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Los cuadernos de La Canica. #1 “Expropiaciones”

Los cuadernos de La Canica. #1 “Expropiaciones”



En la papeleta del referéndum no preguntan de quién es la tierra. Se da por hecho que el 2-O continuará habiendo propiedad privada en Cataluña, salvaguardada por un propietario mayor, el Estado, titular de enormes extensiones calificadas cínicamente de públicas.
«No es cierto que la Historia la escriban los vencedores. Lo que escriben los vencedores son las leyes. No hay Estado en el mundo que no perpetúe mediante un laberinto de leyes la protección de propiedades robadas por las clases dirigentes y su posterior transmisión por sucesión, donación, compraventa, etc. El resultado tangible de estos robos legales continuados es la progresiva acumulación de propiedad. No importa la vía de acceso al poder, violentamente, por herencia o sufragio. Tampoco importan los programas políticos ni la forma de gobierno. La propiedad, se acumula incesantemente, año tras año, desde hace siglos.
La propiedad de la tierra en Europa se ha vuelto tan desigual que en algunos países y sobre todo en algunas regiones, alcanza niveles parecidos a los de Brasil, Colombia y Filipinas, países conocidos por la inequidad en la distribución de la tierra y de la riqueza basada en la tierra. Lo cierto es que en la UE, y según datos oficiales, el 3 % de las fincas controlan el 50 % de la superficie agrícola.»
Fuentes fidedignas del pasado han confirmado al fanzine Expropiaciones que mientras existan propietarios no habrá independencia para nadie.
«La acumulación de propiedad es un índice mucho más fiable para medir la libertad de un pueblo que el número de urnas por metro cuadrado. Y este índice sube ininterrumpidamente desde hace siglos, como la temperatura ambiente del planeta, tanto con democracias representativas parlamentarias como con dictaduras. Es el índice que nos garantiza que bajo el Estado o el capitalismo no habrá nunca democracia real (ni equilibrio medioambiental). La acumulación de propiedad es la primera y la última manifestación del proceso imparable de concentración del capital».
La buena noticia, que los reporteros asalariados por el patrón no pueden divulgar, es que multitud de personas se están independizando ya por la vía de la expropiación, la comunalización y la autogestión. Es un proceso independentista casi invisible, muy tapado por la gran pantalla donde el capitalismo proyecta procesos de ficción, pero es real. Está vivo.
Para La Canica, la expropiación es una declaración de independencia que puede ser unipersonal, grupal o masiva (en cuyo caso estaríamos hablando de una revolución social). No le hacen ascos a ninguna modalidad. La forma en que nos animan a la lectura de su obra es tan peculiar que preferimos copiarla a explicarla:
«Atracar bancos a mano armada es una lata. Este método artesanal de expropiación está al borde de la desaparición por causas económicas antes que estéticas o psicológicas. El desequilibrio entre coste y beneficio de los atracos (condenas crecientes y botines decrecientes) comenzó exactamente en 1971, el año de la abolición del patrón oro. Desde entonces, sin lastre metálico, el dinero se ha ido difuminando progresivamente hasta convertirse en lo que ya casi es: humo digital. Al compás de la transformación, las cajas fuertes de los bancos sufrieron un sutil proceso de vaciamiento cuyos efectos son sólo evidentes ahora, 45 años después. Así es como hemos pasado de expropiar el dinero de la sucursal a expropiar la sucursal misma, el inmueble completamente vacío.
Bien mirada, la sublimación física del dinero capitalista no es mala. Por un lado, nos ha permitido ensayar otras técnicas expropiatorias más eficientes que el atraco, acciones cuyos tipos penales (alzamiento de bienes, insolvencia punible, etc.) conllevan condenas reducidas por tratarse de delitos típicos de la clase social que legisla. Pero, más interesante aún, el fenómeno nos ha obligado a reflexionar más a fondo sobre esto del dinero. Si no tiene que ser algo necesariamente sólido, de piedra, metal, papel, etc., como nos hicieron creer en la escuela… Si puede ser aire, información almacenada en bits… ¿Qué es realmente el dinero?
En el vestíbulo de la sucursal bancaria que expropiaron en 2016 han puesto un mural dedicado al primer hombre en salir del armario anarquista, Proudhon, autor de una definición de validez universal: «la propiedad es un robo». Para ir al despacho de la planta superior -donde se ejecutaban las hipotecas- hay que subir por un tramo de escaleras en cuyo frontal han estampado en letras enormes de molde: «¿Qué es el robo de un banco comparado con fundar uno?». Quiere decirse que no es gente, esta de La Canica, que se trague la teoría sin pasarla por el túrmix de la práctica.
Un candor revolucionario les lleva a escoger nombres de juegos infantiles para sus proyectos más serios. Es su forma de negarse a ser mayores (o sea, senadores), de no caer en la vanidad de tomarse demasiado en serio a sí mismas, como les acaba sucediendo a esos impostores que se tratan de “usted” o peor, de “señorías”.
«A los bancos no hay que desearles mal, hay que hacérselo. Al Estado no hay que votarle, hay que botarle. Contra el sistema capitalista, expropiación masiva popular y autogestión. Ni dios, ni amo, ni marido ni partido».
Estos son los lemas, mensajes simples como los de un sonajero, con que contestaron a la retórica casposa del auto último judicial que recibieron.
El proyecto editorial de La Canica continuará con tres números monográficos más (dinero, colectivizaciones y consumo combativo). Se han sacado 250 ejemplares gratuitos en papel que ya habrán volado para cuando estéis leyendo esta reseña, pero podéis descargar el pdf en:
http://lacanica.org/wp-content/uploads/2017/09/1_expropiaciones_lectura1.PDF

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El solitario del desierto. Una temporada en los cañones [Libro]

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[Novela] El solitario del desierto. Una temporada en los cañones

Autor: Edward Abbey. Traducción de José Manuel Álvarez Flórez. Editorial: Capitán Swing. 328 páginas. 2016.

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Este relato poético es un auténtico manifiesto contra el saqueo de los paisajes naturales cometido por el hombre. Edward Abbey trabajó como ranger en el Parque Nacional de los Arcos, al sur de Utah, donde, en contacto íntimo con su característico mundo mineral, vivió una experiencia casi mística. Su elogio del esplendor del desierto, de las rocas de gres rosa y rojo esculpidas por la erosión, de las matas de enebro, se acompaña con una denuncia sin tapujos de la sociedad de consumo. Precursor del radicalismo de la contracultura norteamericana, Abbey se sitúa en la tradición de Henry David Thoreau y su obra es una de las más destacables de la escritura contemporánea sobre la naturaleza.
El solitario del desierto es una obra que refleja un profundo amor hacia la naturaleza y un amargo aborrecimiento de todo aquello que supone profanarla. Detalla aventuras únicas y aborda el conflicto sobre cómo hacer frente a los daños causados por el desarrollo o el turismo excesivo. Pero no es una mera colección de historias, sino un libro de memorias filosóficas, lleno de reflexiones: el desierto como una paradoja, hermoso y liberador, y al mismo tiempo aislado y cruel. En definitiva, una poderosa discusión de los misterios de la vida con un trasfondo de agitación social, escrita desde el corazón del desierto norteamericano.

