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“No pienso romper mi rectitud” Carta de Nahuel a Wolf Down

España: “No pienso romper mi rectitud” Carta de Nahuel a Wolf Down


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Saludamos la actitud intransigente y digna de Nahuel, porque somos quienes somos estemos donde estemos. Solidaridad con Nahuel, Monica, Francisco y Gabriel
Quizá esté solo aquí, pero muchas gracias a todos mis hermanos y hermanas de alrededor del mundo que hacéis que sienta vuestro calor y vuestra paz. Aprecio mucho las cartas que me enviáis.
Siento vuestra amistad, estáis cerca de mí.

Os lo agradezco a todos y especialmente a Valentino, de xCenerex, a los chicos de To Ashes, a Wolf Down, a Joel y a su novia, a xIronx, a los chicos de SXE Berlin y a todos los colectivos animalistas que han mostrado su apoyo alrededor del mundo.
En la cárcel, ser vegano y permanecer libre de drogas es jodidamente difícil. Las drogas están presentes en el día a día, y no solo las ilegales. Los doctores administran a los presos pastillas que hacen que actúes como un zombie y si causas problema te harán tomar Lexatin (por la fuerza); esa mierda te deja completamente hecho polvo, como un muerto viviente.

He estado escribiendo antes sobre los problemas de ser vegano en la cárcel, pero el tráfico de drogas, aquí dentro, es un verdadero problema. Los internos están casi cada día o sobreexcitados o hechos polvo. Se trafica sin ningún tipo de impedimento, sin problemas, y la mercancía es vendida y consumida con facilidad y rapidez.
Yo estoy en el bloque-módulo 3, que se supone que está especialmente diseñado para mantener a gente con problemas de adicción… pero no funciona.
A veces, al entrar en los baños puedes sentir el olor de la heroína quemada y tienes que estar muy alerta para no toparte con jeringuillas y agujas tiradas por el suelo.
A menudo puedo ver presos hablando o riendo solos, o gritando, de la misma forma. O quizás incluso completamente paralizados por minutos. Vómitos en el suelo y problemas de respiración son muy habituales los miércoles. El día que reciben el dinero de sus familias.
No les puedo culpar. Pienso que es la manera que ellos tienen de escapar de una realidad de mierda… al fin y al cabo, cada día es igual que el anterior.
Nos levantamos a la misma hora, comemos, paseamos, leemos y dormimos. Y vuelve a empezar otra vez.
Algunos de ellos han perdido a sus familias, a sus esposas, o simplemente, la gente de fuera se desentiende de ellos. El sufrimiento diario y la convivencia en un lugar abarrotado por más de 100 personas son jodidos de llevar. Y eso que este es el bloque que “ayuda” a la gente con problemas de adicción. Ni me quiero imaginar cómo debe de ser la situación en otros bloques.

