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No duermas tu condena



No duermas tu condena


Cuando estás en prisión, haces lo posible por vivir en el pasado o en el futuro, mas nunca en el presente. Es eso o aceptar que este lugar se ha convertido en tu hogar. Vemos televisión, leemos libros, contamos historias; todo lo que esté en nuestras manos para escapar de la realidad. Ocupamos nuestras mentes con la esperanza de una nueva vida que pronto comenzará o con los recuerdos de la vida que ya pasó. Tratamos de pensar que la vida está en cualquier parte, menos aquí; como si se hubiese congelado detrás de estas paredes para recomenzar una vez que crucemos la puerta. Nos merecemos el lujo de creer que así será, hemos obtenido el derecho de cultivar estos pensamientos, es mucho más fácil y reconfortante, y pensar de otra manera, sería absurdo, ¿no lo crees?
Al fin y al cabo, ¿quién querría vivir en un lugar en el que no existe la privacidad, en el que cada llamada es interceptada y grabada, y cada carta abierta y leída?
Un lugar en el que te ordenan cuándo comer, cuándo dormir, cuándo ducharte, cuándo usar el baño; un baño que tienes que compartir con 160 personas más.
Un lugar en el que te obligan a trabajar todo el día por unos cuantos centavos, en el que te castigan si te niegas a hacer el mantenimiento de la prisión que te retiene en cautiverio.
Un lugar en el que te ponen en aislamiento solitario durante seis meses solo por defenderte durante una pelea.
Un lugar en el que te registran cotidianamente, en el que arrojan sin ninguna consideración los pocos objetos que te permiten conservar: todo lo que posees, lo tiran al suelo. La ropa limpia que habías dejado doblada, la encuentras por toda la celda, las sábanas y la almohada de la cama en la que durante años has intentado en vano conciliar el sueño, pisoteadas.
Un lugar en el que te alimentan lo suficiente para sobrevivir pero nada más.
Un lugar sin familia, sin madres, sin padres, sin hermanas, sin hijos, sin hijas.
Un lugar con nada más que hombres; testosterona en cada voz, cada movimiento, cada olor, cada motivación.
Un lugar en el que el contacto se reduce a la violencia.
Un lugar sin mujeres; sin tu otra mitad.
Un lugar sin la indescriptible, y a menudo subestimada, energía femenina.
Un lugar sin equilibrio.
Un lugar de concreto, acero y alambre de púas.
No te equivoques, este es el lugar en el que tienes que vivir, pero no es tu hogar. Y, aunque en prisión no tengamos la calidad de vida que buscamos, aunque las comodidades y la facilidad del mundo exterior nos parezcan el lugar ideal para enfocar nuestra mente, y aunque la tranquilidad del pasado monopolice nuestra atención, debemos ser cuidadosos; cuando el pasado lejano o el futuro incierto, que construimos en nuestras esperanzas y deseos, empiecen a sentirse más reales que el presente, podríamos perdernos.
Si algo he aprendido en esta vida, es que casi nunca se trata de hacer lo más “fácil”, sino de hacer lo “correcto”.
Desde que ingresé a la prisión, me han hecho varias veces esta pregunta: “Si pudieras dormir durante todo el tiempo de tu condena y despertar el día de tu liberación, ¿lo harías?”
Varias personas me han preguntado lo mismo, en varios lugares, en varias ocasiones. Esta pregunta me intriga, y hasta he comenzado a hacérsela a los demás reclusos. Más o menos, diecinueve de veinte personas responden “Sí”, muchas de ellas casi sin pensarlo. Sin embargo, de vez en cuando, alguien responde “No”. Inevitablemente, le preguntarás, con un tono de incredulidad: “¿Por qué?”
Como si no hubiera entendido bien la pregunta y su respuesta fuera precipitada; como si solo un idiota pudiera elegir estar despierto durante esta experiencia. Pero me he dado cuenta que, en realidad, es lo contrario. La persona que responde “No” entiende la pregunta en un nivel más profundo, mucho más que la mayoría, que responde rápidamente “Sí”.
La respuesta a esta pregunta dice mucho de las personas; las que responden “No” son las que más se destacan. No en su manera de responder, sino en su manera de vivir y comportarse en prisión. Son personas con introspectiva, que se preocupan por crecer; son las capas, el movimiento, la redefinición; son las que se interesan y se emocionan; son las que aún no han aceptado la derrota; son personas fuertes de mente y corazón.
¡Sería un desperdicio dormir durante esta experiencia! Por supuesto que sería más fácil, pero también completamente inútil; un completo sacrificio de los limitados e infinitamente importantes años de tu vida.
Nos hemos acostumbrado tanto a huir ante la lucha y las dificultades, que hacemos todo lo posible por evadirlas, pero ¿acaso nuestra meta en la vida es salir ilesos sin aprender nada valioso? Algunas lecciones solo se aprenden a través de la lucha y la adversidad. Si el objetivo es “evadirse”, ¿por qué entonces no dormir todo el tiempo? ¡Al diablo con la vida! Tal vez podríamos encontrar la manera de evadirla por completo.
Los que responden “Sí” a esta pregunta, en el mejor de los casos, están confundidos, y en el peor, son simplemente unos cobardes. No has entendido nada de la vida si piensas que debes evitar lo desagradable a todo precio, como el precio de estar aquí; eres el ciego, el tímido, el débil de mente y de corazón; de hecho, ya estás dormido. Escapar cobardemente de la oportunidad de luchar es un insulto para tu existencia.
No te confundas, esta pregunta no es solo hipotética. ¿Cuántos de nosotros “dormimos” nuestra vida esperando que el futuro nos ofrezca algo mejor?
El sueño más autodestructivo, y a la vez más común, es el de la mente y el corazón.
Al sumirte en un letargo voluntario, especialmente en prisión, pierdes todo y no ganas nada, dejas de apreciar las cosas de la vida que alguna vez tuvieron sentido; pierdes el gusto por la comida, el afecto, la libertad, las mujeres, el amor; todo lo que solo puedes apreciar una vez que lo has perdido.
Mientras duermes, pierdes la oportunidad de ver que la mente humana ─tu mente─ puede superarlo todo, y que no solo sobrevivirá a ello, sino que también florecerá.
Mientras duermes, dejas pasar los vínculos especiales que se crean durante la lucha, los amigos de toda la vida; te pierdes las risas más sinceras, provocadas por las bromas sobre el patíbulo; dejas de ver con claridad las perlas raras de tu vida, que te aman y apoyan, pase lo que pase, aunque no tengan ningún motivo para hacerlo; pierdes la posibilidad de saber quién está de tu lado en realidad, de descubrir quién estará ahí a la hora de la verdad; pierdes la posibilidad de adquirir y mejorar la confianza en ti mismo; pierdes la oportunidad de escuchar, de aprender, de ver de qué estás hecho; pierdes la oportunidad de levantarte de las cenizas, indestructible y nuevo.
Es fácil “dormir” en un lugar como este; vivir en un futuro imaginario mientras la vida se te escapa de las manos; creer que la vida no puede continuar detrás de unas rejas tan estrechas, unos alambres tan cortantes y unas paredes tan gruesas. Pero te equivocas, la vida no solo sucede durante los momentos de calma, de confort o de placer. Al contrario, la mayoría de las cosas importantes ocurren durante un intervalo de calma. El objetivo de esta bella y aterradora montaña rusa llamada vida son los giros y los descensos repentinos. Al menos, de eso es lo que hablas cuando te bajas de ella.
Así que no cierres los ojos, no mires hacia otro lado y, hagas lo que hagas, no te quedes “dormido”.
Robert Lee Allen, encarcelado en el estado de Michigan, se encuentra actualmente cumpliendo su quinto año de prisión de los 17 a los que fue condenado. Vía Tokata.info

[ Testu hau nik maiatzean argitaratutako Nada aldizkariaren webgunetik hartu diNat]

El juego

El Juego 

No se puede escapar a la confusión que envuelve a la noción de juego, desde el punto de vista léxico y desde el punto de vista práctico, más que considerando los cambios que ha sufrido. Tras padecer durante dos siglos la continua idealización de la producción, las funciones sociales primitivas del juego se manifiestan como supervivencias bastardas mezcladas con formas inferiores que proceden directamente de las necesidades actuales de organización de dicha producción. Al mismo tiempo, aparecen las tendencias progresistas del juego en relación con el desarrollo de las fuerzas productivas.
Parece que la nueva fase de afirmación del juego debe caracterizarse por (a desaparición de todo elemento competitivo. La cuestión de ganar o perder, casi inseparable de la actividad lúdica hasta ahora, está ligada a todas las demás manifestaciones de tensión entre los individuos por la apropiación de los bienes. La sensación de importancia de ganar en el juego, que produce satisfacciones concretas a menudo ilusorias, es el producto perverso de una sociedad perversa. Esta sensación es sencillamente explotada por todas las formas conservadoras que se sirven del juego para enmascarar la monotonía y la atrocidad de las condiciones de vida que imponen. Basta pensar en las reivindicaciones que desvía el deporte de competición, que se impone en su forma moderna en Gran Bretaña precisamente con el desarrollo de las fábricas. No sólo los insensatos se identifican con los jugadores profesionales o los equipos, que asumen para ellos el mismo papel mítico que las estrellas de cine y los hombres de estado que viven y deciden en su lugar; la interminable serie de resultados de estas competiciones no deja de interesar a los observadores. La participación directa en un juego, incluso en los que requieren cierto ejercicio intelectual, pierde interés en cuanto hay que aceptar la competición por sí misma en el marco de las reglas establecidas. Nada muestra mejor el menosprecio contemporáneo que se tiene hacia la idea de juego como la petulante afirmación que abre el Breviario del ajedrez de Tartakower: “Se conoce universalmente al ajedrez como el rey de los juegos”.
El elemento competitivo tendrá que desaparecer para dejar paso a una concepción realmente colectiva del juego: la creación en común de ambientes lúdicos elegidos. La separación crucial que tenemos que superar es la que se establece entre juego y vida corriente, que entiende el juego como una excepción aislada y provisional. “En medio de la imperfección del mundo y de la confusión de la vida”, escribe Johan Huizinga, “el juego realiza una perfección témpora] y limitada”. La vida corriente, condicionada hasta ahora por el problema de la subsistencia, puede ser dominada racionalmente —esta posibilidad es el eje de todos los conflictos de nuestro tiempo— y el juego ha de invadir la vida entera rompiendo radicalmente con un tiempo y un espacio lúdicos limitados. No tendría como fin la perfección, al menos en la medida en que dicha perfección suponga una construcción estática opuesta a la vida. Pero puede proponerse llevar a la perfección la bella confusión de la vida. El barroco, calificado por Eugenio d’Ors como “vacación de la historia” para limitarlo definitivamente, y el más allá organizado del barroco jugarán un gran papel en el reinado cercano del ocio.
Desde esta perspectiva histórica, el juego —la experimentación permanente de novedades lúdicas— no se presenta en absoluto al margen de la ética y de la cuestión del sentido de la vida. El único triunfo que puede concebirse en el juego es la consecución inmediata de su ambiente y el aumento constante de sus posibilidades. Aunque el juego no puede dejar completamente de lado un perfil competitivo mientras coexista con los residuos de la fase de decadencia, su meta debe ser al menos producir condiciones favorables para la vida directa. En este sentido es todavía lucha y representación: lucha por una vida ajustada a los deseos y representación concreta de esa vida.
La existencia marginal del juego con respecto a la abrumadora realidad del trabajo se experimenta como algo ficticio, pero el trabajo de los situacionistas es precisamente la preparación de futuras posibilidades lúdicas. Puede sentirse la tentación de menospreciar a la Internacional situacionista al reconocer fácilmente en ella algunos aspectos de un gran juego. “Pero ya hemos observado”, dice Huizinga, “que ‘simplemente jugar’ no excluye en absoluto la posibilidad de hacerlo con una seriedad extrema…”
Internacional Situacionista
Junio de 1958