Autodefensa feminista

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Autodefensa feminista

La violencia contra las mujeres no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en la mayoría de las sociedades. Aquella desigualdad marcada por la diferenciación sexual, es sobre la que se asienta uno de los pilares de dominación más trágico, y a su vez, más asimilado de toda la historia: el patriarcado.
El patriarcado es por definición violencia. Una violencia que se dirige específicamente sobre las mujeres, por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, sujetos carentes de libertad, respeto, autonomía y capacidad de decisión. En este sentido, la violencia contra las mujeres no sólo se manifiesta en la diferenciación de las categorías de los puestos de trabajo, en la cuantía del salario laboral o en las actitudes autoritarias, paternalistas y obscenas que se vierten sobre nosotras; la violencia contra las mujeres impregna todos los ámbitos de la vida social, laboral y doméstica. Pequeños destellos de violencia nos atraviesan día a día. Desde el poder se define, se mira, se intimida y en última instancia se agrede y contra ese poder ostentado por el hombre tenemos que buscar nuestras herramientas y estrategias. Por otro lado, también cabría decir que nosotros/as como personas, somos seres sociales y es la sociedad la que cataloga y define en mayor parte lo que somos, por tanto, no es una cuestión de identidad o elección personal, no todos los hombres son agresores ni todas las mujeres somos víctimas, el poder ejercido por los hombres es una cuestión de estructura y jerarquía social.
Pues bien, sobre ataques y defensas va este artículo. Y es que, desde que el mundo es mundo las mujeres nos hemos visto sistemáticamente sometidas a agresiones físicas y psicológicas. Agresiones algunas más palpables que otras, algunas más recordadas que otras o algunas más temidas que otras. Cuando pensamos en agresiones sexistas o agresiones ejercidas sobre las mujeres, lo más común es que pensemos que se trate de una agresión física que puede degenerar en cualquier momento a un abuso sexual. Quien no sea mujer, puede que no llegue a entenderlo nunca, pero la violación es una palabra que acompaña a la mujer durante toda su vida adolescente y adulta, sobre todo pasadas las doce de la noche. Las mujeres somos instruidas en el terror, diferente del miedo, de que “algo” nos puede pasar si no tenemos el suficiente “cuidado”. A las mujeres se les niega el derecho fundamental a la seguridad y al libre movimiento, además es un elemento coaccionador de los comportamientos y de la libertad de las mujeres haciéndolas responsables de lo que les pueda pasar y a la vez victimizándonos puesto que no se las dota de estrategias y recursos, salvo el dejar de hacer cosas, y/o renunciar a espacios.
women-self-defence-10-620x330Cualquier mujer, a lo largo de su vida, es bastante probable que haya sido o haya temido ser víctima de una agresión. Las mujeres vivimos en un peligro de agresión constante, derivado en la mayor parte de los casos, de nuestra propia condición de sujetos indefensos y vulnerables.  Esta situación es lo que Seligman ha llamado la “indefensión aprendida”, y es que la indefensión no es más que un estado psicológico que se produce en el momento en el que pensamos que los acontecimientos son incontrolables, cuando no podemos hacer nada para cambiarlo. Subvertir esta situación pasa por tomar consciencia de nuestras limitaciones y potencialidades, formarnos y fortalecernos, tanto mental como físicamente, y para ello el deporte es uno de nuestros mejores aliados.
En este sentido, cabe destacar el ejercicio de los deportes de contacto y más concretamente el ejercicio de la autodefensa como forma de fortalecimiento de la mujer. Para ello hemos querido contar con una experiencia de primera mano, a continuación exponemos una pequeña entrevista realizada a una compañera que, aparte de ser deportista a altos niveles de competición, también realiza y dirige clases de autodefensa.

Entrevista a una compañera que realiza y dirige clases de autodefensa

¿Por qué empezaste a practicar artes marciales?; ¿Tuvo algo que ver el hecho de ser mujer?

Siempre me ha gustado el deporte. Creo que una buena comunicación con tu cuerpo es imprescindible para sentirte bien, conocerlo y respetarlo pasa por formarlo y cuidarlo día a día. Y desde pequeña he vivido situaciones en las que se me han impuesto cosas a través de actitudes agresivas, como a todas. Hablo desde un intento de robo, a comentarios sexuales o desprecios entre gente cercana, pasando por el que te intenta meter mano en el metro. Los ejemplos son infinitos. Hiciera lo que hiciera, aguantara o peleara, siempre había una cosa que estaba por encima: dudaba de mí misma, aún cuando pegaba, en el fondo no me sentía de igual a igual. Y decidí resolverlo, si la violencia iba a formar una parte tan importante de mi vida, al menos iba a saber manejarla y sentirme tranquila con ella. La violencia física sólo es una expresión, cuando la entrenas, el entreno se extiende al resto de ámbitos de la violencia. Puedes aprender a sentirte capaz y segura en cualquiera, y transmitírselo al resto.

 ¿Practicar autodefensa te empodera como mujer?

 Sin duda. El concepto que aprendemos de violencia es un acto físico, hombruno; las mujeresdefensa-personaltradicionalmente tenemos formas más pasivas de atacar o de defendernos. Desde el momento en que aprendemos a hacer nuestro algo que nos han negado, lo recuperamos, nos empoderamos. Puede que para alguna ni siquiera llegue el día en que necesite poner en práctica las técnicas que ha entrenado, pero esas herramientas estarán igualmente en ella, y le harán enfrentarse al día a día con otra seguridad. Hablaba antes de típicos consejos de qué debes y qué no debes hacer para estar “segura” siendo una mujer; frente a eso, la autodefensa te da la capacidad de reclamar cualquier espacio, a cualquier hora y sola, sabiéndote capaz de hacer frente a cualquiera que intente negártelo.

 ¿Crees que la mujer tiene que adquirir fuerza mientras que un hombre ya la tiene de por sí? ¿Esto es una ventaja a la hora de practicar algún arte marcial?