Por el otro lado están las drogas legales. Las drogas del Estado, las buenas, las pastillas que te convierten en zombi mientras caminas y caminas. Y la “droga especial para rebeldes”.
Tenemos una pastilla para cualquier problema, una pastilla especial capaz de curar la locura, ya sea o no real. Y claro, ser un rebelde o un insubordinado aquí está considerado un acto de locura. Si te rebelas, estás loco y los buenos doctores de la prisión tienes unas drogas especiales para ti.
Ser pobre debe de ser una enfermedad también, porque los doctores tienen pastillas hasta para quien roba.
¿Luchas por lo que tú crees? Bien, hay una cura sencilla para eso llamada libertad, pero es mucho más fácil para ellos encerrarte en régimen de máxima seguridad (FIES).
Los presos saben sobre la problemática de las drogas. Quiero decir, no todos son adictos, algunos incluso no suelen beber alcohol.
Para mí, el humo es el peor problema. Joder, en cada habitación a la que entro hay alguien fumando. Pero en cambio, en este bloque, el que trata con los problemas de adicción, no considera un problema el hecho de fumar. Como me dijo un trabajador: “Sería radical prohibir fumar”. Pero entonces todos estos presos desarrollan cáncer de pulmón y nadie piensa en la conexión.
Aquí, cuando les hablo de mi actitud libre de drogas, la gente me mira como si fuera un rarito, pero cuando les digo que soy vegano (o “vegetariano radical”, como me llaman ellos), me miran directamente como si fuera un alien. Algunos incluso me llegan a preguntar: “Si no bebes, ni fumas, ni te drogas ni comes carne… ¿por qué estás aquí?”
Ellos no entienden el veganismo, solo dos de ellos han intentado el vegetarianismo.
A veces, incluso admiran mi estilo de vida abstemio.
Otros piensan que profeso algún tipo de religión extraña cuando les cuento que tampoco bebo café.
Estoy contento, después de hablar de mi enfoque con respecto a las drogas con los presos, tres de ellos han dejado de fumar delante de mí. Para mi es algo grande que demuestra que son buenos tipos.
El 90% de los reclusos están por dos razones; ser pobre y por supuesto, el asunto de las drogas. Por vender, traficar u ocultar drogas o por cometer un crimen bajo los efectos de estas.
Sí, es jodido, pero la cárcel no es la solución. Ellos nunca serán. Algunos de ellos se volvieron adictos tras entrar aquí.
Este lugar es como un monstruo que devora a la gente. Un monstruo creado por y para perpetuar el sistema.
Un día la cárcel será algo del pasado. Ese día llegará. Pero ahora, la resistencia es la única manera de hacer que ese día llegue.
Nadie creía que el Impero Romano se vendría abajo.
[Parafraseando a Earth Crisis en la canción “Gomorrah’s season ends!”]
“Desde del centro de mi ser llega esta promesa hacia mí mismo de que no romperé mi honor ante nada. Una misión de un solo camino a lo largo de la vida. No cambiaré mi curso.

Hay demasiado por experimentar y lograr para desperdiciar un valioso segundo en beber o envenenarme. Un pensamiento revolucionario efectivo, la claridad de la mente que he alcanzado. Lo veo todo tal y como es, como los tiempos de Gomorra acaban en la tumba…
Así que todo lo que necesito es este juramento que me mantiene LIBRE. Por eso soy real para siempre. Soy Straight Edge. SOY STRAIGHT EDGE.”
Hace más de dos meses que estoy encerrado. Fui arrestado junto con otros amigos por formar parte de SXE Madrid. El gobierno nos considera “grupo terrorista”. ¿La razón? Ser parte de la manifestación de lucha contra el gobierno, aquí en España. Por formar parte de la gente que jamás dejará solas a aquellas personas que han perdido su hogar. Yo, de la misma forma que mis amigos, formábamos parte del movimiento anti-desahucios, y también del movimiento de liberación animal.
Ellos nos llaman terroristas. Ellos me llaman terrorista. Pero solo éramos un grupo de amigos con la intención de crear un espacio libre de drogas en la escena hardcore punk antifascista y anarquista de Madrid. Queríamos demostrar que el Straight Edge es mucho más que deportivas caras, “mosh-pits” o bailes en el escenario. Significaba motivar un cambio.
Yo usaba mi sobriedad para ayudar a aquellos que estaban luchando contra las adicciones, de la misma manera que la usaba para luchar contra la injusticia y la opresión, clamando por la liberación humana y animal. Ese es mi crimen, ser un disidente.
Estoy preso bajo “FIES 3”. Preso de máxima seguridad. Considerado terrorista.
Solo puedo mandar dos cartas por semana, todas mis comunicaciones son intervenidas y estoy constantemente vigilado.
No quiero hablar sobre mi tristeza o mi dolor, si no sabéis que es el Régimen FIES os recomiendo la lectura del libro “Huye, hombre, huye” de Xosé Tarrio, otro preso FIES.
Creo que en alemán sería: “hav ab, mensch”.
Me siento roto, pero tengo el apoyo de todos mis amigos, mis seres queridos, mi madre. Ella me dijo una vez: “Si caes, no pasa nada. Estoy aquí para apoyarte”. Por eso la resistencia es la única cosa que tengo en la cabeza ahora mismo.
Mantenerme vegano aquí dentro es jodidamente difícil, pero no imposible. De todas formas, la vida animal en granjas, zoos y laboratorios es bastante más dura que aquí. Incluso si solo he de comer pan y pasta, me negaré a apoyar la crueldad animal. Además, estoy alegre de ser SXE y no formar parte de este mundillo de drogas. No pienso romper mi rectitud.
Estoy en la cárcel. Eso es algo a lo que debo enfrentarme. No soy libre, es un hecho, pero siguen habiendo muchos animales a los que podéis ayudar y que están clamando libertad, que están pidiendo a gritos que los liberéis.
Hay mucha gente sin tener donde dormir o qué comer, y nosotros podemos ayudarles.
Hay mucha gente que ha perdido todo y ahora mismo arriesga su vida para empezar de nuevo.
Mi situación no es nada comparada a la de aquellos que su propia vida es un sufrimiento.
Escribo esto no para que me apoyéis, sino porque quiero que mi voz se oiga (o se lea) fuera de estos muros. No quiero que me apoyéis. Quiero que apoyéis a la causa de liberación animal, al movimiento de liberación de La Tierra. Cada acción es un paso para la construcción de un mundo mejor. Para todos los veganos, straight edge, punks, chavales del hardcore. Estoy aquí porque en este mundo hay solo dos opciones: obedecer o luchar. Y yo he escogido la última. La más difícil.
Ahora estoy lejos de mi familia y mis seres queridos, pero espero que esta carta sirva para acercarme a todos vosotros.
Sé que lo que digo puede sonar a locura, pero no es imposible. Si permanecemos unidos podremos hacerlo posible.
Para toda la gente que ha luchado contra las injusticias para ofrecernos el sueño de un mundo mejor.
Para todos aquellos que siguen luchando alrededor del globo para que esto suceda.
Solo creando espacios propios y creando webs de solidaridad con el resto de camaradas haremos que esto se convierta en una realidad.
Soy pobre, inmigrante (peruano), un “spic” (término ofensivo para los latinos en EEUU) para la policía. Soy Vegan Straight Edge.
Este mundo está muy jodido, pero sigo creyendo en el poder que tenemos para cambiarlo. Así que hacedme este favor: haced que este nuevo mundo se haga realidad.

