba a luchar por Alá, el mensaje les tocaba la fibra sensible.
Y por otra parte, a los gobiernos locales no les disgustaba  que aquellos jóvenes, a quienes consideraban como salvajes y a quienes no tenían ningún trabajo que ofrecer, se fueran a morir a tiros en nombre de Alá.

–A Occidente tampoco le disgustaba la idea, por lo visto...
–Fue el caso con Afganistán, allá por los años 80, y sigue siéndolo hoy con Siria. Los gobiernos occidentales no impiden a esos jóvenes que se vayan, pero los amilanan cuando regresan. O sea que esos jóvenes, considerados como ceros a la izquierda, solo sirven para irse a morir en el campo de batalla. Para nuestros políticos, es una manera útil de deshacerse de ellos.

–A menudo se suele repetir que no existe un perfil típico de esos jóvenes europeos que marchan a hacer la yihad a Siria. Hubo convertidos, hijos de familias relativamente adineradas, árabes nacidos en barriadas populares, musulmanes que pensaban participar en una acción humanitaria, otros que sentían dentro de sí un alma revolucionaria...
–No obstante, existe un punto común entre todos esos combatientes, en cierto modo algo que los relaciona con los demás jóvenes de Oriente Medio: sus respectivos gobiernos son incapaces de ofrecerles perspectivas de futuro. En Occidente nuestros gobernantes los han acosado, frustrado y discriminado. Y finalmente, los utilizan como carne de cañón para sus guerras. ¡Qué vergüenza!

–Volvamos a Afganistán. En los años 80, Estados Unidos ¿apoyó a los yihadistas?
–Para Estados Unidos era lo que se llamó una «alianza temporal». El enemigo de mi enemigo es mi amigo... ¡temporalmente! En cuanto cayó la Unión Soviética, Washington descorchó el champán y salió de Afganistán más deprisa de lo que había entrado. Claro está, Estados Unidos nunca imaginó las consecuencias de semejante operación.
Después de haber vencido a los soviéticos, Osama Bin Laden se sintió capaz de cualquier cosa. Creó una nueva  organización, Al Qaeda, con el objetivo de liberar a todos los países musulmanes por la vía de la yihad. Por los motivos que acabo de mencionar, el movimiento encontró numerosos adeptos entre la juventud musulmana. Pero conviene relativizar ese triunfo en comparación con el número total de musulmanes en el planeta. Hoy día, siendo los medios lo que son, los occidentales se imaginan que un feroz terrorista dormita en cada musulmán. La realidad es menos aterradora y menos seductora, claro está. En comparación con los mil quinientos millones de musulmanes que viven su religión pacíficamente, los que caen en el terrorismo representan un porcentaje relativamente insignificante.

–Y sin embargo, los medios no paran de hablarnos de Al Qaeda. Esa organización estaría o habría estado presente en el mundo entero.
–Bueno, el llamamiento de los yihadistas pudo encontrar a cierto número de adeptos un poco en todas partes del mundo musulmán. Pero los medios suelen hacer una amalgama con todos los movimientos o incluso con los actos yihadistas. Más allá del carácter sensacionalista e ideológico de esa propaganda, hay otra razón para ello. En efecto, un fenómeno particular ha surgido con Al Qaeda. Estos últimos años bastaba con que un terrorista hiciera estallar una bomba, fuera donde fuera en el mundo, y que reivindicase su pertenencia a esa organización para que se fantaseara sobre la potencia y extensión de su red. Inclusive tú mismo hubieras podido enviar unos sobres con una pizca de harina dentro y colgar un vídeo en You Tube para que los medios se excitasen acerca de la presencia de Al Qaeda en Bélgica...
Te darás cuenta además de que el nombre de Al Qaeda significa «la base». Con el transcurso de los años se ha vuelto una especie de base común para un sinfín de movimientos desparramados por el mundo entero, desde Filipinas hasta Mali, pasando  por Yemen o el Cáucaso.