 Creo que es el problema de vivir en una cultura que venera la fuerza. Puedes verlo en cualquier gimnasio, con muchísima más claridad que en el resto de lugares. Es evidente que es una capacidad muy útil, que te soluciona y te da ventaja en muchas situaciones, pero no es la única. Si nos hubieran educado en que ser veloz es lo mejor, porque no puedes esquivar ni frenar lo que no te da tiempo a ver; la gente grande tendría serios problemas, porque son habitualmente mucho más lentos. Creo que uno de los retos a los que nos enfrentamos las mujeres, no es al hecho de tener por lo general menos fuerza; sino a entender que esto no es tan importante. Primero porque sí que somos fuertes, con entrenamiento cualquier mujer puede conseguir la fuerza necesaria para que sus golpes sean realmente peligrosos. El hecho de no serlo tanto, es lo que necesitamos olvidar. No frustrarnos, no sentirnos débiles. Simplemente saber que cada persona tiene sus cualidades, si la nuestra casi nunca va a ser tener más fuerza que mi oponente, pero sí que tengo la necesaria para hacer lo que  quiero, ¿qué problema hay?

Sabemos que aparte de tu entrenamiento personal, también das clases en un grupo de autodefensa feminista ¿Cómo os organizáis?

La clase la preparamos y la impartimos un compañero y yo. En principio cada uno tiene un campo en el que está más especializado, pero funcionamos muy bien y dejamos que vaya fluyendo según avanza el día. Lo que hagamos varía mucho de un día a otro, trabajamos con palo, a manos vacía, luxaciones, proyecciones… Intentamos que ante todo dominen unas bases que les permita aplicarlas como quieran, que razonen lo que están haciendo y sepan por qué y cómo funciona. El punto común es que sean situaciones posibles y técnicas útiles.
También hay una parte puramente física, que en realidad es un trabajo para la mente. Aprendemos a tomar la decisión de qué queremos hacer, y a no dejar que nada nos lo impida. Cuando estás a solas con un saco, o peleando con una compañera, o haciendo sentadillas, todas las inseguridades y las dudas que guardas dentro de ti afloran. Puedes distraerte sin parar porque no te tomas en serio a ti misma, o puedes sentir que tus golpes no tienen ningún impacto e inmediatamente volverte más débil. Es eso lo que necesitamos afrontar para conseguir lo que queramos, descartar el más mínimo atisbo de duda y que sólo quede la concentración en qué quiero conseguir.
Los entrenamientos son en La Fábrika, en Vallecas. Siempre han confiado en el proyecto y nos han dado todo el apoyo posible.

¿Qué valores intentáis promover con este tipo de ejercicio?

 El objetivo es capacitarnos para gestionar situaciones de violencia. Para eso, necesitamos prepararnos a nivel físico y mental. Lo más importante para nosotras es trabajar la cabeza, aprender a sentirnos capaces y legitimadas a hacer daño cuando lo consideremos apropiado. Al principio siempre explicamos que esto no es lo que llaman “autodefensa femenina”, es autodefensa feminista. No vamos a dar técnicas específicas enfocadas a la mujer, porque no creemos que existan. Toda arte marcial pretende sacar el máximo partido a tu cuerpo (y a las armas que tengas a mano) en un enfrentamiento en desventaja, seas quien seas; y el que tu principal herramienta sea la fuerza, la velocidad o la agilidad, lo van a decidir la propia situación y tus características. Tenemos muchas capacidades que poner en práctica, y vamos a aprovecharlas, sabiendo que el ser atacadas no nos convierte en víctimas, ni vamos a ser un objetivo más fácil si somos más pequeñas. Nunca diremos a una alumna frases como “no vayas sola de noche”, le diremos que vaya dónde y cuándo quiera, y que la mejor manera de hacerlo es preparada para lo que pueda pasar. Aunque no seamos intocables y nunca podremos asegurar que vaya a salir bien, podemos asegurar que pase lo que pase se sentirán orgullosas y tranquilas consigo mismas.

 ¿Crees que el deporte te ha librado de alguna agresión?

 Sí. Y no sólo en las peleas o agresiones, en las que obviamente estar entrenada me ha dado mucha ventaja (más cuando la gente por lo general no espera una respuesta). Creo que me siento muy segura en situaciones en las que otras personas no lo estarían, y que eso ha evitado que muchas agresiones se lleguen a producir. No agacho la mirada cuando me cruzo con un hombre, no acepto los comentarios cuando no los he pedido, no procuro que me dejen llegar a casa sana y salva. Cuando te liberas de la constante de “soy una posible víctima” y te sientes legitimada cuándo y dónde estés, hay muchos hombres que reconocen una actitud diferente y no se atreven a hacer nada.
 Aunque, también los hay de efecto contrario. Diría que entrenar también me ha llevado a agresiones, por dos motivos. Siguiendo con el mismo ejemplo de “norma básica de mujer a salvo”, precisamente el andar sola por donde quiera, me ha expuesto a situaciones de violencia. Y el hecho de, una vez allí, preferir enfrentarme a llorar o gritar, ha acelerado la situación. Y las dos cosas se deben precisamente porque me sé preparada para afrontarlo. Y no digo, por supuesto, que me crea capaz de salir airosa de cualquier situación, sé que pueden hacerme tanto daño como a cualquiera, es simplemente que tengo claro que yo también puedo hacérselo.
A pesar de ser cierto que la autodefensa empezó a plantearse como un ejercicio específicamente dirigido a mujeres víctimas de agresiones y malos tratos, sin embargo, entendemos que la mujeres sufrimos un ataque constante por parte del patriarcado del que tenemos que defendernos. Esperamos que este texto sirva para tomar conciencia de nuestra posición y posicionamiento como mujeres para que siendo conscientes de nuestros límites y posibilidades seamos lo más fuertes posible, tanto por dentro como fuera.

Los vuelos de la vergüenza. Sobre los vuelos de repatriación forzosa de inmigrantes

Los vuelos de la vergüenza. Sobre los vuelos de repatriación forzosa de inmigrantes