[ Revista NADA aldizkaritik hartutako testua ]

Ideas anarquizantes en la historia antes del anarquismo

[ Nada aldizkaritik hartutako informazioa duNK hau. Askatasunaren eta anarkiaren aldeko `prehistoria´ edo protohistoria] 

Ideas anarquizantes en la historia antes del anarquismo


Antiguamente, pues, el reino de la autoridad fue general, los esfuerzos ambiguos, mixtos (la libertad por la autoridad) fueron raros, pero continuos, y una comprensión anarquista, al menos parcial y tanto más una integral, ha debido ser muy rara, tanto porque exigía condiciones favorables para nacer, como porque fue cruelmente perseguida y eliminada por la fuerza o gastada, desamparada, nivelada por la rutina. Sin embargo, si de la promiscuidad tribal se llegó a la vida privada relativamente respetada de los individuos, no es sólo el resultado de causas económicas, sino que fue un primer paso de la marcha de la tutela a la emancipación; y de sentimientos paralelos al antiestatismo de los hombres modernos, han pasado los hombres de esos tiempos antiguos a esta dirección. Desobediencia, desconfianza de la tiranía y rebelión han impulsado a muchos hombres enérgicos a forjarse una independencia que han sabido defender o han sucumbido. Otros supieron sustraerse a la autoridad por su inteligencia y por capacidades especiales, y si en un tiempo dado los hombres pasaron de la no-propiedad ( accesibilidad general) y de la propiedad colectiva ( de la tribu o de los residentes locales) a la propiedad privada, no sólo la codicia de posesión, sino también la necesidad, la voluntad de una independencia asegurada, han debido impulsarlos a ello.
Los pensadores anarquistas integrales de esos antiguos tiempos, si los hubo, son desconocidos, pero es característico que todas las mitologías han conservado la memoria de rebeliones, e incluso de luchas nunca terminadas, de una raza de rebeldes contra los dioses más poderosos. Son los Titanes que dan el asalto al Olimpo, Prometeo desafiando a Zeus, las fuerzas sombrías que en la mitología nórdica provocan el crepúsculo de los dioses, es el diablo que en la mitologíá cristiana no cede nunca y lucha a toda hora y en cada individuo contra el buen Dios, ese Lucifer rebelde que Bakunin respetaba tanto, y muchos otros. Si los sacerdotes, que manipulaban esos relatos tendenciosos en el interés conservador, no han eliminado esos atentados peligrosos a la omnipotencia de sus dioses, es que las tradiciones que tenían por base han debido estar tan arraigadas en el alma popular que no se han atrevido a ello y sólo se contentaron con desnaturalizar los hechos, insultando a los rebeldes, o bien han imaginado más tarde interpretaciones fantásticas para intimidar a los creyentes, como sobre todo la mitología cristiana con su pecado original, la caída del hombre, su redención y el juicio final, esa consagración y apología de la esclavitud de los hombres, de las prerrogativas de los sacerdotes como mediadores, y esa postergación de las reivindicaciones de justicia para el último término imaginable, para el fin del mundo. Por consiguiente, si no hubiese habido siempre rebeldes atrevidos y escépticos inteligentes, los sacerdotes no se habrían tomado tanto trabajo.
La lucha por la vida y la ayuda mutua estaban quizás inseparablemente entrelazadas en esos antiguos tiempos. ¿Qué es la ayuda mutua sino la lucha por la vida colectiva, protegiéndose así una colectividad contra un peligro que aplastaría a los aislados? ¿Qué es la lucha por la vida sino un individuo que reúne un mayor número de fuerzas o capacidades triunfando sobre otro que reune una cantidad más pequeña? El progreso se hizo por independencias e individualizaciones fundadas en un medio de sociabilidad relativamente segura y elevada. Los grandes despotismos orientales no permitieron verdaderos progresos intelectuales, pero sí el ambiente del mundo griego, compuesto de autonomías más locales, y la primera floración del pensamiento libre que conocemos fue la filosofía griega, que ha podido en el curso de los siglos, tener conocimiento de lo que pensaban en la India y en China algunos pensadores, pero que ante todo hizo una obra independiente, que ya los romanos, a quienes les interesaba tanto instruirse en las fuentes griegas de la civilización, no pudieron comprender y continuar y menos aún el mundo inculto del milenio de la edad media.
Lo que se llama filosofía fueron al comienzo reflexiones todo lo independientes que es posible de la tradición religiosa por individuos que dependían de su ambiente, y sacadas de observaciones más directas y, algunas, resultados de la experiencia; reflexiones por ejemplo sobre el origen y la esencia de los mundos y de las cosas (cosmogenia), sobre la conducta individual y sus mejoras deseables (moral), sobre la conducta colectiva cívica y social (politica social) y sobre un conjunto más perfecto en el porvenir y los medios de llegar a él (el ideal filosófico que es una utopía, derivada de las opiniones que esos pensadores se han formado sobre el pasado, el presente y la dirección de la evolución que creen haber observado o que consideran útil y deseable). Las religiones se habían formado antes aproximadamente de manera parecida, sólo que en condiciones generales más primitivas, y la teocracia de los sacerdotes y el despotismo de los Reyes y de los jefes corresponden a ese estadio. Esa población de los territorios griegos, continente e islas, que se mantenía contra los despotismos vecinos, fundando una vida cívica, autonomías, federaciones, rivalizando en pequeños centros de cultura, produce también esos filósofos que se elevaron sobre el pasado, que trataban de ser útiles a sus pequeñas Repúblicas patrias y concebían sueños de progreso y de felicidad general (sin atreverse o sin querer tocar a la esclavitud, claro está, lo que muestra cuan difícil es elevarse verdaderamente sobre el ambiente).
De esos tiempos datan el gubernamentalismo de formas en apariencia más modernas, y la política, que tomaron el puesto del despotismo asiático y de la arbitrariedad pura, sin reemplazarlos totalmente. Fue un progreso semejante al de la revolución francesa y al del siglo XIX, comparados con el absolutismo del siglo XVIII, y como este último progreso dio un gran impulso al socialismo integral y a la concepción anarquista, así al lado de la masa de los filósofos y de los hombres de Estado griegos moderados y conservadores, hubo pensadores intrépidos que llegaron ya entonces a las ideas socialistas estatales, los unos, y a las ideas anarquistas, los otros -una pequeña minoría, sin duda-, pero hombres que hicieron su marca, que no se les pudo ya borrar de la historia, aunque rivalidades de escuela, persecuciones o la incuria de edades ignorantes hayan hecho desaparecer los escritos. Lo que de ellos subsiste se ha preservado sobre todo como extractos en textos de autores reconocidos que se han conservado.
Había en esas pequeñas Repúblicas siempre amenazadas, y ambiciosas y agresivas a su vez, un culto extremo al civismo, al patriotismo, y había también riñas de los partidos, demagogia, y la preocupación del poder, y sobre esa base se desarrolló un comunismo muy crudo. De ahí la aversión de otros contra la democracia y la idea de un gobierno de los más prudentes, de los sabios, de los hombres de edad, como soñaba Platón. Pero también la aversión contra el Estado, del que había que apartarse, que profesó Aristipo, las ideas libertarias de Antifon, y sobre todo la gran obra de Zenon (342-270 a. de C.), el fundador de la escuela estoica, que elimina toda coacción exterior y proclama el impulso moral propio en el individuo como único y suficiente regulador de las acciones del individuo y de la comunidad. Fue un primer grito claro de la libertad humana que se sentía adulta y se despojaba de sus lazos autoritarios, y no hay que asombrarse de que ese trabajo fuese ante todo depurado por generaciones futuras, luego completamente dejado al margen para irse perdiendo.
Sin embargo, como las religiones transportan las aspiraciones de justicia y de igualdad a un cielo ficticio, también los filósofos y algunos jurisconsultos se transmitieron el ideal de un derecho verdaderamente justo y equitativo, basado en las exigencias formuladas por Zenón y los estoicos; fue el llamado derecho natural que, como igualmente una concepción ideal de la religión, la religión natural, iluminó débilmente numerosos siglos de crueldad y de ignorancia, y a su resplandor en fin se rehicieron los espíritus y se comenzó a querer hacer realidades de esas abstracciones ideales. Ese es el primer gran servicio que la idea libertarla ha prestado a la humanidad: su ideal, tan enteramente opuesto al ideal del reino supremo y definitivo de la autoridad, es absorbido después en más de dos mil años y queda implantado en cada hombre honesto que sabe perfectamente que es eso lo que haría falta, por eséptico, ignorante o desviado que esté, a causa de intereses particulares, en relación a la posibilidad, y sobre todo a la posibilidad próxima, de realizaciones.
Pero se comprende también que la autoridad -Estado, propiedad, iglesia- veló contra la popularización de esas ideas, y se sabe que la República y el Imperio romano y la Roma de los Papas hasta el siglo XV, imponían al mundo occidental un fascismo intelectual absoluto, con el despotismo oriental que renacía en bizantinos, y turcos y zarismo ruso (continuado virtualmente por el bolcheviquismo ruso) como complemento. Entonces, hasta el siglo XV y más tarde aún (Servet, Bruno, Vanini), el pensamiento libre fue impedido bajo peligro de pena de muerte y no pudo transmitirse más que secretamente por algunos sabios y sus discípulos, tal vez en el núcleo más íntimo de algunas sociedades secretas. No se mostró en plena luz del día más que cuando, entremezclado con el fanatismo o el misticismo de las sectas religiosas, no temía ya nada, sintiéndose impulsado al sacrificio, sabiéndose consagrado o consagrándose alegremente a la muerte. Aquí las fuentes originales fueron cuidadosamente destruídas y no conocemos más que las voces de los denunciadores, de los insultadores y a menudo de los verdugos. Así Karpokrates, de la escuela gnóstica en Egipto, preconizó una vida en comunismo libre en el siglo segundo de la era presente, y también esta idea emitida en el Nuevo Testamento (Pablo a los Galateos): si el espíritu os manda, no estáis sin ley – pareció prestarse a la vida fuera del Estado, sin ley ni amo.
Los últimos seis siglos de la Edad Media fueron la época de las luchas de autonomías locales (ciudades y pequeños territorios) dispuestos a federarse y de grandes territorios que fueron unificados para formar los grandes Estados modernos, unidades políticas y económicas. Si las pequeñas unidades eran centros de civilización y habrían podido prosperar por su propio trabajo productivo, por federaciones útiles a sus intereses, y por la superioridad que su riqueza les dio sobre los territorios agrícolas pobres y sobre las ciudades menos afortunadas, su éxito completo no habría sido más que la consagración de esas ventajas a expensas de la inferioridad continua de los menos favorecidos. ¿Es más importante que algunas ciudades libres, Florencia, Venecia, Génova, Augsburg, Nurenberg, Bremen, Cante, Brujas y otras se enriquezcan o que todos los países en que están situadas sean elevados en confort, en educación, etc? La historia, hasta 1919 al menos, ha decidido en el sentido de las grandes unidades económicas y las autonomías fueron reducidas o han caído. La autoridad, el deseo de extenderse, de dominar, estaba verdaderamente en ambas partes, en los microcosmos y en los macrocosmos y la libertad fue un término explotado por los unos y por los otros; los unos rompieron el poder de las ciudades y de sus conjuraciones (ligas); los otros el de los Reyes y de sus Estados. Sin embargo, en esta situación las ciudades favorecían a veces el pensamiento independiente, la investigación científica, y permitieron a los disidentes y heréticos, proscritos en otras partes, hallar en ellas un asilo temporal. Sobre todo allí donde los municipios romanos situados en los caminos del comercio, u otras ciudades prósperas, eran más numerosas, había focos de esa indepedencia intelectual; de Valencia y Barcelona hacia la Alta Italia y Toscana, hacia la Alsacia, Suiza, Alemania meridional y Bohemia, por París hacia las Bocas del Rhin, Flandes y Países Bajos y el litoral germánico (las ciudades hanseáticas), tal fue ese país sembrado de focos de libertades locales. Y fueron las guerras de los emperadores en Italia, la cruzada contra los albigenses y la centralización de Francia por los Reyes, sobre todo por Luis XI, la supremacía castellana en España, las luchas de los Estados contra las ciudades en el mediodía y en el norte alemán, por los duques de Borgoña, etc., las que produjeron la supremacía de los grandes Estados.