–Se pueden añadir Libia y Siria a los países que mencionas, dos países que estaban en el punto de mira de la OTAN  Treinta años después de la primera guerra de Afganistán, ¿habrá pactado Occidente una nueva alianza con Al Qaeda?
–A mi parecer, hay que distinguir a dos Al Qaeda diferentes. La primera, la de Osama Bin Laden, veía más lejos que la punta de sus narices. Tras haber combatido a la Unión Soviética, aquella organización pensaba poder atacar a otra superpotencia: Estados Unidos.

–La implicación de la Unión Soviética era evidente en el caso de Afganistán. Pero ¿por qué a continuación Al Qaeda atacó a Estados Unidos?
–En su estrategia guerrera, los yihadistas distinguen a dos enemigos: el próximo y el lejano. El enemigo próximo son los gobiernos locales dirigidos por musulmanes malos conforme a la visión de Sayyid Qutb que inspiró a los yíhadistas. El enemigo lejano son las grandes potencias que colaboran con los enemigos próximos.
Después de la guerra de Afganistán, que ocasionó la caída de la Unión Soviética, estalla la primera Guerra del Golfo en 1990-91. Saddam Hussein había invadido Kuwait y sus tropas estaban a las puertas de Arabia Saudí. Osama Bin Laden entonces le propuso a la familia real reclutar un ejército, pero los Saud prefirieron jugar la baza del aliado estadounidense y autorizaron a los GI de Estados Unidos estacionarse en Arabia Saudí para su operación Tempestad del Desierto. Para Bin Laden eso era un insulto. ¡Los Saud abrían de par en par las puertas de las tierras santas del Islam al ejército de Estados Unidos! En su famoso parte de febrero 1998, Osama Bin Laden y Zawahiri dicen claramente: «Desde hace más de siete años, Estados Unidos ocupa las tierras del Islam en los lugares más sagrados, la península arábiga, y saquean sus bienes, dan órdenes a sus jefes, humillan a su pueblo, aterrorizan a sus vecinos e intentan transformar sus bases en la península en bases destinadas a combatir a los pueblos  musulmanes vecinos».

De ahí que, más que nunca, los dirigentes de Al Qaeda pudieron mirar a los Saud como a un enemigo cercano. Pero también entendieron claramente que ese enemigo cercano sacaba su fuerza  del apoyo que le suministraba Estados Unidos,  un enemigo lejano. Por eso, era allí dónde había que asestar el golpe.

–¿En qué aspectos es diferente esa segunda Al Qaeda de la que hablas?
–Sus ex dirigentes como Osama Bin Laden o Zarqawi fueron eliminados por Estados Unidos. Pienso que hoy la Al Qaeda que existe nada tiene que ver con la antigua, y que conviene desmitificarla. Ya no es una organización, solo es un logo que agrupa a movimientos fragmentados como el frente Al Nusra y un montón de pequeñas organizaciones que se combaten unas a otras en Siria. Son más grupos terroristas que verdaderas organizaciones con una ideología. Y también, al parecer, esta nueva Al Qaeda ha abandonado su combate contra el enemigo lejano y ataca a enemigos cercanos como Libia y Siria o los dirigentes chiíes de Iraq.

–En  enero 2014, el nuevo líder de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, apelaba a los grupos presentes en Siria a dejar inmediatamente de com­batirse unos a otros. También declaraba que tenían que unirse en contra del «enemigo laico y confesional, apoyado por las fuerzas de rafidhistas (chiíes) safovidas (refiriéndose a Irán), así como Rusia o China». Por lo visto, los enemigos lejanos no han desaparecido, sino que ya no son los de antes...
–Pienso que ese giro radical tiene que ver con una opción táctica. Después de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos se lanzó a la guerra contra el terrorismo. Le asestó un duro golpe a la organización de Al Qaeda. Hoy día, al cambiar de táctica, los yihadistas no solo se dan un respiro sino que saben que pueden contar con el apoyo de Estados Unidos y de sus aliados. Y éstos, a su vez, tienen la posibilidad de derribar a los gobiernos enemigos sin tener que enviar a su propio ejército.