134 vuelos, 3.373 personas. Estas son las cifras que se daban a conocer el mes pasado en el informe anual que recopila la Defensora del Pueblo en su función de Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP): en 2014, el Ministerio del Interior fletó, en solitario o en colaboración con Frontex (Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores) un total de 134 vuelos de deportación de inmigrantes. Tras ellos, 3.373 historias de acoso racista, abusos policiales e institucionales, de proyectos de vida hechos añicos y de amistades y familias separadas de la noche a la mañana.
La mayoría de estos vuelos (99 de ellos) fueron a Ceuta y Melilla, desde donde se les expulsó a Marruecos. De los restantes, 17 vuelos fueron organizados conjuntamente con Frontex con destino a Pakistán, Georgia, Macedonia o Albania, y los otros 18 expulsaron a unas 700 personas principalmente a Malí, Senegal, Nigeria, Colombia o Ecuador.
Otro dato “curioso” es que España es el Estado que más vuelos ha organizado con Frontex desde 2010, cuando comenzó esta colaboración. En esos cinco años hasta finales de 2014, han sido 31 vuelos, la mayoría a Latinoamérica y a Georgia y Ucrania. Una cifra muy alejada del siguiente país de la lista, Italia, que a pesar de haber recibido casi veinte veces más inmigrantes, “sólo” fletó 18 de estos vuelos con Frontex, todos ellos a Nigeria.
Pero tampoco olvidamos que la vía aérea no es la única vía de deportación: en total, a la cifra inicial hay que sumar otras 8.444 personas expulsadas, un total de 11.817 personas en el año 2014 expulsadas por tierra, mar y aire.
Lo que ocurre en los vuelos
deportados_guateDejando de lado las cifras, todo lo que respecta a los vuelos es tratado con sumo secreto. Las compañías aéreas que operan estos vuelos han firmado previamente un compromiso de silencio con el gobierno que les prohíbe divulgar, fotografiar o grabar nada de lo que ocurre en el interior. El informe de la Defensora del Pueblo tampoco menciona nada al respecto, a excepción de algunas recomendaciones como que haya médico e intérprete en los vuelos, reconocimientos médicos, o que se graben los operativos en expulsiones “conflictivas”. De lo que no habla el informe es de la violencia y abuso policial que tienen lugar en los vuelos de deportación según multitud de testimonios de personas deportadas por este medio.
Desde el momento en que la policía congrega a las personas que van a ser expulsadas, algunas de éstas se resisten e incluso se autolesionan para ganar tiempo y evitar la deportación. Ante esto, la policía no duda en recurrir a la fuerza o directamente a la sedación forzosa, que también es utilizada en ocasiones una vez subidos/as al avión.
Las personas repatriadas son trasladadas a furgones policiales con las manos engrilletadas con una especie de cuerda negra, que puede ser sustituida por esposas si la resistencia es mayor. Otra práctica empleada sobre los/as inmigrantes que continúan resistiéndose es la de rodearles el cuerpo con una “cinta reforzada”, una especie de cinta aislante fuerte, con la que les atan como a una momia y les llevan directamente a cuestas.
Del furgón, por lo general, pasan directamente al avión, evitando ser vistos/as por viajeros/as o trabajadores/as que se encuentren en el aeropuerto. De nuevo la policía emplea la fuerza necesaria para obligarles a subir. El número de policías al menos iguala al de personas deportadas, sentándose intercalados/as policía-deportado/a en el avión. Algunos de los testimonios mencionan gritos, vómitos provocados y golpes con un guante negro reforzado en los nudillos, por parte de la policía. En abril de este año, se hizo público un vídeo grabado por pasajeros/as de un vuelo comercial en el que la policía deportaba a un inmigrante dominicano. Al presentar resistencia y comenzar a gritar (en este tipo de vuelos, el capitán puede negarse a volar llevando a alguien contra su voluntad), una policía antidisturbios de paisano comienza a golpearle con saña portando dicho guante negro. A pesar de verse la escena claramente en el vídeo, la única consecuencia fue una investigación policial para estudiar si la actuación “fue proporcionada”.
Y es que todas estas prácticas están amparadas en el protocolo de actuación durante los dispositivos de repatriación, que legaliza las sedaciones forzosas (siempre y cuando sean aprobadas por el/la médico del dispositivo, es decir, un/a funcionario/a de la policía), la mencionada cinta reforzada, o el uso de la violencia (“proporcionada”, claro…). Lo más sádico de todo esto es que este protocolo se presentó en 2007 como una medida para garantizar los derechos humanos, tras la muerte a bordo de un vuelo de deportación Madrid-Lagos del nigeriano Osamuyi Aikpitanyi, provocada presuntamente por asfixia debida a la cinta que amordazaba su boca.
Deportaciones exprés
En contra de lo que se pudiera suponer, no todas las personas repatriadas pasan previamente por un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros). Para la mayoría, la confirmación de su expulsión forzosa llega en los calabozos de comisaría horas antes de embarcar (en 2013, se produjeron 1.736 repatriaciones más desde comisarías que desde CIE). Son las conocidas como deportaciones exprés, llevadas a cabo en menos de 72 horas y sin ningún tipo de intervención jurídica.
El aumento de esta práctica en los últimos años está precisamente relacionado con los vuelos de deportación: cuando se programa un vuelo a un determinado país, los días antes se pone en marcha una persecución de las personas de dicha nacionalidad mediante redadas racistas para llenar al máximo posible las plazas del vuelo.
Las personas detenidas de esta forma no tienen ninguna posibilidad de demostrar su arraigo, inserción laboral, social y familiar, aspectos que en muchas ocasiones serían legalmente suficientes para frenar la deportación.
El negocio
vuelosverguenza_Detrás de todo este tinglado nos encontramos a las empresas adjudicatarias del contrato de los vuelos de deportación: Air Europa y Swift Air. Desde 2013, estas dos compañías aéreas son las que ejecutan los vuelos, tras firmar con el Ministerio del Interior un contrato de 12 millones de euros en 2013 hasta 2015, y este año un nuevo contrato de 11 millones hasta 2016. El contrato detalla además que el importe que finalmente se facturará a la empresa adjudicataria “será el que resulte del gasto real producido en función de los servicios efectivamente prestados”.
Este no es el único contrato con la Administración del que disfruta Air Europa: en 2013 la empresa firmó con el Ministerio del Interior un acuerdo marco para el transporte aéreo de personal a zonas de operaciones, ejercicios u “otro tipo de actividades”, valorado en 30 millones de euros, según la Plataforma por el Cierre de los CIE.
A los intereses del grupo Globalia, del que forman parte Air Europa y Swift Air, en los vuelos de deportación, se suman los de agencias como Halcón Viajes o Viajes Ecuador, operadores turísticos como Travelplan o Latitudes, empresas de asistencia en tierra, transportes terrestres, hoteles, etc., que prestan servicio de una u otra forma en el transcurso de estos vuelos de la vergüenza.
Para profundizar en el turbio negocio de estas compañías recomendamos la lectura del libro “Paremos los vuelos. Las deportaciones de inmigrantes y el boicot a Air Europa”, reseñado al final de este artículo.
Algunas referencias de cara a lucha contra el racismo institucional
Los vuelos de deportación son sólo una pequeña parte de todo el conjunto de medios que despliega el Estado en la persecución de las personas inmigrantes: vallas y concertinas, patrullas fronterizas, redadas racistas, centros de internamiento de extranjeros…
Numerosos colectivos llevan años luchando contra todo esto, dando a conocer una realidad totalmente invisibilizada en los medios de masas y organizando campañas, acciones y manifestaciones de distinto tipo. Queremos dar a conocer algunas de ellas con el fin de llamar a la solidaridad y a continuar la lucha hasta que CIEs, redadas y vuelos sean algo impensable.
  • En cuanto a la lucha por el cierre de los CIE, recomendamos el blogwww.cerremosloscies.wordpress.com, que recoge gran cantidad de materiales e información en el marco de la campaña Cerremos los CIE de la asociación Ferrocarril Clandestino, y también, desde Valencia, el blog ciesno.wordpress.com.
El pasado 15 de junio se celebró el Día Mundial Contra los CIE. Durante toda esa semana tuvieron lugar distintas convocatorias tanto culturales o festivas como reivindicativas. En Madrid, Barcelona y otras ciudades la semana culminó el sábado 20 de junio con una manifestación por el cierre de estos centros. Puedes ver las acciones realizadas en todo el mundo en www.15jdiacontraloscie.wordpress.com.
  • Las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos (www.brigadasvecinales.org) observan, vigilan, documentan y visibilizan desde hace años las redadas policiales racistas que tienen lugar en los barrios con alta población migrante.
  • La organización SOS Racismo (www.sosracismomadrid.es) lleva más de veinte años organizando distintas campañas contra todas las formas de racismo que ejerce el Estado, además de prestar atención jurídica y psicológica, talleres formativos, etc.
  • Sobre los vuelos de deportación, el blog www.stopdeportacion.wordpress.com, integrado en la campaña por el cierre de los CIE, recopila todo tipo de noticias, análisis y convocatorias relacionadas con los vuelos de la vergüenza. En este sentido destacamos la campaña de boicot a Air Europa, con concentraciones en los aeropuertos previas a vuelos de deportación, manifestaciones a distintas sedes de la compañía, etc.
Paremos los vuelos. Las deportaciones de inmigrantes y el boicot a Air Europa.
Ensayo. Editorial Cambalache. 2014. 112 páginas.
PortadaParemosLosVuelosPara finalizar, recomendamos la lectura de este libro publicado el año pasado que recoge un análisis del perverso y millonario negocio de los vuelos de deportación en elLos vuelos de la vergüenza.
Cada año, el Estado español fleta más de cien vuelos de deportación para la expulsión de miles de personas migrantes. Las compañías aéreas Air Europa y Swift Air han firmado con el Ministerio del Interior un contrato de 24 millones de euros para la realización de los vuelos de deportación entre los años 2013 y 2015. La Campaña Estatal por el Cierre de los CIE y otros colectivos contra las fronteras hacemos un llamamiento al boicot a estas dos compañías aéreas y a todo el grupo empresarial Globalia, al que pertenece Air Europa.
Nos negamos a naturalizar los vuelos de deportación, nos negamos a que formen parte de nuestra normalidad. La lucha por evitar que dispositivos represivos tan atroces se conviertan en normales va mucho más allá de la política de extranjería. Frente a un universo de relaciones económicas, sociales y políticas que permite encontrarle un lugar –aunque oscuro y tenebroso– a los Centros de Internamiento y a los vuelos de deportación; frente a una realidad sociopolítica en la que se han hecho posibles, a la luz del día, las redadas racistas y las alambradas, debemos construir las condiciones para que cada uno de estos actos –y con cada uno de ellos el conjunto de la política migratoria– sean, directamente, inimaginables.
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Sobre el fenómeno de los trabajos de mierda