Si quieres apoyar a Nahuel escríbele una carta/postal a la siguiente dirección:

Manuel “Nahuel” Bustamante Vergara
Centro Penitenciario Madrid IV
Navalcarnero CTRA N-V Km 27,7
280600 Navalcarnero, Madrid.


[ Machorka borroka internazionalen inguruko webgunetik hartua ]

ZAPATISTAS: LA PROHIBICIÓN DEL ALCOHOL Y OTRAS DROGAS EN TERRITORIO INDÍGENA

[ Straight Edge Madrid straight-en webgunetik hartua ]


ZAPATISTAS: LA PROHIBICIÓN DEL ALCOHOL Y OTRAS DROGAS EN TERRITORIO INDÍGENA 


Efectivamente, si el proyecto de la Providencia es excavar a estos salvajes para hacer espacio a los que cultiven la tierra, parece probable que el ron pueda ser el   medio   apropiado.   Ya   ha   aniquilado   todas   las   tribus   que   antiguamente habitaban la costa marítima.  
Benjamin Franklin
territorio zapatista
Las consecuencias del consumo de alcohol y el alcoholismo, si bien son graves problemas de salud pública en los núcleos urbanos, lo son más en regiones rurales e indígenas que no cuentan con acceso directo a los servicios de salud y otros apoyos. Y este hecho es algo que se vivía en los poblados de Chiapas donde era sufrido en las familias indígenas.

