Desempoderamiento

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¿Quién manda aquí?
“Y si ya tengo el agua que me da la lluvia
Si conozco lo grande que me da el cielo
Si ya tengo lo oscuro que me da la noche
Si entiendo lo que pasa cuando arde el fuego
Si se abren los caminos cuando hay estrellas
Si puedo vivir con lo que cae al suelo
Si no me falta la esperanza gracias a la mañana
Yo no necesito poder
¿Quién manda aquí? ¿Quién?
¿Quién manda aquí? ¿Quién?
Tiempo de ver cómo se levanta la gente
Yo no necesito poder”

Mala Rodríguez. Canción: ¿Quién manda aquí?
 
El problema no es quién tiene el Poder, sino el Poder mismo. El problema no es que el Poder lo ejerza un tirano, una minoría oligárquica, unos señoritos, una casta de políticos, unas multinacionales, la industria armamentística o los bancos. El problema no es que el Poder lo ejerzan los hombres sobre las mujeres, los adultos sobre los niños, los letrados sobre los iletrados, los médicos sobre los enfermos… Porque si el Poder se desplaza del poderoso hacia el oprimido lo único que cambia es que quien antes era el oprimido pasa a ser el poderoso y quien antes era el poderoso pasa a ser el oprimido.
Se oyen voces entre los oprimidos reclamando el Poder. Se habla de “empoderamiento”, de “asalto al poder”, “asalto a las instituciones”, “devenir casta”…  Pero esto nunca será una solución, sino un mero intercambio de papeles. Reclamar el Poder para la mayoría sólo significa que habrá una minoría oprimida y lo que no queremos es que haya opresores y oprimidos. El problema es el Poder. El problema son las instituciones que se instituyen sistemas de Poder. El problema es el Estado que se basa en el Poder.
Si queremos vivir sin amos. Si no queremos vivir en relaciones de Poder… lo que tenemos que hacer es caminar hacia el desempoderamiento… desempoderarnos, no empoderarnos…
Porque queremos caminar hacia un mundo sin Poder… hacia un mundo en el que todas las personas tengamos un lugar, un mundo en el que otros mundos sean posibles, un mundo sin normas dictadas por el Poder, sin leyes impuestas por el Poder, un mundo sin instituciones basadas en el Poder que restrinjan nuestra libertad, un mundo en el que todos los seres nos relacionemos en el plano de la igualdad, un mundo en el que la norma sea la diversidad…

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El desempoderamiento.PDF

[Rus Rediretik hartutako testua]

Los espacios de solidaridad fallan por la falta de empatía radical. Entrevista con Clara Valverde.

Los espacios de solidaridad fallan por la falta de empatía radical. Entrevista con Clara Valverde.                     
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“Estamos en guerra: los que tienen en poder neoliberal nos han declarado la guerra. Y la gente hace como si nada. Estamos en una situación de injusticia extrema. No es el momento de estar tranquilos”.
Entrevistamos a Clara Valverde, afectada por una enfermedad crónica, escritora y ciberactivista, que acaba de publicar un libro (De la necropolítica neoliberal a la empatía radical: Violencia discreta, cuerpos excluidos y repolitización; Icaria Editorial, 2015) en el que denuncia cómo las políticas neoliberales buscan el exterminio de las persones excluidas y hace una llamada a la autoorganización del sufrimiento.
El neoliberalismo no necesita armas para matar. Las paradas, las precarias, las enfermas, las emigrantes, las sin techo, las no rentables, todas ellas están sufriendo en su propio cuerpo una forma de política orientada a su exterminio.
En su último libro, Clara Valverde se refiere a esta guerra que genera exclusión con el nombre de “necropolítica” (del griego necro, “muerte”). Y para hacer frente a esta situación, apuesta por la autoorganización del sufrimiento social. ¿Cómo hacerlo? Los espacios de coordinación de luchas y de apoyo mutuo a menudo hacen aguas al trabajar en los márgenes del sistema. “Fallan”, según la autora, “porque la gente no piensa que el sufrimiento que viven otros, esa situación difícil, les pasará a ellos”. “Les falta empatía radical”, afirma.
El último libro de Clara Valverde, De la necropolítica neoliberal a la empatía radical: Violencia discreta, cuerpos excluidos y repolitización (Icaria Editorial, 2015) se acaba de presentar. En sus páginas se explica que la línea divisoria entre las personas “incluidas” y las “excluidas” es cada vez más fina. La autora lo sabe muy bien. Fue profesora de enfermería durante décadas y activista desde muy joven. Ahora está demasiado enferma para continuar dando clases. Desde su cama, en los pequeños ratos en el que el cuerpo se lo permite, escribe y es ciberactivista. Es la presidenta de la Liga SFC/SSC (Síndrome de Fatiga Crónica/Síndromes de Sensibilización Central). “Somos radicales porque vivimos una realidad radical”, dice. Por eso apuesta por la radicalización de la empatía como forma de supervivencia y de lucha.         
HR: Desde la exclusión, ¿se ve el mundo más claro? Explícanos alguna cosa que solo se ve desde aquí.
CV: Se ve la gran negación en la que vive la mayoría de la gente. Es impresionante. Estamos en guerra: los que tienen el poder neoliberal nos han declarado la guerra. Y la gente hace como si nada. Hay gente que no tienen techo, comida, ayuda. Aquí mismo, delante nuestro. Pero casi nadie lo ve. Casi nadie se inquieta. Veo que la gente está demasiado tranquila. No son tiempos para la tranquilidad. Estamos en una situación de injusticia extrema. No es el momento de estar tranquilos.
HR: En el libro hablas de formas de violencia discreta. ¿Nos das algunos ejemplos?
CV: El paternalismo, el pensamiento “positivo”, la manipulación y perversión de la participación ciudadana son algunos ejemplos. La tolerancia es otro tipo de violencia discreta. Si yo “tolero” a alguien, es que tengo poder sobre esa persona. La aguanto. La desprecio. Se dice que hay que tolerar las diferencias. No, lo que hay que hacer es analizarlas, hablarlas, ver a quién sirven, mirar bien a qué se deben.

HR: Te refieres al caso de los enfermos de los Síndromes de Sensibilización Central (SSC), que tan bien conoces- en tu propia piel-, como un “aviso”. ¿De qué nos están avisando?
CV: Las 250.000 personas (el 3,5% de la población) que viven con estas patologías en Catalunya están dando un aviso al resto de la sociedad sobre el nivel de crueldad al que puede llegar el neoliberalismo. Los enfermos de SSC ya tenían pocos derechos y no eran creídos, y ahora, en Catalunya, se les ha quitado el derecho a seguir viendo a sus especialistas. Y se les está retirando las pensiones. Lo que están haciendo las administraciones sanitarias con los enfermos de SSC lo harán con el resto de los enfermos en el futuro. Están viendo que lo pueden hacer y que no hay una alarma social. Eso anima a los administradores y a los gobiernos a excluir más grupos.
CV: Los enfermos de SSC son un aviso de que puede haber en nuestra sociedad cientos de miles de personas que sufren y nadie hace nada para ayudarles. Son un aviso de lo poco empáticos que pueden llegar a ser los seres humanos.
CV: También los SSC son un aviso de lo tóxico que es nuestro medio ambiente. Los productos químicos provocan y perpetúan estas enfermedades. Solo hay que ver a gente que no pueden salir de su casa sin una mascarilla industrial para hacerse la idea de lo que va a ocurrir a los seres humanos en los próximos años.
HR: ¿Somos cómplices de la necropolítica del neoliberalismo? ¿En qué sentido?         
CV: Todos somos cómplices de las políticas mortíferas del neoliberalismo si nos creemos las mentiras de los poderosos y su prensa, si participamos en excluir a los nuevos llegados, a los que no tienen privilegios, a los que sufren. Somos cómplices si no nombramos claramente las injusticias y las desigualdades que vemos. En Catalunya, desde hace unos meses, gente que antes estaba activa trabajando por la justicia, ahora está inactiva, esperando. Este esperar a que algo o alguien cambie, eso es participar en la necropolítica. No hay menos sufrimiento. No hay menos desigualdades. Entonces, ¿por qué la gente está esperando?
HR: ¿Por qué crees que a menudo fallan los espacios de coordinación de lucha como espacios de apoyo mutuo?
CV: No siempre fallan, pero fallan porque la gente no piensa que ese sufrimiento que viven los otros, esa situación difícil, les puede pasar a a ellos. La Acampada ICAMS es un buen ejemplo. Estadísticamente, un tercio de la población desarrollará una enfermedad crónica antes de los 65 años de edad. Eso quiere decir que tendrán que pasar por el temido ICAMS [Insitut Català d’Avaluciones Mèdiques i Sanitàries, la agencia del gobierno catalán que decide si estás demasiado enfermo para trabajar, que otorga pensiones, etc.], y seguro que le darán el alta aunque esté demasiado enfermo para trabajar.
CV: El ICAMS funciona por cuotas y con recortes. No tienen en cuenta la salud de la gente. Son los “mercenarios” del Departament de Salut. Es una injusticia que es o ha sido parte de la vida de muchísimos catalanes. Y, ¿cuánta gente va a las concentraciones semanales delante del ICAMS para protestar contra las altas injustificadas? Pues menos de 100 personas. Y los otros, ¿a qué esperan? ¿A que les toque a ellos? Falla por falta de empatía radical.
HR: Sí, en tu libro hablas de esta empatía radical. ¿En qué se diferencia de la solidaridad?
CV: Solidaridad es una bonita palabra que ha estado muy manipulada y que puede querer decir muchas cosas diferentes dependede quién la utilice. Empatía es ponerse en el sitio del otro, del que sufre. Es intentar imaginarse lo que vive, y mostrarle que su sufrimiento nos importa.
CV: La empatía radical es una idea que he ido desarrollando que no es solo imaginarse e interesarse por el sufrimiento del otro. Es darse cuenta de que el otro no es tan diferente de nosotros. En esta sociedad neoliberal, mucha gente que ahora no están en dificultades, fácilmente pueden estarlo. Si una enferma pierde su trabajo, las políticas neoliberales la dejarán de lado como si fuera basura.
CV: La empatía radical es tomar conciencia de que uno es también el que duerme en el cajero, el que come en Cáritas. Y si uno tiene aún más capacidades radicales, se puede imaginar que también es el refugiado que este invierno se muere de frío en un campamento de refugiados. La mayoría de la gente que no está en dificultades, los “incluidos”, en esta sociedad están muy cerca de ser excluidos.
HR: Santiago López Petit lanza esta pregunta en el prólogo del libro y ahora te la devuelvo: “¿Cómo autoorganizamos el sufrimiento social? En otras palabras, cómo incorporamos la exclusión social al llamado ‘común’?”
CV: El prólogo de Santiago es excelente. ¡Hay que leerlo! Para organizarnos, los que aún no están excluidos deberían acercarse a la realidad y a los espacios de los excluidos. En estos espacios no hay sitio ni tiempo para repetir maneras de organizarse que ya ha demostrado su inutilidad. Crear y mantener estructuras verticales y líderes ha demostrado ser una pérdida de tiempo, energía y aburre y desmoviliza. Aparte de que reproducen autoritarismo y machismo. Yo creo que tenemos que retomar y potenciar las maneras horizontales de organizarnos que llevamos a cabo en el 15-M. Hay mucha gente que ahora han vuelto hacia atrás a estructuras y maneras de organizarse que son verticales. Necesitamos crear pequeños grupos de afinidad para después hacer enjambre con otros para acciones puntuales. La manera de organizarnos tiene que ser ética. El proceso es el producto. Como decían los compañeros de Occupy Wall Street: “No tenemos reivindicaciones. Nosotros somos las reivindicaciones”.