Sobre el fenómeno de los trabajos de mierda

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¿Alguna vez has tenido la sensación de que tu puesto de trabajo es una pura invención? ¿Que el mundo seguiría girando si dejaras tu puesto de trabajo de 40 horas semanales? David Graeber, antropólogo estadouni­dense, explora el fenómeno de los trabajos absurdos en un texto de gran interés para cualquier trabajador/a, que analiza el mundo laboral con altas dosis de ironía y desde un punto de vista anglosajón, de una manera poco convencional en los tiempos que corren.

En el año 1930, John Maynard Keynes predijo que, para finales del Siglo XX, la tecnología habría avanzado lo suficiente para que países como Gran Bretaña o EEUU hubieran conseguido una sema­na laboral de 15 horas. Hay muchas razones para creer que estaba en lo cierto: en términos tecnológicos, seríamos perfectamente capaces. Y sin embargo, nada más lejos de la realidad. En su lugar la tecnología ha sido empleada para inventar maneras de hacernos trabajar más a todos/as. Para alcanzar este fin ha habido que crear puestos de trabajo que son, a todas luces, inútiles. Gran cantidad de personas, sobre todo en Europa y Norteamérica, pasan la totalidad de su vida laboral des­empeñando tareas que, en el fondo, creen bastante innecesarias. El daño moral y espiritual derivado de estas situaciones es profundo. Se trata de una cicatriz sobre nuestro alma colectiva. Sin embargo, apenas se habla sobre el tema.

¿Por qué nunca llegó a mate­rializarse la utopía prometida por Keynes (aún esperada con impa­ciencia en los años 1960)? La res­puesta más manida hoy en día dice que no supo predecir el incremento masivo del consumismo. Presenta­dos/as con la elección entre currar menos horas y obtener más jugue­tes y placeres hemos, colectivamen­te, optado por la segunda opción. Si bien esto daría para una bonita his­toria moralista, una breve reflexión nos demuestra que no se puede tratar de eso, que la respuesta no es tan sencilla. Sí, hemos sido testigo de la creación de una variedad in­terminable de nuevos trabajos e in­dustrias desde la década de los años 1920, pero muy pocos tienen algo que ver con la producción y distri­bución de sushi, iPhones o zapati­llas deportivas molonas.

¿Entonces cuáles son estos nuevos trabajos, exactamente? Un estudio reciente comparando la si­tuación del empleo en EEUU entre 1910 y 2000 nos da una respues­ta bastante clara (y extrapolable a los países europeos). A lo largo del siglo pasado el número de trabajadores/as empleados/as como per­sonal de servicio doméstico, en la industria y en el sector agrícola se ha desplomado de forma dramática. Al mismo tiempo, las categorías de “profesionales, directivos, administrativos, comerciales y trabajado­res de servicios varios” han triplicado sus números, creciendo “de un cuarto a tres cuartos del empleo total”. En otras palabras, los trabajos productivos, exactamente como se predijo, han sido en gran parte sustituidos por procesos automatizados (incluso si contamos a los/as trabajadores/as de la industria globalmente, incluyendo a las masas trabajadoras en India y China, el número de estos/as trabajadores/as sigue estando lejos de alcanzar el gran porcentaje de la población mundial que suponía antes).

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Pero en lugar de permitir una reducción masiva de horas de traba­jo que permitiera a la población mundial dedicarse a la consecución de sus propios proyectos, placeres, visiones e ideas, hemos visto la in­flación no tanto del sector “servicios” como del sector administrativo, incluyendo la creación de industrias enteras como la de los servicios financieros o el telemarketing, o la expansión sin precedentes de sec­tores como el del derecho empresarial, la administración educativa y sanitaria, los recursos humanos y las relaciones públicas. Y estas cifras ni siquiera reflejan a todas aquellas personas cuyo trabajo consiste en proporcionar soporte administrativo, técnico o de seguridad para es­tas industrias, o, es más, todo un sinfín de industrias secundarias (pa­seadores de perros, repartidores nocturnos de pizza), que sólo existen porque todo el mundo pasa la mayoría de su tiempo trabajando en todo lo demás.