–¿Una vuelta al método afgano de los años 80?
–El mismo método, en efecto. Y observemos que el artífice de la trampa afgana, Brzezinski, también es un íntimo consejero de Obama. En unos diez años, los neoconservadores han arruinado a Estados Unidos con sus guerras de Afganistán y de Iraq. Esas expediciones militares han costado un dineral, pero no han aportado los resultados esperados. Por otra parte, en el mundo la imagen que se tiene de Estados Unidos se ha dañado mucho y, en el interior, el presidente de Estados Unidos es incapaz de convencer a sus electores de la necesidad de una intervención militar más.
Lo cual explica ese cambio de estrategia. Obama lleva a cabo una retirada táctica de Afganistán y de Iraq, pero en realidad es una operación puramente formal, ya que Estados Unidos seguirá disponiendo de bases militares en ambos países. Y también hay que sumar a todos los mercenarios privados con quienes el Pentágono subcontrata misiones. A pesar de todo ello, Obama ha podido «vender» esa aparente retirada, presentarse como un pacifista y ¡ser galardonado con un Premio Nobel! Pero no ha abandonado ni un ápice la estrategia de dominación mundial que venían aplicando sus antecesores. Y aunque lo quisiera no podría hacerlo, porque la situación exige inexorablemente que Estados Unidos defienda con uñas y dientes sus intereses en el mundo entero. Y es que ahí está la crisis económica y emergen nuevas potencias como China y Rusia, y vamos pasando de un mundo unipolar a un mundo multipolar... Una situación que poco a poco le arrebata a Estados Unidos su papel hegemónico y lo coloca en un rango de potencia regional.
Pero eso Washington no está dispuesto a aceptarlo. Sus multinacionales no lo toleran; imperativamente tienen necesidad de seguir explotando mercados y saqueando recursos en las cuatro partes del mundo. En América Latina, en África, en Oriente Medio, en Asia... Obama sigue pues jugando la baza de la injerencia, pero con más sutileza que los conservadores. Asistimos al retorno del «soft power». Para destabilizar a los países enemigos, como ya explicamos en nuestro libro anterior: La estrategia del caos, Estados Unidos se vale de tropas del interior en lugar de tener que enviar a sus propios soldados.
Estados Unidos ya no tiene la capacidad de intervenir sobre el terreno. Lo más que puede hacer son ataques aéreos. Le bastaron para derrocar a Gadafi en Libia, pero el método tiene ya escasa eficacia como nos demuestra la operación lanzada contra el Estado Islámico. No obstante, es una política que le granjea colosales beneficios al complejo militar-industrial, que pesa muchísimo en la economía norteamericana. Durante los meses posteriores al anuncio por Obama del bombardeo de las posiciones del Estado Islámico, el valor de la acción de Loockheed Martin subió un 9,3%, la de General Dynamic un 4,3% y la de Raytheon y Northrup Grumman un 3,8%. Y no olvidemos que durante la primera noche de los ataques en Siria el 23 de septiembre de 2014,  la armada de Estados Unidos disparó 47 misiles Tomahawk cuando ¡cada uno de ellos cuesta 1,4 millones de dólares!