Entre las sectas cristianas se nombra sobre todo a esos Hermanos y Hermanas de espíritu libre como practicantes de un comunismo ilimitado entre ellos. Partiendo probablemente de Francia, destruidos por la persecución, su tradición ha sobrevivido más en Holanda y en Flandes y los Klompdraggers del siglo XIV y los partidarios de Eligius Praystinck, los libertinos de Amberes en el siglo XVI (los loistas) , parecen derivarse de ellos. En Bohemia, después de los husitas, Peter Chelchicky preconizó una conducta moral y social que recuerda la enseñanza de Tolstoi. También allí había sectas de prácticos, llamados libertinos directos, los adamitas sobre todo. Se conocen algunos escritos, sobre todo de Chelchicky ( cuyos partidarios moderados se conocieron más tarde como Hermanos moravos) , pero en cuanto a las sectas más avanzadas se han reducido a los peores libelos de sus perseguidores devotos, y es difícil, si no imposible, distinguir en qué grado su desafío a los Estados y a las leyes era un acto antiautoritario consciente. Porque se dicen autorizadas por la palabra de Dios, que es así su amo supremo.
En suma, la Edad Media no pudo producir un libertarismo racional e integral. Sólo el re-descubrimiento del paganismo griego y romano, el humanismo del Renacimiento, dio a muchos hombres instruidos medios de comparación, de crítica; veían varias mitologías tan perfectas como la mitología cristiana, y entre la fe en todo eso y la fe en nada de ello, algunos se han emancipado de toda creencia. El título de un pequeño escrito de origen desconocido, De tribus imposioribus, sobre los tres impostores (Moisés, Cristo y Mahoma) marca esa tendencia y, en fin, un sacerdote francés, François Rabelais, escribe las palabras libertadoras Haz lo que quieras, y un joven jurista, Etienne de la Boetie (1530-1563), nos dejó el fámoso Discours de la servitude volontaire.
Estas investigaciones históricas nos enseñan a ser modestos en nuestras expectativas. No sería difícil hallar los más bellos elogios de la libertad, del heroísmo de los tiranicidas y otros rebeldes, de las revueltas sociales populares, etc.; pero la comprensión del mal inmanente en la autoridad, la confianza completa en la libertad, eso es rarísimo, y las manifestaciones mencionadas aquí son como las primeras tentativas intelectuales y morales de los hombres para marchar de pie sin andadores tutelares y sin cadenas de coacción. Parece poco, pero es algo, y no ha sido olvidado. Frente a los tres impostores se erigió al fin la ciencia, la razón libre, la investigación profunda, el experimento y una verdadera experiencia. La Abbaye de Thézeme, que no ha sido la primera de las islas dichosas imaginadas, no fue la última, y junto a las utopías autoritarias, estatistas, que reflejan los nuevos grandes Estados centralizadores, hubo aspiraciones de vida idílica, inofensiva, graciosa, llena de respetos, afirmaciones de la necesidad de libertad y de convivencia en esos siglos XVI, XVII, XVIII de las guerras de conquista, de religión, de comercio, de dIplomacia y de las crueles colonizaciones de ultramar – el sometimiento de los nuevos continentes -. Y la servidumbre voluntaria tomaba a veces impulso para poner fin a sí misma, como en la lucha de los Países Bajos y contra la realeza de los Stuart en los siglos XVI y XVII y la lucha de las colonias norteamericanas contra Inglaterra en el siglo XVIII. hasta la emancipación de la América latina a comienzos del siglo XIX. La desobediencia entró así en la vida política y social. De igual modo el espíritu de la asociación voluntaria, de los proyectos y tentativas de cooperación industrial en Europa, ya en el siglo XVII, de la vida práctica por organizaciones más o menos autónomas y autogobernadas en América del Norte antes y después de la separación de Inglaterra. Ya los últimos siglos de la Edad Media habían visto el desafío de la Suiza central al Imperio alemán y su triunfo, las grandes revueltas de los campesinos, las afirmaciones violentas de independencia local en varias partes de la Península ibérica; París se manturo firme contra la realeza en diversas ocasiones, hasta el siglo XVII, y de nuevo en 1789.
El fermento libertario, lo sé bien, era todavía demasiado pequeño, y los rebeldes de ayer se quedan prendidos en una nueva autoridad al día siguiente. Todavía se puede hacer matar a los pueblos en nombre de tal o cual religión y, más aún, se les inculcó las religiones intensificadas de la Reforma y por otra parte se les puso bajo la tutela y la férula de los jesuitas. Europa, además, fue sometida a la burocracia, a la policía, a los ejércitos permanentes, a la aristocracia ya las Cortes de los Príncipes, aun siendo sutilmente dirigida por los poderosos del comercio y de las finanzas. Muy pocos hombres entreveían a veces soluciones libertarias y hablaban de ellas en algunos pasajes de sus utopías, como por ejemplo Gabriel Faigny en Les Aventures de Jacques Sadeur dans la découverte et le voyage de la Terre australe (1676); o sirviéndose de la ficción de los salvajes que no conocían la vida refinada de los Estados policiales, como por ejemplo Nicolás Gueudeville en los Entretiens entre un sauvage et le baron de Hontan (1704); o bien Diderot en el famoso Supplément au Voyage de Bougainville.
Hubo el esfuerzo de acción directa, la recuperación de la libertad después de la caída de la monarquía en Inglaterra en 1649, hecha por Gerard Winstanley (the Digger); los proyectos de socialismo voluntario por asociación, de P. C. Plockboy (1658) , un holandés, John Bellers (1695), el escocés Robert Wallace (1761), en Francia de Rétif de la Bretonne.
Razonadores inteligentes disecaban el estatismo, como – no importa que haya sido una extravagancia- Edmund Burke en A Vindication of Natural Society (1756), y en Diderot fue familiar una argumentación verdaderamente anarquista. Hubo aislados que impugnaban la ley y la autoridad, como William Harris en el territorio de Rhode Island (Estados Unidos), en el siglo XVII; Mathias Knutsen, en el mismo siglo, en el Holstein; el benedictino Dom Deschamps, en el siglo XVIII, en un manuscrito, dejado por él, en Francia ( conocido desde 1865); también A. F. Doni, Montesquieu (los trogloditas), G. F. Rebmann (1794), Dulaurens (1766, en algunos rincones de Compêre Matthieu), esbozan pequeños países y refugios felices sin propiedad ni leyes. En las décadas anteriores a la revolución francesa, Sylvain Maréchal (1750 – 1803), un parisien, propuso un anarquismo muy claramente razonado, en la forma velada de la vida feliz de una edad pastoral arcadiana; así en L’Age d’Or, recueil de contes pastoraux par de Berger Sylvain (1782) y en Livre échappé ou déluge ou Pseaumes nouvellement découverts (1784-). El mismo hizo una propaganda ateísta de las más decididas y en sus Apologues modernes, a l’usage d’un Dauphin (1788) , esboza ya las visiones de los Reyes deportados todos a una isla desierta en que acaban por destruirse unos a otros, y de la huelga general, por la cual los productores, las tres cuartas partes de la población, establecen la sociedad libre. Durante la revolución francesa Maréchal fue impresionado y seducido por el terrorismo revolucionario, pero no pudo menos, sin embargo, de poner en el Manifeste des Egaux de los babouvistas, estas palabras famosas: desapareced, repulsivas diferencias de gobernadores y de gobernados, que fueron radicalmente desaprobadas durante su proceso por los acusados socialistas autoritarios y por Buonarroti mismo.
Se encuentran ideas anarquistas claramente expresadas por Lessing, el Diderot alemán del siglo XVIII ; los filósofos Fichte y Krause, Wilhelm von Humboidt (1792); (el hermano de Alejandro) se inclinan del lado libertario en algunos de sus escritos. De igual modo los jóvenes poetas ingleses S. T. Coleridge y sus amigos del tiempo de su Pantisocracy. Una primera aplicación de esos sentimientos se encuentra en la reforma de la pedagogía entrevista en el siglo XVII por Amos Comenius, que recibió su impulso por J. J. Rousseau, bajo la influencia de todas las ideas humanitarias e igualitarias del siglo XVII, y particularmente atendida en Suiza (Pestalozzi) y en Alemania, donde también Goethe contribuyó de buena gana. En el núcleo más íntimo de los Iluminados alemanes (Weishaupt), la sociedad sin autoridad fue reconocida como objetivo final. Franz Baader (en Baviera) fue impresionadísimo por la Enquiry on Political Justice de Godwin, que apareció en alemán ( sólo la primera parte en 1803, en Würzburg, Baviera) y también Georg Forster, el hombre de ciencia y revolucionario alemán leyó ese libro en París, en 1793, pero murió pocos meses después, en enero de 1794, sin haber podido dar una expresión pública sobre ese libro que le fascinó (carta del 23 de julio de 1793) .
Estas son referencias rápidas de los principales materiales que he discutido en el libro Der Vorfrühling der Anarchie, 1925, págs. 5-66. Es probable que por algunos meses de investigaciones especiales en el British Museum, las completase un poco, y son sobre todo libros españoles, italianos, holandeses y escandinavos los que no he consultado sino muy poco. En los Iibros franceses, ingleses y alemanes he buscado ya mucho. En suma, lo que falta puede ser numeroso e interesante, pero no será probablemente de primera importancia, o su repercusión sobre los materiales ya conocidos nos habría advertido de su existencia.
Los materiales no son, pues, muy numerosos, pero son bastante notorios. Todo el mundo conoce a Rabelais; a través de Montagine se llegó siempre a La Boetie. La utopía de Gabriel Foigny fue bien conocida, varias veces reimpresa y traducida. La idea juvenil o la escapada de Burke, tuvo gran voga, y Sylvain Maréchal hizo hablar de sí bastante. Diderot y Lessing fueron clásicos. Así esas concepciones profundamente antiautoritarias, esa crítica y rechazo de la idea gubernamental, los esfuerzos serios para reducir e incluso negar el puesto de la autoridad en la educación, en las relaciones de los sexos, en la vida religiosa, en los asuntos públicos, todo eso no pasó desapercibido para el mundo avanzado del siglo XVIII y se puede decir que, como ideal supremo, sólo los reaccionarios lo combatían y sólo los moderados ponderados lo creían irrealizable para siempre. Por el derecho natural, la religión natural o la concepción materialista del tipo d’Holbach (Sisteme de la Nature, 1770) y de Lamettrie, por el encaminamiento de una menor a una mayor perfección de las sociedades secretas, todos los cosmopolitas humanitarios del siglo estaban intelectualmente en ruta hacia el mínimo de gobierno, sino hacia su ausencia total para los hombres libres. Los Herder y los Condorcet, Mary Wollstonecraft como no mucho después el joven Shelley, todos comprendieron que el porvenir va hacia una humanización de los hombres, que reduciría a nada inevitablemente el gubernamentalismo.
Tal fue la situación en vísperas de la revolución francesa, cuando no se conocían sino todas las fuerzas que un golpe decisivo dado al antiguo régimen iba a poner en movimiento para el bien y para el mal. Se estaba rodeado de aprovechadores insolentes de la autoridad y de todas sus víctimas seculares, pero los hombres del progreso querían un máximo de libertad y tenían buena conciencia y buena esperanza. La larga noche de la era de autoridad iba al fin a terminar …
Max Nettlau