Esta realidad sigue en los poblados indígenas del estado de México, sin embargo en los poblados zapatistas la realidad es otra.
Durante el levantamiento zapatista el papel de la mujer ha estado muy presente en el proceso de cambio y resistencia frente a la aplastante represión militar del estado de México. Aún así la violencia y desigualdad dentro de las poblaciones indígenas de Chiapas era palpable. Tras todo este panorama las mujeres zapatistas, a la par que va en aumento de su participación en el proceso de autonomía de los pueblo indígenas, deciden generar una serie de propuestas en las que ellas veían un avance en la vida de las mujeres en las comunidades. Una de esas leyes iba centrada en la prohibición del consumo, producción y distribución de drogas y en especial el alcohol. Las mujeres zapatistas veían en el alcohol una de las causas de violencia doméstica y el empobrecimiento de las familias indígenas.
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“Además el consumo de alcohol no es bueno para la salud y sólo se derrocha el dinero”, Nayely, secretaria de salud de la comunidad “LA REALIDAD”
Prohibir el consumo de bebidas alcohólicas y sustancias ilícitas no fue una imposición en los territorios zapatistas sino una decisión colectiva. Las asambleas de hombres y mujeres, de jóvenes y ancianos definen las Leyes Revolucionarias Zapatistas no se imponen ni obedecen a la legislación del Gobierno Federal.
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Hace ya más de 20 años de la prohibición del alcohol en territorio zapatista. Se dice rápido. La diferencia en la cotidianidad familiar y comunitaria es profunda e implica menos violencia, lo cual ya es un indicador de sanidad. Y más tratándose de pueblos indígenas y conociendo los estragos que causa en ellos el alcohol, siempre de mala calidad.
Al no beber, los campesinos, en particular los varones, eliminan el riesgo de enfermedades frecuentes en los pueblos indígenas: úlcera, cirrosis, desnutrición y heridas con machete por quítame de ahí esas pajas. No se refleja en los indicadores de salud de las instituciones gubernamentales, pero su efecto en sública, bien mirado, es espectacular.
[NHL]

Aitor Aspuru: “Herri mugimenduetan droga ez da modu kritikoan kontsumitzen”

  • Aitor Aspuru: “Herri mugimenduetan droga ez da modu kritikoan kontsumitzen”



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  • ‘Drogak, kapitalismoa eta mugimendu erradikalak’ du izena Aitor Aspuru kazetariak Gatazka Kolektiboa izenpean argitara eman duen saiakerak. Ez du bere izena erabili nahi izan liburua idazteko beste hainbat kide eta elkarrizketaturen ezinbesteko laguntza izan duelako. Liburua espainieraz dago idatzia, eta besteak beste, Euskal Herrian drogaren inguruko eztabaidan izan diren aurrekariak ditu aztergai. Drogaren bilakaera historikoa eta kontsumoak kapitalismoarekin dituen loturak ere arakatu ditu Aspuruk, behar baino gutxiagotan lantzen dugun eztabaida arantzatsua hauspotuz.
    Euskal Herriari dagozkionak bideoan bildu ditugu, baina drogaren arazoa ikuspegi orokorrago batetik begiratzen duten galdera-erantzunak ere irakur ditzakezu segidan.
    Gizakia gizaki denetik drogak era badirela esan ohi da. Zer adierazten du horrek?
    Gizakia azken finean animalia da eta gure espeziaren biziraupenerako kultura sortu dugu. Baina tramankulu sozial horrek nolabaiteko errepresioa eragiten du gure baitan, gure grinekin talka egiten duelako. Errepresio hori malgutzeko erabili dira eta erabiltzen dira drogak, hainbat kulturatan. Baina ez da hori garrantzitsuena, nolako erabilera ematen zaion baizik. Ez dut uste esaterako, Perun, naturari lotutako gizartetan egiten den drogaren erabilera guk egiten dugunarekin aldera daitekeenik.
    Droga kontsumoarekiko kezkatik abiatzen da liburua, baina ez da, ohikoa den bezala, kalte fisiko indibidualetan oinarritzen, gizarte ikuspegi batean baizik.
    Drogen gaia norbanakoen ikuspegitik aztertzea liberalismoak saltzen duena jarraitzea da: bakoitzak nahi duena egin dezakeela… Baina komunitate batean norberak ezin du nahi duena egin, gainerakoekiko erantzukizuna ere baduelako. Ikuspegi horretatik, beste hainbat arazoren harira izan diren jarrera kolektiboen gisan, drogarekiko ere lanketa kolektibo bat egin beharko litzateke. Baina, gaur egun, ez da drogen arazoa mahai gainean jartzen.
    Kapitalismoak drogak behar ditu irauteko, edo gu gara kapitalismoan bizirauteko drogak behar ditugunak?
    Gu ere gizarte kapitalista gara, zati bat. Kapitalismoa ez da sistema hidrauliko bat, harreman sistema bat baizik, eta horren baitan gaude gu. Zentzu horretan, funtzionalak izateko eta sistemaren iraunkortasuna edo funtzionamendu zuzena bermatzeko behar ditugu drogak. Drogarik gabe agian biziraun dezake kapitalismoak, badaudelako ihes egiteko beste hainbat modu: pornografia, futbola, bideo-jokoak… Hortaz, drogak ez dira kapitalismoaren oinarri nagusia, baina beste hainbat gauza kritikatu ditugun modu berean -kontsumismoa, patriarkatua…-, drogekiko ere jarrera bera izan behar genuke.
    Aitor Aspuru
https://www.youtube.com/watch?v=LuM0dDPlHQs (Aitor Aspuru "Herri mugimenduetan ez da droga modu kritikoetan kontsumitzen")