[Elkarrizketa hau Clara Valverderi Homera Rosettik burutu eta La Directa egunkarian agertu huNan lehengo urteko abenduan eta duela hilabete inguru jaitsi ziNaten Primera Vocal kolektibokoei hartu zieNat]

La hora de la responsabilidad

La hora de la responsabilidad

 
 
Queridos lectores,

El último informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el World Energy Outlook (WEO) 2016, incluía una detalladísima discusión sobre las perspectivas del mercado del petróleo, como ya comentamos en el post dedicado a este informe. En el WEO 2016 se explica cómo la caída de inversión actualmente observada en las compañías dedicadas a la explotación de hidrocarburos llevará, si no se revierte pronto, a graves problemas de abastecimiento de hidrocarburos líquidos (también conocidos como "todos los líquidos del petróleo") en los próximos años. Ilustraba el WEO 2016 la magnitud de ese problema con una gráfica que merece la pena rescatar.



En este gráfico se muestra cómo la producción de las fuentes de petróleo más o menos aseguradas podría ser insuficiente para cubrir la demanda de petróleo en un momento tan temprano como 2018. Es significativo que el escenario de referencia que toma la AIE para hacer su predicción sobre la evolución de la producción y demanda de petróleo contempla una recuperación del precio internacional del oro negro ya en 2017, a pesar de que sabemos que la recuperación de precio no será jamás duradera y que, al contrario, el precio irá oscilando cada vez más rápido a medida que nos adentremos en la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda. A pesar de esa poco verosímil recuperación duradera del precio del petróleo que la AIE estima que debe comenzar en unos meses, la propia Agencia no debe contar con que se consolide la recuperación lo suficiente como para que los yacimientos que aún no se han puesto en explotación empiecen a producir, pues es justamente la producción que debería provenir de esos yacimientos el único tipo de petróleo que no está incluido en la figura 3.16 que reproduzco más arriba. Además, resulta llamativo que la AIE no haya puesto más que el horizonte productivo a diez años vista, cuando sus escenarios cubren 25 años. Tomemos, por tanto, un poco más de perspectiva.

Este año la AIE nos presenta una estadillo muy desglosado, con tipos de yacimiento que antes no distinguía, en su Tabla 3.11




Si uno representa los valores de esa tabla, sobre todo el horizonte de la previsión de la AIE (es decir, hasta 2040) y usando unos colores similares a los suyos, lo que se obtiene es lo siguiente.




Aquí he desglosado los tipos de yacimiento que no están incluidos en la Figura 3.16 en dos categorías: encontrados pero no aprobados para su explotación (franja roja) y por encontrar (franja lila). Incluyo también como categoría aparte las ganancias de proceso (franja amarilla), aunque en la Figura 3.16 está unida a "Otros". Por otro lado, no sólo represento los datos hasta 2040, sino que para mejorar la perspectiva del momento utilizo los datos de 2000, 2005 y 2010 que he recuperado de los anteriores WEOs. En los informes anteriores no había algunas de las categorías actuales de explotación; en particular, el petróleo convencional no venía desglosado en campos post-pico, de legado y en ascenso  (repasen el post sobre el WEO 2016 donde se explican estas categorías), así que he interpolado linealmente los datos para que el aspecto del gráfico sea más razonable (recordando que "legado" y "en ascenso" tienen como fecha convencionalmente fijada de arranque el año 2000, con lo que su valor ese año es cero), aceptando un pequeño grado de error con ello.

Del gráfico de arriba se ve claramente dónde está el problema: dada la actual pésima situación financiera de las compañías (que se remonta en realidad a 2011), no es previsible que se vayan a poner en explotación en ninguna fecha temprana los campos que ya cuentan con permiso de explotación pero que no se explotan, y tampoco parece probable que se pidan permisos para yacimientos ya identificados; peor aún, dados los recortes en exploración y desarrollo es probable que no se vayan a descubrir nuevos yacimientos a un ritmo ni medianamente comparable al de las dos pasadas décadas. Ése es el sentido de la Figura 3.16 con la que abro el post (y esa figura es todavía optimista, como ya explicaré cuando escriba la edición de este año de "El ocaso del petróleo").

Pongamos la cosa en mejor perspectiva: redibujemos la figura 3.16 pero usando los datos de la tabla 3.11 para completarla hasta 2040 y con datos de los anteriores WEOs para los años anteriores a 2015, para ver de dónde venimos y a dónde vamos.



Esta gráfica muestra claramente algunas de las cosas que llevamos tiempo comentando en este blog: que la producción de petróleo crudo convencional llegó a su máximo aproximadamente en 2005, que desde 2010 la producción de petróleo convencional empezó un suave declive y, finalmente, que 2015 es probablemente la fecha del peak oil, el temido momento a partir del cual la producción de todos los tipos de hidrocarburos líquidos (convencionales y no convencionales) llega a su máximo y a partir de ahí su declive es inexorable. La gráfica, empero, nos dice algunas cosas más: nos dice que, si no se recupera la inversión y los campos ahora mismo aparcados o simplemente no buscados no se ponen en línea, la producción de hidrocarburos líquidos caerá un 40% respecto al nivel actual en sólo 25 años (y eso sólo en volumen; esperen a que publique "El Ocaso del Petróleo: Edición de 2016" para ver la energía neta). 

Insisto: esa gráfica solamente representa los datos oficiales de la AIE; no he hecho ningún cálculo con ellos (aparte de la interpolación de los años anteriores a 2015, en todo caso valores históricos); por tanto, es tal cual lo que aparece en el informe. Y ya es bastante preocupante.

Delante de este hecho, me planteo varias preguntas, que quisiera trasladar públicamente a los responsables del Gobierno de mi nación:

- El Gobierno español es, como el resto de los gobiernos de la OCDE, receptor de este informe. Las personas al cargo de recibir el informe y valorarlo, ¿se han dado cuenta de la gravedad que translucen estos datos? 

- ¿Piensan emitir alguna recomendación oficial al Gobierno español para que se prepare para este escenario tan complicado que dibuja la AIE?

- Si la posición de las personas al cargo o incluso del propio Gobierno español es que confían en que las categorías de hidrocarburos líquidos no incluidas en la Figura 3.16 (recordemos: encontrado y no explotado, y por encontrar) compensarán el vacío observado, ¿han tenido en cuenta las previsiones de la AIE, que indican que para compensar la desinversión de estos años tendrían que aprobarse nuevos yacimientos a ritmos históricamente nunca vistos?




- Dada la gravedad de lo que se anticipa, ¿no cree el Gobierno español que debería pedir explicaciones más detalladas a la Agencia Internacional de la Energía?

- Si el Gobierno español decide inhibirse y no actuar delante de un asunto de tanto calado que, por lo que parece, va a manifestarse en los próximos pocos años, ¿no estaría incurriendo en una gravísima irresponsabilidad? ¿Puede el Gobierno español ignorar completamente los avisos, aún velados pero cada vez más claros, de un organismo de referencia como es la Agencia Internacional de la Energía?

Cuando vengan los problemas, no digan que no se les avisó, no digan que la información de la que disponían no era clara. Digan, más bien, que no supieron cómo reaccionar, que tuvieron miedo a las consecuencias, que prefirieron cerrar los ojos, como los niños, a ver si los problemas se desvanecían por sí solos. Pero, por desgracia, no estamos hablando de un problema de niños.

Salu2,
AMT 

[Crash Oil Antonio Turielen webgunetik hartutako informazioa]

Kaos y Lentejas jaialdiaz ...

[Kaosa eta dilista zaratatsuen jaialdiaren berri ondorenean]

Kaos y Lentejas jaialdiaz gaurko irratsaioan

abendua 13th, 2016
Aste honetako ZarataZarautz irratsaioa, Usurbilgo Gaztetxean ospatuko den Kaos y Lentejas jaialdiari eskeiniko diogu. Horretarako, bertako antolatzaile bat edukiko dugu gurean, Jon Gorotz alegia. Berari elkarrizketa egiteaz gain, bertan joko duten taldeen abestiak jarriko ditugu, beti bezala, gaueko 21:30etatik aurrera, FMko 99.3an.

kaos_y_lentejas_abenduak13
 

Sobre el colapso

Sobre el colapso

(Artículo previamente publicado en el web del autor.)
Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo (Los Libros de la Catarata)
Acabo de publicar un libro titulado Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo (Los Libros de la Catarata). Me permito resumir aquí, con vocación fundamentalmente pedagógica, algunas de las tesis que defiendo en esa obra. Lo hago, por lo demás, desde la certeza de que el debate relativo a un eventual colapso general del sistema que padecemos falta llamativamente tanto en los medios de incomunicación como entre los responsables políticos. Dicho esto, agrego que no estoy en condiciones de afirmar taxativamente que se va a producir ese colapso general, y menos lo estoy de adelantar una fecha al respecto. Me limito a señalar que ese colapso es probable. No sólo eso: que los datos que van llegando invitan a concluir que es cada vez más probable, algo que, por sí solo, invitaría a asumir una estrategia de reflexión, de prudencia y, claro, de acción.