–Al apoyarse en grupos yihadistas en Siria y en Libia, ¿no jugó Washington con fuego? En Afganistán, tras la derrota de los soviéticos, Osama Bin Laden se volvió contra Estados Unidos. En Libia, después de la caída de Gadafi, el embajador estadounidense murió en un atentado. Y en Siria se les oía decir a los yihadistas: «First Bashar, then NATO». De verdad, esos combatientes ¿son aliados de fiar?
–Una cosa es utilizarlos y otra es controlarlos. Como con la guerra de Afganistán, se trata de una alianza temporal. Para unos y para otros. Los yihadistas no son parecidos a los islamistas reaccionarios; no son marionetas totalmente sometidas a Occidente. Algunos hasta se preguntan por qué atacan a un país musulmán como Siria en lugar de atacar a Israel, por ejemplo. No es que los imperialistas los manipulen por completo, más bien es que han desarrollado una estrategia bastante cobarde y poco elaborada a nivel político.
El plan que tiene ideado Al Qaeda, hoy día, es conquistar los Estados árabes laicos, más accesibles que Estados Unidos o Israel, para a continuación adquirir potencia. Según el jefe actual de la organización, Ayman al-Zawahiri, cada guerra que se presenta es una bendición del cielo porque estos conflictos procuran a todos los jóvenes combatientes de Al Qaeda la posibilidad de ir adquiriendo la experiencia necesaria para fortalecerse y, más tarde, poder librar combates más importantes. En su libro: Caballeros bajo el estandarte del Profeta, Zawahiri explica cómo Afganistán resultó un terreno de experiencia ideal para sus jóvenes reclutas. Muchísimo mejor que West Point o cualquier otra academia militar.
Pero es una visión política muy mezquina. Al Qaeda atacó a dos Estados nacionalistas, Siria y Libia, para adquirir más potencia y ganar apoyo, y porque bajo su punto de vista, la laicidad en el mundo árabe sigue siendo una aberración. Pero con esa política, los yihadistas ponen la región a sangre y fuego y dividen a los pueblos de Oriente Medio. E indirectamente, también aplican aquello de «Divide and Rule» y contribuyen a reforzar la dominación de Occidente.

–Dices que Los servicios secretos de Arabia Saudí se han infiltrado en Los grupos yihadistas para manipularlos. Sin embargo, Arabia Saudí tomó medidas para sancionar a quienes financian el terrorismo islamista.
–Como ya he dicho, utilizar y controlar no es como eso de tanto monta y monta tanto. En su época, ya el príncipe Turki tenía con Osama Bin Laden relaciones por lo menos sospechosas según algunos. En su libro: En el corazón de los servicios secretos, el ex jefe del servicio de información de la DGSE, Alain Chouet, explica cómo los primeros atentados cometidos por Osama Bin Laden servían de cierto modo los intereses del príncipe Turki, jefe de los servicios secretos de Arabia Saudí en aquel entonces. (1) Oficialmente se creó Al Qaeda en 1998, pero ya se habían producido atentados en Arabia Saudí: soldados estadounidenses y saudíes heridos a tiros, un coche bomba delante de un edificio de la Guardia Nacional saudí, en Riad; un camión cargado de explosivos contra la base americana de Khobar... Comentando esos atentados, Alain Chouet precisa: «La comprensión política de esos atentados no era algo sencillo. En Arabia Saudí, la mayoría apuntaban, en efecto, o bien a infiltrados de la Guardia Nacional saudí, o bien a asentamientos o personal militar extranjero que estaban bajo la custodia y protección de ésta última. Ahora bien, la Guardia Nacional saudí estaba bajo las órdenes del príncipe Abdallah, que no era sino el regente, el presunto heredero del trono entonces ocupado por el rey en horas bajas Fahd, criticado con vigor por sus medio hermanos cadetes, el príncipe Turki, jefe de los servicios secretos, y el príncipe Sultán, ministro de Defensa. Todos esos atentados parecían poner en tela de juicio la capacidad de gestión y de control de Abdallah y suscitar, por parte de Estados Unidos, un vivo sentimiento de recelo y de rechazo hacia su persona.»
Chouet rechaza, con razón, la idea según la cual el príncipe Turki habría «fabricado» a Osama Bin Laden y explica cómo el jefe de los servicios secretos pudo utilizar a Bin Laden más adelante, en particular cuando los atentados contra las embajadas de Estados Unidos, en Kenya y en Tanzania, en 1998. En represalia, el presidente Bill Clinton mandó bombardear una fábrica farmacéutica en Sudán. Se sabrá más tarde que Osama Bin Laden no tenía nada que ver con esa fábrica, pero Arabia Saudí sí estaba en litigio con Sudán y ese ataque era para avisar a Sudán de que tenía que pasar por el aro y obedecer a los Saud. Además, la fábrica era propiedad de un hombre de negocios saudí y fabricaba medicamentos que competían directamente en el mercado africano con empresas farmacéuticas estadounidenses. El príncipe Turlci y Washington tenían pues intereses comunes en ese ataque presuntamente contra Al Qaeda en Sudán.