Anarquismo y lucha antialcohólica en la Guerra Civil Española (1936-1939)

Anarquismo y lucha antialcohólica en la Guerra Civil Española (1936-1939)


A día de hoy, serían pocos los datos que obtendríamos sobre el movimiento libertario al abrir un libro de historia de los que, por ejemplo, se usan como manuales en educación secundaria o bachillerato. Efectivamente, al realizar tal ejercicio apenas si encontraríamos un par de epígrafes que ocupan una posición marginal en el contexto explicativo general del movimiento obrero y los cambios sociales ligados a la industrialización. A esto ha contribuido el papel hegemónico que las historiografías marxista y liberal ostentan en la institución universitaria; hegemonía que, por otro lado, ha contribuido a divulgar una visión histórica del anarquismo caracterizada por su sensacionalismo, simplicidad y falta de rigor. Sin duda alguna, son varios los mitos que, a modo de clichés, se utilizan de manera recurrente en las clases de historia para explicar la esencia del movimiento libertario desde su aparición en el siglo XIX hasta nuestros días. Nosotros no vamos a dar pábulo a lo que no dejan de ser tópicos y, por el contrario, intentaremos ―ese el propósito de esta colección― mostrar una visión histórica que abunde en la complejidad intrínseca de los movimientos sociales.

Precisamente, es con esa intención con la que hoy ponemos en circulación este libelo:Anarquismo y lucha antialcohólica en la Guerra Civil Española (1936-1939). Un texto que, pensamos, ayuda a comprender mejor la especial sociología del anarquismo organizado en el Estado español. En ese sentido, la lucha antialcohólica formó parte del ámbito de acción política de un movimiento, el libertario, caracterizado históricamente por la puesta en práctica de un discurso anticapitalista de carácter regenerador.

Para finalizar, desde Piedra Papel Libros queremos agradecer la gentileza de los dos autores de este texto ―Mariano Lázaro Arbués, historiador, y Manuel Cortés Blanco, médico― a la hora de cedernos desinteresadamente el texto que hoy os presentamos. En este  caso, tanto autores como editorial coincidimos en la necesidad de divulgar este tipo de artículos por canales de distribución poco permeables a los movimientos sociales, lo que puede contribuir, aun de manera indirecta, a cuestionar las versiones de la historia puestas en pie por los ingenieros del consenso. Por nuestra parte, si con la edición de esta obra hemos contribuido mínimamente a ese fin, nos daremos por satisfechos.