1. ¿Qué es el colapso?

El colapso es un proceso, o un momento, del que se derivan varias consecuencias delicadas: cambios sustanciales, e irreversibles, en muchas relaciones, profundas alteraciones en lo que se refiere a la satisfacción de las necesidades básicas, reducciones significativas en el tamaño de la población humana, una general pérdida de complejidad en todos los ámbitos —acompañada de una creciente fragmentación y de un retroceso de los flujos centralizadores—, la desaparición de las instituciones previamente existentes y, en fin, la quiebra de las ideologías legitimadoras, y de muchos de los mecanismos de comunicación, del orden antecesor.
Importa subrayar, de cualquier modo, que algunos de los rasgos que se atribuyen al colapso no tienen necesariamente una condición negativa. Tal es el caso de los que se refieren a la rerruralización, a las ganancias en materia de autonomía local o a un general retroceso de los flujos jerárquicos. Esto al margen, es razonable adelantar que el concepto de colapso tiene cierta dimensión etnocéntrica: es muy difícil —o muy fácil— explicar qué es el colapso a un niño nacido en la franja de Gaza; no lo es tanto, por el contrario, hacerlo entre nosotros.

2. ¿Cuáles son las previsibles causas de un colapso general del sistema?

Conforme a una visión muy extendida, y controvertida, habría que identificar dos causas principales del colapso, en el buen entendido de que en la trastienda operarían otras que llegado el caso podrían adquirir un papel prominente u oficiar como multiplicadores de tensión. Las dos causas mayores son el cambio climático y el agotamiento de las materias primas energéticas que empleamos.
En lo que al cambio climático se refiere, parece inevitable que la temperatura media del planeta suba al menos dos grados con respecto a los niveles anteriores a la era industrial. Cuando se alcance ese momento nadie sabe lo que vendrá después, más allá de la certeza de que no será precisamente saludable. Conocidas son, por otra parte, las consecuencias esperables del cambio climático: además de un incremento general de las temperaturas se harán valer —se hacen valer ya— una subida del nivel del mar, un progresivo deshielo de los polos, la desaparición de muchas especies, la extensión de la desertización y de la deforestación, y, en fin, problemas crecientes en el despliegue de la agricultura y la ganadería.
Por lo que respecta al agotamiento de las materias primas energéticas, lo primero que hay que subrayar es nuestra dramática dependencia en relación con los combustibles fósiles. Si renunciamos al petróleo, al gas natural y al carbón, no quedará nada de nuestra civilización termoindustrial. Según una estimación, sin esos combustibles un 67% de la población del planeta perecería. Antonio Turiel sostiene que el pico conjunto de las fuentes no renovables se producirá en 2018, de tal suerte que inequívocamente la producción de aquéllas se reducirá y los precios se acrecentarán en un escenario en el que habrá que aportar cada vez más energía para obtener cada vez menos energía. Aunque se pueden imaginar cambios en la combinación de fuentes que hoy empleamos, con un mayor peso asignado, por ejemplo, a las renovables y al carbón, no hay sustitutos de corto y medio plazo para las fuentes presentes. Cualquier cambio reclamará, inequívocamente, transformaciones onerosísimas.
Entre los elementos acompañantes del colapso que podrían adquirir, en su caso, un relieve principal no está de más que mencione los que siguen: (a) la crisis demográfica; (b) una delicadísima situación social, con más 3.000 millones de seres humanos condenados a malvivir con menos de 2 dólares diarios; (c) la esperable extensión del hambre, acompañada, en muchos casos, de una escasez de agua; (d) la expansión de las enfermedades, en la forma de epidemias y pandemias, de multiplicación de los cánceres y las enfermedades cardiovasculares y de reaparición de dolencias como la tuberculosis; (e) un entorno invivible para las mujeres —son el 70% de los pobres y desarrollan el 67% del trabajo, para recibir sólo un 10% de la renta—; (f) el presumible efecto multiplicador de la crisis financiera, con sus secuelas en forma de caotización, inestabilidad, pérdida de confianza e incertidumbre; (g) la quiebra de muchos Estados, estrechamente vinculada con las guerras de rapiña asestadas por las potencias del Norte; (h) las secuelas de la subordinación de la tecnología a los intereses privados;(i) una huella ecológica disparada —el espacio bioproductivo consumido hoy es de 2,2 hectáreas por habitante, por encima de las 1,8 que la Tierra pone a nuestra disposición—, y (j) una inquietante idolatría del crecimiento económico.

3. ¿Cuáles son los rasgos previsibles del escenario posterior al colapso?

Antía Barba Mariño
Antía Barba Mariño
Cualquier respuesta a esta pregunta tiene que ser por fuerza especulativa. Para que no fuese así deberíamos conocer las causas mayores del colapso, si éste tiene un carácter repentino o no, sus eventuales variaciones geográficas o la naturaleza de las reacciones suscitadas. Aunque tampoco es posible fijar el momento del colapso, no está de más que señale que muchos analistas se refieren al respecto a los años que separan 2020 y 2050.

Aun con ello, y si se trata de identificar los rasgos generales de la sociedad poscolapsista, bien pueden ser éstos: (a) una escasez general de energía, con efectos visibles en materia de transporte, suministros y turismo, y al amparo de una general desglobalización; (b) graves problemas para la preservación de muchas de las estructuras de poder y dominación, y en particular para las más centralizadas y tecnologizadas; (c) una aguda confrontación entre flujos centralizadores, hipercontroladores e hiperrepresivos, por un lado, y flujos descentralizadores y libertarizantes, por el otro; (d) inquietantes confusiones entre lo público y lo privado, con una manifiesta extensión de la violencia de la que serán víctimas principales las mujeres; (e) una trama económica general marcada por la reducción del crecimiento, el cierre masivo de empresas, la extensión del desempleo, la desintegración de los llamados Estados del bienestar, la subida de los precios de los productos básicos, la quiebra del sistema financiero, el hundimiento de las pensiones y retrocesos visibles en sanidad y educación; (f) un general deterioro de las ciudades, con pérdida de habitantes y desigualdades crecientes; (g) un escenario delicado en el mundo rural, resultado de la mala gestión de los suelos, del monocultivo, de la mecanización y de la mercantilización, y (h) una reducción de la población planetaria.
En el caso preciso de la península Ibérica, los antecedentes son malos, como lo testimonian el abandono de las energías renovables, el despilfarro y la escasa eficiencia energética, la lamentable apuesta por la alta velocidad ferroviaria y por las autopistas, la baja producción de materias primas energéticas, el alto consumo de petróleo y, en fin, en la trastienda, la deuda. El cambio climático se traducirá ante todo en una subida notable de las temperaturas en la mitad meridional de la península, con efectos graves sobre la agricultura y una insorteable crisis de la industria turística. Esto al margen, se harán valer fenómenos planetarios como los vinculados con la quiebra de empresas, la explotación laboral, el empobrecimiento, la crisis financiera, la desnutrición, el deterioro de la sanidad y el descrédito de las instituciones.

4. ¿Qué proponen, como alternativa, los movimientos por la transición ecosocial?

En sustancia lo que proponen no es otra cosa que una recuperación del viejo proyecto libertario de la sociedad autoorganizada desde abajo, desde la autogestión, desde la democracia y la acción directas, y desde el apoyo mutuo.
Si se trata de identificar, de cualquier modo, algunos de los rasgos de esa transición ecosocial, y del escenario final acompañante, bien pueden ser los que siguen: (a) la reaparición, en el terreno energético, de viejas tecnologías y hábitos, en un escenario de menor movilidad y de retroceso visible del automóvil en provecho del transporte público; (b) el despliegue de un sinfín de economías locales descentralizadas; (c) el asentamiento de formas de trabajo más duro, pero en un entorno mejor, sin desplazamientos, con ritmos más pausados, con el deseo de garantizar la autosuficiencia, y sin empresarios ni explotación; (d) la progresiva remisión de la sociedad patriarcal, en un escenario de reparto de los trabajos y de retroceso de la pobreza femenina; (e) una reducción de la oferta de bienes, y en particular de la de los productos importados, en un marco de sobriedad y sencillez voluntarias; (f) la recuperación de la vida social y de las prácticas de apoyo mutuo; (g) una sanidad descentralizada basada en la prevención, en la atención primaria y en la salud pública, con un menor uso de medicamentos; (h) el despliegue de fórmulas de educación/deseducación extremadamente descentralizadas; (i) una vida política marcada por la autogestión y la democracia directa; (j) una general desurbanización, con reducción de la población de las ciudades, expansión de la vida de los barrios y progresiva desaparición de la separación entre el medio urbano y el rural, y (k) una activa rerruralización, con crecimiento de la población del campo en un escenario definido por las pequeñas explotaciones y las cooperativas, la recuperación de las tierras comunales y la desaparición de las grandes empresas. Cinco verbos resumen, acaso, el sentido de fondo de muchas de estas transformaciones: decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar y descomplejizar.

5. ¿Qué es el ecofascismo?