Estos son a los que yo propongo llamar trabajos de mierda. Tra­bajos absurdos.

Es como si alguien estuviera por ahí inventando trabajos inútiles por el mero hecho de mantenernos a todos/as trabajando. Y aquí, precisamente, radica el misterio. En el capitalismo, esto es precisa­mente lo que se supone que no debería pasar. Por supuesto, en los vie­jos e ineficientes Estados socialistas como la Unión Soviética, donde el empleo era considerado tanto un derecho como un deber sagrado, el sistema inventaba tantos puestos de trabajo como era necesario (esto es por lo que en los grandes almacenes soviéticos había tres de­pendientes/as para vender un trozo de carne). Pero, desde luego, este es el tipo de problema que la compe­tencia generada por el libre merca­do se suponía que solucionaba. De acuerdo con la teoría económica, al menos, lo último que una empresa con ánimo de lucro pretende hacer es pagar dinero a trabajadores/as a los/as que realmente no necesita emplear. Sin embargo, de alguna manera, esto ocurre.
A pesar de que las empresas pueden efectuar implacables reduc­ciones de plantilla, los despidos y las prejubilaciones invariablemente caen sobre la gente que realmente está haciendo, moviendo, reparan­do y manteniendo cosas; por una extraña alquimia que nadie consi­gue explicar, el número de burócra­tas asalariados en el fondo parece aumentar, y más y más empleados/as se ven a sí mismos/as, en realidad de forma no muy diferente a los/as trabajadores/as soviéticos/as, traba­jando 40 o incluso 50 horas sema­nales sobre el papel, pero trabajando efectivamente 15 horas, justo como predijo Keynes, ya que el resto de su tiempo lo pasan organi­zando y asistiendo a cursillos de motivación, actualizando sus perfiles de Facebook o descargando temporada tras temporada de series de televisión.

La respuesta, evidentemente, no es económica: es moral y política. La clase dirigente se ha dado cuenta de que una población feliz y productiva con tiempo libre es un peligro mortal (piensa en lo que comenzó a suceder cuando algo sólo moderadamente parecido em­pezó a existir en los años 1960). Y, por otro lado, la sensación de que el trabajo es un valor moral en sí mismo, y que cualquiera que no esté dispuesto/a a someterse a algún tipo de intensa disciplina laboral durante la mayor parte de su tiempo no se merece nada, es extraordi­nariamente conveniente para ellos/as.

Una vez, al contemplar el crecimiento aparentemente intermina­ble de responsabilidades administrativas en los departamentos aca­démicos británicos, se me ocurrió una posible visión del infierno. Elinfierno como un grupo de individuos que se pasan la mayor parte de su tiempo trabajando en una tarea que no les gusta y que no se les da especialmente bien. Digamos que fueron contratados/as por ser excelentes ebanistas, y entonces descubren que se espera de ellos/as que pasen una gran parte del tiempo tejiendo bufandas. La tarea no es realmente necesaria, o al menos hay un número muy limitado de bufandas que es necesario tejer. Pero, de alguna manera, todos/as se obsesionan tanto con el rencor ante la idea de que algunos/as de sus compañeros/as de trabajo podrían dedicar más tiempo a fabricar muebles, y no a cumplir su parte correspondiente de confección de bufandas, que al poco tiempo hay interminables montones inútiles de bufandas mal tejidas acumulándose por todo el taller, y es a lo único que se dedican.

Creo que ésta realmente es una descripción bastante precisa de la dinámica moral de nuestra economía.

Bueno, soy consciente de que cada argumento va a encontrar ob­jeciones inmediatas: “¿quién eres tú para determinar qué trabajos son realmente ‘necesarios’? De todos modos, ¿qué es necesario? Tú eres profe­sor de antropología, ¿qué ‘necesidad’ hay de eso?” Y a cierto nivel, esto es evidentemente cierto. No existe una medida objetiva de valor social.

No me atrevería a decirle a alguien que está convencido de que está haciendo una contribución significativa al mundo de que, real­mente, no es el caso. ¿Pero qué pasa con aquellas personas que es­tán convencidas de que sus trabajos no tienen sentido alguno? No hace mucho volví a contactar con un amigo del colegio al que no veía desde que tenía 12 años. Me sorprendió descubrir que, en este tiempo, primero se había convertido en poeta y luego en el líder de una banda de indie rock. Había oído algunas de sus canciones en la radio sin tener ni idea de que el cantante era alguien a quien conocía. Él era obviamente brillante, innovador, y su trabajo indu­dablemente había alegrado y mejorado la vida de gente en todo el mundo. Sin embargo, después de un par de discos sin éxito había perdido el contrato y, plagado de deudas y con una hija recién na­cida, terminó, como él mismo dijo, “tomando la opción por defecto de mucha gente sin rumbo: la facultad de derecho.” Ahora es un abogado empresarial que trabaja en una destacada empresa de Nueva York. Él es el primero en admitir que su trabajo no tiene absolutamente ningún sentido, no contribuye en nada al mundo y, a su propio juicio, realmente no debería existir.

Hay muchas preguntas que uno se puede hacer aquí, empezando por, ¿qué dice esto sobre nuestra sociedad, que parece generar una demanda extremadamente limitada de poetas y músicos con talento, pero una demanda aparentemente infinita de especialistas en dere­cho empresarial? (Respuesta: si un 1% de la población controla la mayoría de la riqueza disponible, lo que llamamos “el mercado” re­fleja lo que ellos/as piensan que es útil o importante, no lo que piensa cualquier otra persona.) Pero aún más, muestra que la mayoría de la gente con estos empleos en el fondo es consciente de ello. De hecho, no estoy seguro de haber conocido a algún/a abogado/a empresarial que no pensara que su trabajo era absurdo. Lo mismo pasa con casi todas los nuevos sectores anteriormente descritos. Hay una clase en­tera de profesionales asalariados/as que, si te encontraras con ellos/as en fiestas y admitieras que haces algo que podría ser considerado interesante (un antropólogo, por ejemplo), querrán evitar a toda cos­ta hablar de su propio trabajo. Dales un poco de alcohol, y lanzarán diatribas sobre lo inútil y estúpido que es en realidad la labor que desempeñan.