Los antipsicóticos a largo plazo, el sentido de las pruebas con la aportación del estudio holandés de seguimiento

Los antipsicóticos a largo plazo, el sentido de las pruebas con la aportación del estudio holandés de seguimiento; de Joanna Moncrieff

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Uno de mis recuerdos más fuertes, cuando era estudiante de medicina, hace referencia a una joven que fue traída a un hospital del norte de Inglaterra en la década de 1980. Confundida y asustada, refirió muchas ideas fragmentadas acerca de que tenía un aparato implantado en su cuerpo y que sentía que estaba siendo observada y manipulada por fuerzas inespecíficas pero malignas. Se le dieron antipsicóticos, la dosis fue aumentada gradualmente, y se volvió cada vez más tranquila, sumisa, sin emociones, sin expresión y físicamente débil. Para mí, ella parecía vacía y sin vida en comparación a lo que había sido antes, aunque es cierto que sufría menos. Hubo acuerdo en que estaba “mejor”.
Los casos como este, y los de otros muchos pacientes que deambulaban por las salas traseras de los antiguos manicomios, pronto me convencieron de que los fármacos antipsicóticos fueron correctamente considerados como una camisa de fuerza química, tal como Thomas Szasz y otros los describieron. Producen un estado artificial de restricción neurológica que afecta tanto al cuerpo como a la mente. Las dosis más bajas, como a menudo se utilizan hoy en día, indican que los efectos inducidos por estos fármacos son más sutiles que antes, pero aun con todo existen.