Aunque el prefijo “eco-” se suele identificar con realidades saludables, no está de más que señale que en el partido nazi, el partido de Hitler, operaba un poderoso grupo de presión de carácter ecologista, defensor de la vida rural y receloso ante las consecuencias de la industrialización y de la tecnologización. Cierto es que este proyecto se volcaba en favor de una raza elegida que debía imponerse, sin pararse en los medios, a todos los demás…
Carl Amery ha subrayado que estaríamos muy equivocados si concluyésemos que las políticas que abrazaron los nazis alemanes ochenta años atrás remiten a un momento histórico singularísimo, coyuntural y, por ello, afortunadamente irrepetible. Amery nos emplaza, antes bien, a estudiar esas políticas por cuanto bien pueden reaparecer entre nosotros, no defendidas ahora por ultramarginales grupos neonazis, sino postuladas por algunos de los principales centros de poder político y económico, cada vez más conscientes de la escasez general que se avecina y cada vez más decididos a preservar esos recursos escasos en unas pocas manos en virtud de un proyecto de darwinismo social militarizado, esto es, de ecofascismo. Este último, que en una de sus dimensiones principales responde a presuntas exigencias demográficas, reivindicaría la marginación, en su caso el exterminio, de buena parte de la población mundial y tendría ya manifestaciones preclaras en la renovada lógica imperial que abrazan las potencias occidentales. Cierto es que el escenario general de crisis energética puede debilitar sensiblemente los activos al servicio de un proyecto ecofascista.

6. ¿Qué es lo que la gente común piensa del colapso?

El colapso suscita reacciones varias. Una de ellas se asienta, sin más, en la ignorancia, visiblemente inducida por el negacionismo que proponen las grandes empresas con respecto al cambio climático o al agotamiento del petróleo. Una segunda reacción bebe de un optimismo sin freno, traducido en una fe ciega en que aquello que deseamos se hará realidad, en la intuición de que los cambios serán lentos, predecibles y manejables, en la certeza de que todavía tenemos tiempo o, en fin, en la confianza en los gobernantes. Una tercera posición es la de quienes estiman que inexorablemente aparecerán tecnologías que permitirán resolver todos los problemas. No faltan, en un cuarto estadio, quienes prefieren acogerse al carpe diem y, al efecto, consideran que sólo debe preocuparnos lo más inmediato y lo que está más cerca. Hay quien se acoge, en suma, al concepto de culpa y aduce, bien que no tiene obligación alguna de resolver los problemas que crearon otros, bien que la especie humana se ha hecho merecedora, por su conducta, de un castigo severísimo.
En este mismo orden de cosas, Elisabeth Kubler-Ross ha identificado cinco etapas en el procesamiento del colapso: la negación, la angustia, la adaptación, la depresión y la aceptación. Por detrás de muchas de las reacciones mencionadas se aprecia, de cualquier modo, el designio, en buena parte de la población del Norte opulento, de no renunciar a su modo de vida presente, y de preservar los niveles actuales de consumo y de status social. Y se aprecia también una firme negativa a pensar en las generaciones venideras y en las demás especies que nos acompañan en la Tierra.

7. ¿Esquivar el colapso?

El capitalismo es un sistema que ha demostrado históricamente una formidable capacidad de adaptación a los retos más dispares. La gran pregunta hoy es la relativa a si, llevado de un impulso incontenible encaminado a acumular espectaculares beneficios en un período de tiempo muy breve, no estará cavando su propia tumba, con el agravante, claro, de que dentro de la tumba estamos nosotros.
Ante el riesgo de un colapso próximo, en el mundo alternativo las respuestas son, en sustancia, dos. Mientras la primera entiende que no queda otro horizonte que el de aguardar a que llegue ese colapso —será el único camino que permita que la mayoría de los seres humanos se percaten de sus deberes—, la segunda considera que hay que salir con urgencia del capitalismo y que al respecto, y a título provisional, lo que se halla a nuestro alcance es abrir espacios autónomos autogestionados, desmercantilizados y, ojalá, despatriarcalizados, propiciar su federación y acrecentar su dimensión de confrontación con el capital y con el Estado. Si unos interpretan que estos espacios nos servirán para esquivar el colapso, otros creen que es preferible concebirlos como escuelas que nos prepararán para sobrevivir en el escenario posterior a aquél. Lo más probable, de cualquier modo, es que no consigamos evitar el colapso: lo que está a nuestro alcance es, antes bien, postergar un poco su manifestación y, tal vez, mitigar algunas de sus dimensiones más negativas.
Parece claro, de cualquier modo, que no hay ningún motivo serio para depositar nuestra esperanza en unas instituciones, las del sistema, sometidas a los intereses privados, jerarquizadas, militarizadas y aberrantemente cortoplacistas. Una de las estratagemas mayores del capitalismo contemporáneo se beneficia de la enorme habilidad que el sistema muestra a la hora de evitar que nos hagamos las preguntas importantes. Y es que un empeño principal del capitalismo de estas horas consiste en buscar desesperadamente materias primas y tecnologías que nos permitan conservar aquello de lo que hoy disponemos, sin permitir que nos preguntemos por lo principal: ¿realmente nos interesa conservar esto con lo que hoy contamos, o con lo que cuentan, mejor dicho, unos pocos?

Miguel Brieva. Fragmento de la portada del disco 'Un mal día lo tiene cualquiera' para el grupo Las Buenas Noches
Miguel Brieva. Fragmento de la portada del disco ‘Un mal día lo tiene cualquiera’ para el grupo Las Buenas Noches

Resistir a la gestión y a la informatización de nuestras vidas

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Resistir a la gestión y a la informatización de nuestras vidas


Écran total

Resistir a la gestión y a la informatización de nuestras vidas

Desde el año 2011, cierto número de ganaderos de ovejas y cabras desobedecen la directiva europea que les obliga a colocar chips electrónicos en la oreja de sus animales. Rehusan gestionar sus rebaños por ordenador para adaptarse a las necesidades de la producción industrial, así como a la trazabilidad. Se organizan entre vecinos y amigos para responder colectivamente a los controles que ejerce la administración sobre su trabajo, así como para hacer frente a las sanciones económicas de las que son objeto.
Entre el 2011 y el 2013, asistentes sociales han boicoteado la declaración anual de estadísticas que sirve tanto para evaluar su trabajo como para recolectar datos confidenciales sobre los “usuarios”. Ellas afirman la inutilidad de la informática en las relaciones de ayuda. Denuncian uno de los objetivos de la administración y de sus gestores: el de introducir la obligación de obtener resultados en su oficio. Rechazan que a cada situación singular deban responder con acciones normalizadas y en un tiempo limitado.
En los años 2000, directores de escuela y padres de alumnos se opusieron a la recogida de datos personales de todos los niños escolarizados por medio del programa informático “Base de alumnos”. A finales de 2015, trabajadores de la educación nacional denunciaron públicamente la informatización de la escuela por medio de el “Llamamiento de Beauchastel”. Rehusan convertir su sistema de enseñanza en una pedagogía asistida por ordenador, destinada a tener ocupada a la juventud mientras espera su entrada en el mercado de trabajo.
En 2013 nació una red, bautizada como “Écran total” (Pantalla total), para aglutinar este tipo de resistencias. Reunió a personas de toda Francia que trabajan en la cría de ganado, en la educación, en el trabajo social, la medicina, la panadería, la horticultura, la carpintería, los oficios relacionados con los libros… Pero también personas en paro, en la RSA (Renta de Solidaridad Activa), o sin actividad. Al comparar nuestra situación hemos reconocido que opera siempre una misma lógica: la informática y la gestión destruyen nuestros oficios y degradan nuestras relaciones sociales. Nos oponemos por completo, y llamamos a todas las personas que viven la misma situación a unirse a “Écran total”.
Criticamos la influencia creciente de las lógicas de gestión. Tanto si se presentan como innovación técnica, organización científica del trabajo o gestión, estas formas de poder atacan nuestra dignidad y nos enfrentan entre nosotros. Vemos cómo desaparecen los márgenes de libertad que nos permiten escapar a los imperativos de la rentabilidad. Según el discurso dominante, se trata de un progreso. Pero para los humanos, que somos todavía, lejos de poner fin a los trabajos penosos, este proceso es el progreso de nuestra desposesión.
¿Que nos hace la informática? Trata de optimizar el tiempo productivo y pretende simplificarnos la vida, pero en realidad, roba tiempo y atención al trabajo vivo aumentando las tareas administrativas. Nos obliga a tomar datos. Produce con ellos estadísticas y algoritmos para trocear, estandarizar y controlar el trabajo. Se trata del taylorismo asistido por ordenador. Los saberes son confiscados, los oficios se convierten en la aplicación mecánica de los protocolos instalados en los programas informáticos por expertos. Todo lo que no es nombrable ni cuantificable desaparece: cada vez hay menos lugar para la sensibilidad, la singularidad, el contacto directo, que sin embargo son esenciales para la educación, el cuidado, la agricultura, el artesanado… Debido a la medición constante de los rendimientos, acabamos encerrados en una alternativa infernal: sufrir la presión o ser expulsados. Muy frecuentemente, ocurrirán las dos cosas. Mientras que las fábricas se cierran, hasta las actividades más alejadas son conquistadas por el absurdo y la violencia del modelo industrial.
Más allá del trabajo, es toda nuestra vida íntima y común la que está siendo afectada: pierde todo lo que tiene de incalculable. En la administración, los servicios públicos, los transportes, en tanto que extranjeros, alumnos, pacientes, clientes, nos vemos reducidos a flujos, identificados, vigilados, contabilizados. Las máquinas se convierten en nuestros únicos interlocutores. Los dispositivos electrónicos integrados en todas las cosas ocultan las relaciones de poder bajo la apariencia de objetividad. El entusiasmo por las pantallas moldea un mundo en el que todo se aplana, se acelera y se dispersa. La saturación de información obstaculiza el pensamiento y los medios de comunicación nos quitan la palabra. Poner en valor los saberes autónomos y el tiempo de su elaboración se ha convertido en una lucha cotidiana. La pretendida desmaterialización consagra de hecho la sobreexplotación de los recursos: componentes metálicos y plásticos de los ordenadores, centros de datos sobrecalentados, cableados gigantescos… Todo está fabricado por los forzados del mundo industrial y desechado en los vertederos que se multiplican en el Sur del planeta.
“Écran total” se ha reunido en varias ocasiones, durante fines de semana, tanto en la ciudad como en el campo. Varios encuentros en el curso de los cuales hemos compartido testimonios sobre la degradación de nuestros oficios y sobre situaciones de conflicto en el trabajo o frente a la administración. Algunos intentan preservar el sentido en el ejercicio de un oficio que cada vez reconocen menos. Otros no quieren luchar sobre el terreno de su actividad profesional, renuncian y se comprometen por medio de caminos alternativos. El paro puede también ser un medio para reflexionar y actuar fuera de la producción y del trabajo asalariado. Ponemos en palabras estos conflictos y estos recorridos para salir del aislamiento y de la impotencia en los que los gestores nos quieren encerrar. Partiendo del análisis de lo que vivimos, construimos una palabra política común y nos imaginamos nuevas formas de lucha y otras formas de trabajar.
Ponemos en el centro de nuestra reivindicación un problema que nunca ha sido tratado colectivamente, el del papel y del contenido del trabajo. Nos parece importante por ejemplo poder juzgar el carácter inútil, más bien perjudicial, de ciertos oficios y de la miseria humana que provocan. Constatamos que los sindicatos han renunciado a hacerlo. Estos se limitan normalmente a la defensa corporativista del empleo, a luchar por defender el estatus y las condiciones de trabajo, sin cuestionarse el sentido de la producción y de las actividades por las que son pagados los trabajadores. Se convierten así en colaboradores de la organización social que está en el origen de los males que ellos combaten.
En el marco de la lucha contra la identificación electrónica del ganado, algunas granjas sancionadas con varios miles de euros se han beneficiado de la solidaridad de cientos de personas. Estas han organizado también conciertos de apoyo o debates, han enviado dinero a los ganaderos sancionados, han dirigido cartas de protesta a las administraciones y se han ocupado de recibir a numerosos de los controladores de las granjas. Quienes rechazan la identificación electrónica se encuentran así en situación de poder mantener su posición.
Queremos continuar manteniéndonos en nuestras luchas, afirmando criterios comunes y coordinando nuestras acciones públicas: desobedecer de manera concertada, hacer frente colectivamente a las sanciones, poner en marcha un apoyo material y humano entre los oficios y las regiones.
Además, queremos recuperar la autonomía, redefinir nuestras necesidades, reapropiarnos de los saberes. En resumen: decidir la forma y el sentido de nuestras actividades y de nuestra vida.
Son estos fines y estas prácticas los que os invitamos a compartir y a profundizar en el seno de “Écran total”.
Para contactar con nosotros, escribir a: Faut Pas Pucer, Le Batz 81140, St-Michel-de-Vax (Francia)                                                                                                     o en: ecrantotal@riseup.net