Hay una profunda violencia psicológica en todo esto. ¿Cómo puede uno empezar a hablar de dignidad en el trabajo cuando se­cretamente siente que su trabajo no debería existir? ¿Cómo puede este hecho no crear una sensación de profunda rabia y de resenti­miento? Sin embargo una peculiar genialidad de nuestra sociedad es que sus dirigentes han descubierto una forma, como en el caso de los/as tejedores/as de bufandas, de asegurarse que la rabia se dirige precisamente contra aquellos/as que realmente tienen la oportunidad de hacer un trabajo valioso. Por ejemplo: en nuestra sociedad parece haber una regla general por la cual, cuanto más evidente sea que el trabajo que uno desempeña beneficia a otra gente, menos se percibe por desempeñarlo. De nuevo, es difícil encontrar un baremo objetivo, pero una forma sencilla de hacerse una idea es preguntar: ¿qué pasa­ría si toda esta clase de gente simplemente desapareciera? Di lo que quieras sobre enfermeros/as, basureros/as o mecánicos/as, es obvio que si se esfumaran como una nube de humo los resultados serían in­mediatos y catastróficos. Un mundo sin profesores/as o trabajadores/as portuarios/as pronto tendría problemas, incluso uno sin escritores/as de ciencia ficción o músicos/as de ska sería claramente un sitio inferior. No está del todo claro cómo sufriría la humanidad si todos los/as ejecutivos/as del capital privado, lobbyistas, investigadores/as de relaciones públicas, notarios, comerciales, técnicos de la adminis­tración o asesores legales se esfumaran de forma similar. (Muchos/as sospechan que podría mejorar notablemente.) Sin embargo, aparte de un puñado de excepciones (cirujanos/as, etc.), la norma se cumple sorprendentemente bien.

Aún más perverso es que parece haber un amplio sentimiento de que así es como las cosas deben ser. Ésta es una de las fortalezas secretas del populismo de derechas. Puedes verlo cuando los perió­dicos sensacionalistas avivan el rencor contra los/as trabajadores/as del metro por paralizar las ciudades durante los conflictos laborales: el propio hecho de que los/as trabajadores/as del metro puedan para­lizar una ciudad muestra que su trabajo es realmente necesario, pero esto parece ser precisamente lo que molesta a la gente. Es incluso más evidente en los Estados Unidos, donde los republicanos han tenido un éxito notable movilizando el resentimiento contra maestros/as o trabajadores/as del automóvil (y no, significativamente, contra las ad­ministraciones educativas o los gestores de la industria del automó­vil, quienes realmente causan los problemas). Es como si les dijeran “¡pero si os dejan enseñar a niños/as! ¡O a fabricar coches! ¡Tenéis trabajos auténticos! ¿Y encima tenéis el descaro de esperar también pensiones de clase media y asistencia sanitaria?”

Si alguien hubiera diseñado un régimen laboral adecuado per­fectamente para mantener el poder del capital financiero, es difícil imaginar cómo podrían haber hecho un trabajo mejor. Los/as traba­jadores/as reales y productivos/as son incansablemente presionados/as y explotados/as. El resto está dividido entre un estrato aterrori­zado de los/as universalmente denigrados/as desempleados/as y un estrato mayor a quienes se les paga básicamente por no hacer nada, en puestos diseñados para hacerles identificarse con las perspectivas y sensibilidades de la clase dirigente (gestores, administradores, etc.) – y particularmente sus avatares financieros – pero, al mismo tiempo, fomentarles un resentimiento contra cualquiera cuyo trabajo tenga un claro e innegable valor social. Obviamente, el sistema nunca ha sido diseñado conscientemente. Surgió de casi un siglo de prueba y error. Pero es la única explicación de por qué, a pesar de nuestra ca­pacidad tecnológica, no estamos todos/as trabajando 3-4 horas al día.

Texto originalmente publicado en www.strikemag.org; traducción re­visada y adaptada por Todo por Hacer.

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Entrevista a La Rueda, espacio de aprendizaje vivencial en Peñaflor (Zaragoza)

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Entrevista a La Rueda, espacio de aprendizaje vivencial en Peñaflor (Zaragoza)
Meses después retomamos la sección “Herramientas” para entrevistar a La Rueda, proyecto pedagógico zaragozano que estuvo presente en el XI Encuentro del Libro Anarquista de Madrid, formando parte de la charla “La capacidad de los/las niños/as de guiar sus aprendizajes. Libertad, respeto y evolución personal” el sábado 7 de diciembre. Puedes escuchar la charla en en el siguiente enlace: http://ondaexpansiva.net/?p=1628

¿Qué es La Rueda (1)? ¿Cómo y por qué surge el proyecto(2)?

(1) Un grupo de familias conectadas entre sí que gestionan juntas una parte de sus vidas, y en especial el acompañamiento de l@s más pequeñ@s. Eso es posible en un entorno también pequeño, en Peñaflor, donde se nos hace más fácil cuidarnos teniendo en cuenta: las habilidades de cada cual, los gustos y dificultades personales, el aprendizaje colectivo o las necesidades económicas y energéticas.
(2) Porque nos gusta vivir así y porque compartimos la misma postura insumisa con respecto a la escuela como se concibe aquí y ahora. Rechazamos participar de estructuras que desconsideran a la persona en su individualidad y que invaden o sustraen su experiencia, por eso hemos preparado un espacio (una casita de madera) que complementa al otro espacio, al relacional.

¿Cómo funcionáis en vuestro día a día? ¿Cuál es el papel de los/as adultos/as en este espacio?