Capítulo “Libertad y anarquía: sus más antiguas manifestaciones y las concepciones libertarias hasta 1789” de su libro “La Anarquía a través de los tiempos” [pdf.]

Campaña de apoyo para la publicación del nº5 de NADA

Campaña de apoyo para la publicación del nº5 de NADA  

Campaña de apoyo para publicar el número 5 de la revista nihilista NADA.png
Amigx de la revista NADA,
Llevamos bastante tiempo -tal vez demasiado- preparando el especial de la revista NADA nº5, un proyecto que de alargarlo más entraría dentro de la categoría “leyenda urbana”. Ha llegado el momento. Ocurra lo que ocurra con esta campaña vamos a sacar el número 5 en papel y, como hemos hecho siempre, también lo publicaremos online y descargable gratuitamente.
No te vamos a contar la trayectoria de todos estos años ni a intentar condicionarte de forma sutil para que te animes a apoyarnos. Nada de manipulaciones o sugestiones emocionales. Si nos conoces ya lo sabes y si no nos conoces te animamos a que lo hagas por ti mismx. Iniciamos esta campaña de apoyo para imprimir el número 5 de la revista NADA, así de sencillo. La impresión y distribución tienen unos costes y queremos hacer una tirada larga para llegar a todxs lxs que lo deseen, por eso hemos decidido abrirnos y posibilitar que quien lo desee pueda apoyarnos de la forma que quiera o pueda.
¿Qué necesitamos? Honestamente, tu dinero y tus ideas. Hemos habilitado una cuenta en paypal para recibir las ofrendas, donaciones o cómo quieras llamarlo:
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No hemos iniciado ninguna campaña de micromecenazgo o crowdfunding porque no queremos depender de ninguna plataforma financiera más, bastante nos incomoda la pasarela de pago. Además somos clarxs: vamos a sacar el número 5 con o sin tu apoyo. El apoyo servirá, como hemos comentado antes, para que la revista tenga la mejor calidad posible, sacar una tirada mayor y tener una distribución digna.
¿Entonces qué ganas tú apoyándonos? Eso te lo tendrás que responder tú mismx. No hay un mínimo ni un máximo, las aportaciones son libres -faltaría más. Eso sí, hemos decidido que a partir de 5€ la ofrenda-donación se convierte en una precompra de un ejemplar de la revista, ya que a partir de esa cantidad no sólo posibilitarías que imprimamos tu ejemplar sino el de otra persona. Nos parece lo justo y lo más funcional por ambas partes. Por eso te aconsejamos que nos mandes tus datos de envío al realizar el donativo. Si se te olvida no te preocupes, nos pondremos en contacto contigo de todas formas.
Esta campaña va a tener 2 meses de duración, no queremos alargarla más. En 3 meses -salvo imprevistos y desastres postapocalípticos inesperados- la revista estará en la calle y, con un poco de suerte, en tus manos también.
Hemos hablado de dinero pero, ¿y las ideas que puedes aportar? Nada nuevo, puedes colaborar o aportar ideas en la sección “colabora“. Si lo tienes ya muy claro directamente contacta con nosotrxs.
¿Si no tienes ni dinero ni ideas cómo puedes ayudar? Compartiendo y difundiéndolo, por ejemplo. O lo que se te ocurra, seguro que tú también estás hartx de que te digan lo que tienes que hacer aunque sea de forma sutil, apelando a tu solidaridad o enredando en tus emociones. Las negritas del texto son para subrayar los puntos importantes, no para guiar tu atención sino para facilitar la lectura.
Sin más que añadir por el momento, aprovechamos para mandarte un abrazo.

[ Nada aldizkariaren duela bi hilabete pasatxoko eskea izan duNK hau ]

Superando el Turismo

[-tik hartutako Hakim Bey-ren testo interesgarria]