Por otro lado, los trastornos mentales graves pueden prolongarse y ser incapacitantes. Revisando los registros hospitalarios previos a la época de los fármacos modernos, se ve que algunas personas nunca se recuperaron y pasaron su vida en un estado de confusión y de deterioro, no pudiendo cumplir con sus funciones más básicas, o ni siquiera comunicarse con alguna persona de su entorno. Actualmente, veo alguna vez a personas que han permanecido en este tipo de estado durante muchos años  y alguno de ellos había recibido poco tratamiento farmacológico o ninguno.
Hay veces en que el uso de fármacos antipsicóticos parece producir la suficiente supresión para que las personas puedan dejar de lado sus preocupaciones psicóticas y volver a conectar con el mundo exterior. Los efectos de abotargar la emoción de los fármacos son particularmente relevantes aquí. Pierre Deniker, uno de los primeros psiquiatras franceses que utilizaron la clorpromazina en los años 1950, describió que la gente que tomaba antipsicóticos simplemente perdía interés en sus delirios (1).
En la década de 1950, cuando los fármacos que ahora llamamos “antipsicóticos” estuvieron disponibles por primera vez, los psiquiatras los reconocieron como sustancias tóxicas que tenían la capacidad de suprimir pensamientos y emociones, sin poner simplemente a dormir a la persona, como lo hacían los antiguos sedantes. La restricción mental producida por los medicamentos se entendió como parte de un estado general de inhibición física y mental de un modo que se asemejaba a la enfermedad de Parkinson. Los primeros psiquiatras no dudaban que este estado de restricción neurológica era potencialmente dañino para el cerebro (1), como después Peter Breggin, en repetidas ocasiones lo señaló, aunque con poco éxito. Sin embargo, la corriente principal de la psiquiatría se sintió incómoda con la idea de que su tratamiento fundamental funcionaba porque era un tóxico neurológico. Los fármacos pronto se transformaron, de forma oficial, en sofisticados tratamientos que tenían como objetivo un desequilibrio químico subyacente u otra anomalía, a pesar de que no había, y todavía no hay, pruebas convincentes de que este sea el caso.
Cuando se entienden los fármacos antipsicóticos al modo antiguo resulta obvio que recibir tratamiento durante años y años puede tener consecuencias nefastas. Sin embargo, esta pauta se convirtió rápidamente en la habitual para las personas diagnosticadas con una enfermedad mental grave, desde que se introdujeron estos fármacos en la década de 1950. Y al día de hoy sigue siendo la norma. Las directrices actuales insisten en que “el tratamiento a largo plazo está indicado para todos los pacientes con esquizofrenia” (2). La creencia actual de que los antipsicóticos son tratamientos que rectifican una anomalía subyacente ayudó a borrar el recuerdo de sus efectos incapacitantes, y con ello se convenció a la comunidad psiquiátrica de que era necesario y benéfico el tratamiento a largo plazo.
Actualmente, creo que los medicamentos antipsicóticos pueden ser útiles en la supresión de los síntomas psicóticos, y que en algunos casos, cuando las personas se ven acosadas ​​por estos síntomas de forma continuada, la vida con tratamiento farmacológico a largo plazo, a pesar de todos sus inconvenientes, puede ser preferible a una vida sin ellos. Pero la mayoría de las personas que experimentan una crisis psicótica tiende a recuperarse. Y en esta situación  se recomiendan los antipsicóticos,  no sobre la base de que proporcionan alivio a los síntomas severos, sino debido a que se afirma que reducen el riesgo de recaída.
Pero aquí hay dos problemas. En primer lugar, los estudios que proporcionan pruebas de que el tratamiento antipsicótico reduce las recaídas son deficitarios por varias razones. No comparan a las personas que inician el tratamiento a largo plazo con las que no lo hacen, sino que comparan a las personas que son retiradas de los antipsicóticos que los han estado tomando durante mucho tiempo, por lo general bruscamente, con quienes continúan tomándolos. Por lo tanto, estos estudios pueden estar afectados por el hecho de que las personas que dejan el tratamiento farmacológico, sobre todo después de haber estado tomándolo durante algún tiempo, es probable que noten los efectos relacionados con la abstinencia, que sabemos que incluye agitación, insomnio y ocasionalmente síntomas psicóticos (este estado a veces se ha denominado psicosis por hipersensibilidad). Además, las diferencias en las tasas de recaída seguramente han sido exageradas en estos estudios, especialmente porque la recaída se ha definido con frecuencia como un modesto deterioro en la condición general o en los síntomas. Por otro lado, los estudios no suelen durar más de seis meses, y de hecho los estudios que duran más de un año muestran una disminución de la diferencia en las tasas de recaída entre las personas que reciben tratamiento de mantenimiento y aquellas a las que se les retiró de su antipsicótico (3).
El otro problema fundamental de estos estudios es que proporcionan poca o ninguna información distinta a la recaída. Después de que la persona ha tenido una recaída ya no es objetivo de seguimiento a más largo plazo, y rara vez se han realizado intentos de evaluar cómo las personas están realmente funcionando. Junto a la definición tan laxa de recaída que ha sido usada en la mayoría de los estudios, esto puede significar que las personas podrían estar globalmente peor con el tratamiento farmacológico continuado de lo que habrían estado sin el, incluso aunque hubieran experimentado una ‘recaída’. Y como los datos no han sido recogidos, simplemente no lo sabemos.
Sin embargo, alguna otra evidencia nos puede indicar que este podría ser el caso, como el estudio de cohortes a largo plazo de Martin Harrow, que demuestra que las personas que toman antipsicóticos durante largos períodos tienen menores tasas de recuperación que aquellos que no lo hacen (4). Esto ha sido ignorado por la psiquiatría que se ha obsesionado tanto con los ensayos aleatorizados y controlados. Aun si las pruebas no dicen lo que se necesita saber, y si estos datos son los que tenemos, entonces deberían dictar la práctica. Aquellos que querrían defender el tratamiento antipsicótico a largo plazo podrían señalar que la gente del estudio de Harrow que no tomaba antipsicóticos podría haber estado menos afectada al inicio del mismo. Dado que no fue un ensayo aleatorizado, que comparaban a personas  tratadas con fármacos y personas no tratadas, no se comparaban condiciones semejantes.
Por ello, los resultados del seguimiento a largo plazo con un ensayo aleatorizado y controlado realizado en los Países Bajos son muy importantes. Este estudio, que Bob Whitaker ha descrito en detalle en su blog recientemente, en el que participaron personas que se habían recuperado de un primer episodio de psicosis fueron asignadas al azar, a tratamiento de “mantenimiento” habitual con antipsicóticos, o a otro grupo en el que los  antipsicóticos se redujeran de forma flexible y se suspendieran si fuera posible. Después del primer episodio de seguimiento a los 18 meses, el doble de personas habían recaído en el grupo de discontinuación respecto al grupo de mantenimiento, aunque sólo el 20% del grupo de discontinuación había detenido efectivamente la toma de antipsicóticos en este momento (5).
Siete años más tarde, sin embargo, no hubo diferencia en las tasas de recaída, y los niveles de síntomas psicóticos fueron similares en ambos grupos, pero la gente en el grupo que tenía la estrategia de discontinuación tenía más del doble de probabilidades de haberse recuperado desde una perspectiva funcional. En ese momento, el 42% del grupo que había sido asignado al programa de interrupción de antipsicóticos, y el 24% de los que fueron asignados a tratamiento de mantenimiento con antipsicóticos, habían interrumpido la toma de antipsicóticos o estaban tomando sólo dosis bajas (menos de 1 mg por día de haloperidol o dosis equivalentes de otros antipsicóticos). Tenían mayor probabilidad de mostrar recuperación sintomática y funcional que quienes se quedaron con las dosis estándar de antipsicóticos (6).
Este estudio proporciona una confirmación provisional de que el uso de antipsicóticos a largo plazo deteriora la capacidad de las personas para funcionar, y esto es exactamente lo que deberíamos esperar de fármacos que inhiben los procesos mentales y la actividad nerviosa. El estudio también muestra que si se reducen las dosis de antipsicóticos de una forma gradual y sostenida, las personas se encuentran mejor a largo plazo. Algunos logran dejar los antipsicóticos completamente y funcionan bien, y en general, no van a sufrir mayores niveles de síntomas o recaídas que si hubieran permanecido con el nivel inicial de medicación.
Como Bob Whitaker y otros en esta Web han subrayado, este estudio debería cambiar radicalmente la forma en que se utilizan los antipsicóticos. Estos no son medicamentos inocuos, y las personas deben tener la oportunidad de probar si pueden defenderse sin ellos, tanto durante un episodio psicótico agudo como después de la recuperación de una crisis. Si los psiquiatras no hubieran olvidado las lecciones del pasado, y si hubieran estado dispuestos a reconocer lo que hacían los medicamentos mirando con sus propios ojos, habría llegado a esto hace mucho tiempo.
13 de agosto del 2013
Este blog se basa en el material del nuevo libro de Joanna Moncrieff sobre antipsicóticos, que se editará en septiembre titulado “Las píldoras más amargas: la inquietante historia de los fármacos antipsicóticos” (The Bitterest Pills: the Troubling Story of Antipsychotic Drugs; Palgrave Macmillan).