L@s chic@s acuden de lunes a jueves cuando lo desean ellos o sus familias. En el espacio preparado les acompaña una adulta. Queremos que ahí el juego y el aprendizaje se confundan y que lo siguiente que vaya a suceder lo decidan ell@s mism@s. La adulta (la acompañante) que está con l@s chic@s durante cuatro horas y cuatro días a la semana, está remunerada por el grupo.
Su trabajo es estar atenta de los intereses, inquietudes y preparar el espacio y los materiales. Además de ella siempre hay un adult@ de apoyo para poder responder a las necesidades de l@s niñ@s sea cual sea su edad. Entre ellos están algunos madres/padres y también personas voluntarias que se acercan al proyecto para conocer y formarse.
Se concibe como un espacio para compartir, convivir y para aprender junt@s. Se trata de conectar con un@ mism@, un estar presente que permite crecer y llenar la vida de significado. Nos basamos en la educación activa, es decir, en un aprendizaje significativo que se produce por medio de la interacción concreta con el entorno por decisión propia.
Hemos creado un ambiente preparado para satisfacer las necesidades de las personas que lo usan sean niños, niñas o adultas. El acompañamiento de las personas adultas es siempre desde el amor y el respeto a los procesos de vida evitando el juicio.
Se cuida el equilibrio entre la libertad y los límites necesarios para que se dé un ambiente relajado.
El espacio físico se divide en 4 espacios básicos:
• Una caseta de madera para juego figurativo y psicomotriz, juegos de modelaje, pintura, creaciones con papel, cartón. Dispone de una cocina-laboratorio.
• Otra caseta de madera (la tranquila) con material estructurado, materiales de lectura, escritura, conocimiento del medio, conocimiento del cuerpo, materiales de matemáticas…. es decir todo aquello que les conecta con su cultura.
• Espacio exterior de juegos: red, hamaca, arenero, caja de arena, lodazal, estructura elevada.
• Espacio exterior natural: chopera, los frutales, la charca, el huerto y el gallinero.
Los niños pueden entrar y salir de las casetas y elegir dónde y con quien juegan a cada momento. Los materiales con los que juegan se trata que sean lo más básicos posible y que no interfieran o condicionen el juego en exceso. Se priorizan el papel, cartón, madera, semillas, piedras, corchos, telas, cojines, para las primeras etapas del juego figurativo y constructivo.
Por ejemplo se dispone de material básico escolar para que ellos lo puedan coger y hacer sus trabajos y también se dispone de herramientas y mesa de trabajo para la madera para los más mayores.
Existe una asamblea semanal obligatoria para los niños de más de seis años y voluntaria para el resto. En esa asamblea semanal trasladan sus peticiones, reflexionan sobre la gestión del espacio con la acompañante, discuten sobre normas, generan nuevas, eliminan otras, trasladan puntos a las asambleas de adultos, reparten tareas de limpieza y cuidado del espacio.
En ocasiones el adulto de apoyo hace propuestas de una actividad voluntaria, como por ejemplo: costura, teje telar, huerto, cartelería, equilibrio en cinta, construcción de comederos de aves… etc. Los niños participan si les interesa y si no están en lo suyo o juegan a otra cosa, sin distorsionar la actividad planteada.
En la resolución de los conflictos les atiende prioritariamente la acompañante, atendiendo que los niños expresen cómo se sienten, qué es lo que quieren, qué necesitan, y con una actitud de escucha para poder resolver. En el espacio de la Rueda se acompaña el llanto del niño y se protege a los más pequeños de juegos de exclusión o de utilización.
Los juegos deben respetar las normas comunes, no hacernos daño, no romper materiales, recoger las salas, no ensuciar el material, no llevar al arenero juguetes de otras salas, etc.
Cuando una norma consensuada y aceptada para la convivencia no se respeta, las consecuencias son directas hacia esa persona y sobre ese espacio o material que haya maltratado.
Los conflictos pueden ser concretos o latentes, relacionales o materiales… Con las bases de la comunicación no violenta se atiende a los niños para poder resolverlos.

En La Rueda hay niños/as de entre 5 y 8 años, que legalmente deberían asistir a la escuela oficial. ¿A qué problemas legales se enfrentan las familias?

Las familias nos enfrentamos a problemas legales (el grupo ya se ha enfrentado a problemas legales hoy en día paralizados). La amenaza es la denuncia por desescolarización o por abandono del menor. Asumimos esos riesgos y creamos una realidad que creemos que se defiende por sí misma, responsabilizándonos de la educación de nuestros hijos de forma consciente. Al mismo tiempo nos coordinamos con la red estatal de proyectos y familias desescolarizadas representando un apoyo ante los problemas mencionados.

¿Qué limitaciones le veis al proyecto? ¿Qué dificultades creéis que os quedan por superar?

La económica es una dificultad real desde el momento en que en La Rueda se pretende atender a las situaciones particulares de las personas por encima del establecimiento de una cuota fija. Es decir, las familias ponen lo que pueden. Esto resulta complicado de gestionar asambleariamente y al mismo tiempo precariza el proyecto. Por otro lado vivimos la paradoja de ser tratados como elitistas por ciertos sectores que defienden la escuela pública y al mismo tiempo tener que recurrir a la organización de actividades en espacios liberados para reunir los recursos mínimos de existencia del proyecto.
Otra dificultad (relacionada con la anterior) es la falta de un espacio suficiente para l@s peques. Funcionamos con un local más pequeño de lo deseado y con menos materiales de los que querríamos. Priorizamos la reutilización como fuente de adquisición de materiales y ello ralentiza procesos y puede paralizar iniciativas.
La práctica asamblearia es participativa pero también lenta, como grupo estamos aprendiendo a responder a las necesidades de l@s peques al ritmo que ell@s necesitan y a veces no es fácil.
La formación de l@s padres/madres es un proceso en marcha. L@s padres/madres participamos de forma activa en la toma de decisiones sobre el espacio así como en aspectos teóricos. Dicha formación se nutre de lecturas y cursos y no se detiene nunca, crecemos con nuestr@s hijas. Al mismo tiempo ello supone una inversión de tiempo y dinero así como una revisión de tipo personal constante. Aprendemos a ponernos de acuerdo sobre aspectos vitales al tiempo que a gestionar un espacio y a coordinarnos para obtener recursos.

Ya está disponible para descargar el nº 34 de Todo por Hacer (noviembre 2013)


Ya está disponible para descargar el nº 34 de Todo por Hacer (noviembre 2013)

Todo Por Hacer es una publicación anarquista que se edita mensualmente en Madrid. Se distribuye de forma gratuita en esta ciudad y se puede descargar en www.todoporhacer.org

Descarga el número de noviembre de 2013 pinchando aquí



Contenido del mes de octubre

Artículos:

- Unos instantes de vergüenza.
- Los donuts envenenados.
- Ya que se perdió el partido, veamos qué podemos rascar
- La Olimpiada Popular en la Barcelona rebelde
- Juego de Tronos. Monarquía y otros absurdos
- Ya no es primavera en El Corte Inglés
- No fui yo, fue Interior
- XI Encuentro del Libro Anarquista de Madrid: breve repaso a la programación

Novedades

- [Ensayo] La tragedia del copyright. Bien común, propiedad intelectual y crisis de la
industria cultural
- [Ensayo histórico] Abriendo brecha. Los inicios de la lucha de las mujeres por su
emancipación. El ejemplo de Soledad Gustavo.
- [Cómic] Los fantasmas de Ermo. Tomos 1 (El Fuego), 2 (La columna) y 3 (La última esperanza)

Recomendaciones

- [Obra de teatro] Muerte accidental de un anarquista
- [Novela] La banda de la tenaza.

Novedad radiofónica: Relojes Rotos. Túnez: fragmentos de una revuelta no concluida

Tirada: 2.000 ejemplares
Contacto: todoporhacer@riseup.net
www.todoporhacer.org

23-N: Concierto por la autogestión del Todo Por Hacer


23-N: Concierto por la autogestión del Todo Por Hacer en el CS(r)OA La Quimera
 
23-N: Concierto por la autogestión del Todo Por Hacer en el CS(r)OA La Quimera
Conciertazo el sábado 23 de noviembre, en el CSOA La Quimera (Plaza de Cabestreros, Lavapiés), desde las 20:00.
Contaremos con las actuaciones de Sudor, Amenaza Tormenta, Enolagay y Por la Sombra, así como de DJ Palaz.
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