Superando el Turismo

tourist you are the terrorist guiris go home antiturismo
En los Viejos Días el turismo no existía. Gitanos, caldereros, y otros verdaderos nómadas, incluso ahora vagan por sus mundos a voluntad, pero nadie pensaría en llamarlos “turistas”.
El turismo es una invención del siglo XIX -un periodo de la historia que a veces parece haberse alargado de forma antinatural. En muchos sentidos, aún estamos viviendo en el siglo XIX.
El turista busca Cultura porque en nuestro mundo, la cultura ha desaparecido en el estómago de la cultura del Espectáculo, ha sido derribada y sustituida con el Centro Comercial y el show televisivo. Porque nuestra educación sólo es una preparación para una vida de trabajo y consumo, porque nosotros mismos hemos dejado de crear. A pesar de que los turistas parezcan estar físicamente presentes en la Naturaleza o la Cultura, uno podría considerarles fantasmas encantando ruinas, carentes de toda presencia física. No están realmente ahí, sino que se mueven a través de un paisaje mental, una abstracción (“Naturaleza”, “Cultura”), coleccionando imágenes en lugar de experiencia. Demasiado frecuentemente sus vacaciones suceden entre la miseria de otras personas e incluso se añaden a esta.
Hace no mucho, algunas personas fueron asesinadas en Egipto por ser terroristas. He aquí …. el Futuro. Turismo y terrorismo: ¿hay diferencia?
De las tres razones arcaicas para viajar – llamémoslas “guerra”, “comercio” y “peregrinaje” -, ¿cuál dio origen al turismo? Algunos responderían automáticamente que peregrinaje. El peregrino va “allí” a ver, y normalmente tras algún souvenir de vuelta; el peregrino saca “tiempo” de la vida diaria; el peregrino tiene objetivos no-materiales. En este sentido, el peregrino prefigura al turista.
Sin embargo, en su viaje el peregrino sufre un deslizamiento de su consciencia, y para el peregrino este deslizamiento es real. El peregrinaje es una forma de iniciación, y una iniciación es la apertura a otras formas de cognición.
Para detectar algo de la verdadera diferencia entre el peregrino y el turista, podemos comparar sus efectos en los lugares que visitan. Los cambios en un lugar -una ciudad, un templo, un bosque- pueden ser sutiles, pero al menos pueden ser observados. El estado del alma puede ser objeto de conjeturas, pero quizá podamos decir algo sobre el estado de lo social.
Lugares de peregrinaje como La Meca pueden servir como grandes bazares para el comercio, e incluso como centros de producción (como la industria de seda de Benares), pero su principal es la “baraka” o “maria”. Estas palabras (una árabe, otra polinesia), se traducen como “bendición”, pero también conllevan otra serie de significados.
La derviche nómada que duerme en un templo para soñar con un santo muerto (una de la “Gente de las Tumbas”) busca iniciación o avance en el camino espiritual; una madre que lleva a su hijo enfermo a Lourdes busca sanación; una mujer sin hijos en Marruecos tiene la esperanza de que el Marabout la haga fértil si ata un andrajo al viejo árbol que crece fuera de la fosa; el viajero a La Meca anhela el mismo centro de la Fé, y cuando las caravanas caen bajo la vista de la Ciudad Santa el hajji grita, “Labbaïka Allabumma!” (¡Estoy aquí, Señor!)
Todos estos motivos se reunen en la palabra baraka, que a veces parecería ser una sustancia palpable, medible en términos de carisma o “suerte” ampliados. El lugar sagrado produce baraka, y el peregrino la coge. Pero la bendición es un producto de la Imaginación: por tanto no importa cuantos peregrinos se la lleven, pues siempre habrá más. De hecho, cuanto más cojan, más bendición producirá el lugar sagrado (ya que un templo popular crece con cada rezo respondido).
Decir que baraka es “imaginario” no es llamarlo “irreal”. Es lo suficientemente real para aquellos que lo sienten. Pero los bienes espirituales no siguen las reglas de la oferta y la demanda como lo hacen los bienes materiales. Cuanta más demanda, más oferta. La producción de baraka es infinita.
Como contraste, el turista no desea baraka sino diferencia cultural. El peregrino, podríamos decir, deja el “espacio secular” de la casa y viaja al “espacio sagrado” del templo para experimentar la diferencia entre lo secular y lo sagrado. Pero esta diferencia queda como intangible, sutil, espiritual, invisible a la mirada “profana”. La diferencia cultural sin embargo es medible, aparente, visible, material, económica, social.
La imaginación del “primer mundo” capitalista está agotada. No puede imaginar nada distinto. Así que el turista deja el espacio homogéneo del “hogar” para el espacio heterogéneo de los lugares extranjeros, no para recibir una “bendición” sino para admirar lo pintoresco, la mera visión de la diferencia, para ver la diferencia.
El turista consume diferencia.
Sin embargo, la producción de diferencia cultural no es infinita. No es “meramente” imaginaria. Sus raíces parten del lenguaje, el paisaje, la arquitectura, costumbres, olor, sabor. Es muy física. Cuanto más se utiliza o más se coge, menos queda. Lo social puede producir una cierta cantidad de “significado”, una cierta cantidad de diferencia. Una vez se ha ido,… se acabó.
Durante los siglos quizá un determinado lugar sagrado atrajo a millones de peregrinos – y aun así de algún modo, a pesar de todo lo que fue observado y admirado y rezado y por muchos souvenirs que se compraran, este lugar retenía su significado. Y ahora, tras 20 o 30 años de turismo, ese significado se ha perdido. ¿Dónde fue? ¿Cómo sucedió esto?
Las verdaderas raíces del turismo no se anclan el peregrinaje (ni en el comercio “justo”), sino en la guerra. Violación y pillaje fueron las formas originales del turismo, o más bien, los primeros turistas siguieron diréctamente a la batalla, como buitres humanos obteniendo del campo de batalla carnaza para un botín imaginario; imágenes.
El turismo se alzó como un síntoma de un Imperialismo que era absoluto – económico, político, y espiritual.
Lo que es realmente increíble es que se hayan asesinado tan pocos turistas. Quizá exista una complicidad secreta entre estos enemigos reflejados. Ambos son personas desplazadas, deprivados de amarras, a la deriva en un mar de imágenes. El acto terrorista existe sólo en la imagen del acto; sin CNN, sólo sobrevive el espasmo de una crueldad sin sentido. El acto turista existe sólo en las imágenes de ese acto, fotos y souvenirs; de otro modo nada permanece excepto las cartas de las compañías de crédito y un residuo de “millas libres” de alguna compañía aérea. El terrorista y el turista son quizá los productos más alienados del capitalismo post-imperial. Un abismo de imágenes los separa de los objetos de su deseo. De alguna extraña forma, son gemelos.
Nada toca relmante la vida del turista. Cada acto del turista está mediado. Cualquiera que haya sido testigo de una falange de americanos o de un autobús de japoneses avanzando sobre alguna ruina o ritual puede darse cuenta de que incluso su mirada colectiva está mediada por el medio del ojo multifacetado de la cámara, y que esa multiplicidad de cámaras, videocámaras, y grabadoras forma un complejo de brillantes placas que se pueden pulsar, que componen su armadura de mediación pura. Nada orgánico penetra este caparazón insectoide que sirve al tiempo como crítico protector y mandíbula predadora, capturando velozmente imágenes, imágenes, imágenes. En su punto más extremo esta mediación toma la forma del tour guiado, donde cada imagen es interpretada por un experto licenciado, un guía de los Muertos, un Virgilio virtual en el Infierno de la falta de significado – un funcionario menor del Discurso Central y su metafísica de la apropiación -, un alcahuete de éxtasis sin carne.
El verdadero lugar del turista no es el lugar de lo exótico, sino el no-lugar (literalmente el espacio utópico) del espacio de la mediana, el espacio de entremedias, el espacio del viaje en sí mismo, la abstracción industrial del aeropuerto, la dimensión de máquina del avión o el autobús.
Así, el turista y el terrorista – estos fantasmas gemelos de los aeropuertos de la abstracción -, sufren un hambre idéntica por lo auténtico. Pero lo auténtico se retira cuando se acercan. Cámaras y armas se encuentran en el camino del momento de amor que es el sueño oculto de todo terrorista y turista. Para su miseria secreta, todo lo que pueden hacer es destruir. El terrorista destruye significado, y el terrorista destruye al turista.
El turismo es la apoteosis y la quintaesencia del “Fetichismo de la Comodidad”. Es el definitivo Culto a la Mercancía, la adoración de “bienes” que nunca llegarán, ya que han sido exaltados, alzados a la gloria, deificados, adorados y absorbidos, en el plano de puro espíritu, más allá del hedor de la mortalidad (o la moralidad).

Hakim Bey

Defensa de la embriaguez y del delito

[koek webean argitaraturikoa eskaintzen diNat ondorenean. Dena irakurri artean ez diNat jakin egilea nor huNan, banengoNan ba ni lenguaia edo idazteko modu hau ezagutzen niNala...]

Defensa de la embriaguez y del delito

“No siempre la malicia proviene del corazón;
existió la malicia de la inteligencia
y nos queda la malicia de la imaginación.”
Ch. Baudelaire
No, no estoy de acuerdo. No puedo estar de acuerdo. Os aniquilaría, si encontrara la manera. ¿Dónde habéis aprendido a pensar, hatajo de imbéciles (hatajo: “pequeño número de cabezas de ganado”)? ¿Quién habla por vuestras bocas? ¿Cuándo despegasteis los párpados por última vez? Ya está bien de repetir, como loros cautivos, el discurso de vuestro Señor. Si no tenéis nada propio que decir, más vale que os calléis o alquiléis los labios. Retornad al silencio de las tumbas, vosotros que anheláis la Paz del cementerio. Dejad de castigarnos con vuestra cháchara ancestral. ¿Dónde reside la depravación del Criminal, dónde la indignidad del Borracho? No venidme una vez más, como si trajerais algo nuevo, con el esquematismo de los críticos del poder sobre la lengua. Escupid toda esa charlatanería de teóricos progresistas, si queréis que os conceda un minuto de mi tiempo:
“En la medida en que la delincuencia
neutraliza la posibilidad de la lucha política consciente,
aparece como forma de ilegalismo útil (no peligroso),
integrado en el mecanismo reproductor de la sociedad burguesa;
y, en tanto factor de desmovilización y autodestrucción,
la embriaguez permanente del alcohólico
(socialmente inducida, políticamente recuperada)
contribuye al sostenimiento de los órdenes coactivos vigentes,
en beneficio de las fracciones de clase dominantes.”
¿Cómo podéis creer todavía en el balar de los corderos, vosotros los comprometidos, los sobrios, los razonables, vosotros los lúcidos -refugio de la esperanza y esperanza de la humanidad? ¿Cómo podéis alimentar semejante horror neopuritano cuando quejumbrosamente confesáis no saber qué hacer con vuestras legítimas energías contestatarias y tantas veces os habéis sorprendido a punto de ingresar en la maquinaria política establecida -una tarima, un cargo, un sindicato, un partido…? ¿Para qué joven Inquisición trabajáis? ¿A quién puede seducir la perspectiva de una erradicación del crimen, el ensueño de un mundo sin delitos, atestado -hasta las escuelas y gracias a las escuelas- de sindicalistas y representantes, políticos y afiliados, manifestantes que llenan de color las mañanas de los sábados, huelguistas empobrecidos a fuerza de reivindicar lo que sus explotadores ardientemente desean conceder, críticos radicales que descubren estrategias de dominación por todas partes e incluso por debajo de su pluma incesante y bien retribuida, pensadores crepusculares de la fatalidad y el posmodernismo…?
¿No sois capaces de intuir, siquiera, que la “guerra” del Criminal y del Borracho nada tiene que ver con el espectáculo amañado de vuestra lucha política? ¿Os falta valor, pues de valor se trata? ¿Estáis demasiado acabados, sellados y lacrados como una carta muerta, para presentir el Fin de la política revolucionaria o, en otros términos, la Impostura de la revolución política? ¿No notáis aún la erosión indefectible de los viejos proyectos, la absorción de todo el campo de la política posible -e incluso pensable- por la Empresa Legitimadora? ¿No percibís, desde ese desierto, la grandeza de la “otra” guerra, la guerra de fondo contra la Virtud y su Razón, contra la Moral y su Política? ¿No sentís ante la arrogancia del criminal, ante la inercia del embriagado, algo parecido a una amenaza, un desafío profundo, casi un reto salvaje y demoledor?
Hubo un tiempo en que fue cierto que la delincuencia y la embriaguez servían a la opresión mediante el ahuyentamiento de la lucha política. Hoy es todavía más cierto que la lucha política sirve a la opresión mediante el ahuyentamiento de la guerra inmoral (contra la Razón Virtuosa). Perturba más un Criminal que un Sindicalista. Molesta menos un Votante que un Borracho. Sobre todo si uno y otro saben situar el Delito y la Embriaguez en el lugar que les corresponde como “formas de conocimiento y armas de la transformación social”.
Las cosas dignas de ser escritas, al ser escritas pierden su dignidad. El lenguaje tropieza una vez más con la pared del sentido y no encuentra la manera de expresar lo inefable de la Emoción. Intentar justificar racionalmente la praxis del embriagado o del delincuente no puede llevar más que a la crisis del discurso -detención, vértigo, flaqueza de las piernas, presentimiento de la caída, retroceso y silencio. Es precisamente la irracionalidad del Crimen lo que confiere a la fechoría del delincuente su inaprehensible dignidad -negación de nuestra racionalidad destructiva y de su fetichismo del Bien. Del mismo modo, en la inercia del alcohólico radica la peligrosidad de la embriaguez: evasión del comportamiento mecánico y de la complicidad maquínica de lo cotidiano (esfuerzos útiles, construcciones lógicas, movimientos necesarios). ¿Y cómo confiar a la Razón Útil, Lógica y Necesaria, el análisis de lo que se le subleva en tanto forma provisional de lo gratuito, aleatorio, accidental? ¿Cómo conceder a la racionalidad moderna el derecho a juzgar cuanto se ampara en la equivocidad del Mal, si ha organizado la ejecución reglamentaria de lo peligroso en torno a la soberanía de su antinomia formal, el Bien?
Retornemos al conocimiento corporal -ámbito de la sensibilidad común y de las impresiones generalizadas, ya que el naufragio de la Razón amenaza con sumir en la oscuridad o anegar en el silencio la apología de la Embriaguez y del Delito. ¿Quién no ha experimentado en cierta ocasión la clarividencia de la embriaguez, con todo lo que suscita: fuga atropellada de los prejuicios, hundimiento de las inhibiciones, eclipse de las mentiras sobre uno mismo y de la inseguridad ante el otro…? ¿Quién no se ha asomado al espejo de un crimen secreto y ha descubierto horrorizado un rostro por el que jamás se reconocería en los ojos de los demás -un rostro que íntimamente supo, en aquel momento, suyo y, como suyo, esconde no menos de sí mismo que de la mirada ajena? ¿Quién no ha percibido detrás del más terrible de los asesinatos no sólo el aire implacable de la fatalidad social, no sólo el efecto inevitable de la podredumbre histórica, sino también algo semejante a un signo monstruoso, índice mayúsculo de las fuerzas subterráneas que habrán de liberarnos, por los caminos del horror, de aquella misma fatalidad, de aquella misma podredumbre? ¿Quién no ha sospechado durante un segundo que la más tenebrosa crónica de sucesos anuncia, a su manera, la inminencia de una catarsis diabólica pero salutífera, el triunfo de lo demoníaco-histórico sobre la insoportable crueldad del Bien? ¿Quién no ha sucumbido ante la sinceridad absoluta de sus minutos de enajenación? ¿Quién no ha retrocedido ante la transparencia definitiva, brutal, del borracho postrado -siempre más allá de toda falsificación, de todo hogar y de toda cobardía? ¿Y qué decir del pensador ebrio y de su gesto, qué decir de la voluntad de meditar enajenado para meditar mejor (o, simplemente, meditar de una vez), qué oponer a la decisión de embriagarse en soledad para afrontar verticalmente los verdaderos deseos y los verdaderos obstáculos?
El Mal nos curará. Nos curará aunque “sólo la gente inteligente sea capaz de comprender el Crimen -y conserve por tanto el poder de perpetrarlo” (Genet). Y la Embriaguez nos mantendrá vigorosos, a salvo de la enfermedad del misticismo. Injusta metáfora, la de Marx: “la religión es el opio del Pueblo”. Injusta con el opio. En realidad, al Pueblo se le prohibió siempre el opio para evitar que abominara de la Religión bajo todas sus formas. ¡Ojos tapiados por las legañas de un sueño demasiado largo, el mundo ha cambiado entretanto! Y ya sólo podemos recuperar la Salud por las rutas del Pecado.
Pedro García Olivo
El Irresponsable. Texto ofrecido por Los Discursos Peligrosos Editorial. Obra editada en 2000 por Las Siete Entidades y reeditada en 2007 por Brulot