–Y ¿qué hay de los atentados del 11 de septiembre?
–El príncipe Turlci tuvo que dimitir de sus funciones una semana antes de los atentados del World Trade Center y eso porque, según Chouet, Arabia Saudí –así como otros muchos servicios secretos, desde luego– vislumbraba que algo importante se estaba tramando y no quiso que se le pudiera acusar directamente. La verdad es que, a pesar de que el príncipe Turlci pudo utilizar a Osama Bin Laden, éste no era su criatura. En cuanto al líder de Al Qaeda, aunque pudo beneficiarse de ciertos apoyos eficaces, no dejaba de guardar cierto encono contra la familia real. Osama Bin Laden no les reconocía legitimidad alguna a los Saud. Él nombraba a Arabia y no a Arabia Saudí. Osama Bin Laden era un típico representante de esa burguesía saudí que se siente perjudicada por el poder efectivo de la familia real sobre la totalidad del país y que ansía que se hagan reformas en el reino.
Los Saud saben muy bien que deben andarse con pies de plomo y cuando utilizan a los yihadistas temen un cambio de tornas a peor. Y eso es lo que está ocurriendo actualmente en Siria. Los servicios secretos saudíes, dirigidos por el príncipe Bandar, en cierto modo han resucitado a Al Qaeda, pero esta organización ya no se parece en nada a lo que fuera. Obedeciendo la voluntad de los Saud, se ha metido en un conflicto en el que los suníes combaten a los chiíes. Y es que Arabia Saudí está enzarzada en una guerra por la supremacía regional contra los chiíes de Irán y sus aliados del Hezbolá, de Siria y de Iraq. No es pues casualidad  si las prédicas  de Al Qaeda  han cambiado  tanto. Antaño abogaba por echar fuera de Oriente Medio a los norteamericanos y vituperaba a los gobiernos árabes que habían abierto de par en par las puertas de las tierras musulmanas a los extranjeros. Hoy día fustiga a los chiíes. Su propaganda religiosa, destinada a reclutar a mercenarios, gira en torno a las discrepancias que oponen el sunismo al chiísmo. Con ese fin, recurre a exhumar textos arcaicos. Digamos, una vez más, que se trata de una visión muy atrasada, sectaria y deleznable desde el punto de vista político.

–¿Así es como explicas la evolución del conflicto iraquí? Después del derrocamiento de Saddam Hussein se creó una resistencia para combatir a las tropas de ocupación norteamericanas. Pero ese combate mudó rápidamente a un conflicto confesional en el que los suníes luchan contra los chiíes...
–Efectivamente, ésa es una evolución que anhelaban Arabia Saudí y Estados Unidos. Una evolución que la nueva Al Qaeda  hizo posible. Arabia Saudí no soportaba que el nuevo gobierno de Iraq fuera próximo a Irán y reforzara la influencia de Teherán en la región. Por su parte, Estados Unidos prefiere que los combatientes de la resistencia se maten unos a otros y no ataquen a sus tropas.
Al principio, la mayoría  de los combatientes resistentes iraquíes eran baazistas, partidarios de Saddam  Hussein. Pero como consecuencia de la «desbaazificación» que llevó a cabo Paul Brener, por una parte, y de la llegada masiva de yihadistas provenientes de los países vecinos por otra, el núcleo baazista y laico de la resistencia iraquí se ha disuelto. Y aquella  resistencia iraquí de los primeros tiempos se ha vuelto un movimiento islamista infiltrado por los servicios secretos de Arabia Saudí y de Jordania. Un movimiento que carece de visión política, cuya única meta es matar. En 2014, ¡se contaban unos 25 muertos diarios en Iraq! Éste es el balance de la invasión norteamericana. Y todavía topamos con gente que tiene la osadía de apelar a la intervención de ese ejército para acabar con los conflictos...