Fuente:
http://www.madinamerica.com/2013/08/long-term-antipsychotics-making-sense-of-the-evidence-in-the-light-of-the-dutch-follow-up-study/

References:
(1)    Deniker P. Experimental neurological syndromes and the new drug therapies in psychiatry. Compr Psychiatry 1960 Apr;1:92-102.
(2)    Hasan A, Falkai P, Wobrock T, Lieberman J, Glenthoj B, Gattaz WF, et al. World Federation of Societies of Biological Psychiatry (WFSBP) guidelines for biological treatment of schizophrenia, part 2: update 2012 on the long-term treatment of schizophrenia and management of antipsychotic-induced side effects. World J Biol Psychiatry 2013 Feb;14(1):2-44.
(3)     Leucht S, Tardy M, Komossa K, Heres S, Kissling W, Salanti G, et al. Antipsychotic drugs versus placebo for relapse prevention in schizophrenia: a systematic review and meta-analysis. Lancet 2012 Jun 2;379(9831):2063-71.
(4)    Harrow M, Jobe TH, Faull RN. Do all schizophrenia patients need antipsychotic treatment continuously throughout their lifetime? A 20-year longitudinal study. Psychol Med 2012 Feb 17;1-11.
(5) Wunderink L, Nienhuis FJ, Sytema S, Slooff CJ, Knegtering R, Wiersma D. Guided discontinuation versus maintenance treatment in remitted first-episode psychosis: relapse rates and functional outcome. J Clin Psychiatry 2007 May;68(5):654-61.
(6) Wunderink L, Nieboer RM, Wiersma D, Sytema S, Nienhuis FJ. Recovery in Remitted First-Episode Psychosis at 7 Years of Follow-up of an Early Dose Reduction/Discontinuation or Maintenance Treatment Strategy: Long-term Follow-up of a 2-Year Randomized Clinical Trial. JAMA Psychiatry 2013 Jul 3.