Sobre el fenómeno de los trabajos de mierda

Sobre el fenómeno de los trabajos de mierda






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En el año 1930, John Maynard Keynes predijo que, para finales del Siglo XX, la tecnología habría avanzado lo suficiente para que países como Gran Bretaña o EE.UU. hubieran conseguido una semana laboral de 15 horas. Hay muchas razones para creer que estaba en lo cierto: en términos tecnológicos, seríamos perfectamente capaces. Y sin embargo, nada más lejos de la realidad. En su lugar la tecnología ha sido empleada para inventar maneras de hacernos trabajar más a todos/as. Para alcanzar este fin ha habido que crear puestos de trabajo que son, a todas luces, inútiles. Gran cantidad de personas, sobre todo en Europa y Norteamérica, pasan la totalidad de su vida laboral desempeñando tareas que, en el fondo, creen bastante innecesarias. El daño moral y espiritual derivado de estas situaciones es profundo. Se trata de una cicatriz sobre nuestro alma colectiva. Sin embargo, apenas se habla sobre el tema.



¿Por qué nunca llegó a materializarse la utopía prometida por Keynes (aún esperada con impaciencia en los años 1960)? La respuesta más manida hoy en día dice que no supo predecir el incremento masivo del consumismo. Presentados/as con la elección entre currar menos horas y obtener más juguetes y placeres hemos, colectivamente, optado por la segunda opción. Si bien esto daría para una bonita historia moralista, una breve reflexión nos demuestra que no se puede tratar de eso, que la respuesta no es tan sencilla. Sí, hemos sido testigo de la creación de una variedad interminable de nuevos trabajos e industrias desde la década de los años 1920, pero muy pocos tienen algo que ver con la producción y distribución de sushi, iPhones o zapatillas deportivas molonas.



¿Entonces cuáles son estos nuevos trabajos, exactamente? Un estudio reciente comparando la situación del empleo en EE.UU. entre 1910 y 2000 nos da una respuesta bastante clara (y extrapolable a los países europeos). A lo largo del siglo pasado el número de trabajadores/as empleados/as como personal de servicio doméstico, en la industria y en el sector agrícola se ha desplomado de forma dramática. Al mismo tiempo, las categorías de “profesionales, directivos, administrativos, comerciales y trabajadores de servicios varios” han triplicado sus números, creciendo “de un cuarto a tres cuartos del empleo total”. En otras palabras, los trabajos productivos, exactamente como se predijo, han sido en gran parte sustituidos por procesos automatizados (incluso si contamos a los/as trabajadores/as de la industria globalmente, incluyendo a las masas trabajadoras en India y China, el número de estos/as trabajadores/as sigue estando lejos de alcanzar el gran porcentaje de la población mundial que suponía antes).



Pero en lugar de permitir una reducción masiva de horas de trabajo que permitiera a la población mundial dedicarse a la consecución de sus propios proyectos, placeres, visiones e ideas, hemos visto la inflación no tanto del sector “servicios” como del sector administrativo, incluyendo la creación de industrias enteras como la de los servicios financieros o el telemarketing, o la expansión sin precedentes de sectores como el del derecho empresarial, la administración educativa y sanitaria, los recursos humanos y las relaciones públicas. Y estas cifras ni siquiera reflejan a todas aquellas personas cuyo trabajo consiste en proporcionar soporte administrativo, técnico o de seguridad para estas industrias, o, es más, todo un sinfín de industrias secundarias (paseadores de perros, repartidores nocturnos de pizza), que sólo existen porque todo el mundo pasa la mayoría de su tiempo trabajando en todo lo demás.



Estos son a los que yo propongo llamar trabajos de mierda. Trabajos absurdos.



Es como si alguien estuviera por ahí inventando trabajos inútiles por el mero hecho de mantenernos a todos/as trabajando. Y aquí, precisamente, radica el misterio. En el capitalismo, esto es precisamente lo que se supone que no debería pasar. Por supuesto, en los viejos e ineficientes Estados socialistas como la Unión Soviética, donde el empleo era considerado tanto un derecho como un deber sagrado, el sistema inventaba tantos puestos de trabajo como era necesario (esto es por lo que en los grandes almacenes soviéticos había tres dependientes/as para vender un trozo de carne). Pero, desde luego, este es el tipo de problema que la competencia generada por el libre mercado se suponía que solucionaba. De acuerdo con la teoría económica, al menos, lo último que una empresa con ánimo de lucro pretende hacer es pagar dinero a trabajadores/as a los/as que realmente no necesita emplear. Sin embargo, de alguna manera, esto ocurre.



A pesar de que las empresas pueden efectuar implacables reducciones de plantilla, los despidos y las prejubilaciones invariablemente caen sobre la gente que realmente está haciendo, moviendo, reparando y manteniendo cosas; por una extraña alquimia que nadie consigue explicar, el número de burócratas asalariados en el fondo parece aumentar, y más y más empleados/as se ven a sí mismos/as, en realidad de forma no muy diferente a los/as trabajadores/as soviéticos/as, trabajando 40 o incluso 50 horas semanales sobre el papel, pero trabajando efectivamente 15 horas, justo como predijo Keynes, ya que el resto de su tiempo lo pasan organizando y asistiendo a cursillos de motivación, actualizando sus perfiles de Facebook o descargando temporada tras temporada de series de televisión.



La respuesta, evidentemente, no es económica: es moral y política. La clase dirigente se ha dado cuenta de que una población feliz y productiva con tiempo libre es un peligro mortal (piensa en lo que comenzó a suceder cuando algo sólo moderadamente parecido empezó a existir en los años 1960). Y, por otro lado, la sensación de que el trabajo es un valor moral en sí mismo, y que cualquiera que no esté dispuesto/a a someterse a algún tipo de intensa disciplina laboral durante la mayor parte de su tiempo no se merece nada, es extraordinariamente conveniente para ellos/as.



Una vez, al contemplar el crecimiento aparentemente interminable de responsabilidades administrativas en los departamentos académicos británicos, se me ocurrió una posible visión del infierno. El infierno como un grupo de individuos que se pasan la mayor parte de su tiempo trabajando en una tarea que no les gusta y que no se les da especialmente bien. Digamos que fueron contratados/as por ser excelentes ebanistas, y entonces descubren que se espera de ellos/as que pasen una gran parte del tiempo tejiendo bufandas. La tarea no es realmente necesaria, o al menos hay un número muy limitado de bufandas que es necesario tejer. Pero, de alguna manera, todos/as se obsesionan tanto con el rencor ante la idea de que algunos/as de sus compañeros/as de trabajo podrían dedicar más tiempo a fabricar muebles, y no a cumplir su parte correspondiente de confección de bufandas, que al poco tiempo hay interminables montones inútiles de bufandas mal tejidas acumulándose por todo el taller, y es a lo único que se dedican.



Creo que ésta realmente es una descripción bastante precisa de la dinámica moral de nuestra economía.



Bueno, soy consciente de que cada argumento va a encontrar objeciones inmediatas: “¿quién eres tú para determinar qué trabajos son realmente ‘necesarios’? De todos modos, ¿qué es necesario? Tú eres profesor de antropología, ¿qué ‘necesidad’ hay de eso?” Y a cierto nivel, esto es evidentemente cierto. No existe una medida objetiva de valor social.



No me atrevería a decirle a alguien que está convencido de que está haciendo una contribución significativa al mundo de que, realmente, no es el caso. ¿Pero qué pasa con aquellas personas que están convencidas de que sus trabajos no tienen sentido alguno? No hace mucho volví a contactar con un amigo del colegio al que no veía desde que tenía 12 años. Me sorprendió descubrir que, en este tiempo, primero se había convertido en poeta y luego en el líder de una banda de indie rock. Había oído algunas de sus canciones en la radio sin tener ni idea de que el cantante era alguien a quien conocía. Él era obviamente brillante, innovador, y su trabajo indudablemente había alegrado y mejorado la vida de gente en todo el mundo. Sin embargo, después de un par de discos sin éxito había perdido el contrato y, plagado de deudas y con una hija recién nacida, terminó, como él mismo dijo, “tomando la opción por defecto de mucha gente sin rumbo: la facultad de derecho.” Ahora es un abogado empresarial que trabaja en una destacada empresa de Nueva York. Él es el primero en admitir que su trabajo no tiene absolutamente ningún sentido, no contribuye en nada al mundo y, a su propio juicio, realmente no debería existir.