–Hoy  día, esos movimientos yihadistas infiltrados ¿están fuera del control de Arabia Saudí?
–Se ha producido un cambio importante, en efecto. Se considera que el príncipe Bandar, que dirigía los servicios secretos de Arabia Saudí, es un padrino del terrorismo islámico. Se le nombró para cumplir una tarea muy precisa: utilizar a los grupos yihadistas para derrocar al régimen sirio. Pero el proyecto fracasó. Los yihadistas no pueden con el ejército sirio, que supo evitar caer en la trampa de la propaganda confesional. Y a pesar de las manipulaciones burdas sobre el uso de armas químicas, quienes colaboran con los yihadistas en Siria no han conseguido forzar la intervención de la OTAN para apoyar a los mercenarios derrotados.
Todas esas maniobras que no dieron resultado disgustaron a los dirigentes saudíes. El príncipe Bandar abrió una caja de Pandora, pero no alcanzó su objetivo. Ahora, a la familia real le aterroriza lo que puedan emprender todos esos yihadistas si abandonan el campo de batalla sirio. Como ya lo hicieran antes, podrían volverse en contra de los Saud.
De ahí que la familia real haya tomado decisiones radicales para apaciguar la situación. Primero, ha mandado a hacer gárgaras al príncipe Bandar. Lo han echado a la calle como un don nadie; ha tenido que liar el petate y largarse. Después, como ya mencionaste, se ha promulgado una ley para sancionar a los saudíes que financien redes yihadistas. Por fin, Riad quiere también facilitar el regreso de todos esos jóvenes que marcharon a combatir. Se ha hecho un llamamiento. Los que no vuelvan dentro del plazo estipulado perderán la nacionalidad. Y por otra parte, las autoridades saudíes han despedido a gran parte de la mano de obra inmigrada para que los jóvenes yihadistas que regresen al país puedan encontrar un trabajo y volver a integrarse correctamente.

–¡Este sí que es un cambio radical para Arabia Saudí! Allá por los años 60, para protegerse de los movimientos sociales que la amenazaban, sus dirigentes, pura y sencillamente, eliminaron a la clase obrera saudí y recurrieron a mano de obra inmigrada. Una práctica que posibilitó el dinero sacado del petróleo. En lo relativo a los trabajadores venidos de Pakistán, de Yemen o de otros países, estos trabajan en condiciones casi parecidas a lo que es la esclavitud. A día de hoy, los dirigentes saudíes ¿no temen tener que afrontar movimientos sociales si una clase obrera se desarrolla nuevamente?
–Después de los años 60 siempre existió una pequeña clase obrera en Arabia Saudí, pero era minoritaria en comparación con la mano de obra extranjera, y principalmente la formaban trabajadores chiíes, ya que efectivamente los Saud siempre han temido los movimientos sociales. Pero temen más aún a esos jóvenes saudíes que se alistaron en movimientos yihadistas y que podrían estar fuera de todo control. No olvidemos que los ideólogos del estilo de Sayyid Qutb que inspiraron a esos grupos yihadistas son muy críticos hacia dirigentes musulmanes como los Saud. No pienso que los Saud tengan miedo de los dirigentes de esa segunda Al Qaeda, que es una mera impostura. Pero la organización agrupa un montón de movimientos que el mismo Zawahiri es incapaz de controlar. ¡No es capaz de impedir que se maten unos a otros en Siria! Probablemente le sería imposible impedir que atacasen a los Saud si algunos decidieran hacerlo. Tanto más cuanto que todos esos grupos han sido reclutados sobre la base de una propaganda yihadista. No se les llamó diciéndoles: «Venid, vamos a atacar Libia y luego Siria para complacer a Arabia Saudí y a Estados Unidos, que nos ayudan para esta misión». Se les habló de impíos, un concepto que se le aplicó a Gadafi y luego a Assad, y que muy bien pudiera aplicarse a los Saud a continuación.