Más información:

https://sniadecki.wordpress.com/2016/09/13/plate-forme-ecran-total/
https://sniadecki.files.wordpress.com/2016/09/ecran_total.pdf
http://cqfd-journal.org/Ecran-Total-2-le-retour

Aculturación, las políticas de género como etnicidio.


ACULTURACIÓN,
LAS POLÍTICAS DE GÉNERO COMO ETNICIDIO.

(Extractos de "Feminicidio o auto-construcción de la mujer") 

La aculturación de las clases populares es una meta perseguida con vehemencia por las elites mandantes desde hace más de doscientos años, pues con ella alcanzan una situación de preponderancia óptima, al ser equivalente a ganar al pueblo la batalla de las ideas por el procedimiento de aniquilar su mismidad cultural, paso previo a la imposición completa de la ideología más deseable para el poder. Negar el pasado y el presente de la gente común, inculcar en sus mentes la idea de que en uno y otro hay un espanto indecible, un pecado ignominioso en grado superlativo, la mentalidad patriarcal y las prácticas machistas, es derrumbar el mundo interior del desventurado sujeto, convertirle de golpe en no persona y ser nada entregado a todas las manipulaciones. Una vez que se considera a la sociedad del pasado inmediato como un infierno en el que los hombres-demonios atormentaban, violaban cada noche y asesinaban a las mujeres-víctimas impunemente y a su entero albedrío, y cuando se nos dice que las cosas siguen igual porque “culturalmente” el problema permanece, de manera que hay una responsabilidad popular en todo ello, de naturaleza absoluta, el individuo medio se desmorona por dentro.
  Reducir a la gente de ayer -y de hoy- a un revoltijo de monstruos (ellos) e “idiotas” (ellas) es transformarles en seres sin confianza en sí mismos ni autoestima, devastados psíquicamente, llenos de un sentimiento de culpa que les aniquila, inseguros, pasivos, abrumados, angustiados y dóciles. La creación de la mentalidad masoquista propia de la modernidad, que se desprecia y odia a sí misma para transferir toda esperanza de salvación al Estado, es el gran logro del feminismo de Estado y el sexismo político en el terreno de la lucha ideológica. En efecto, frente al pueblo malvado y pecador se levanta el Estado bueno y redentor, en tanto que Estado protector, que a través de una severa política represiva, pero, sobre todo, por medio de una gigantesca operación de reeducación e ingeniería social, dirigida a transformar las mentes y las conductas, ponga fin a tanta abominación.
  Antaño el pueblo pecador era redimido por la Iglesia, que extraía enormes réditos de la ideología de la culpabilización. Ahora es el Estado la instancia purificadora y salvífica. El machismo es hoy el nuevo Pecado Original de la novísima religión política oficial del Estado, el sexismo político hembrista. Invocándolo se expropia al pueblo su pasado, que es sustituido por la mentira integral sobre la historia que ofrecen el funcionariado de género y el mundo académico al alimón. Pero la expropiación de la cultura del pasado por vía de su completa desnaturalización y falseamiento la realizó a conciencia antes por la Sección Femenina.
El franquismo se sirvió a gran escala del arma de la culpabilización. Fueron los famosos “demonios familiares de los españoles”, el principal de ellos la indocilidad a las autoridades y la natural propensión a “la anarquía”, pero también la noción del “atraso” usados para auto-avergonzar a la población y poder espolear hasta la locura el productivismo y el conformismo. En la época se demonizó a la gente rural, presentados como seres infrahumanos (recordemos los versos insultantes del jacobino Antonio Machado y del por un tiempo anarquista Azorín, en esto y en tantas cosas indistinguibles del franquista Cela, por ejemplo), por tanto, destinados a ser manejados por medio de los fusiles y los vergajos de la Guardia Civil. En conjunto, se trataba de crear vergüenza de sí y auto-odio en la gente modesta, con las -deseadas- secuelas de debilidad psíquica, anomia, confusión, servilismo, pasividad, renuncia a la propia mismidad y auto-entrega a la instancia redentora. Ello fue tomado tal cual del franquismo por la progresía y la izquierda, en particular con la alevosa teorética sobre el “atraso”, del que hacían un problema descomunal, y que fue usada para levantar la más agresiva apología de la modernidad contra la execrada “tradición”, esto es, para destruir la cultura popular, milenaria, democrática y experiencial (a la que el feminismo más venal y fanatizado, sin atender a datos ni a razones, como acostumbra, cuelga la infamante etiqueta de “machista”), a fin de que triunfasen absolutamente los envenenados productos culturales creados por los profesores-funcionarios, la intelectualidad burguesa y la industria del espectáculo, autóctona y sobre todo estadounidense.
Hay que proclamar bien alto que la destrucción desde arriba de la cultura popular se aproxima mucho a la aniquilación del individuo que de ella extrae sus nociones cognoscitivas, categorías axiológicas y criterios organizadores. Eso busca el poder, porque el sujeto destruido en tanto que ser humano es luego reconstruido por las instituciones como criatura subhumana, conforme a sus intereses y necesidades fundamentales. El par destrucción-reconstrucción es cardinal para expandir el poder de acción del statu quo. De esa manera el sujeto ya no se auto-construye, sino que es construido, ya no es por sí mismo, sino por la voluntad del poder.
Además, se priva al individuo de temporalidad, se le expolia el pasado, al presentarlo como espeluznante, y se le niega el presente, modo de imponerle el futuro, así ya no es dueño del tiempo, sólo su víctima. Todo ello tiene lugar en el contexto de un nuevo orden totalitario en el que los dogmas del feminismo sexista son impuestos desde arriba, con linchamiento de quienes se atreven a cuestionarlos. Se ocultan datos (por ejemplo, el número de varones asesinados por mujeres, o el de mujeres asesinadas por mujeres), se falsifica a placer la historia, se lanzan campañas de aleccionamiento continuas, se premia magníficamente a los y las patéticas lumbreras académicas del género, se provoca una avalancha de textos inculcadores de todo tipo, se usa sin límites la publicidad y la mercadotecnia, se manipula a las mujeres para hacer de ellas seres emocionalmente enfermos, llenos de paranoia y odio. Sobre todo, vivir en la mentira, que es lo que preconiza el feminismo y el Estado feminista, devasta al sujeto de una manera colosal, pues deja a la persona inerme ante la realidad.
  Ciertamente, en lo popular del pasado (ya no se puede hablar de lo popular del presente pues, en puridad, no existe, dado que el proceso de aculturación ha culminado en un gran éxito para el Estado) había cosas acertadas y desacertadas, buenas y malas, pero debía ser el mismo pueblo el que realizase el proceso de auto-corrección y rectificación consciente desde lo positivo, que era muchísimo, de su cultura. Incluso había elementos de los que avergonzarse razonablemente, adoptar un enfoque autocrítico y desarrollar sentimientos parciales y relativos de culpa, que así calificados son muy saludables y necesarios. En la vida social, como en la individual, los procesos de autoevaluación, corrección e innovación son el instrumento esencial de crecimiento y mejora; afianzar lo positivo y superar lo negativo es la aspiración de una sociedad y una vida buena y humana. Contra ello se despliega la magna operación de denigración y negación integral del pasado popular que no son sino campañas de lavado de cerebro implementadas desde fuera y destinadas a un fin truhanesco: hacer de la dictadura estatal un megapoder aún más efectivo. 
  Hay que resaltar, llegado a este punto, que lo ahora realizado por el feminismo sexista no es nada nuevo, pues campañas de esa naturaleza se llevan haciendo en otros países desde hace bastante tiempo. Se conoce bien lo realizado en Alemania en 1945-1949 para aculturar y desnacionalizar a la población, bajo la dirección del Gobierno Militar de Ocupación estadounidense, con el pretexto de la desnazificación. Con tal propósito se arrojó a la basura la cultura clásica alemana y, aún más, la cultura popular tradicional, para imponer la subcultura de EEUU, la llamada música negra, el cine de Hollywood, la motorización, el jazz, el pragmatismo, el arte abstracto, el individualismo que aniquila la individualidad, el culto por el dinero, las bebidas de cola, el nihilismo, el alcoholismo, la infantilización universal, la tecnofília, la comida rápida, la superficialidad y el simplismo, el servilismo hacia el poder constituido y los demás componentes de aquélla. Los alemanes debían dejar de ser lo que eran, alemanes, para convertirse en portadores de un cuerpo de ideas y unos estilos de vida propios de lo que se tildó de “el Sueño Americano”, en un proceso desnacionalizador que hizo de ellos meras piltrafas a las órdenes de los nuevos amos, los militares norteamericanos.