Hay muchas preguntas que uno se puede hacer aquí, empezando por, ¿qué dice esto sobre nuestra sociedad, que parece generar una demanda extremadamente limitada de poetas y músicos con talento, pero una demanda aparentemente infinita de especialistas en derecho empresarial? (Respuesta: si un 1% de la población controla la mayoría de la riqueza disponible, lo que llamamos “el mercado” refleja lo que ellos/as piensan que es útil o importante, no lo que piensa cualquier otra persona.) Pero aún más, muestra que la mayoría de la gente con estos empleos en el fondo es consciente de ello. De hecho, no estoy seguro de haber conocido a algún/a abogado/a empresarial que no pensara que su trabajo era absurdo. Lo mismo pasa con casi todas los nuevos sectores anteriormente descritos. Hay una clase entera de profesionales asalariados/as que, si te encontraras con ellos/as en fiestas y admitieras que haces algo que podría ser considerado interesante (un antropólogo, por ejemplo), querrán evitar a toda costa hablar de su propio trabajo. Dales un poco de alcohol, y lanzarán diatribas sobre lo inútil y estúpido que es en realidad la labor que desempeñan.



Hay una profunda violencia psicológica en todo esto. ¿Cómo puede uno empezar a hablar de dignidad en el trabajo cuando secretamente siente que su trabajo no debería existir? ¿Cómo puede este hecho no crear una sensación de profunda rabia y de resentimiento? Sin embargo una peculiar genialidad de nuestra sociedad es que sus dirigentes han descubierto una forma, como en el caso de los/as tejedores/as de bufandas, de asegurarse que la rabia se dirige precisamente contra aquellos/as que realmente tienen la oportunidad de hacer un trabajo valioso. Por ejemplo: en nuestra sociedad parece haber una regla general por la cual, cuanto más evidente sea que el trabajo que uno desempeña beneficia a otra gente, menos se percibe por desempeñarlo. De nuevo, es difícil encontrar un baremo objetivo, pero una forma sencilla de hacerse una idea es preguntar: ¿qué pasaría si toda esta clase de gente simplemente desapareciera? Di lo que quieras sobre enfermeros/as, basureros/as o mecánicos/as, es obvio que si se esfumaran como una nube de humo los resultados serían inmediatos y catastróficos. Un mundo sin profesores/as o trabajadores/as portuarios/as pronto tendría problemas, incluso uno sin escritores/as de ciencia ficción o músicos/as de ska sería claramente un sitio inferior. No está del todo claro cómo sufriría la humanidad si todos los/as ejecutivos/as del capital privado, lobbyistas, investigadores/as de relaciones públicas, notarios, comerciales, técnicos de la administración o asesores legales se esfumaran de forma similar. (Muchos/as sospechan que podría mejorar notablemente.) Sin embargo, aparte de un puñado de excepciones (cirujanos/as, etc.), la norma se cumple sorprendentemente bien.



Aún más perverso es que parece haber un amplio sentimiento de que así es como las cosas deben ser. Ésta es una de las fortalezas secretas del populismo de derechas. Puedes verlo cuando los periódicos sensacionalistas avivan el rencor contra los/as trabajadores/as del metro por paralizar las ciudades durante los conflictos laborales: el propio hecho de que los/as trabajadores/as del metro puedan paralizar una ciudad muestra que su trabajo es realmente necesario, pero esto parece ser precisamente lo que molesta a la gente. Es incluso más evidente en los Estados Unidos, donde los republicanos han tenido un éxito notable movilizando el resentimiento contra maestros/as o trabajadores/as del automóvil (y no, significativamente, contra las administraciones educativas o los gestores de la industria del automóvil, quienes realmente causan los problemas). Es como si les dijeran “¡pero si os dejan enseñar a niños/as! ¡O a fabricar coches! ¡Tenéis trabajos auténticos! ¿Y encima tenéis el descaro de esperar también pensiones de clase media y asistencia sanitaria?”



Si alguien hubiera diseñado un régimen laboral adecuado perfectamente para mantener el poder del capital financiero, es difícil imaginar cómo podrían haber hecho un trabajo mejor. Los/as trabajadores/as reales y productivos/as son incansablemente presionados/as y explotados/as. El resto está dividido entre un estrato aterrorizado de los/as universalmente denigrados/as desempleados/as y un estrato mayor a quienes se les paga básicamente por no hacer nada, en puestos diseñados para hacerles identificarse con las perspectivas y sensibilidades de la clase dirigente (gestores, administradores, etc.) —y particularmente sus avatares financieros— pero, al mismo tiempo, fomentarles un resentimiento contra cualquiera cuyo trabajo tenga un claro e innegable valor social. Obviamente, el sistema nunca ha sido diseñado conscientemente. Surgió de casi un siglo de prueba y error. Pero es la única explicación de por qué, a pesar de nuestra capacidad tecnológica, no estamos todos/as trabajando 3-4 horas al día.




David Graeber


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Cuatro tésis para la neutralización preventiva del antiterrorismo



Policías especiales practican tiro durante un ejercicio antiterrorista en Shanghai, el 14 de septiembre de 2011.