–Hablas de una alianza temporal tanto por parte de los yihadistas como de Estados Unidos. Ya hemos visto qué estrategia aplican los primeros. ¿Qué es de los otros? Al parecer, la operación siria no tiene el mismo éxito que la que se llevó a cabo en Afganistán en los años 80...
–A corto plazo, hay que reconocer que la estrategia de Estados Unidos está bien pensada. La utilización de grupos islamistas encaja perfectamente en los planes de los imperialistas para derrocar a los regímenes nacionalistas árabes que se les resisten.
La cosa está bien ideada, ya que esa misma estrategia no solo puede ser aplicada al mundo árabe: hoy día, casi el 15% de la población rusa es musulmana. Si consideramos el territorio de la ex Unión Soviética, donde Moscú sigue ejerciendo cierta influencia, esa proporción resulta aún más importante en algunas regiones. Estados Unidos podría recurrir al integrismo musulmán para desestabilizar a Rusia. Sin contar con que esa misma técnica ya se usó en tiempos de Boris Yeltsin, en Yugoslavia, en Chechenia y en otras regiones de Asia central.
También se puede presentar la oportunidad en China, ya que ésta cuenta con una importante minoría musulmana uigur, en el Xin­jiang. E incluso gran parte de Asia es la que puede ser desestabilizada mediante la presencia de grupos integristas: en Malasia, Indonesia, Filipinas...
Estados Unidos tiene pues una buena baza para proseguir su estrategia del caos: una política de tierra quemada que no le permite asegurar el control de un país y sus riquezas, pero que les impide a sus competidores explotarlas.

–Pero ¿no corre peligro el «corto plazo» de plantear problemas a «largo plazo»?
–Es diferente, claro está. Mira lo que está pasando en Libia... Sí, los imperialistas consiguieron  derrocar  a Gadafi.  Pero al mismo tiempo el Estado ha quedado destrozado. Hoy, el país es presa de bandas armadas que se están matando unas a otras. Y luego, la expedición militar de la OTAN tuvo repercusiones en Mali y forzó la intervención de Francia. El imperialismo necesita exportar sus capitales a Libia y explotar su petróleo barato; no puede prescindir de hallar mercados para sus empresas en la reconstrucción necesaria del país... Pero todo eso, actualmente ¡resulta totalmente imposible! La verdad es que Occidente tiene enormes problemas en Libia.
Washington y sus aliados quisieron repetir la operación en Siria, pero el resultado es un fracaso. El gobierno sirio resistió el embate. Tras sufrir varias derrotas, los yihadistas se han pasado a Iraq y allí siembran una y otra vez el caos. Allí también, Occidente sembró las semillas de una situación explosiva.
Es así como podemos constatar que la estrategia de utilizar a grupos islamistas está bien ideada, no cabe duda, pero también que resulta peligrosísima. Primero, puede permitir vislumbrar resultados tangibles a corto plazo, pero, sin embargo, nada está ganado de antemano. Cayó Gadafi, pero Bashar al-Assad no. Después, a medio plazo, Occidente bien pudiera toparse con problemas más serios aún. ¿Cuánto tiempo va a durar la cosa?
Vivimos una situación peligrosa y el peligro concierne a la Humanidad toda. Y no solo a causa de Siria. A través de la agresión a ese país, Occidente atiza un conflicto más amplio: contra Irán, contra Rusia, contra China...  Estados Unidos es una potencia imperialista en declive. El peligro está en que, a pesar de todo; este imperio quiera aferrarse a su rango de primera potencia y entonces puede sumir al mundo en un conflicto generalizado que podría incluso acabar siendo nuclear...

(l). Alain Chouet (entrevistas con Jean Guisnel), En el corazón de los servicios secretos. La amenaza islamista: falsas pistas y auténticos peligros, Editorial La Découverre, 2013.

© Grégoire Lalieu, 2016
Edición propiedad de El Viejo Topo / Ediciones de Intervención Cultural
Diseño: Miguel R. Cabot. Dibujo de portada: BAF.F!
Traducción del francés: Manuel Colinas Balbona, Alex Anfruns y Rocio Anguiano
Relectura y correcciones: Alex Anfruns