  Al mismo tiempo, se inculcó a las masas una idea rematadamente falsa de las causas y las instancias creadoras del nazismo. Se impuso que éste había salido del elemento popular, que era un producto genuinamente alemán y que todo el pueblo germano era responsable y culpable de sus crímenes. La perversa noción de culpabilidad colectiva fue impuesta con obstinada determinación a las multitudes para que cada uno de sus integrantes quedara devastado y paralizado por los sentimientos de pesar, pecado político y auto-odio, con lo que se entregaban dócilmente a sus nuevos dominadores, como así sucedió en gran medida. Esta operación de ingeniería social magistralmente llevada adelante permitió a EEUU, en sólo unos años, moldear a las y los alemanes del oeste conforme a sus designios geoestratégicos y políticos del momento.
Ello sirvió también para, culpando al pueblo, exculpar a quienes realmente habían sido los creadores del movimiento nazi, por este orden, 1) el ejército, 2) los aparatos universitarios y la mayoría de la intelectualidad, 3) el gran capital. De ese modo, éstos siguieron operando plácidamente en Alemania, una vez que la gran operación de imputación desde arriba del pueblo les hubo exonerado de toda culpa.
  Por tanto, el pueblo es culpable, absoluta y totalmente culpable, en Alemania del nazismo, aquí del machismo. En todas partes la instancia salvadora, el nuevo Mesías que nos libra de pecado y nos guía hacia el paraíso celestial realizado en la tierra, es el Estado. A eso se reduce el “pensamiento crítico”, crítico con el pueblo y no-crítico con el Estado.
  La Escuela de Frankfurt, en especial Theodor W. Adorno, tuvo una responsabilidad grande en esta operación de moldeamiento de las mentes y alteración provechosa de las conductas. Poniéndose a las órdenes de las autoridades militares de ocupación, como ya habían hecho con el capitalismo estadounidense anteriormente, usaron el dudoso prestigio de su izquierdismo “antifascista” para, por un lado, limpiar de toda responsabilidad al Estado y al capitalismo alemán y, por otro, triturar psíquicamente a las clases populares, en lo que fue una colosal campaña de “reeducación” de las masas a partir de su ilimitada culpabilización.
El Estado apuntaba al individuo lo que tenía que pensar y cómo debía vivir, sin consideración hacia lo más sagrado e inviolable de la persona, es decir, la conciencia y la libertad de conciencia. Es esta una noción que en los textos de dicha Escuela no se encuentra, pues su cosmovisión es un novísimo totalitarismo de jerga marxista y corte izquierdista en el que unas elites esclarecidas dominan absolutamente al pueblo, sintiéndose legitimadas para someterlo a no importa qué manipulaciones y adoctrinamientos, naturalmente “por su bien”.
  Uno de los escritos que orientó la citada política de culpabilización fue el libro de Adorno “La personalidad autoritaria”, que situaba en la psique del sujeto no modernizado el origen de la experiencia fascista. Aquel texto se publicó en EEUU con el apoyo económico de grupos empresariales, que necesitaban romper las resistencias a la modernización capitalista que había en el seno de la clase obrera estadounidense, y luego, al terminar la guerra, se utilizó contra el pueblo alemán. Al tachar todo lo popular tradicional de “nazi” se violentó psíquicamente a las masas para que avanzaran por el camino de la sociedad de consumo, el dominio absoluto del dinero, la expansión sin límites del Estado, la pérdidas de saberes y habilidades, la aniquilación de las redes de apoyo mutuo tradicionales, la degradación de la masculinidad y la feminidad, la extinción de la familia, la conculcación planeada de la libertad de conciencia, la violencia machista y demás maravillas de la modernidad capitalista, metas, por lo demás, en nada enfrentadas con las que se proponía el régimen nazi que portaba el mismo paradigma modernizador.
Otro libro de Adorno que dice bastante sobre sus retorcidas formulaciones e intolerables intenciones es “Dialéctica negativa: la jerga de la autenticidad”, en el que el título lo dice casi todo. La “dialéctica negativa” se ejerce contra los saberes auto-elaborados por la gente popular durante milenios, que en sí mismos son (eran, cuando existían) un valladar contra la expansión del totalitarismo, también contra la falsa sabiduría de los profesores-funcionarios y los intelectuales a sueldo de la gran empresa privada, que, para adoptar un estilo oracular lo más intimidante posible, toma esa forma tan ridícula, por su artificial oscuridad y pedantería, que se encuentra en sus textos.
 Por eso han de ser “negativizados”, para alcanzar “la autenticidad”, esto es, el saber “verdadero” que los sabihondos de la pedantocracia “radical” más primorosa (la Escuela de Frankfurt) proporcionan a la plebe, a través de las campañas de “reeducación”. Escuela ésta, tan versátil y flexible, que lo mismo sirve a consorcios de empresarios en EEUU que al Gobierno Militar de Ocupación en Alemania, sin olvidar al Estado teutón reconstruido tras 1945, del que Adorno dijo maravillas, dado que era “antifascista”.
La descripción básica de la gran operación de culpabilización y desnacionalización del pueblo alemán tras la II Guerra Mundial se encuentra en “The americanization of Germany, 1945-1949”, Ralph Willett. La denuncia de los fundamentos izquierdistas de esa operación, a cargo en buena medida de la Escuela de Frankfkurt y del “antifascismo” militante, se formula en “La extraña muerte del marxismo. La izquierda europea en el nuevo milenio”, de Paul E. Gottfried. Este autor, tras deplorar la falta de respeto hacia el ser humano que hay en esas campañas para “inculcar la culpa” a las masas con fines de “reeducación” totalitaria e ingeniería social, expone que los jefes de la mencionada Escuela, no sólo Adorno, sino también M. Horkheimer, J. Habermas y casi todos sus integrantes, así como sus continuadores hoy, en realidad admiten “una forma modificada del capitalismo”, la propia de la sociedad de consumo y el Estado de bienestar. En consecuencia, dirigen la atención de sus acríticos seguidores a través de las martingalas y escabrosidades de su histriónica “teoría crítica” hacia metas de muy dudosa radicalidad sin comillas, el feminismo, la multiculturalidad, el antirracismo y así sucesivamente, que sirven de manera decisiva a los intereses estratégicos del capital y el Estado en el siglo XXI. Aquel es autor también de “Multiculturalism and the politics of guilt. Toward a secular theocracy”, en que examina otra gran operación de culpabilización colectiva, expropiación del pasado y destrucción planeada de las capacidades psíquicas de las masas en Occidente, la que toma el multiculturalismo y antirracismo como pretexto y contenidos fundamentales. En efecto, son las elites occidentales las que hoy están llenas de aborrecimiento hacia la cultura occidental, por temor a los efectos de su parte positiva, cuya consecuencia más obvia es el cuestionamiento integral de su dictadura, lo que no sucede en otras culturas, o sólo de forma mucho más débil e insuficiente. Por ello Gottfried cita con repugnancia la enormidad de una reaccionaria notable, en tanto que intelectual al servicio del poder, Susan Sontang, con la cual la susodicha proclama que Occidente es “el cáncer de la humanidad”, expresión señera del genocidio cultural que está llevando a efecto el poder constituido occidental en la hora presente. Tal es hoy la consigna de quienes quieren crear un nuevo totalitarismo al lado del que los viejos fascismos serán cosa de risa y cuyo fundamento es la aculturación completa y la subhumanización integral de las masas occidentales. A esa meta se dirige también el feminismo, con la culpabilización, por “machista”, del pasado cultural y social. Nótese que, al mismo tiempo, ese feminismo es, como manda el orden establecido en Occidente hoy, islamófilo, dato que lo aclara casi todo. Empero, los libros de Gottfried están lastrados por un excesivo ideologicismo, en ellos falta el análisis de las causas políticas, militares, geoestratégicas, históricas, demográficas, biopolíticas y económicas de lo que describe y, a veces, denuncia.
Sin duda, cuando progrese la autogestión popular del saber y el conocimiento la humanidad podrá liberarse de tales pelmazos e histriones subvencionados, cargados de pseudo-saberes; y también nos liberaremos de esa tropa de adoradores del “pensamiento crítico”, formada por sujetos tan ignaros, papanatas y acomplejados, y que entienden tan poco de la realidad en que la viven, que hasta se toman en serio a Adorno y a sus colegas por ignorancia y limitación intelectual. La verdad, no la crítica, es la primera función de las capacidades reflexivas humanas, y la crítica sólo es legítima cuando va unida a aquélla.

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Biblioteca para RECONSTRUIR EL COMUNAL

Biblioteca



En aquest apartat s’aniran afegint documents descarregables, referències
i audiovisuals a mesura que vagi avançant el viatge. 


Textos
El procomún y los bienes comunes (Economistas sin Fronteras) [14/04/15]
Audiovisuals
O monte é nosso (Llorenç Soler, 1978) [18/04/16]
Concejo Abierto (Carmen Comadrán, Tierravoz Producciones, 2012) [15/06/15]








Capitalismo degenerativo: Breve crónica del mayor robo jamás perpetrado

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Capitalismo degenerativo: Breve crónica del mayor robo jamás perpetrado.