Cuatro tésis para la neutralización preventiva del antiterrorismo


1. El antiterrorismo no es una forma de represión judicial, sino un modo de gobierno.
Glosas:
α. Contra todas las apariencias, el principal objetivo del antiterrorismo no son aquellos sobre los que se abate, sino la población en general. Golpeando a algunos, su objetivo es obtener un efecto en todos los demás. Ya sea para tranquilizarlos, afianzando la ficción de que el gobierno estaría ahí para protegerlos de tantas amenazas, o para infundir una cierta conmoción, un cierto estado de terror y de parálisis oportuna en la población: golpear a uno para asustar a cien. El incremento del “nivel de amenaza terrorista” jamás ocurre de manera fortuita. Hay que recordar que, bastante antes de las revelaciones de Snowden sobre los programas de vigilancia generalizada de la NSA, la Patriot Act de 2001 y la Terrorist Act inglesa de 2000 autorizaban de manera explícita la vigilancia de cualquiera en nombre de la “lucha contra el terrorismo”.
β. Una genealogía del antiterrorismo nos conduce a la Guerra de Argelia. En aquella época, el “antiterrorismo” designaba la actividad clandestina de grupos como la Main Rouge, preparados por los servicios secretos franceses para provocar al FLN y cometer tanto asesinatos selectivos como bombardeos contra la población argelina. De manera no fortuita, esta genealogía continúa con la “estrategia de la tensión” puesta en marcha en Italia durante los años 1970 para contrarrestar el movimiento revolucionario. Pasa después por los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) en España y Francia que, desde 1983 a 1987, bajo el mando del Ministro del Interior español, llevaron a cabo más de treinta y cinco operaciones, de igual modo desde atentados hasta asesinatos, en contra de ETA. Durante el proceso de los GAL, el director de la Guardia Civil, el general José Antonio Sáenz de Santamaría declaró que: “La lucha antiterrorista no se puede hacer dentro de los márgenes legales. Se sitúa en el borde de la ley, unas veces por fuera y otras por dentro. […] No hay más remedio que emplear la guerra irregular contra unos tíos que vienen a matar por la espalda. Está bien el estado de derecho, pero no se puede llevar hasta sus últimas consecuencias, porque quedaríamos en manos de los terroristas”. En 1995 añadía, en una entrevista concedida a El País: “En la lucha contraterrorista, hay cosas que no se deben hacer. Si se hacen, no se deben decir. Si se dicen, hay que negarlas”.
γ. Como cuestión de hecho, el terrorismo no es una categoría jurídica. No existe definición jurídica alguna del terrorismo, y es por esto que existen tantas: más de cien definiciones diferentes en todo el mundo. “Terrorismo” es una categoría política. Es la traducción imposible, en el lenguaje del derecho, de la categoría política de “enemigo”. Terrorista es aquel que ha sido declarado como tal por el soberano, ya que es prerrogativa del soberano designar al enemigo. De esta manera, no es extraño que el “terrorista” de ayer se convierta, tras un cambio aleatorio de régimen, en el soberano de hoy, e inversamente. Tanto Isaac Shamir como Nelson Mandela fueron los líderes de “organizaciones terroristas” antes de volverse jefes de Estado. Más recientemente, esto es lo que les ocurrió a los miembros de la Hermandad Musulmana en Egipto. Pocos días antes de salir huyendo del país en su jet privado, Ben Ali describía en la televisión como “grupos terroristas” a los manifestantes que iban a volverse más tarde “héroes de la revolución”.
δ. El antiterrorismo extrajudicial, que ejecuta sin ningún proceso con drones cargados de misiles u operaciones especiales sobre toda la superficie del planeta, no puede ser separado del antiterrorismo judicial, que conduce procedimientos interminables y encarcela a gente por décadas, o no. Ambos son dos aspectos de un mismo modo de gobierno, es decir, de una guerra dirigida en contra de la población, en contra de la posibilidad de una insurrección.
2. El antiterrorismo es el nombre de una guerra, de una guerra psicológica mundial.
Glosas:
α. Hace ya más o menos un siglo —desde la Primera Guerra Mundial, de hecho— que sabemos que la guerra no es simplemente un fenómeno militar, sino un hecho social total, cuya victoria implica tanto a la industria de la salud como a la propaganda y el control de los comportamientos. Pero es sólo desde las guerras de descolonización que hemos llegado a considerar como central el aspecto psicológico de la guerra. Y no sorprende que, puesto que las guerra de descolonización son guerras que se libran al interior de la población y en contra suya, las técnicas de acción psicológica se hayan difundido desde entonces por todas partes, desde el marketing hasta la política, pasando por la policía. En nuestros días, ¿quién no tiene el objetivo de “conquistar los corazones y las mentes”, desde la estrella de pop hasta la multinacional, pasando por el general que conduce una operación?
β. La guerra psicológica, ya sea que recurra a la práctica de tortura, a la manipulación de la opinión pública o a la infiltración de una organización, tiene como objetivo modelar las percepciones, las del adversario, las de sus propias tropas o las de la masa flotante de la población. Es una intervención sobre los mapas mentales a partir de los cuales cada uno navega a través de la existencia y sobre la combatividad misma del enemigo de la que depende todo combate efectivo. En una nota escrita al Secretario de Estado John Foster Dulles el 24 de octubre de 1953, el antiguo presidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower define las formas de esta intervención como tratándose de cualquier cosa, “desde el canto de un bello himno hasta el acto más ostentoso de sabotaje”. En una Noticia de información sobre la defensa interior y la guerra psicológica durante la Guerra de Argelia, el ejército francés define este tipo de guerra así: “Es el empleo planificado de la propaganda y todos los medios disponibles para influenciar la opinión, las pasiones, las actitudes y los comportamientos de los grupos humanos, amigos, neutros o enemigos, de modo que sea posible contribuir a la realización de objetivos nacionales del País”. Lo que aquí se juega es la invasión militar en el continente negro de lo preconsciente, el control gubernamental de la afectividad misma de las poblaciones, una extensión inédita del campo de batalla.
γ. El terrorismo es el primer crimen afectivo de la Historia. El terrorista no es principalmente acusado de haber perpretado o preparado una acción, o de profesar tal o cual doctrina antidemocrática, sino simplemente de haber esparcido el terror, por su sola existencia. Y el terror es un afecto. La acción del terrorista, su violencia, es su existencia misma. Su existencia aterradora. Ahora bien, no hay tal cosa como una existencia aterradora. Sólo hay relatos, escenificaciones, imágenes cuyo objetivo es producir conscientemente un sentimiento de terror. También hay maneras de acoger estas narrativas, estas imágenes, que pueden desactivar este sentimiento. Lo cual quiere decir que el carácter terrorista de un asesinato, de una cara o de una consigna es determinado por aquellos que dominan el estado de explicitación pública, la narrativa social: o sea las fuerzas universalmente aliadas del antiterrorismo, las fuerzas del Espectáculo.
δ. Las fuerzas antiterroristas, desde hace años ya, se han dedicado a asociar al hecho del motín, de la acción directa contra tal o cual agente imperial, no un sentimiento de liberación, un sentimiento de respirar mejor, de estar menos solo en el universo automatizado que nos aplasta, sino el pavor. La simple evocación del “Black Bloc”, a pesar de todas las explicaciones contrarias, aspira a inducir la necesidad de tener miedo: miedo a ser atacado, o miedo a ser asociado. Es crucial romper este hechizo. Jamás dejarse aislar, haciéndose coincidir con la propia imagen y el efecto que la sigue mecánicamente. Suscitar la complicidad. Asociar una vez más la idea de revolución a la del incremento de potencia, de alegría. Recientemente en Francia, durante los motines que siguieron tanto en Toulouse como en Nantes al asesinato de Rémi Fraisse, numerosos bancos fueron hechos pedazos. El gobierno, continuando su eterna tarea contrainsurrecional, hizo que se viralizaran las imágenes de motines, de destrucción y de bancos ardiendo en llamas, incriminando como siempre al “Black Bloc”, los “anarquistas” y otros “extremistas”. La operación no tuvo el efecto esperado: algunos espíritus bien inspirados tuvieron la malicia suficiente de pintar en uno de los bancos destrozados: “¡Toma tus intereses!”. Gente “violenta” con sentido del humor, he ahí algo que no cuadra con el storytelling espectacular.
3. El antiterrorismo es una política global, implementada a escala nacional.
Glosas:
α. Es sabido que, entre las once propuestas para una legislación común antiterrorista que fueron presentadas por la Unión Europea en el otoño de 2001 “en reacción a los atentados del 11 de septiembre”, seis habían sido ya examinadas antes de los ataques, cuatro estaban ya en preparación y solamente una, sobre el derecho de asilo e inmigración, era realmente nueva. También es sabido que Gran Bretaña, verdadera locomotora en la materia, había votado ya su Terrorism Act en el año 2000, la cual sin así decirlo tenía como objetivo, al igual que la futura legislación europea, los movimientos políticos subversivos, principalmente el movimiento antiglobalización. Para el general Fabio Mini, después de Génova, no queda ninguna duda de que “la protesta violenta contra el sistema mundial [es] equivalente en este caso al terrorismo”.
β. En el marco de la decisión del Consejo de la Unión Europea del 13 de junio de 2000, a propósito de la lucha contra el terrorismo, se define como terrorista toda acción susceptible de “socavar gravemente a un país o a una organización internacional”, cuando su autor tiene como objetivo “intimidar gravemente a una población” u “obligar excesivamente a los poderes públicos o a una organización internacional a cumplir o a abstenerse de cumplir cualquier acción”, o “desestabilizar gravemente o destruir estructuras fundamentales políticas, constitucionales, económicas o sociales de un país o una organización internacional”. Debido a su voluntaria imprecisión, esta definición permite golpear tanto a una contracumbre como a un movimiento de huelga general que trata doblegar al gobierno; e incidentalmente a una organización que practique la lucha armada. Evidentemente es así como fue interpretada esta decisión por numerosos activistas en la época. Por otra parte, no había nada de nuevo en esto: fue con argumentos similares que Margaret Thatcher intentó, al inicio de los años 1980, aplicar leyes antiterroristas contra las huelgas de mineros.
γ. Mientras tanto, aplicar procedimientos antiterroristas contra los movimientos contestarios se ha vuelto algo normal. En España, algunas personas que habían participado, durante el movimiento llamado “de los indignados”, en el bloqueo del Parlamento catalán en Barcelona el día en que se votaba un plan de austeridad, fueron convocados ante la Audiencia Nacional, el tribunal antiterrorista. En Grecia, algunos camaradas —junto a muchos más— que habían ocupado el ayuntamiento en respuesta a una operación antiterrorista en el Pireo fueron tratados con la misma suerte. En Francia, algunos militantes que estaban acusados de transportar bengalas y clavos torcidos camino a una manifestación, también fueron condenados de acuerdo con la legislación antiterrorista. Otros, los de Tarnac, todavía son perseguidos bajo la misma acusación por haber saboteado —según la policía— líneas de tren de alta velocidad haciendo uso de ganchos de hierro y, lo que es más importante, por haber escrito La insurrección que viene. En Italia, cuatro camaradas, Chiara, Claudio, Nicolò y Mattia, siguen acusados de terrorismo por haber participado en una acción colectiva, reivindicada por el movimiento No TAV en su conjunto, durante la cual un compresor del sitio de construcción de la línea de tren de alta velocidad Lyon-Turín fue incendiado. Se trataría de terrorismo ya que esta acción habría intentado “obligar a los poderes públicos” a no continuar con el proyecto y habrían causado “un grave daño al país” hiriendo su “imagen”. Es por esto que tienen que soportar condiciones de detención y de proceso que son usualmente reservadas a los líderes mafiosos. Más recientemente, en Brasil, algunas personas que tuvieron el valor de organizar manifestaciones contra la Copa Mundial fueron arrestadas a partir de procedimientos antiterroristas.
δ. En estas condiciones es imposible imaginar grandes manifestaciones contra la gran inauguración de la sede del Banco Central Europeo en Fráncfort sin tratar de neutralizar preventivamente el instrumento desarrollado por la Unión Europea contra este tipo de eventos políticos. Y hay que admitir que, hasta ahora, en ninguna parte hemos tenido éxito en nuestros intentos de neutralización del antiterrorismo. Una de las razones por las que hemos fracasado puede ser que siempre lo hemos enfrentado dentro de la escala nacional, cuando se trata de una política global.
4. En cuanto política global, el antiterrorismo tiene que ser combatido en una escala global.
Glosas:
En 2001, en reacción a Génova, el redactor jefe de la Revista Italiana de Defensa escribe: “Dado que las fuerzas del orden conocen bien estas guerrillas antiglobalización, no debería ser difícil establecer una base de datos europea e internacional con el objetivo de identificar previamente a los individuos peligrosos, infiltrar esas organizaciones y, justo antes de un evento de riesgo, recurrir a medidas preventivas como la recolección obligatoria de firmas, los controles fronterizos y la suspensión de la convención de Schengen”. El presidente de un Centro de Estudios Estratégicos Italiano cualquiera recomienda, aún más explícitamente, frente a los “movimientos altermundialistas”: “Un control generalizado del territorio a través de una colaboración organizada y permanente entre las instituciones militares y las fuerzas locales de policía”, “la creación de centros de entrenamiento especializados que trabajarán en estrecha colaboración con los Ministros de Defensa y del Interior”, “evitar la organización de eventos internacionales destinados a dar credibilidad a los activistas y sus motivos”, “incitar a la prensa y a los medios de comunicación a autodisciplinarse (a través de presiones institucionales más o menos aparentes”, “modificar el código penal”, “la desinformación y la infiltración de agentes provocadores que busquen controlar y sabotear” y por último “un uso discrecional de las represalias”. Concluye: “Las instituciones implicadas en esta gran ofensiva podrán igualmente recurrir a todo un abanico de contramedidas teorizadas y aplicadas por las escuelas estadounidenses de contrainsurrección y francesas de guerra revolucionaria”. Si tenemos presente la función de infiltración a escala europea que tuvo el oficial inglés Mark Kennedy así como las estrategias policiales aplicadas en las últimas contracumbres, aparece como algo evidente que estas líneas no son palabras vacías, sino la política global que es dirigida en nuestra contra. Así pues, necesitamos una contraestrategia, una estrategia que sea tan global como la maniobra del enemigo.
1. Cuando su táctica consista en aislarnos de “la población” para girarla en nuestra contra, tenemos que procurar que los que vengan a Fráncfort no sólo sean activistas y militantes, sino la gente misma, todos aquellos que tienen que lidiar con la obscena política del BCE.
2. Cuando su táctica consista en asociar a los movimientos revolucionarios un sentimiento de terror, tenemos que hacer reír a la gente, burlarnos de nuestros enemigos, dar muestra de un gran ingenio. Un “terrorista” que hace reír ya no puede ser un terrorista.
3. Cuando luchemos contra cada procedimiento antiterrorista a escala local o nacional, tenemos que aprovechar cada ocasión para convertirlo al menos en un asunto europeo. Es bastante lamentable que no hayamos logrado convertir el escándalo levantado en Inglaterra por el caso de Mark Kennefy en un asunto europeo que pusiera en cuestión las prácticas de las diferentes policías que acudieron a sus servicios.
4. Cuando intenten oponer la “vida normal”, apolítica, a la locura de las hordas anticapitalistas, tenemos que mostrar, al contrario, la locura de la “vida normal” y la alegría de una política arraigada en la vida, en la vida ordinaria.
5. Cuando las victorias del partido adverso se deban a que tiene una estrategia global en nuestra contra, mientras nosotros no tenemos ninguna en contra suya, tenemos que reemprender un debate estratégico internacional, como mínimo europeo, para volver a ser capaces de abordar la situación.
(GUCCIO N° 1)
Policías especiales rodean un autobús secuestrado por terroristas
 durante un ejercicio antiterrorista en Shanghai, el 14 de septiembre de 2011.


[Cogido de la revista Nada aldizkaritik hartutako testua]