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A finales de los años 70 del siglo XX se hizo evidente que la maquinaria de producción capitalista se había estancado de nuevo. La enfermedad crónica del capitalismo se había vuelto a manifestar: la sobre-acumulación de capital. Demasiada concentración tecnológica por unidad de producción, a costa del trabajo humano.
Como quiera que sólo de este último se extrae plusvalía, la consecuencia es una decadencia de la misma y por tanto de la ganancia final que los capitalistas reciben cuando venden las mercancías producidas, diseñadas o servidas por la fuerza de trabajo. Es decir, una generalizada pérdida de rentabilidad de las inversiones capitalistas. Y si hay pérdida de rentabilidad desciende la inversión en la esfera productiva, con lo cual baja también la productividad.
Frente a ello el Capital (en mayúsculas, como capitalista colectivo) emprende un conjunto de dinámicas orientadas a paliar el descenso de la rentabilidad: incremento de la explotación de la fuerza de trabajo; aceleración de los desplazamientos de capital hacia las periferias del Sistema, allí donde había (y hay todavía) más expectativas de rentabilidad, dado que no se ha dado el proceso de sobreacumulación (desplazamientos más posibles porque coinciden con la segunda globalización de la economía capitalista); hay un desplazamiento también técnico-organizativo, hacia nuevas ramas de inversión (sobre todo la “economía inmaterial” o “nueva economía”); y asimismo se da un desplazamiento hacia los circuitos que hasta ese momento eran secundarios en la acumulación de capital (el suelo, la vivienda, las hipotecas), con la consiguiente gestión del territorio de cara a su valorización especulativa (haciendo del conjunto del hábitat una mercancía, lo que lleva emparejada su depredación).
Se emprende, concomitantemente, un paquete de políticas tendentes a deteriorar la condición salarial: desinversión selectiva y reorientación hacia un tipo de producción flexible, ligera; reducción de la masa salarial a partir de la desvinculación de los salarios respecto de la productividad y el subsecuente declinar de los salarios reales; inhibición de la inversión pública que conlleva el deterioro de lo público y de la “seguridad social”. Conduciendo todo ello a la entrada en una era de inseguridad colectiva.
Habrá además una dinámica que incidirá especialmente en el desmontaje de lo que hasta entonces había sido el Estado Social (para muchos “de bienestar”): la apropiación privada por parte de los grandes capitales de más y más parcelas de la riqueza social (esto es, una nueva desposesión masiva de la población[1]). Para ello fue necesario todo un paquete de contra-reformas: a) reducción de aportes patronales a la seguridad social; b) tributación regresiva; c) incremento de las oportunidades de inversión de capital excedente a través de privatizaciones masivas (continua privatización de lo público); d) legalización de trabajos precarizados; e) significativo descenso de los empleos y de los salarios públicos.
Para el Capital la gobernanza o gobernabilidad significaría en lo sucesivo que todo esto se pudiera hacer sin insurrección de las poblaciones.

La financiarización de la economía (y de la sociedad)

Pero faltaba aún otro desplazamiento de consecuencias letales: el que ha consistido en “huir” de la producción y por tanto de la normal y “sana” dinámica de acumulación, para derivar cada vez más capitales (los que resultan en potencia del beneficio conseguido con los otros desplazamientos nombrados y también del saqueo de la riqueza colectiva) hacia las finanzas. De nuevo había que cumplir un requisito o paso previo para ello: liberalizar el mundo financiero que tanto había costado domeñar en los Acuerdos de Bretton Woods tras todo el cúmulo de desmanes financieros que se había iniciado a fines del XIX y que finalizó en la catástrofe del 29.
El pistoletazo lo daría EE.UU. el 15 de agosto de 1971, al desvincular el dólar del patrón oro.
En seguida el resto de potencias capitalistas haría lo propio. A partir de entonces las monedas no tendrían ningún anclaje material y podían “flotar” a merced de las apuestas y especulaciones sobre ellas.
Los procesos seguidos en casi todo el planeta responderían en adelante a unos mismos patrones, que comienzan por la desregulación del sistema bancario y de las finanzas, desmantelando primero los mecanismos de control financiero o las instituciones financieras keynesianas y des-reprimiendo al capital a interés para posibilitar la base especulativo-rentista que caracterizaría después al (actual) capitalismo degenerativo. Ello ha permitido hasta hoy crecer a costa del endeudamiento.
Además, Estados como los europeos hacen dejación de su soberanía, permitiendo que los Bancos Centrales se independicen de ellos, mientras que ellos mismos pasan a emitir títulos de deuda en los mercados financieros mundiales, con lo que entran como cualquier otra entidad en el “rating internacional de riesgo” dictaminado por agencias privadas, obligándose a llevar a cabo políticas ortodoxas monetarias y fiscales subordinadas a los intereses del capital financiero internacional. Al mismo tiempo, se da un creciente bombeo de la renta y el ahorro, (tanto presente como colocado en forma de futuras pensiones o ahorros de futuro) hacia los mercados financieros, agrandado la importancia de éstos, así como, en consecuencia, el aumento de las cotizaciones bursátiles. Se desarrollan además los productos derivados financieros (especulaciones sobre posibilidades de futuro de divisas y valores) activados por las nuevas fluctuaciones creadas por la liberalización de los controles financieros. Se genera con todo ello una ingente masa de capital ficticio[2].
El capital a interés ficticio busca obtener beneficios a través de la actividad financiera pura, desligada de la esfera productiva. El atasco en la ganancia vía plusvalía industrial y la expectativa de ganancias en el ámbito financiero-especulativo hace que además muchas corporaciones no financieras se enganchen directamente en actividades financieras y las finanzas comiencen a regular la actividad de las empresas y a dictar las normas en los mercados laborales.
El hinchado valor bursátil de activos y propiedades hizo que más y más sectores de la sociedad entraran en ese desquiciado juego (era la fase en que parecía haber un pequeño especulador en cada individuo). La mayoría perdería en el mismo, como se explica a continuación.

Saqueo universal y autocolonización

Con aquellas medidas los grandes capitalistas del mundo se despejaban el camino para apropiarse arteramente de nuestros patrimonios. Pero no deja de ser reseñable el hecho de que después de haber saqueado a través de las sucesivas colonizaciones la mayor parte de territorios del planeta, se detengan ahora a espoliar la propia casa (las sociedades de las antiguas metrópolis). Lo cual no puede sino ser descrito como un proceso de auto-colonización o auto-fagocitación (consistente en devorar la riqueza social previamente creada). Proceso que ha sido también llamado “acumulación por desposesión” o bien “despojo universal”. Entre otros procesos que lo ilustran vale la pena mencionar al menos los siguientes:
-Privatización de la riqueza social y cultural acumulada a través de generaciones. Afecta, entre otros aspectos, a los servicios públicos (sanidad, educación, transporte, comunicaciones, etc.); infraestructuras (red viaria, instalaciones…) y patrimonio construido.
-Privatización también del patrimonio natural. Mercantilización de la naturaleza en todas sus formas.
-Apropiación de tierras. Eliminación de propiedades comunales o colectivas y consiguientes desplazamientos de poblaciones campesinas (sustitución de agricultura campesina o familiar por agroindustrias; intensificación de la desaparición de formas de producción y consumo no capitalistas).
-Mercantilización de los recursos genéticos.
-Derechos de propiedad intelectual o patentes sobre recursos ajenos.
-Empresarización y/o privatización de instituciones públicas (como las Universidades e incluso la Administración).
-Apropiación militar directa de los recursos y materias primas más codiciados.
En este capítulo entran asimismo las técnicas financieras de desposesión:
-Promociones fraudulentas de títulos.
-Destrucción deliberada de activos mediante la inflación y a través de fusiones y absorciones.
-Endeudamiento generalizado (por encima de la capacidad de pago) que genera un disciplinamiento de las sociedades así como formas modernas de servidumbre por deudas.
-Fraudes empresariales
-Desposesión de activos mediante la manipulación del crédito y las cotizaciones (p.e. el saqueo de los fondos de pensiones)
-Ofensiva especulativa de los fondos de riesgo (“hedge funds”), etc
Sólo faltaba un último toque a todo este plan: comenzar a sembrar el mundo de “paraísos fiscales” para guardar todo el botín del Gran Robo.
A mediados de los 70 del siglo XX se dispararía esa operación.
Según la publicación de la “Tax Justice Network”(Red para la Justicia Global), en 2015 había unos 26 billones de euros ocultos y libres de impuestos en los diversos paraísos fiscales (lo que supone aproximadamente un tercio del PIB mundial).
¿Cómo puede ser que hoy escandalice que las grandes fortunas lleven su dinero a espuertas a lo que los dueños de aquéllas llaman “paraísos”, y que en realidad deberían ser llamados “cuevas de latrocinio”? ¿Para qué si no iban a crearlas?
Como quiera que a los Grandes Capitales la tributación regresiva (consistente en gravar menos y menos a los que más tienen) no les era suficiente, se dedicaron al fraude fiscal generalizado y a la evasión de impuestos. Si en España en 1995 las rentas del trabajo sufrían una carga impositiva del 16,4% del PIB, las rentas del capital sólo llegaban al 7,4%, es decir, menos de la mitad. Trece años después, en 2008, la situación apenas había variado: 16,7% para las rentas del trabajo, 8,6% para las del capital. Esto hace que lo recaudado de la población trabajadora sea más de 9 veces el monto total recaudado del ámbito del capital.
Todo ello al margen de la evasión y el fraude fiscal, que serían escandalosos si es que tuviéramos todavía capacidad de escandalizarnos. Veamos de nuevo el ejemplo español. Según GESTHA, organismo sindical de los técnicos del Ministerio de Hacienda (http://www.gestha.es/), las grandes fortunas y empresas españolas evadieron 42.771 millones de euros sólo en 2010. Si a ello añadimos la evasión de la pequeña y mediana empresa, según esa misma fuente, obtenemos 59.032 millones. Sumando a esto el fraude a la seguridad social que se realiza a través de la economía sumergida, nos da la enorme suma de unos 90.000 millones de euros (aunque hay una posterior rectificación de los datos que sube la primera de aquellas dos sumas a alrededor de 70.000 millones y la total a algo más de 100.000 millones de euros; recordemos que los recortes sociales que venían impuestos por el gobierno del PSOE para el periodo 2010-2013 sumaban 50.000 millones de euros).

El Gran Robo como “derecho internacional” informal impuesto por EE.UU.

El ambicioso proyecto de construcción del capitalismo global a imagen del estadounidense, imbricado en esa suerte de “Open Door” de EE.UU. hacia afuera (en lo que sería un Imperio por inundación o anegación), iba a emprenderse a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial para trasladar la jurisprudencia USA al resto del planeta, y con ella después el conjunto de dispositivos y medidas del Gran Robo, que pasarían a blindarse a través de toda clase de Acuerdos y Tratados.
Así, un aspecto importante de lo que significan Tratados como el TTIP (EU-EEUU), es que están creando un “derecho internacional” informal que en realidad está basado en las leyes y la jurisprudencia de EEUU (porque ningún Tratado o Acuerdo con este país puede contradecir las leyes o el Congreso de EEUU, ni EE.UU. acepta ninguna decisión de organismo multinacional que le contravenga). Es decir, que todos los Tratados firmados por este país institucionalizan de jure la aplicación extraterritorial de las leyes de EEUU. La liberalización comercial (OMC y Tratados de libre comercio) potencia esa operación a escala mundial.
Las otras potencias capitalistas aprenderían del camino trazado, para hacer lo propio con otras formaciones menores. No es de extrañar, por ello, que en 1997 se realizaran 1850 Tratados Bilaterales (se había firmado uno cada dos días y medio). Son reflejo de la necesidad imperiosa de construir un “modelo económico” universal y libre de responsabilidades sociales (proceso de disolución social) y con posibilidades ilimitadas de enriquecimiento para las elites (extrema desigualdad), lo que paso a paso se logra a partir de los años 90 con la creación del sistema legal supranacional que va despojando de su soberanía popular a los pueblos vía los Tratados y Acuerdos de comercio e inversiones que expanden los derechos de la propiedad privada de los monopolios (aplicando la ley estadounidense en casi todos los casos).
Pero al hacerse único el capitalismo “made in USA” se pierde a sí mismo
Justo al cumplir el sueño de un “capitalismo global” y al identificar ese capitalismo con el propio, las cosas empezaron a torcerse para el Imperio del Mundo.
No podríamos entenderlo si no consideramos la secuencia de procesos difícilmente controlables que dejó la caída del Bloque Soviético:
1) Se completó de nuevo, tras el lapsus de la desconexión soviética, un único Sistema Mundial capitalista (ayudado por la entrada de China en la OMC y aceptación de sus reglas del juego). Se consiguió así un único mercado global y (casi) una única fuerza de trabajo mundial. También un ingente ejército de reserva que permitió la acentuación de la importación masiva de fuerza de trabajo por parte de las economías centrales de ese Sistema (así como de otras formaciones sociales), desde las periferias del mismo (con la excepción de la fuerza de trabajo china), una vez que ya no había “otro mundo” no capitalista.
2) Todo ello redujo el poder social de negociación de la población asalariada en casi cualquier parte del planeta, con la consiguiente destrucción de condiciones laborales y salariales y el desguace de la negociación colectiva. Esto posibilitó frenar aún más los procesos de automatización de las principales economías capitalistas, dado que cuando la mano de obra es tan barata no compensa, o no tanto, la introducción de maquinaria o tecnología.
Así que la caída del enemigo sistémico (el mismo que ya había “salvado” al propio Sistema al forzar el keynesianismo en las formaciones centrales capitalistas) ayudó a sobrevivir al capitalismo por el lado de la valorización (o producción de plusvalía). Pero por otra parte se despejaron con ello las dinámicas de saqueo y destrucción de las condiciones laborales y sociales que hemos visto, con lo que se agravaron las contradicciones del Sistema por el lado de la realización (o venta de lo producido), pues el ciclo liberal-degenerativo conduce inexorablemente al deterioro del consumo de masas.
LLegábamos así a un círculo vicioso recesivo: falta de inversión productiva, falta de productividad, falta de crecimiento, sobredosis de explotación de la población, re-mercantilización de las necesidades sociales, deterioro de los salarios, descenso del empleo, caída en picado la capacidad de consumo.
Círculo que fue solventado pasajeramente mediante el préstamo masivo, que condujo a la expansión del crédito y al paroxismo del endeudamiento generalizado de empresas, familias, Administraciones públicas e incluso Estados.
Tan masivo que resultó una trampa. Multiplicó todo un capital que confiaba en la devolución de las deudas y se acrecentaba ficticiamente especulando en las finanzas. Cuando empezaron los impagos en masa, les siguieron las quiebras también masivas.
Pero entonces se perpetra un nuevo Robo: con el dinero de toda la población se rescata a empresas, financieras y Bancos. Este es el “socialismo capitalista”: socialización de las pérdidas de los ricos y apropiación por los ricos de la riqueza de todos. Pero con ello cada vez queda menos riqueza social de la que apropiarse.
¿Y ahora qué hacen para seguir adelante, o al menos para simular que el capitalismo global sigue funcionando?: inventarse más dinero.
Crear dinero de la nada a mansalva. Primero la Reserva Federal de EE.UU., después el Banco Central de Inglaterra y el de Japón y ahora el Banco Central Europeo. Este último está sacándose de la chistera 80.000 millones de euros al mes para sanear las cuentas de la Banca, sin que apenas nada de ese dinero llegue a la gente.

¿Todo esto puede seguir siendo capitalismo?

Llegados a este punto tendríamos que hacernos una pregunta trascendental. Si el capitalismo global muestra crecientes dificultades para combinar la tecnificación con la plusvalía, si lógicamente con la automatización tiene cada vez más problemas para conseguir la asalarización de la fuerza laboral, si el consumo por tanto no puede sostenerse sin crédito y éste deja de fluir, si está acumulando cada vez más a través del saqueo, sin reinversión productiva de las ganancias. ¿Es esto, estrictamente hablando, capitalismo?
El capitalismo debe su existencia al proceso de conversión del dinero en capital, a la apropiación privada de los medios de producción y a la explotación del trabajo ajeno en forma de plusvalía que procure ganancia. En la actualidad tenemos una involución de dos de esos procesos: hay una creciente re-conversión del capital en dinero (derivación de las inversiones productivas hacia el dinero bancario y financiero, e incluso la conversión de gran parte de esas formas de dinero en “ficticias”); y hay una creciente incapacidad de asalarización de la población, obliterándose a la larga el proceso de extracción de plusvalía. Sólo va quedando de la dotación originaria del capitalismo la retención de los medios de vida por una insignificante minoría de la población, menos del 1% de la misma[3]. Lo que conduce a una concentración de los medios de producción, de comercialización y de las finanzas nunca antes vista.
Una minoría que ahora buscaría, en un desesperado intento de compensar la caída de la tasa de ganancia y de las inversiones rentistas (los ricos no saben en qué invertir, de ahí la hinchazón de los “paraísos fiscales”), la mercantilización de todo lo que hay en la Naturaleza y de todo lo que hacen los seres humanos para conservar la vida. Buena parte del crecimiento en la actualidad proviene del paso de actividades que no entraban en la economía monetaria a convertirse en mercancías: los cuidados, las interacciones y comunicaciones humanas de todo tipo, los juegos, lo que hacemos unas por otras, el sol, el aire, la Vida…
Sólo un crack sin precedentes podría restablecer la dinámica habitual de las Grandes Crisis: depuración de ingentes capitales no competitivos e improductivos para reemprender un nuevo ciclo de crecimiento. ¿Pero cómo realizar eso en la era nuclear, cómo deshacerse de las monstruosas cifras de capital ficticio circulando por el planeta, que pueden alcanzar más de 20 veces el PIB mundial, cómo destrozar todo un entramado productivo mundial manteniendo la “gobernanza”?
Además, el camino a seguir tras ese Gran Trauma sería relanzar la inversión productiva. Esta vez, dado el desarrollo tecnológico, tendría que ser en alta tecnología (nanotecnología, biotecnología, inteligencia artificial, robótica, neurociencia…). Pero eso sólo podrá significar la aceleración del fin de los empleos no sólo manuales sino de inteligencia o habilidad profesional de cualquier tipo: todo podrá ser hecho por las máquinas androides.
De nuevo, ¿eso sería capitalismo?
Cuando un sistema está en su fase de agonía cada vez puede ofrecer menos “bienestar” y sí en cambio más dolor, sufrimiento y muerte para la Humanidad, funcionando mafiosamente y saqueando crecientemente a sus propias poblaciones. El modo de producción que viene queda por definir, en función también, obviamente, de las luchas de las sociedades. Pero lo que queda del capitalismo en degeneración es un tanatocapitalismo, un sistema que roba y mata más y más mientras no termina de morir.

Notas:

(1) La anterior desposesión masiva consistió en la apropiación capitalista de los medios de vida (medios de producción) de la población (una generalizada proletarización de la misma), que se dio a lo largo de los siglos. Ésta había sido paliada a través de las luchas históricas mediante la consecución de un Estado Social que proveía de los medios de cobertura de las necesidades básicas, a través de “servicios” sociales. La destrucción de esos servicios re-proletariza a las poblaciones.
(2) El capital se transforma en ficticio a través de la titularización de los derechos de remuneración por interés. Es decir, cuando comienza a comercializarse un capital que es deuda y que en realidad no existe (esta es la base de su ficción, que después las finanzas complejizarán sobremanera).Todo este conjunto de procesos está en la base de la segunda fase universal de financiarización (la primera se dio entre el último cuarto del siglo XIX y el primero del XX), que en EE.UU. conllevaría la abrogación de la Ley Glass-Steagall, en 1999 (la cual, en 1933 había introducido reformas bancarias para controlar la especulación y demás desmanes financieros, destacando entre sus características la separación entre la banca de depósito y la banca de inversión).
(3) Las relaciones sociales de producción (el orden social capitalista) se hace descaradamente contradictorio con el desarrollo de las fuerzas productivas, impidiendo más y más el beneficio de las sociedades. Pero al tiempo también nos va dejando menos obstáculos para una Gran Transformación. En estos momentos es más decisiva la intervención humana sobre unas estructuras en degeneración.

Profesor de sociología de la Universitat Jaume I de Castelló, miembro del Observatorio Internacional de la Crisis.